Capítulo I
El
período de los
Principios
Los interrogantes acerca del
origen de la vida y de las cosas han tenido siempre un lugar en el pensamiento
humano. Los descubrimientos del pasado, tales como el de los Rollos del mar
Muerto, no solo son un reto para el estudioso, sino que también fascina al
laico.
El Antiguo Testamento provee una
respuesta a la interrogación del hombre por lo que respecta al pasado. Los
primeros once capítulos del Génesis exponen los hechos esenciales respecto a la
Creación de este Universo y del hombre. En el registro escrito del proceder de
Dios con el hombre, estos capítulos penetran en el pasado más allá de lo que ha
sido establecido o corroborado definitivamente por la investigación histórica.
Con razonable seguridad, sin embargo, el evangélico acepta inequívocadamente
esta parte de la Biblia como el "primero" (y el único auténtico)
relato de la Creación del Universo por Dios.[1]
Los capítulos iniciales del canon
son fundamentales para toda la revelación expuesta en el Antiguo y Nuevo
Testamento. En toda la Biblia hay referencias[2] a la creación y temprana
historia de la humanidad tal como se expone en estos capítulos introductorios.
¿Cómo deberemos interpretar esta narración
del principio del hombre y su mundo? ¿Es mitología, alegoría, una combinación
contradictoria de documentos, o la idea de un solo hombre acerca del origen de
las cosas? Otros escritores bíblicos la reconocen como una narración progresiva
de la actividad de Dios al crear la tierra, los cielos y el hombre. Pero el
lector moderno debe guardarse de leer más allá de la narración, interpretándola
en términos científicos, o asumiendo que es un almacén de información sobre ciencias
recientemente desarrolladas. Al interpretar esta sección de la Biblia —o
cualquier otro texto a tal objeto— es importante aceptarla en sus propios
términos. Sin duda alguna, el autor hizo uso normal de símbolos, alegorías,
figuras del lenguaje, poesía y otros recursos literarios. Para él, al parecer,
constituyó un registro sensible y unificado del principio de todas las cosas,
tal como le habían sido dadas a conocer por Dios mediante medios humanos y
divinos.
El tiempo comprendido por este
período de los principios no se indica en ningún lugar de las Escrituras. En
tanto el punto terminal —el tiempo de Abraham— se relaciona con la primera
mitad del segundo milenio, los demás acontecimientos de esta era no pueden ser
fechados con exactitud. Intentos de interpretar las referencias genealógicas
como una cronología completa y exacta, no parecen razonables a la luz de la
historia secular. Aunque la narrativa sigue, en general, un orden cronológico,
el autor del Génesis no sugiere en forma alguna una fecha para la creación.
Tampoco nos son conocidos los
detalles geográficos de este período. Es improbable que lleguen a ser
identificadas las situaciones del Edén y algunos de los ríos y naciones
mencionados. No se señalan los cambios geográficos habidos con la expulsión del
hombre del Edén y con el diablo. Al parecer, están más allá de los límites de la
investigación humana.
Al leer los once capítulos del
Antiguo Testamento, pueden suscitarse cuestiones que la narrativa deja sin
contestación. Estos interrogantes merecen un estudio más extenso. De mayor
importancia, sin embargo, es la consideración de lo que se afirma; porque este
material provee el fundamento y fondo para una mayor y más completa revelación
de Dios, como se manifiesta de forma progresiva en capítulos subsiguientes.
La primera parte del Génesis encaja
distintamente en las divisiones siguientes:
I. El relato de la
Creación Génesis
1:1-2:25
A. El universo y su contenido 1:1-2:3
B. El hombre y su habitación
2:4-25
II. La caída del hombre y sus consecuencias 3:1-6:10
A. Desobediencia y expulsión del
hombre 3:1-24
B. Caín y Abel
4:1-24
C. La generación de Adán 4:25-6:10
III. El diluvio:
Juicio de Dios sobre el hombre 6:11-8:19
A. Preparación para el diluvio 6:11-22
B. El diluvio
7:1-8:19
IV. El nuevo principio del hombre 8:20-11:32
A. El pacto con Noé 8:20-9:19
B. Noé y sus hijos 9:20-10:32
C. La torre de Babel 11:1-9
D. Sem y sus descendientes 11:10-32
El relato de la Creación —1:1-2:25
"En el principio"
introduce el desarrollo en la preparación ¿el Universo
* la creación del hombre. Si este tiempo sin fecha se refiere a la creación
original[3] o al acto inicial de Dios
en la preparación del mundo para que el hombre, es
cuestión de interpretación.[4] En cualquier caso, el
narrador empieza con Dios como creador, en este breve párrafo introductorio
(1:1-2) en relación con la existencia del hombre y el Universo.
