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LA SEGURIDAD ETERNA

DEL CREYENTE

Por

H.A. IRONSIDE

Publicado originalmente en idioma inglés por:

Loizeaux Brothers, Inc.

Neptune, New Jersey

Traducido del inglés por A.R.Y. y J.J.Y.
Copyright 2002 A.R.Y. y J.J.Y.

Este texto se encuentra registrado (©) y no puede ser almacenado en BBS o sitios de Internet sin el permiso expreso de los titulares del derecho de propiedad. Este texto no puede ser vendido ni puesto solo o con otro material en ningún formato electrónico o impreso en papel para la venta, pero puede ser distribuido gratis por correo electrónico o impreso. Debe dejarse intacto su contenido sin que nada sea removido o cambiado, incluyendo estas aclaraciones. Alimento Espiritual: http://alimento.tripod.com.

 

PRÓLOGO

Esta breve obra consiste de un mensaje entregado en la iglesia D. L. Moody Memorial una mañana del día del Señor y la sustancia de dos reuniones en viernes, cuando se presentaron preguntas y luego fueron respondidas desde la plataforma. Editando cuidadosamente se podría haber eliminado todo lo que parece una repetición. Pero considerando que la verdad se aposenta en la mente y el corazón por la constante reafirmación, no he podado demasiado las respuestas como podría haber hecho en otras circunstancias. Permítaseme decir que mi objetivo no era la controversia ni vencer a un oponente, sino más bien la edificación e iluminación del pueblo de Dios, de manera que el conocimiento de la verdad pudiera liberarlo del legalismo y darle verdadera libertad.

H. A. IRONSIDE

Chicago, Illinois, 24 de abril de 1934

 

 

¿Puede Perderse Alguna Vez Un Creyente?

Se ha anunciado que yo les hablaré acerca de un tema que ha ocasionado mucha controversia entre el pueblo de Dios. Quiero tomar como un punto de partida --no exactamente como un texto, porque veremos muchas porciones de las Escrituras-- Romanos 8: 38, 39: "Por lo cual estoy cierto que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro." Esta es la respuesta inspirada a la pregunta del versículo 35: "¿Quién nos apartará del amor de Cristo?"

Es decir, una vez que somos cristianos, una vez que conocemos el amor de Cristo, una vez que hemos sido justificados por la fe,

¿Quién hay,

qué poder hay,

que pueda Separar

del amor de Cristo?

Y la respuesta,

cuán completa,

cuán clara,

no una sombra,

no una duda,

ni una cuestión dejada,

cuando el apóstol dice que …

"…ni la muerte, ni la vida, nos podrá apartar…"

¿Puede usted pensar en algo que no esté incluido ni en la muerte ni en la vida? ¡Ni la muerte, ni la vida, nos podrá apartar!

Luego, poderes invisibles no pueden separar de Cristo al creyente,

"ni ángeles,

ni principados,

ni potestades."

Estos términos son usados una y otra vez en el Nuevo Testamento, particularmente en las Epístolas, para huestes angélicas, buenas y malas.

Cuando nuestro Salvador resucitó de entre los muertos, Él despojó a principados y potestades, es decir, derrotó a todas las huestes del mal lideradas por Satanás; y así podemos pensar que los ángeles aquí mencionados son los ángeles buenos, y los principados y potestades posiblemente son los ángeles malignos. Pero no hay nada que los ángeles buenos harían y nada que los ángeles puedan hacer que resultará en la separación del creyente y Cristo.

Y luego además dice:

"Ni lo presente,

ni lo por venir."

De nuevo, permítame hacer la pregunta.

¿Puede usted pensar de alguna experiencia a través de la cual un creyente podría pasar alguna vez que no sea algo presente ni algo por venir?

Y el Espíritu Santo dice que ni lo presente ni lo por venir serán capaces de apartarnos del amor de Cristo. Como si eso no fuera suficiente, él habla en una manera más general cuando dice que "ni lo alto, ni lo bajo (nada en el cielo ni en el infierno), ni ninguna criatura nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro."

Me parece que estamos bastante seguros si somos creyentes en el Señor Jesucristo.

 

 

 

 

La Seguridad Eterna:

Su Significado

Cuando hablamos de la seguridad eterna del creyente, ¿qué queremos decir?

Queremos decir que una vez que un pobre pecador ha sido regenerado por la Palabra y el Espíritu de Dios, una vez que él ha recibido una nueva vida y una nueva naturaleza, que ha sido hecho participante de la naturaleza divina, una vez que ha sido justificado de toda acusación ante el trono de Dios, es absolutamente imposible que esa persona pudiera alguna vez ser de nuevo un alma perdida.

