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¡El Dolor de Dios!


Por David Wilkerson
5 de Junio de 1995
__________

 

Según las Escrituras, nunca debemos pensar en Dios como un Padre frío y sin sentimientos. ¡Nuestro Dios tiene sentimientos muy profundos! Él se conmueve. Su corazón se puede estremecer. De hecho, Él se compadece de nuestras debilidades y flaquezas (ver Hebreos 4:15).

Dios no sólo siente dolor, también se lamenta. Recuerde que Jesús lloró en la tumba de Lázaro. ¡Esto es un retrato de Dios en lloro humano! Nos muestra que el Señor siente con nosotros y llora con nosotros. Después de todo , Jesús dijo, "...El que me ha visto a mí, ha visto al Padre... " (Juan 14:9).

Podemos ver claramente el dolor de Dios en el Jardín de Getsemaní. Apenas horas antes de que los guardias vinieran a tomar a Jesús y llevarlo al sumo acerdote, Él lloró tan profúsamente y con tanto sentimiento que sangre se mezcló con Sus lágrimas. ¡Dios sentía dolor a causa de los pecados de la humanidad!

¿Se ha preguntado usted alguna vez por qué lloró Jesús en el jardín - por qué sentía tanto dolor en su corazón? No era por el dolor que Él enfrentaría en la Cruz. No, Jesús no deseaba rechazar la copa.

En cambio, yo creo que Jesús miraba hacia el futuro de la humanidad, hacia su segunda venida. Y mientras miraba a través de los años, vió lo inconcebible. Él vió a multitudes rechazar Su oferta de salvación completa y sin costo. Y Él vió el dolor y el sufrimiento que ellos enfrentaron como resultado de ese rechazo.

Jesús no gimió diciendo "estoy a punto de vertir mi sangre y sufrir tremendo dolor - pero ustedes me rechazarán. En el Día del Juicio yo haré justicia. ¡Vendrá un día en el cual tendrán que pagar!"

¡No! Jesús lloraba sobre los millones por venir - los que sabrían de Su oferta gratis de salvación, favor, bendición, unción - sin embargo, no aprovecharían nada de ésto. Cristo lloraba porque muchos se perderían, a pesar de tener un remedio a su disposición.

¡Este es el dolor de Dios! Es el dolor que la humanidad trae sobre sí misma. Jesús no sólo llevó nuestros pecados a la cruz. ¡También llevó el dolor del mundo entero!

Aquí en la ciudad de Nueva York, encontramos personas por todas partes que están nerviosas, deprimidas. Encontramos drogadictos, alcohólicos y vagabundos que se sientan a las puertas de nuestra iglesia. ¡A todas estas personas se les ha predicado el evangelio libremente - sin embargo, muchos lo rechazan!

En el jardín, Jesús podía ver através de sus ojos divinos las grandes masas de humanidad y todo su dolor. Y en ese momento, todo se acumuló sobre Él - su dolor, mi dolor, el dolor de cada persona que Lo rechaza en cualquier momento.

Yo también creo que Jesús tuvo pena en su corazón por otra razón. Él sabía que la gente se burlaría de él, lo ridiculizaría, lo convertiría en canción de borrachos. ¡Y Él fue puesto en dolor a causa de la justicia que tendría que ser impartida a todo aquél que negase su sacrificio!

Cuando Cristo dijo a sus discípulos, "...¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora?" (Mateo 26:40), creo que lo dijo a causa del dolor. Él no los estaba reprendiendo. En cambio, él sentía dolor porque sabía que la carne de éstos era débil. Él sabía lo que esta debilidad les causaría a ellos.

En el próximo verso Jesús dice, "...el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil" (verso 41). En sus ojos omnicientes, Jesús vió a sus discípulos abandonándolo y huyendo. Él vió el vacío y dolor de ellos después de haberlo rechazado, y el regreso a su vida anterior como pescadores.

Él sabía que en los acontecimientos futuros Pedro lo negaría. Jesús vió a este audaz discípulo correr hacia las montañas, gritando, "¿Cómo pude haber negado a Jesús? ¿Cómo pude haber hecho una cosa tan horrible?"