Orden y progreso marcan la era de
la creación y organización (1:3-2:3). En el período designado como de seis días
prevaleció el orden en el Universo relativo a la tierra.[5] En el primer día fueron
ordenadas la luz y las tinieblas para proporcionar períodos de día y de noche.
En el segundo día fue separado el firmamento para ser la expansión de la
atmósfera terrestre. Sigue en el orden, la separación de la tierra y el agua,
así la vegetación apareció a su debido tiempo. El cuarto día empezaron a
funcionar las luminarias en el cielo en sus respectivos lugares, para
determinar las estaciones, años y días para la tierra. El quinto día trajo a
la existencia criaturas vivas para poblar las aguas de abajo y el cielo arriba.
Culminante en esta serie de acontecimientos creativos fue el día sexto.[6] Fueron ordenados los
animales terrestres y el hombre para la ocupación de la tierra. El último día
fue distinguido de los primeros confiándosele la responsabilidad de tener
dominio sobre toda la vida animal. La vegetación fue la provisión de Dios para
su mantenimiento. En el séptimo día terminó Dios sus actos creativos y lo
santificó: como período de descanso.
El hombre es inmediatamente
distinguido como lo más importante de toda la creación de Dios (2:4b-25).
Creado a imagen de Dios, el hombre se convierte en el punto central de su
interés al continuar el relato. Aquí se dan más detalles de su creación: Dios
lo formó del polvo de la tierra y sopló en él el aliento de vida, haciéndolo un
ser viviente. Al hombre, no solo se le confió la responsabilidad de cuidar de
los animales, sino que también se le encargó que les pusieran nombre. La
distinción entre el hombre y los animales se hace más evidente por el hecho de
que no encontró compañía satisfactoria, hasta que Dios creó a Eva como su ayuda
idónea. Como habitación del hombre, Dios preparó un jardín en el Edén.
Encargado del cuidado de este jardín, al hombre le fue confiado el disfrute
completo de todas las cosas que Dios había previsto abundantemente. Había únicamente
una restricción: el hombre no debía comer del árbol del conocimiento del bien y
del mal.
La caída del hombre y sus consecuencias
—3:1 - 6:10
El punto más crucial en la relación del hombre
con Dios, es el cambio drástico que se precipitó por desobediencia del primero
(3:1-24). Como el más trágico desarrollo en la historia de la raza humana,
constituye un tema recurrente en la Biblia.
Enfrentada con una serpiente que
hablaba, Eva comenzó a dudar de la prohibición de Dios y deliberadamente
desobedeció[7]. A
su vez, Adán cedió a la persuasión de Eva. Inmediatamente se hallaron
conscientes de su decepción y del engaño producido por la serpiente y de su
desobediencia a Dios. Con hojas de higuera, intentaron recubrir sus vergüenzas.
Cara a cara con el Señor Creador, todas las partes implicadas en esta trasgresión
fueron juzgadas solemnemente. La serpiente fue maldita por encima de todos los
animales (3:14). La enemistad sería puesta como relación perpetua
entre la semilla de la serpiente, que representaba más que el reptil presente
y la semilla de la mujer.[8] Respecto a Adán y a Eva el
juicio de Dios, tiene un carácter de misericordia, al asegurar la definitiva
victoria para el hombre a través de la semilla de la mujer (3:15).[9] Pero la mujer fue condenada
al sufrimiento de criar sus hijos y el hombre sujeto a una tierra maldita.
Dios proveyó pieles para su vestido, que implicaba el matar animales como
consecuencia de ser hombre pecador. Conscientes del conocimiento del bien y del
mal, Adán y Eva fueron inmediatamente expulsados del huerto del Edén, por miedo
a que compartieran el árbol de la vida y así vivir para siempre. Perdido el
habitat de la eterna felicidad, el hombre se encaró con las consecuencias de la
maldición, con la sola promesa de un eventual consuelo a través de la simiente
de la mujer, que mitigaría su destino.