Habiendo expresado esto, permítanme decir lo que no queremos decir cuando hablamos de la seguridad eterna del creyente.

No queremos decir que necesariamente resulta que si alguien profesa ser salvo, si pasa al frente en una reunión, le da la mano al predicador, y dice que acepta al Señor Jesucristo como su Salvador, que esa persona esté eternamente segura.

No significa que si alguien se une a una iglesia o hace una profesión de fe, es bautizado, participa de la cena del Señor, y se interesa en la obra cristiana, que esa persona esté segura para siempre.

No significa que porque alguien manifieste ciertos dones y ejercite estos dones en el testimonio cristiano, que esa persona necesariamente esté eternamente segura.

Nuestro Señor Jesucristo dijo a la gente de su tiempo, como está registrado en Mateo 7:21-23: "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos mucho milagros? Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad."

Tales personas entonces pueden haber sido muy activas en lo que se llama la obra cristiana --han predicado, han echado demonios, es decir, su influencia ha sido tal que hombres y mujeres han encontrado liberación del poder satánico por medio de sus ministraciones en el nombre de Jesús, han hecho profesión con sus labios, han llevado a cabo muchas obras maravillosas, pero son encontradas en aquel día entre los perdidos, y cuando invocan su gran actividad y su ímpetu en el testimonio cristiano, el Señor les dice:

"Nunca os conocí"

Observe, Él no les dice:

"Solía conocerles, pero han perdido mi favor y ya no les conozco."

Él dice:

"Nunca os conocí"

 

 

 

 

Las Ovejas de Cristo

Usted recuerda como habla Él de los suyos en Juan 10: 27-30:

"Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen; y yo les doy vida eterna y no perecerán para siempre, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, mayor que todos es y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre una cosa somos."

De los suyos Él dice:

"yo las conozco"

De estos otros, a pesar de toda su actividad, a pesar de todos sus logros, Él dice en el día del juicio:

"Nunca os conocí"

Eso es algo muy solemne.

Eso responde una pregunta que frecuentemente se nos hace. No sé cuantas veces he encontrado a individuos que han venido a mí con un caso hipotético como éste: "Supongamos un hombre que se unió a la iglesia, que profesó ser salvo, que por varios años fue un obrero cristiano muy activo, quizás un maestro de Escuela Dominical, quizás un anciano o un diácono en la iglesia, quizás un ministro; pero después de algunos años de una vida cristiana aparentemente consistente y de utilidad en el testimonio, él vuelve su espalda a todo esto, retorna al mundo, repudia completamente al cristianismo y ahora niega totalmente el evangelio que una vez profesó. ¿Cómo encaja eso con su doctrina de la seguridad eterna del creyente?"

Eso no toca la cuestión en absoluto. El apóstol Juan nos dice como debemos entender un caso como ése. Él dice en el capítulo segundo y en el versículo diecinueve de su primera Epístola: "Salieron de nosotros, mas no eran de nosotros; porque si fueran de nosotros, hubieran cierto permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que todos no son de nosotros", o literalmente:

"que no totalmente son de nosotros."

Es decir:

* es posible hacer todas las cosas de las que he hablado y sin embargo nunca haber sido regenerado.

* Es completamente posible unirse a una iglesia, para hacer profesión cristiana;

* es completamente posible observar las ordenanzas cristianas, enseñar y predicar, y sin embargo nunca haber nacido de nuevo.

Si alguno enseña y predica la verdad, ello producirá buenos resultados, y hará buenos a los hombres tanto si el maestro o el predicador sea o no real, porque lo que Dios usa es la verdad.

Por supuesto, Él puede usar la verdad con mayor provecho cuando ella es proclamada por una persona santa viviendo para la gloria de Dios que cuando es proclamada por un hipócrita. Sin embargo, Dios usa su verdad independientemente de quien pueda proclamarla, y eso explica como la gente puede hacer obras poderosas en el nombre de Cristo y sin embargo nunca haber nacido de nuevo.

 

 

 

El Sacrificio Único De Cristo

Cuando decimos que el creyente en el Señor Jesús está eternamente seguro, basamos esto sobre un número de líneas de testimonio escritural. En primer lugar, nos apoyamos sobre la perfección del sacrificio único de Cristo en la cruz. Personalmente, nunca puedo entender cómo gente inteligente, instruida por el Espíritu Santo de Dios, puede leer cuidadosamente la Epístola a los Hebreos y no ver que a lo largo de toda esa Epístola el escritor está contrastando los muchos sacrificios ofrecidos bajo la ley con el sacrificio único de nuestro Señor Jesucristo.