Entonces, cuando Jesús dijo a estos hombres, "¿...no habéis podido velar conmigo? El no estaba diciendo "necesito un amigo en mis tiempos de pruebas." ¡No - El era Dios! Él no nececitaba a alguien que estuviera con él y lo confortara.

En cambio, Jesús sentía dolor por sus discípulos. Él decía, en concreto, "Si no vigilan conmigo, no estarán preparados. ¡No serán capaces de sobrellevar lo que viene!" Él sabía acerca de la apostasía que florecería en sus corazones porque eran demasiado perezosos para prepararse. Y el pensar en el sufrimiento consecuente trajo gran dolor a su corazón.

No piense ni por un momento que Jesús no se lamentó por Judas. Nada en su corazón pudo simplemente rechazar a ese hombre, diciendo, "Oh, diablo, ve y haz tu trabajo." En cambio, yo creo que Jesús lloró dentro de sí cuando Judas salió del aposento alto para traicionarlo.

Los ojos omnicientes de Cristo vieron a este discípulo tirando treinta piezas de plata al suelo, mientras gritaba, "¡he traicionado al Dios vivo!" Y seguramente Jesús sintió el dolor de Judas cuando este hombre atormentado se colgó.

Quiero compartir con usted algo que el Señor reveló recientemente a mi corazón:

 


¡Dios no se Place en Impartir Justicia!

 


Cada vez que pecamos contra Dios, su justicia demanda que castigue a sus hijos. Sin embargo, éste es su trabajo más doloroso - ¡traer juicio sobre aquéllos que violan su ley!

"Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor, convertíos, pues, y viviréis." (Ezequiel 18:32). Dios dice, ¿ Piensa usted que siento placer cuando la gente muere - aún los malvados? ¡Nunca! No obtengo placer en la caída de ningún pecador."

Jesús no obtuvo placer en la muerte de Judas. Él no se deleitó, diciendo, "¡Vean lo que le acontece a los traidores!" Tampoco el Señor obtiene placer alguno en la muerte o la destrucción de vendedores de drogas, médicos que hacen abortos, aún asesinos. Él no es feliz cuando alguien muere en pecado.

¡Pero cuán diferente somos del Señor en este aspecto! Aplaudimos y decimos, "gracias, Señor - te encargaste de esta maldad." ¡No sentimos nada del dolor de Dios cuando un pecador cae!

Usted se preguntará, "Pero no dice Dios en Proverbios 1:26, También yo me reiré en vuestra calamidad"

¡No! El contexto de este pasaje comienza en el verso 20. El cuál lee, "La sabiduría clama en las calles, alza su voz en las plazas... ¿Hasta cuándo, oh simples, amaréis la simpleza?..." (Versos 20-22). La sabiduría sigue hablando en el verso 26, el cual lee, "También yo me reiré en vuestra calamidad..."

Es la sabiduría - no Dios - la que se burla del pecador. Este pasaje se refiere a los que rechazan toda sabiduría y ridiculizan su consejo. Observe, aquí hay implicada una ley - un principio fijo de Dios - el cual llamamos sabiduría. Si usted cruza la calle cuando la luz está roja y es golpeado por un automóvil, la sabiduría presente en esta luz de tránsito ridiculiza su calamidad.

Dios nunca podría reírse de la calamidad de aún la persona más malvada. Él no puede burlarse de los que son destruídos por sus pecados. Por el contrario, Él nos dice que no recibe placer en la muerte de ningún pecador.

Mas Su sabiduría grita a todos. Está gritando ahora mismo en las calles cerca de Times Square Church. Aquellos que deben estar oyendo la voz de Dios - quienes en cambio se burlan de esa sabiduría - serán ridiculizados por la sabiduría en el Día del Juicio. En aquel momento, la sabiduría gritará, "¡cuán necio ha sido usted! "Entonces me llamarán, y no responderé; me buscarán han de mañana, y no me hallarán:" (verso 28).

Sin embargo este mismo capítulo en Proverbios también ofrece esperanza. Revela el corazón de Dios en el verso final: "Mas el que me oyere, habitará confiadamente, Y vivirá tranquilo, sin temor de mal." (verso 33).

 


¡Vemos Otro Retrato del Dolor de Dios
Cuando Jesús Lloró Sobre la Ciudad de Jerusalem!

 


"Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! mas ahora está encubierto de tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con baluarte, y te pondrán cerco, y de todas partes te pondrán en estrecho, Y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti; y no dejarán sobre ti piedra sobre piedra; por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación." (Lucas 19:41-44)

¿Quién llora aquí? ¡Jesús - Dios hecho carne!

Él no estaba parado en alguna plataforma, señalando y gritando, "¡Un día de éstos, un ejército vendrá y matará a sus esposas e hijos!"

No - Jesús lloraba mientras profetizaba. Él miraba cuarenta años hacia el futuro, al tiempo cuando el ejército de Tito invadiría Jerusalem, violaría la ciudad y destruiría el templo. Sería un holocausto peor que ninguno otro. Y mientras Jesús preveía este acontecer, lloraba sobre la ciudad.

Los habitantes de Jerusalem lo iban a rechazar dentro de poco - lo escupirían, se burlarían de Él, protestarían en contra de Él, maldecirían su nombre, lo crucificarían. Sin embargo allí estaba, llorando de dolor sobre ellos - ¡porque la justicia de Dios demandaba juicio! La justicia traería un ejército pagano a sus calles - y hombres, mujeres, y niños serían sacrificados sin misericordia.

Sin embargo yo creo que Jesús lloraba también sobre lo que Jerusalem pudo haber experimentado: una visitación de Dios. Ellos pudieron haber obtenido bendiciones, perdón, un corazón nuevo. ¡Pero lo rechazaron todo! El próximo verso nos explica por qué el dolor de Jesús era tan grande:

"Y entrando en el templo, comenzó a echar fuera a todos los que vendían y compraban en él, diciéndoles: Escrito está: Mi casa es casa de oración; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones." (versos 45-46).

Jesús entró en el templo con un látigo y expulsó a todos los que vendían y compraban. ¿Por qué este azote tan serio? ¡El lo hizo porque sabía que éstos eran los pecados que apresurarían el juicio venidero!

Jesús sentía el dolor de esa escena futura tan horrible. Oía todos los gritos de las mujeres que sentirían un cuchillo enterrado en sus vientres. Oía todos los gritos de los niños que serían atrapados bajo los pies del ejército de Tito. Y se apenaba al ver como piedra tras piedra el templo era destruído.

Jesús previó todo ésto y preguntaba, "ustedes los que compran y venden, ¿no entienden? ¡lo que ustedes hacen traerá el juicio de Dios!" ¡Dios sentía dolor por su pueblo escogido - porque su pecado los destruiría!

Tuvo que haber lágrimas en los ojos de Jesús mientras usaba el azote. No creo que los azotes tocaran a persona alguna. En lugar, golpeó mesas y carretas, azotando al viento. El usó el látigo como vara de amor. Era Su manera de decir, "¡Despierten! ¡Están forzando a Dios a traerles lo que más le duele!"

Permítame mostrarle otra imagen del dolor de Dios:

"Entonces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de tierra de Egipto se ha corrompido; Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. Dijo más Jehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz: Ahora pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma: y de ti yo haré una nación grande.

Entonces Moisés oró en presencia de Jehová su Dios, y dijo: Oh Jehová, ¿por qué se encenderá tu furor contra tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran fortaleza, y con mano fuerte?

¿Por qué han de hablar los egipcios, diciendo: Para mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de sobre la faz de la tierra? Vuélvete del ardor de tu ira, y arrepiéntete del mal de tu pueblo. Acuérdate de Abraham, de Isaac, y de Israel tus siervos, a los cuales has jurado por ti mismo, y les has dicho: Yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo; y daré a vuestra descendencia toda esta tierra que he hablado, y la tomarán por heredad para siempre. Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo." (Éxodo 32:7-14).

Al leer este pasaje, muchos cristianos atribuyen erróneamente más gracia y misericordia a Moisés que a Dios. Éstos piensan que, "Moisés implora por misericordia sobre Israel, mientras Dios está listo para destruirlos."

¡Nada podría estar más distante de la verdad! Había sólo una razón por la cual Moisés pudo orar de esta manera: ¡Él conocía el corazón misericordioso de Dios!

Fíjese, Dios hablaba aquí con la autoridad de su justicia - y la justicia demandaba que el pueblo fuera consumido. Pero Moisés sabía que Dios sentiría mucho dolor al destruir a sus hijos. Él sabía que Dios amaba a su pueblo. Así que él imploró, "Señor, yo sé que tu justicia grita, y tienes que proclamarla. Este pueblo endurecido debe ser eliminado."

"Pero también sé algo más, Señor. ¡Qué no podrías soportar el dolor si lo hicieras! Tú podrías destruir 10,000 ó 12,000 - pero mientras más destruyas, más dolor sentirás. ¡Conozco tu corazón, Dios - y sé que no puedes destruir a Israel, porque le amas!"

La Biblia dice que Dios "se arrepintió " - ésto significa que Él cambió de opinión acerca de cómo juzgaría a Israel. Él no los destruiría. En cambio, los hizo deambular en el desierto. Mas Dios nunca les quitó su misericordia. Aunque la incredulidad del pueblo continuó causándole dolor en su corazón por otros treinta y ocho años, el Señor los protegió, los dirigió, los alimentó, y los vistió hasta el día de sus muertes.

 


¡Cuando Pienso en la Experiencia de Job,
Veo Cómo el Corazón de Dios fue Herido!

 


Yo me pregunto cuántas veces el Señor miró a Job y deseó decir, "¡Suficiente! No puedo permitir que Mi siervo experimente más de este dolor tan horrible. ¡Tengo que detenerlo!"

Si usted piensa que Job sufrió, usted debe saber cuánto más Dios sufrió con él. Yo me imagino a Dios diciendo, "Resiste hasta el final, Job, y yo te restauraré todo lo que has perdido. Resiste, y yo te aumentaré todo una vez y media." Finalmente, cuando el sufrimiento de Job había terminado, Dios dijo, "duplicaré todo para ti, Job. ¡Te daré dos veces lo que tenías antes!"

También vemos el dolor de Dios cuando tuvo que ejercer justicia sobre David por el censo en Israel. Dios había ordenado a David no contar el pueblo, de manera que nunca fuese tentado a confiar en la fuerza de la carne.

Mas David hizo exáctamente lo que el Señor le había prohibido. Ésto hirió el corazón de Dios :

"Asimismo esto desagradó a Dios, e hirió a Israel. " (1 Crónicas 21:7)

Dios tuvo que juzgar a David. El rey se había enorgullesido al poseer abundancia de hombres de guerra muy poderosos. Por lo tanto, el Señor envió un ángel para impartir su justicia, castigando a Israel con pestilencias. Poco después, este pueblo orgulloso moría como moscas.

David escuchaba mientras los mensajeros le traían informes atroces - 10,000 muertos en Hebrón; 5,000 muertos en Benjamín; 6,000 muertos en Judá. El número de muertos seguía aumentando.

En poco tiempo, 70,000 israelitas habían muerto. El ángel de la muerte había atravesado la nación, matando al pueblo por doquier. Y ahora estaba parado sobre Jerusalém, con su espada preparada, listo para pelear. ¡El resto de los hombres de guerra de David estaban al borde de una destrucción total!

Dios estaba golpeando a David en el mismo corazón de su orgullo. Estaba tratando de salvar a este hombre - rescatarlo del enemigo de su alma. Y las Escrituras nos dicen:

"Entonces David y los ancianos se postraron sobre sus rostros, cubiertos de cilicio." (verso 16).

Cuando David oyó acerca de todas las muertes en Israel, cayó de rodillas en arrepentimiento. Él gimió, "¡Oh Dios, es mi culpa! El pueblo es inocente. Por favor Señor, no los castigues. ¡Pon Tu juicio sobre mí!"

Dios no pudo soportar el dolor de David por más tiempo. Finalmente, Dios gritó al ángel: "¡Suficiente! Guarda tu espada. ¡El dolor es demasiado para Mí!"

"Entonces Jehová habló al ángel, y éste volvió su espada a la vaina." (verso 27). Era como si Dios dijera, "Si permito que la justicia continúe, no seré capaz de soportar el dolor tan grande de David. ¡Él morirá de un corazón roto!"

He aquí una imagen increíble del corazón adolorido de Dios. David había herido a Dios, y la justicia de Dios demandaba castigo. Sin embargo, Dios no fue contra David vociferando, "No ha aprendido su lección todavía?" ¡No - las lágrimas de David habían alcanzado el corazón tierno de Dios! El Señor sentía el dolor de David, fue tocado por el sentimiento de su arrepentimiento. Y Dios dijo, "¡Suficiente!"

 


Creo que Cuando Forzamos a Dios a Castigarnos y a Juzgarnos por
los Pecados que Cometemos, Le Causamos a Dios "Doble Dolor."

 


La primera parte del terrible "doble dolor" de Dios es cuando pecamos en Su presencia, contra Su luz y amor.

Sin embargo no es sólo el pecado lo que apena a Dios. Sino que Él sabe que las consecuencias de nuestro pecado pronto acontecerán. Dios sabe el precio que pagaremos: ¡Nuestro pecado nos conducirá a la pena y la miseria! Y ésto hiere el corazón de Dios profúndamente.

La segunda parte del "doble dolor" de Dios es que nuestro pecado causa que El mantenga Su Palabra al juzgarnos. El tiene que estar presente como Padre amoroso y escucha nuestros gritos de angustia mientra nos castiga - todo con el propósito de producir un carácter santo en nosotros.

No hace mucho tiempo, enfrenté una crisis - al límite de mi paciencia. Había estado oyendo comentarios calumniadores acerca de mí y de un pastor asociado que ministra con nosotros en Times Square Church. Era un chisme atroz e hiriente. Yo no podía creer que la gente estaba diciendo alguna de las cosas que decían. Todo ésto me hirió mucho.

Después que esto estaba sucediendo por algún tiempo, le comencé a recordar a Dios su Palabra:

"El testigo falso no quedará sin castigo; Y el que habla mentiras, perecerá." (Proverbios 19:9). "El malo está atento al labio inicuo; Y el mentiroso escucha a la lengua detractora." (17:4).

"El que anda en chismes descubre el secreto; Mas el de espíritu fiel lo guarda todo." (11:13). "Aunque su odio se cubra con disimulo, Su maldad será descubierta en la congregación." (26:26).

Después de algún tiempo, grité en desesperación: "Oh Dios, ¿por cuánto tiempo permitirás que esto siga? Las mentiras cambian tanto, que ya no sé lo que son de día a día. No puedo luchar en contra de ésto. Tú eres mi defensor, Señor - y tú dices que vengarás a Tu pueblo. Pero no veo que Tu justicia sea manifestada. Por favor, Señor - ¿cuánto más tengo que soportar antes de que te muevas?"

Mientras pensaba en toda la calumnia que venía contra mí, comencé a pensar en otros sirvientes y pastores que también son atormentados. Hay tantos santos hoy - gente santa y justa - que tiene que atravesar pruebas atroces porque palabras malvadas son habladas en contra de ellos por sus compañeros de trabajo, familia, aún amigos.

¿"Por qué, Señor?" Oré. ¿ "Dónde están tus juicios justos? ¿Por qué sigues permitiendo que Tu pueblo sea lastimado? ¿Por qué esperas tanto para manifestar justicia?"

El Señor contestó, "David, yo soy misericordioso, paciente y lento para la ira porque me causa dolor el impartir Mi justicia. Si pudieras sentir Mi dolor, nunca jamás desearías ver la caída de mi juicio. ¡Entenderías por qué espero por tanto tiempo antes de impartirlo!"

Luego Dios me mostró una imagen espantosa de los juicios que Él tiene que enviar sobre los que pecan en contra de Su Palabra. Verdaderamente, cosas atroces acontecerán a áquellos que continúen en su pecado del chisme y calumnia.

Mas la imagen del castigo divino - del juicio cayendo sobre cualquiera - me sobrecogió. Grité, "¡Oh, Señor, no juzgues por mí! Por favor, no hagas ésto, aún a los que me han lastimado. ¡No lo hagas para justificarme!"

¡Estaba sintiendo el dolor de Dios - Su renuencia para juzgar! Y ese dolor continuó en mi corazón por quizás quince minutos.

Entonces el Señor me habló: "David, tú sabes cuán doloroso es el disciplinar a tus hijos, porque los amas. Es lo mismo para Mí. ¡Me hiere el tener que impartir Mi juicio y castigo sobre los que amo!"

 


¡Finalmente, Dios me Permitió Ver el
Dolor que Tuvo que Soportar cada
vez que ha tenido que castigarme!

 


Puedo recordar vívidamente cuatro o cinco ocasiones de castigo muy severo de parte del Señor. En áquellos tiempo yo decía, "¡Oh, Dios, esto es doloroso! No quiero atravesar jamás nada como ésto otra vez."

Y ahora Dios me decía, "David, yo no quería atravesarlo otra vez tampoco. Me hirió el observar y permitir tu dolor. Yo lo hice todo no deseándolo. No sentí placer en ésto. Causó una gran pena en mi corazón. Sin embargo, tuve que hacerlo - ¡porque te amo!"

Dios me ha demostrado, de una manera firme, que nunca debo regocijarme sobre el castigo de nadie. Sino, que el Señor tenga misericordia de esos cristianos que se regocijan en el castigo de otro: "Cuando cayere tu enemigo, no te regocijes; Y cuando tropezare, no se alegre tu corazón." (Proverbios 24:17).

No sólo usted nunca debe alegrarse cuando ve a Dios impartiendo sus juicios. ¡Usted debe sentir el dolor de Dios mientras lo imparte! Simplemente no puede regocijarse en la presencia de un Señor que llora mientras azota, en la presencia de un Cristo con el corazón destruído.

Los juicios de Dios sobre otros deben romper su corazón. Lo deben hacer gritar, "¡Oh Dios, suficiente! Por favor - haz que Tu ángel guarde su espada."

"Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados." (Hebreos 12:11). Dios habla en este pasaje tanto de su propio corazón como del nuestro. ¡Sus castigos no son un gozo para Él, sino tristes y dolorosos!

Mas cuándo Dios se mueve para juzgar, Él se cierne sobre sus hijos mientras los castiga. Mientras Él imparte latigazo tras latigazo, Él espera para ver si el último latigazo trajo alguna lágrima. Él observa aún la señal más leve de pena o arrepentimiento. ¡Y se detiene ante la primera señal vista! Él desea decir, "¡Suficiente - no más! Me hiere demasiado."

Amado, usted debe entender este tema del dolor de Dios. Usted tiene que humillarse - poner sus pensamientos en cautividad, y decir," ¡Oh, Señor, permita que ore por mis enemigos - por áquellos que tratan de lastimarme!"

Dios ama al pecador más malvado y vil en la calle. Y si Él ama a esa persona, ¿cuánto más Él ama al cristiano que lo lastima a usted y se ha hecho su enemigo?

Quizás ahora usted tiene una idea de cuán lejos estamos del corazón de Dios. Hay tanto más que aprender de su corazón. No, Él no se deleita en el juicio. Él no disfruta la destrucción del malvado, ni en el castigo de sus hijos. Por el contrario, ésto lo lastima terriblemente.

Permítame decirle en lo que el Señor se deleita:

"¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados." (Miqueas 7:18-19).

Gracias a Dios por Su gran compasión, disponible para todos. Él se deleita en la misericordia. ¡Aleluya!

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Usado con permiso por World Challenge, P. O. Box 260, Lindale, TX 75771, USA.




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