De los hijos nacidos a Adán y a
Eva, solo tres se mencionan por su nombre. Las experiencias de Caín y Abel
revelan la condición del hombre en su nuevo estado cambiado. Ambos adoraban a
Dios llevándole ofrendas. Mientras que el sacrificio de un animal de Abel era
admitido, la ofrenda de vegetales de Caín era rechazada. Irritado por aquello,
Caín mató a su hermano. Puesto que había sido advertido por Dios, Caín adoptó
una actitud de deliberada desobediencia, convirtiéndose así en el primer
asesino de la humanidad. No es irrazonable obtener la conclusión de que esta
misma actitud prevaleció cuando llevó su ofrenda, que Dios había rechazado.
La civilización de Caín y sus
descendientes está reflejada en una genealogía que sin duda alguna representa
un muy largo período de tiempo (4:17-24). El propio Caín fundó una ciudad. Una
sociedad urbana en la antigüedad, por supuesto, implicaba el crecimiento de
rebaños y manadas de animales. Las artes se desarrollaron con la invención y
producción de instrumentos musicales. Con el uso del hierro y el bronce Üegó la
ciencia de la metalurgia. Esta avanzada cultura dio aparentemente al pueblo un
falso sentido de seguridad. Esto se refleja en una actitud de despreocupación y
fanfarronería ostentada por Lamec, el primer polígamo. Tuvo el orgullo de
utilizar armas superiores para destruir la vida. Característicamente ausente,
por contraste, estuvo cualquier reconocimiento de Dios por la progenie de Caín.
Después de la muerte de Abel y su
pérdida y de la decepción respecto a Caín como asesino, los primeros padres
tuvieron una nueva esperanza con el nacimiento de Set (4:25 ss). Fue en los
días del hijo de Set, Enós, que los hombres comenzaron a volverse hacia Dios.
Con el paso de numerosas generaciones y muchos siglos, otro signo de
acercamiento a Dios fue ejemplificado en Enoc. Esta notable figura no
experimentó la muerte; su vida de piedad filial con Dios terminó con su
asunción. Con el nacimiento de Noé, la esperanza revivió una vez más. Lamec, un
descendiente de Set, anticipó que a través de su hijo, el género humano sería
consolado de la maldición y relevado de ella por la cual había sufrido desde la
expulsión del hombre del Jardín del Edén.
En los días de Noé, el creciente
ateísmo de la civilización alcanzó una verdadera crisis. Dios, que había creado
al hombre y su habitat, estaba decepcionado con su prevaleciente cultura. Los
matrimonios entre los hijos de Dios y las hijas de los hombres le habían
disgustado.[10]
La corrupción, los vicios y la violencia se incrementaron hasta el extremo de
que todos los planes y acciones de los hombres estaban caracterizados por el
mal. La actitud de lamentación de Dios en haber creado el género humano resultaba
aparente en el plan de retirar su espíritu del hombre. Un período de ciento
veinte años de aviso precedió el juicio que pendía sobre la raza humana. Solo
Noé encontró favor a los ojos de Dios. Justiciero y sin tacha, se mantuvo en
una aceptable relación con el Dios Creador.
El diluvio: El juicio de Dios sobre el
hombre —6:11 - 8:19
Noé era un hombre obediente. Cuando se
le ordenó que construyese el arca, él siguió las instrucciones (6:11-22). Las
medidas del arca todavía representan las proporciones básicas utilizadas en la
construcción de embarcaciones. No estando diseñada para navegar a velocidad,
el arca fue construida para albergar y acomodar en ella todas las formas de
vida que tuvieran que ser conservadas durante la crisis del juicio del mundo.