A lo que él llama especialmente la atención es a esto: bajo la ley cada vez que un israelita pecaba, él necesitaba un nuevo sacrificio por el pecado, y cada año la nación debía celebrar el gran día de la expiación cuando un nuevo sacrificio era presentado a Dios por el pueblo. ¿Porqué? Porque aquellos sacrificios nunca podían quitar el pecado, ellos simplemente cubrían el pecado por el momento. Pero se nos dice en el capítulo décimo de Hebreos que cuando el Señor Jesucristo vino al mundo y se ofreció sin mancha a Dios, el efecto de su sacrificio fue eterno. El versículo 14 hace esto claro:

"Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados."

¿Hechos perfectos por cuánto tiempo? "Oh", dice alguno, "tanto tiempo como sean fieles". No, eso no es lo que dice.

"Hizo perfectos para siempre".

¿Porqué? Porque el sacrificio es completamente eficaz. Estoy seguro de que mis hermanos que niegan la doctrina de la seguridad eterna del creyente no se dan cuenta de que haciendo así están poniendo una afrenta sobre la obra finalizada de Cristo, están reduciendo el sacrificio de Cristo prácticamente al nivel de las ofrendas de toros y cabras en la dispensación del Antiguo Testamento.

Estoy seguro de que ellos no tienen la intención de hacer eso, porque aman a su Señor tan verdaderamente como yo confío que le amo, y ellos no quieren deshonrarlo. Pero temen que esta doctrina llevará a la gente a ser descuidada acerca de sus vidas, y por lo tanto enfatizan la posibilidad de que un hombre pierda su salvación después de que una vez ha sido justificado por la fe. Pero ellos no prosiguen esto hasta su conclusión lógica; no ven que esto es una negación práctica de la obra finalizada de nuestro Señor Jesucristo. Estamos salvados eternamente porque el sacrificio de Cristo permanece.

Cuando acudí al Señor Jesucristo y puse mi confianza en Él, no sólo fueron perdonados todos mis pecados hasta el día de mi conversión, sino que todos mis pecados fueron anulados por la eternidad. Cuando era un joven cristiano, se me enseñó algo como esto: yo pensaba cuando me convertí que todos mis pecados, desde el tiempo del despertar del sentido de responsabilidad hasta la noche cuando puse mi confianza en el Señor Jesús, fueron anulados, y entonces Dios me había dado un nuevo comienzo, y si yo sólo podía mantener limpio mi historial hasta el fin de mi vida, iría al cielo; pero si no lo mantenía limpio, cesaba de ser un cristiano y tenía que convertirme por completo otra vez. Cada vez que sucedía esto el pasado estaba bajo la sangre, pero debía mantener limpio el historial para el futuro. ¡Qué visión de la expiación de Cristo tan deshonrosa para Dios es esa! Si sólo fueron anulados por la sangre expiatoria de Jesús aquellos pecados míos que fueron cometidos hasta el momento de mi conversión, ¿en qué forma posible habrían de ser tratados los pecados que había confesado después de eso?

La única base sobre la que Dios podía perdonar pecados es que Jesús resolvió todo en la cruz, y cuando confío en Él, todo lo que Él ha hecho es aceptado a mi favor.

 

 

 

 

¿Qué De Los Pecados Futuros?

Una dama vino a mí un día y dijo: "No puedo entenderle en esto. Yo puedo entender bastante bien que Cristo murió por los pecados que cometí hasta la noche de mi conversión, ¿pero trata usted de decirme que Cristo murió por mis pecados futuros?"

Yo dije: "¿Cuántos de sus pecados estaban en el pasado cuando Cristo murió en la cruz?"

Ella pareció desconcertada por un momento, y entonces la luz irrumpió, y dijo: "¡Cuán necia he sido! Por supuesto, todos ellos eran futuros cuando Jesús murió por mí. Yo no había cometido ninguno de ellos."

Dios vio todos sus pecados, y Él puso sobre Jesús toda su iniquidad. Por lo tanto, cuando usted confió en Él, usted fue justificado sin restricciones de todas las cosas. Usted dice: "¿Entonces no hay diferencia si un creyente peca?"