Se proveyó amplio lugar para albergar a Noé, su esposa y sus tres hijos y sus
esposas, una representación de cada animal básico y ave y alimento para todos
ellos.[11]
Durante aproximadamente un año,
Noé quedó confinado en el arca, mientras que el mundo estaba sujeto al juicio
divino.[12] El propósito de Dios de
destruir la pecadora raza humana se cumplió. Tanto si el diluvio fue local o a
escala mundial resulta de importancia secundaria, por el hecho de que el
diluvio se extendió lo bastante para incluir a toda la raza humana. Lluvias
incesantes y aguas procedentes de fuentes subterráneas elevaron, el nivel de
las aguas por encima de los picos de las más altas montañas. A su debido tiempo,
el agua fue cediendo. El arca acabó descansando sobre el monte Ararat. Una vez
que el hombre abandonase el arca se enfrentó con una nueva oportunidad en un
mundo renovado.[13]
E1 nuevo principio del hombre —8:20 -
11:32
La civilización tras el diluvio
comenzó con ofrecimientos sacrifícales. En respuesta, Dios hizo un convenio con
Noé y sus descendientes. Jamás el mundo volvería a ser destruido con un nuevo
diluvio. El arco iris en el cielo se convirtió en el signo perpetuo de la
alianza eterna de Dios con el hombre. Bendiciendo a Noé, Dios le comisionó para
poblar y adueñarse de toda la tierra. Los animales, debidamente sacrificados,
al igual que la vegetación, quedaron como fuentes de alimento viviente. El
hombre, sin embargo, quedaba estrictamente a disposición de Dios, a cuya imagen
había sido creado, para evitar el derramamiento de su sangre.
Volviendo hacia un propósito
agrario, Noé plantó una viña. Su indulgencia con la ingestión del vino
resultante, dio como resultado que Cam y probablemente su hijo Canaán le
faltasen al respeto que le debían. Este incidente dio ocasión a los
pronunciamientos paternales de maldición y bendiciones hechos por Noé
(9:20-28). El veredicto de Noé fue profético en su alcance. Anticipó la
pecaminosa actitud de Cam reflejada en la línea de Canaán, uno de los cuatro
hijos de Cam.[14]
Siglos más tarde, los impíos cananeos fueron objeto de severo juicio con la
ocupación de sus tierras por los israelitas. Sem y Jafet, los otros hijos hijos
de Noé, recibieron las bendiciones de su padre.
Siendo una racial y
lingüísticamente, la raza humana permaneció en un lugar por un período
indefinido (11:1-9). Sobre la llanura de Sinar, emprendió el proyecto de
construir un tremendo edificio. La construcción de la Torre de Babel representaba
el orgullo en los logros humanos al igual que un desafío del mandato de Dios
para poblar toda la tierra. Dios, que continuamente había tomado interés en el
hombre constantemente, desde su creación, no podía ignorarlo entonces.
Aparentemente la torre no fue destruida, pero Dios terminó con el intento por
la confusión de las lenguas. Esto dio como resultado de la dispersión de la
raza humana.
La distribución geográfica de los
descendientes de Noé, se da en un breve sumario (10:1-32). Esta genealogía, que
representa una larga era, sugiere áreas hacia las cuales emigraron las diversas
familias. Jafet y sus hijos se situaron en las proximidades de los mares Negro
y Caspio, extendiéndose hacia el oeste en dirección a España (10:2-5). Muy
verosímilmente los griegos, los pueblos indo-germánicos y otros grupos
emparentados entre sí, descienden de Jafet.
Los tres hijos de Cam
descendieron hacia África (10:6-14). Subsiguientemente, se expandieron hacia
el norte y hacia las tierras de Sinar y Asiría, construyendo ciudades tales
como Nínive, Calah, Babel, Acad y otras. Canaán, el cuarto hijo de Cam, se
estableció a lo largo del Mediterráneo, extendiéndose desde Sidón a Gaza y
hacia el este. Aunque camitas de origen racial, los cananeos utilizaban una
lengua muy emparentada de cerca con la de los semitas.
Cam y sus descendientes ocuparon
el área norte del Golfo Pérsico (10: 21-31). Elam, Asur, Aram, y otros nombres
de ciudades estaban asociados con los semitas. Después de 2000 años a. C. tales
ciudades como Mari y Nahor se hicieron centros sobresalientes de cultura de los
semitas.
Para concluir el período de los
principios, el fin de los desarrollos se reduce hacia los semitas (11:10-32).
Por medio de una estructura genealógica que utiliza diez generaciones, el registro
finalmente se enfoca sobre Taré, que emigró desde Ur a Harán. El climax es la
presentación de Abram, más tarde conocido por Abraham (Gen. 17:5) que encarna
el comienzo de una nación elegida, la nación de Israel, que ocupa el centro de
interés en todo el resto del Antiguo Testamento.[15]
***
[1] La
mayor parte do los acontecimientos en el Génesis 1-11 preceden a la
civilización sumeria, en que apareció la escritura hacia el final del cuarto
milenio a. C.
[2] Comparar Is. 40-50; Rom.
5:14; I Cor. 15:45; I
Tira. 2:13-14 y otros.
[3] Las
estimaciones para 'a edad del universo varían tanto que es imposible sugerir
una lecha aceptable. Einstein sugirió diez mil millones de años como edad de la
tierra. Cálculos de la edad de las galaxias varían desde dos a diez mil
millones de años.
[4] La
construcción hebrea en Génesis 1:1 es un nombre relacionado con un verbo
personal. Nótese la traducción literal: «En el principio de Dios creando los
cielos y la tierra cuando el espíritu de Dios cubría la haz de las aguas, Dios
dijo: Haya luz».
[5] No se establece la duración de
estos días creativos. Algunos sugieren días de 24 horas basándose en Génesis
1:14, Ex. 20:11 y otras referencias. Estos días pueden haber sido prolongados
en eras, ya que «día» se usa en este sentido en Génesis 2:4. En este caso,
tarde y mañana serían usados en sentido figurado. Este relato no proporciona
datos para la aseveración conclusiva de la duración de este período de días
creativos.
[6] Usando
las genealogías de Gen. 5 y 11 para calcular el tiempo, el obispo Ussher (1654)
dató la creación del hombre en 4.004 a. C. Esta fecha es insostenible,
ya que las genealogías no representan una cronología completa.
[7] Nótese que
la única otra
ocasión en la
Escritura de un
animal que habla, se halla en el asno de Balaam (Núm. 22:28.)
[8] Comparar
la interpretación del N. T. en Juan
8:44; Rom. 16:20;
II Cor. '1:3; Apoc. 12:9; 20:2,
etc.
[9] Nótese la esperanza basada en esta promesa en Gen. 4:1, 25; 5:29 y las promesas mesiánicas en el Antiguo
Testamento.
[10] «Hijos
de Dios» puede referirse a los angélicos seres o la línea de Set. Para la
última interpretación las «hijas de los hombres», se refiere a la línea de
Caín. Para esta discusión, ver Albertus Pieters, Notes on Génesis (Grand
Rapids: Eerdmans, 1943), pp. 113-116. Estos matrimonios cruzados, sea cual sea
lo que representase, disgustaron a Dios.
[11] Tomando
un cálculo de 45 cms. por codo, las medidas del arca eran de aprox. 132 por 22
y por 13 metros. Las cubiertas permitían un desplazamiento de aproximadamente
40.000 a 50.000 toneladas.
[12] Para
una cronología de este año. ver E. F. Kevan, «Génesis», The New Bible
Com-mentary, pp. 84-85.
[13] La
fecha dada por Ussher para el Diluvio fue la del año 2348 a. C. Driver, en su
comentario sobre el Génesis (1904), alega el afio 2501 a. C., como fecha
bíblica para el Diluvio. A la luz de una continua civilización en Egipto desde
3.000 años a. C., estas fechas resultan insostenibles. Tampoco pueden
sostenerse por la propia exégesis de la Escritura. El Diluvio pudo haber
tenido lugar 10.000 años a. C. Para cronologías relativas, ver R. W. Enrich, Chronologies
in Oíd World Archaology (U. of Chicago Press), 1965. Para la cultura
continuada en América, ver R. M. Undcrhill, Red Man's America (Chicago,
1953). pp. 8-9.
[14] H. C. Leupold, Exposition
of Génesis (Grand Rapids: Baker, 1950), Vol. I. pp. 349-352.
[15] En ninguna parte indican las Escrituras cuánto tiempo transcurrió en
Génesis 1-11. En consecuencia, esto queda como un problema para su
investigación. Byron Nelson pone de relieve que sin tener en cuenta qué fecha
puede darse aproximadamente para el comienzo de la laza humana, ello sigue
estando dentro del alcance del relato bíblico. Para esta «visión, sin límites»,
ver su libro Ifcjore Abraham: Prehislonc Man in Biblícal Light (Mmneapolis:
Augsburg Publishing Hpuse, 1948). Con respecto a una reciente discusión de la
cronología del antiguo Próximo Oriente, ver R. K. Harrison, Introduction lo
Ihe Oíd Testament (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1969), pp.
145-198.