Ese es otro asunto, y llevaría toda una tarde adentrarnos en éste, pero el punto es el siguiente: en el momento en que usted confía en el Señor Jesús como su Salvador, su responsabilidad, como pecador en relación al Dios de juicio está terminada por la eternidad, pero en ese mismo momento comienza su responsabilidad como un hijo en relación a un Padre en el cielo. Ahora, si como un hijo usted peca contra su Padre, Dios tendrá que tratar con usted acerca de eso, pero como un Padre y no como un Juez. Esa es una línea de la verdad que se sostiene por sí misma y no contradice lo que estoy enseñando ahora. Esto explica algunas cosas que desconciertan a algunas personas cuando esta doctrina es traída ante ellas.

 

 

 

 

La Perseverancia Del Espíritu

En Segundo lugar, basamos la doctrina de la seguridad eterna del creyente en la perseverancia y el poder omnipotente del Santo Espíritu de Dios. Vea el primer capítulo de la Epístola a los Filipenses. Escribiendo a estos santos, el apóstol dice, cuando les agradece por su comunión en el evangelio desde el primer día hasta ahora: "Estando confiado de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo." [Filipenses 1: 6] ¿Ve eso? ¿Quién comenzó la buena obra en usted si usted es un creyente en el Señor Jesús? El Espíritu Santo de Dios. Fue Él quien le convenció de pecado, fue Él quien le llevó a poner su confianza en Cristo, fue Él quien a través de la Palabra le dio el testimonio de que estaba salvado, es Él quien le ha estado conformando a Cristo desde que usted confió al principio en el Señor Jesús. Habiéndole levantado así en gracia, el Espíritu Santo tiene un propósito definido en vista. Él finalmente va a conformarle a usted completamente a la imagen del Señor Jesucristo, y Él nunca comienza una obra que no tenga la intención de finalizar. "Estando confiado de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo."

Si cuando usted era un pobre pecador, el Espíritu Santo tuvo suficiente poder para quebrantar su oposición a Dios y para hacer finalizar su incredulidad y rebelión, ¿piensa usted por un momento que Él no tiene poder suficiente para sojuzgar su voluntad como creyente y continuar hasta completar la obra que comenzó?

La gente dice: "Veo que usted cree en aquella antigua doctrina Bautista de ‘una vez en la gracia, siempre en la gracia.’" U otro dice: "Entiendo que usted sostiene esa antigua idea Presbiteriana de ‘la perseverancia final de los santos’."

No sé por qué esto debería ser llamado Bautista o Presbiteriano, sólo en la medida que los Bautistas y Presbiterianos concuerdan con el Libro, y la Palabra de Dios muestra claramente que una vez que Dios nos recoge en gracia nada puede separarnos del amor de Cristo, así que evidentemente la expresión, "una vez en la gracia, siempre en la gracia", es perfectamente correcta. Pero, por el otro lado, no soy tan entusiasta acerca de la otra expresión, "la perseverancia de los santos". Yo creo en esto, yo creo que todos los santos, todos los que pertenecen realmente a Dios, perseverarán hasta el fin, porque el Libro me dice: "Mas el que perseverare hasta el fin, éste será salvo" (Mateo 24: 13), y si alguien comienza y hace una profesión pero renuncia a todo, él nunca será salvo, porque para empezar nunca nació de nuevo, él nunca fue cambiado verdaderamente por la gracia divina. Por el otro lado, la razón de que alguien persevere hasta el fin no es alguna especial perseverancia de sí mismo. En lo que yo creo, y lo que la Palabra de Dios claramente enseña, es la perseverancia del Espíritu Santo. Cuando Él comienza una obra, Él nunca renuncia hasta que esté completada. Esa es nuestra confianza.

 

 

 

 

Experiencia Y Fe

Hace cuarenta y tres años el Espíritu de Dios en la gracia, me llevó a confiar en el Señor Jesucristo. He tenido muchos altibajos desde entonces, como la gente antigua acostumbraba cantar en una reunión al aire libre a la que asistí:

"A veces estoy en lo alto y a veces en la hondura,

Pero mi alma igual mantiene la celestial ligadura."

He tenido experiencias variadas, pero lo maravilloso es esto, el Espíritu Santo de Dios nunca me ha abandonado; y si a veces he sido rebelde y obstinado y no me postré inmediatamente ante Dios y me arrepentí de mi rebeldía y obstinación, entonces encontré que debía estar bajo la vara, la vara de mi Padre, y Él me azotaba sometiéndome hasta que yo llegaba al punto donde estaba presto para confesar mi falla y ser restaurado a la comunión con Él. Pero yo era de igual manera tan verdaderamente su hijo mientras recibía un buen azote como cuando los efectos de éste me habían restaurado a la comunión. Su hijo no cesa de ser su hijo cuando usted lo pone sobre sus rodillas y le azota con su chancleta. Es porque él es su hijo y porque usted quiere que crezca hasta ser un muchacho de buen comportamiento que usted hace eso. Y así creemos en la perseverancia del Espíritu Santo, que habiendo comenzado la obra la continuará hasta completarla.

 

 

 

 

La Nueva Creación

En tercer lugar, basamos la doctrina de la seguridad eterna del creyente sobre el hecho de la nueva creación. En el capítulo quinto de Segunda Corintios, versículo diecisiete leemos: "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas."

Este versículo puede ser expresado de la siguiente manera: "De modo que si alguno está en Cristo, nueva creación es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas."

¿Qué queremos decir por nueva creación? Exactamente esto: antes estábamos en el lugar de la muerte; antes estábamos totalmente perdidos y arruinados. ¿Cómo llegamos allí? Sígame ahora. No fue por ningún acto propio de nosotros. Usted dice: "¿No llegué al lugar de muerte espiritual por ningún acto propio?" No. Usted dice: "¿No estaba perdido por algún acto mío?" No. Pero, ¿porqué estaba usted entre los perdidos? Porque nació en el mundo como un miembro de la vieja creación de la cual el primer Adam fue la cabeza, y cada hijo de la raza de Adam viene al mundo perdido y está bajo sentencia de muerte. Y así leemos en este mismo capítulo en el versículo 14: "Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: Que si uno murió por todos, luego todos son muertos."

 

 

 

Los Dos Adanes

Permítame tratar de hacer esto claro. Aquí está el primer Adam, la cabeza de la antigua creación, y él fue puesto a prueba en el Jardín del Edén. El mundo entero estaba representado en él –usted estaba representado en Él, yo estaba representado en Él. Como el Espíritu de Dios dice de Leví: "Aun estaba en los lomos de su padre cuando Melchîsedec le salió al encuentro" (Hebreos 7:10), así nosotros, cada uno de nosotros, estábamos representados allí en Adam cuando la vieja creación estuvo a prueba. Adam cayó, y Dios dijo: "El día que de él comieres, morirás."

Como resultado de esa falla la vieja creación cayó en muerte, y cada persona que alguna vez ha nacido en el mundo desde ese tiempo ha nacido caído allí; nadie ha sido engendrado no caído aquí, donde el primer Adán comenzó, excepto nuestro Señor Jesucristo, y su nacimiento fue uno sobrenatural. Por lo tanto, como miembros de la vieja creación estábamos todos muertos, todos perdidos; pero vea ahora lo que sucedió. Nuestro Señor Jesucristo vino al mundo (la Palabra escrita habla aquí de Él como la Palabra viva) y Él permaneció sobre este plano de impecabilidad. Adam fue creado sin pecado pero cayó; Jesús vino, el único sin pecado, concebido por el Espíritu Santo, nacido de una madre virgen [evidenciando así su naturaleza divina], pero Él vio a los hombres allí caídos en muerte, y en la cruz Él bajó hasta la muerte, hasta donde estaba el hombre, y se levantó en gracia desde la muerte. Pero no se levantó solo, porque Dios nos ha vivificado junto a Cristo, así que todos los que creemos en Él somos levantados desde ese lugar de muerte; y así como en un tiempo fuimos hechos partícipes de la raza de Adam, así ahora somos hechos partícipes de una nueva creación.

¿Qué hace Dios por nosotros ahora? ¿Nos pone donde Adam estaba antes y dice: "Ahora compórtense bien, y no volverán a morir"? No, Él nos pone más alto que lo que Adam jamás podía haber ido excepto por una nueva y divina creación. "Él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los cielos con Cristo Jesús" (Efesios 2: 6), y porque nosotros pertenecemos a esta nueva creación nunca podremos perdernos. Usted estaba perdido porque la cabeza de la vieja creación falló, y usted cayó con él. Usted nunca puede perderse a menos que la Cabeza de la nueva creación caiga, y si Él cayera usted caería con Él. Pero, gracias a Dios, Él permanece en el trono donde Dios mismo lo ha puesto, en señal de su perfecta complacencia en la obra que Él consumó.

Puede que usted haya oído del irlandés que se convirtió pero que estaba sometido a un horrible temor de que algún día él podría cometer algún gran pecado y perder su alma, de que podría perderse después de todo, y él temblaba al pensar esto. Fue a una reunión y oyó leerse las palabras: