Capítulo III
La
emancipación
de Israel
Los
siglos pasaron en silencio desde la muerte de José, hasta el amanecer de la
conciencia nacional, bajo Moisés. La Historia Sagrada, no obstante, se refiere
a nuevas y excitantes dimensiones con la única transición de los israelitas
desde las garras faraónicas de la esclavitud a la situación de una nación
independiente como pueblo elegido de Dios. En menos de lo que pareció una
eternidad, sobrellevaron y obtuvieron una milagrosa liberación del emperador
más poderoso de la época, recibieron una divina revelación que les hizo
conscientes de ser el pueblo de la alianza de Dios y se les impartió un código
de leyes en preparación para ocupar la tierra de la promesa de los patriarcas.
No es sorprendente que esta notable experiencia fuese recordada y vuelta a
vivir anualmente en la observancia de la pascua de los judíos. Repetidamente
los profetas y salmistas aclaman la liberación de Israel del poder de Egipto
como el más significativo milagro de su historia.
Tan
llena de significado fue aquella emancipación y tan vital fue aquella
interrelación entre Dios e Israel para las generaciones venideras, que cuatro
quintas partes del Pentateuco o más de un sexto de la totalidad del Antiguo
Testamento está dedicado a este corto período en la historia de Israel. Después
de los años de la opresión egipcia, que recibe una breve consideración en los
capítulos introductorios, los acontecimientos de
estos cuatro libros, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, están confinados
a menos de cinco décadas. En el bosquejo siguiente se recuerda sumariamente el
material de referencia:
Desde
Egipto al Monte Sinaí Ex. 1-18.
Acampamiento
en el Sinaí Ex.
19-Núm. 10.
Recorridos
por el desierto Núm.
10-21.
Acampamiento
ante Canaán Núm. 22-Deut. 34.
Acontecimientos
contemporáneos
No
existe desacuerdo entre los eruditos, quienes aceptan la historicidad del
cautiverio de Israel en Egipto y que el Éxodo tuvo lugar durante la era del
Nuevo Reino. Puesto que los capítulos que cierran el Génesis ya cuentan la
emigración de Israel hacia Gosén, los acontecimientos
contemporáneos en Egipto son de primordial importancia.
La
Invasión de los Hicsos
La
poderosa Duodécima Dinastía del Reino Medio en Egipto fue seguida (1790 a. C.)
por dos otras débiles dinastías bajo las cuales el gobierno quedó desintegrado.
Los invasores semitas procedentes de Asia, conocidos como los hiksos, pueblo que ya utilizaba el caballo y el carro de
guerra, desconocidos por los egipcios, ocuparon Egipto aproximadamente hacia
1700 a. C. Es muy poco lo que se conoce acerca del pueblo, aunque Manetho asigna a las XV y XVI dinastías a esos
gobernantes extranjeros que controlaron el Bajo Egipto durante casi un siglo y
medio. En el transcurso del tiempo, rivales de Tebas dominaron
la utilización del caballo y el carro de guerra y bajo Amosis,
de la XVII dinastía,
estuvieron en condiciones de expulsar a los hicsos
del país (1500 a. C.). Aquella circunstancia dio la oportunidad para el
resurgimiento de un gobierno poderoso conocido como el Nuevo Reino. Es
comprensible que los egipcios no dejaran testimonios escritos de tan grande
humillación llevada a cabo por los hicsos durante la
dominación de estos. Por lo tanto, nuestro conocimiento de este período es,
desafortunadamente, muy limitado.
El
nueva reino (1546-1085 a. C.)
En
este período reinaron en Egipto tres dinastías. Bajo los primeros tres
gobernantes de la XVIII
dinastía, Amenofis y Tutmosis
I y II (1550-1500
a. C.), Egipto quedó establecido con la fuerza y la grandeza de un Imperio.
Aunque Tutmosis III fue el supremo
gobernante desde 1504 a 1450 (a. C.), su poderío quedó obscurecido durante los
primeros veintidós años de su reinado por la reina Hatsheput,
que obtuvo el control completo de todo el gobierno. Como consecuencia de su
poderoso y brillante liderazgo, fue reconocida tanto por el Bajo como por el
Alto Egipto. Entre los impresionantes edificios construidos, no lo fue menos
el proyecto de un templo blanco de piedra calcárea. Este mortuario
fue construido en terrazas columnadas, con el
imponente macizo recoso de Deir-el-Bahri como fondo. Uno de sus grandes obeliscos (conteniendo
138 metros3 de granito, y que alcanzaba casi treinta metros de
altura) todavía se mantiene en pie en Karnak.
Tutmosis III, cuyas ambiciones
habían, sido contrarrestadas durante muchos años, ganó la posesión indisputada de la corona Hatsheput
al morir ésta. Estableció el poder absoluto en Egipto, afirmándose como el más
grande caudillo militar en la historia de Egipto. En dieciocho campañas, extendió
el alcance de su reinado hasta el Eufrates, marchando
sus ejércitos a través de Palestina o navegando por el Mediterráneo hasta la
costa fenicia. Como militar y constructor de imperios, ha sido frecuentemente
comparado con Alejandro Magno y Napoleón. Puesto que tales campañas eran
llevadas a cabo durante el verano, acostumbraba a promover la construcción de
grandes edificios durante el invierno, embelleciendo y ensanchando el gran
templo de Karnak, que había sido erigido para Amón
durante el Reino Medio. Los obeliscos que erigió pueden ser contemplados en
nuestros días en Londres, Nueva York, el Lateranense
y Constantinopla.
Tutmosis III fue seguido por Amenofis II (1450-1425) que fue un gran deportista, Tutmosis IV (1425-1417), que excavó la esfinge y se casó con una
princesa mitanni, y Amenofis
III (1417-1379).
Amenofis IV, o Akh-en-Atón (1379-1362), es mejor conocido por la revolución
llevada a cabo en materia religiosa. Es muy probable que los faraones fuesen
progresivamente hartándose del creciente poder de los sacerdotes de Amón, en Tebas. Tutmosis IV había adscrito
previamente su real descendencia al antiguo dios solar Ra,
más bien que a Amón; pero Amenofis IV fue aún más
allá, intentando negar el opresivo poder de los sacerdotes tebanos. El fue el
campeón de la adoración de Atón, que estaba
representado por el disco solar. Construyendo un templo a su nuevo dios en Tebas, mientras que era corregente con su padre, se
proclamó a sí mismo el primer sacerdote de Atón. No
satisfecho con erigir templos en varias ciudades por todo su imperio, eligió
el nuevo emplazamiento de Amarna para la situación de
su dios. Desde esta capital, situada aproximadamente a medio camino entre Tebas y Menfís, estableció la
adoración de Atón como la religión del Estado. Tomó
las medidas precisas para que se adorase y sirviese solo a este dios. Tan
dedicado estuvo a Atón que él y sus devotos
olvidaron las demandas de ayuda procedentes de varias partes de su reino. Los
archivos de Amarna, descubiertos en 1887, proporcionan
un testimonio al respecto.[1]
Cuando Akh-en-Atón murió,
la capital nuevamente establecida fue abandonada. Su yerno, Tut-ank-Amón, aseguró su trono renunciando a Atón y restaurando la antigua religión de los dioses de Tebas. La tumba de Tut-ank-Amón, descubierta en 1929, suministró abundante
evidencia de su devoción a Amón. Con la corta vida y el breve reinado de Ay la XVIII dinastía
terminó en 1348 a. C.
Los
dos grandes reyes de la próxima dinastía, que duró hasta 1200 a. C., fueron Seti I (1318-1304) y Ramsés II (1304-1237). El
primero comenzó la reconquista del imperio asiático, que había estado perdido
durante los días de Akh-en-Atón
y llevó la capital a la parte oriental del Delta. El ultimo continuó su intento
de reconquistar Siria, pero eventualmente firmó un, tratado de paz con el rey
hitita, que selló su acuerdo al dar su hija en matrimonio a Ramsés
II. Este
es el primero de los pactos de no agresión entre naciones conocido hasta hoy.
Además del extenso plan de construcciones en o cerca de Tebas,
Ramsés II también embelleció Tanis,
la capital del Delta, que los gobernantes hicsos
habían utilizado siglos antes.
Durante
el resto de las dinastías XIX y XX, los gobernantes egipcios lucharon para retener su
reinado. Conforme fue decreciendo el poder central, el sacerdocio local de Amón
ganó bastante fuerza para establecer la XXI dinastía
alrededor de 1085 a. C. y Egipto nunca recobró ya más, como resultante del
declive que sufría, el volver a ganar su posición como potencia mundial.
La
religión en Egipto[2]
Egipto
era un país politeísta. Con deidades locales como base de la religión, los
dioses egipcios se hicieron numerosos. Los dioses de la Naturaleza fueron
comúnmente representados por animales y pájaros. Eventual-mente, las
divinidades cósmicas, personificadas en las fuerzas de la Naturaleza, fueron
elevadas por encima de los dioses locales y fueron teóricamente considerados
corno deidades nacionales o universales. Había una tal cantidad, que llegaron
a ser agrupados en familias de triadas y novenarios.
De
igual forma, los templos fueron numerosos por todo Egipto. Con la provisión de
un hogar o templo para cada dios, llegó el sacerdocio, las ofertas, los
festivales, ritos y ceremonias para su adoración y culto. Como respuesta a
tales circunstancias, el pueblo consideraba a sus dioses como sus benefactores.
La fertilidad de la tierra y de los animales, la victoria o la derrota, la
inundación del Valle del Nilo y de hecho, cualquier
factor que afectase a su bienestar, estaba adscrito a cualquier dios.
La
prominencia nacional acordada respecto a cualquier dios se hallaba íntimamente
relacionada con la política. El dios halcón, Hourus,
surgió corno una deidad local y después pasó a tener carácter de deidad estatal
cuando el rey Menes unió el Bajo y el Alto Egipto en
los albores de la historia egipcia. Cuando la Quinta Dinastía patrocinó el
dios-sol de Heliópolis, Ra
se convirtió en la cabeza del panteón egipcio. La más cercana aproximación a
un dios nacional en Egipto, fue el reconocimiento dado a Amón durante el Medio
y Nuevo Reino. Los magníficos templos erigidos en Karnak
y Luxor, en las proximidades de Tebas,
todavía muestran el real patronazgo de este dios. En la ciudad de Tebas, con la XVIII dinastía, el culto de Amón con su
sacerdocio tebano se hizo tan fuerte que el desafío hecho a los faraones tuvo
éxito en el poder con la muerte de Akh-en-Atón. A despecho de la prominencia de los dioses
nacionales, en ninguna ocasión fueron adorados por la población egipcia. Para
un campesino egipcio, el dios local fue el de la máxima importancia.
Los
egipcios creían en una vida después de la muerte. Una conducta intachable sobre
la tierra conducía a la inmortalidad del hombre. Esto cuenta por los
enterramientos reales representados por las pirámides y otras tumbas, en las
cuales se depositan toda clase de provisiones tales como alimentos, bebidas y
objetos de lujo con la intención de su utilización en la vida de ultratumba. En
los primeros tiempos, incluso a los sirvientes se les mataba y guardaba junto
al cuerpo de sus amos. Como Osiris, el símbolo divino
de la inmortalidad, el egipcio muerto anticipaba así el juicio de un tribunal
del ultramundo con la esperanza de estar moralmente
destinado a la felicidad de una vida eterna.
La
extrema tolerancia de la religión egipcia se explica por la existencia sin fin
y el reconocimiento de tantísimos dioses. Ninguno fue
nunca eliminado del todo. Puesto que el moderno estudioso encuentra difícil
hacer un análisis lógico de tan incontables elementos entremezclados de su
religión, es difícil también pensar que lo hiciera cualquier egipcio nativo. La confusión
resulta de cualquier intento de relacionar entre sí la hueste de deidades
existentes con sus respectivos cultos y rituales. Tampoco pueden ser racionalizados
tan enorme conjunto de creencias y mitos.
La
fecha del Éxodo
Que
Israel abandonase la esclavitud durante la última mitad del segundo milenio a.
C. es algo que está sujeto a dudas y discusiones. Muy pocos eruditos podrían
fechar el Éxodo más allá de una duración de tiempo de dos siglos y medio
(1450-1200). Dado que no hay referencias o incidentes en el libro del Éxodo que
pueden ser definitivamente relacionadas con la historia de Egipto, poder fechar
el momento demanda ulteriores investigaciones.
Respecto
a una fecha más específica de la era mosaica, dos clases de evidencias pueden
garantizar una cuidadosa investigación y minucioso examen: la arqueológica y
la bíblica. Hasta ahora, ninguna ha proporcionado una conveniente respuesta que
obtenga el apoyo de los eruditos del Antiguo Testamento.
La
caída de Jericó, que ocurrió dentro del medio siglo siguiente al Éxodo, está
todavía sujeta a una fecha arqueológica que se balancea entre aproximadamente
dos siglos (1400-1200). Las recientes excavaciones han confirmado antiguos
hallazgos y conclusiones para su reexamen. Garstang, que excavó Jericó (1930-1936), razonó que la
invasión de Josué está mejor fechada alrededor de 1400 a. C.[3]
Miss Kathleen Kenyon
mantiene que los hallazgos sobre los cuales estaban basadas estas conclusiones,
proceden de la primitiva Edad del Bronce (tercer milenio) y que virtualmente no
resta nada de los siglos durante los cuales se fechan la ocupación israelita
(1500-1200). En consecuencia, ella afirma que su reciente excavación
(1952-1956) no arroja luz alguna sobre la destrucción de Jericó. Mientras que Garstang fechó la última cerámica procedente de la Edad del
Bronce, no más tarde de 1385 a. C., Kenyon prefiere
una fecha más tardía 1350-1325 a. C.[4] Ya
que esto representa la ocupación de la Edad del Bronce, ella fecha la destrucción
de Jericó por los israelitas en el tercer cuarto del siglo XIV.[5] Al-bright, Vincent, de Vaux y Rowley están a favor de la
última mitad del siglo XIII para la caída de Jericó bajo Josué.[6]
Los
exámenes de la superficie de la cerámica en la Arabia y la TransJordania,
indican que los reinos moabitas, amonitas y edomitas no fueron establecidos hasta el siglo XIII.[7] Todo esto no ha
sido confirmado por extensas excavaciones, por lo que esa cerámica que
corresponde a esa zona puede todavía estar sujeta a posteriores reajustes
cronológicos.[8]
Comparativamente se conoce poco respecto a las condiciones de vida del pueblo
a quien los israelitas encontraron en su camino hacia Canaán.
Aunque Glueck no halló evidencia de habitantes en TransJordania para el período anterior al siglo XIII, es
posible que ese pueblo estuviese viviendo en ciudades hechas con tiendas, en
cuyo caso, naturalmente, no quedarían ruinas.[9]
Tampoco
tiene la identificación de Pitón y Ramsés respuesta
concluyen-te para evidenciar la fecha de la partida de Israel de Egipto.[10]
Esas ciudades pudieron haber sido construidas por los israelitas, pero vueltas
a construir y a recibir nuevos nombres por Ramsés
durante su reinado. En consecuencia, la evidencia arqueológica, que por el
momento está sujeta a varias interpretaciones, no ofrece una concluyente
prueba para la precisa datación cronológica del Éxodo.
Los
informes bíblicos proveen datos limitados para el establecimiento de una fecha
definitiva para la época de la esclavitud de Israel. Sólo una referencia
cronológica, específicamente, eslabona la era Salomónica[11]
—que tiene fechas bien establecidas— con el Éxodo. La suposición, de que los
480 años anotados en I Reyes 6:1 proveen una base para la datación exacta, proporciona
una fecha para el Éxodo aproximadamente en 1450 a. C.[12] Aunque
otras referencias[13] y
el relato de otros acontecimientos, apunten hacia una larga era entre la
entrega de Egipto y la era del reinado de Israel, ninguno de los pasajes
bíblicos implican la garantía de una datación precisa.
Más
numerosas son las anotaciones bíblicas que aproximan el período que precedió al
Éxodo. Aun cuando los problemas de interpretación están todavía sin resolver,
todo conduce a la impresión de que los israelitas pasaron varios siglos en
Egipto.[14]
Las referencias genealógicas pueden sugerir un período comparativamente corto
de tiempo entre José y Moisés; pero el uso de una genealogía como base para una
aproximación del tiempo, está todavía sujeta a discusión.[15]
Las genealogías con frecuencia tienen amplias lagunas que las hacen
inutilizables para la fijación de una cronología.[16] El
crecimiento de los israelitas desde setenta hasta una gran multitud, que amenazaba
el orden egipcio, favorece igualmente el lapso de siglos para la residencia de
Israel en la tierra del Nilo.
Las
consideraciones bíblicas indican cronologías más extensas antes y después del
Éxodo. Sobre esta base, es razonable considerar 1450 como una fecha apropiada
para el Éxodo y permite la migración de Jacob y sus hijos en la era de los
huesos y de su supremacía en Egipto.
El
relato bíblico
La
dramática escapada de la esclavitud egipcia se halla vividamente retratada en
Ex. 1:1-19:2. Comenzando con una breve referencia a José y a la adversa fortuna
de Israel, los histriónicos acontecimientos centrados alrededor de Moisés
culminan en la emancipación de Israel. La narrativa, en sí misma, conduce a las
siguientes subdivisiones:
I. Israel libre de
la esclavitud Éxodo 1:1-13:19
Condiciones
en Egipto 1:1-22
Moisés,
nacimiento, educación, llamamiento 2:1-4:31
Enfrentamiento
con el Faraón 5:1-11:10
La
Pascua de los judíos 12:1-13:19
II. Desde Egipto
hasta el Monte Sinaí 13:20-19:2
Liberación
divina 13:20-15:21
En
ruta al acampamiento del Sinaí1 5:22-19:2
Opresión
bajo el Faraón
En
los días de José, los israelitas, que tenían intereses pastorales, recibieron
el permiso de disfrutar la tierra más fértil en el Delta del Nilo. Los invasores hicsos,
pueblo también de pastores, muy verosímilmente estuvieron favorablemente
dispuestos hacia los israelitas. Con la expulsión de los hicsos,
los gobernantes egipcios asumieron más poder y con el tiempo, empezó la
opresión de los israelitas. Un nuevo gobernante, no familiar a José, no tenía
interés personal en Israel; pero introdujo una serie de medidas que tenían como
fin aliviar el temor de una rebelión israelita. Consecuentemente, el pueblo
elegido fue destinado a una dura labor construyendo ciudades, tales como Pitón
y Ramsés (Ex. 1:11). Un edicto real ordenó a los
egipcios que matasen, a su nacimiento, a todos los varones nacidos a los
israelitas. Este fue el designio del Faraón para contrarrestar la bendición de
Dios sobre Israel conforme el pueblo crecía y aumentaba y prosperaba (Ex. 1:15-22).
Años más tarde, cuando Moisés desafió el poder del Faraón, la opresión fue
intensificada, reteniendo a los esclavos israelitas la paja tan útil en la producción
de ladrillos (Ex. 5:1-21).
La preparación de un caudillo
Moisés
nació en tiempos peligrosos. Fue adoptado por la hija del Faraón y se le dieron
facilidades y ventajas para su educación en el más importante centro de aquella
civilización. Aunque no esté mencionado en el Éxodo, Esteban, dirigiéndose al
Sanedrín en Jerusalén, se refiere a Moisés como habiendo sido instruido en la
sabiduría egipcia (Hechos 7:22). Una extensa facilidad educacional en la corte
egipcia fue llevada a cabo durante el Nuevo Reino y su período, para entrenar a
los reales herederos de los príncipes tributarios. Aunque retenidos como
rehenes para asegurarse de la percepción de los tributos, eran magníficamente
tratados en su principesca prisión. Si un lejano príncipe moría, un hijo que
había estado sometido a la cultura egipcia era designado para el trono con la
esperanza de que sería un leal vasallo del Faraón.[17] Es
altamente probable que Moisés recibiese su educación egipcia juntamente con los
herederos reales de Siria y otras tierras.
El
valeroso intento de Moisés de ayudar a su pueblo finalizó en el fracaso.
Temiendo la venganza del Faraón, huyó hacia la tierra de Madián,
donde pasó los siguientes cuarenta años. Allí fue favorablemente acogido en el
hogar de Reuel, un sacerdote de Madián,
quien era también conocido por Jetro.[18]
Con el transcurso del tiempo, Moisés tomó por esposa a la hija de Reuel, Séfora y se estableció
dedicándose a la vida de los pastores en el desierto de Madián.
A través de la experiencia adquirida del pastoreo en la zona que rodeaba el
Golfo de Acaba, Moisés indudablemente adquirió un gran conocimiento de aquel
territorio. Sin hallarse consciente de su importancia, recibió una excelente
preparación para conducir a Israel a través de aquel desierto muchos años más
tarde.
La
llamada de Moisés es ciertamente significativa a la luz del pasado y su entrenamiento
(Ex. 3-4). En la corte del Faraón se dio cuenta de que habría de contender con
la autoridad. No sin razón solicitó la libertad de los israelitas. Dios aseguró
a Moisés la divina ayuda y que proveería su actuación con tres milagros que le
acreditasen ante los israelitas: el bastón que se convirtió en una serpiente,
la mano del leproso y el agua que se convertiría en sangre. Esto suministró
una base razonable para que los israelitas creyesen que Moisés estaba
comisionado por el Dios de los patriarcas. Habiendo recibido la seguridad de
que Aarón sería su portavoz, Moisés cumplió con la llamada de Dios y volvió a
Egipto.
La confrontación con el Faraón
Durante el período del Nuevo Reino, el poder del
Faraón era soberano y no sobrepasado por ninguna nación contemporánea. Su
dominio, a veces, se extendía tan lejos como el Eufrates.
La aparición de Moisés en, la corte real, demandando la puesta en libertad de
su pueblo de Israel, significaba un desafío al poder del Faraón.
Las
plagas, que ocurrieron durante un período relativamente corto, demostraron el
poder del Dios de Israel, no solo al Faraón y a los egipcios, sino también a
los propios israelitas. La actitud del Faraón desde el principió, es la del
reto expresada en la pregunta: "¿Quién es ese Señor
cuya voz yo debería obedecer para dejar a Israel que se marche?" (Ex.
5:2). Cuando se enfrentó con la oportunidad de dar cumplimiento a la voluntad
de Dios, el Faraón se resistió, endureciendo su corazón en el curso de aquellas
circunstancias que con tal motivo se desarrollaron.[19]
Las tres diferentes palabras hebreas advirtiendo al Faraón su actitud —como se
establece por diez veces en Ex. 7:13-13:15— denota la intensificación de una
condición ya existente. Dios permitió vivir al Faraón dotándole con la capacidad
de resistir las divinas ofertas (Ex. 9:16). En esta forma Dios endureció su
corazón como está indicado en dos predictivas
referencias (Ex. 4:21 y 7:23) lo mismo que en la narrativa (9:12-14:17). El
propósito de las plagas —claramente establecidas en Ex. 9:16— es mostrar al
Faraón el poder de Dios en nombre de Israel. El gobernador de Egipto era así
desafiado por un poder sobrenatural.
De
qué forma fueron afectados los egipcios por las plagas, no está totalmente
declarado. La última plaga consistía en llevar a juicio a todos los dioses de
Egipto (Ex. 12:12). La incapacidad del Faraón y su pueblo para contrarrestar
aquellas plagas tuvo que haber demostrado a los egipcios la superioridad del
Dios de Israel en comparación con los dioses que ellos adoraban. Aquello fue
la causa de que algunos egipcios llegaran al conocimiento del Dios de Israel
(Ex. 9:20).
Israel
se hizo consciente, asimismo, de la divina intervención. Habiendo permanecido
en la esclavitud y el cautiverio por diversas generaciones, los israelitas no
habían sido testigos de una demostración del poder de Dios en su época. Cada
plaga triunfante aportaba una mayor manifestación de lo sobrenatural, de tal
forma, que con la muerte del primogénito, los israelitas comprobaron que
estaban siendo liberados por Uno que era omnipotente.
Las
plagas están mejor explicadas como una manifestación del poder de Dios, a
través de fenómenos naturales. Ni el elemento natural, ni el sobrenatural,
debería quedar excluido. Todas las plagas tenían elementos comúnmente
conocidos para los egipcios, tales como la de las ranas, los insectos, y las
inundaciones del Nilo. Pero la intensificación de
aquellas cosas que eran naturales, la exacta predicción de la llegada y
desaparición de las mismas, lo mismo que la discriminación mediante la cual
los israelitas quedaron excluidos de ciertas plagas, fueron sucesos que
debieron haber causado el reconocimiento de lo sobrenatural.
La pascua de los judíos
A
los israelitas se les dio instrucciones específicas por Moisés de la ultima
plaga (Ex. 12:1-51). La muerte del primogénito no afectó a aquellos que
cumplieron con los divinos requerimientos.
Un cordero o un cabrito, sin tacha alguna, fue
escogido en el décimo día de Abib. El animal fue
muerto en el día décimo cuarto hacia el atardecer y su sangre aplicada al
dintel de cada casa. Con la preparación para la partida completada, los
israelitas comieron la carne de la pascua que consistía en carne,
pan sin levadura y hierbas amargas. Abandonaron Egipto inmediatamente tras de
que el primogénito de cada hogar egipcio hubiese muerto.
Para
los israelitas el éxodo de la tierra de Egipto fue el más grande c los
acontecimientos del Antiguo Testamento y su época. Cuando el Faraón comprobó
que el primogénito de cada hogar egipcio había sido muerto, el tuvo conforme
con la partida de los israelitas. La observancia de la pascua fue una
rememoración anual de que Dios les había puesto en libertad del cautiverio. El
mes de Abib, más tarde conocido por Nisan, marcó desde entonces el comienzo de su año
religioso.
La
ruta hacia el Monte Sinaí
El
viaje de Israel hacia Canaán vía la península del Sinaí estuvo divinamente ordenada.
No había duda del camino directo —un camino en buen uso utilizado para
propósitos comerciales y militares— y que les llevaría la tierra prometida en
una quincena. Para una desorganizada multitud esclavos liberados, el desvío sinaítico no solo tenía una ventaja milita sino que también
les proveía de tiempo y oportunidades para su organización.
El
incrementado conocimiento arqueológico y topográfico ha disipado las antiguas
disputas respecto a la historicidad[20] de
este caminar hacia sur, incluso aunque algunas identificaciones geográficas son
todavía incie tas. La imprecisa significación de
nombres de lugares tales como Sucot, Etam, Pi-hahirot,
Migdol y Baal-zefón, dan
margen a diversas teorías q conciernen a la ruta exacta.[21]
Los Lagos Amargos pueden haber si relacionados con el Golfo de Suez, por lo que
este canal cenagoso podría s el "Mar de las Cañas" (Yam Suph).[22] Es
muy probable que los egipci tuviesen una línea de
fortificaciones más o menos idénticas con el Caí de Suez para protegerles de
los invasores asiáticos.
El
punto exacto del paso de las aguas por Israel es de secunda] importancia por el
hecho de que esta masa de agua, además de haber ah gado a los egipcios
perseguidores, suministrase una infranqueable barre entre los israelitas y la
tierra de Egipto. Un fuerte viento del este par las aguas para el paso de las
gentes de Israel. Aunque esto puede haber si similar a algún fenómeno natural[23] el
elemento tiempo claramente indica una intervención sobre natural hecha en su
favor (Ex. 14:21). La protección divina fue aparente también cuando la columna
en forma de nube les ocu de los egipcios y evitó que
éstos les atacasen antes de que las aguas se abi sen.
Tras esta triunfante liberación, Israel tenía razón para dar gracias Dios (Ex.
15).
Una
jornada de tres días a través del desierto de Shur
llevó a Israel ha Mará, donde las aguas amargas se convirtieron en aguas dulces.
Avanzan hacia el sur, los evadidos acamparon en Elim,
donde disfrutaron de la comodidad de doce manantiales de agua y de setenta
palmeras. En el desierto de Sin, Dios milagrosamente les proveyó del maná, que
les sirvió de alimento diario hasta que entraron en Canaán.
Las codornices también fueron suministradas en abundancia cuando los
israelitas tuvieron necesidad de carne. En Refidín,
ocurrieron tres cosas significativas: el agua que surge de la roca cuando
Moisés la toca con su bastón, Amalee fue rechazado por el ejército israelita
bajo el mando de Josué mientras Moisés oraba, y Moisés delegando sus deberes de
administración a los mayores de acuerdo con el consejo de Jetro.24
En
menos de tres meses, los israelitas llegaron a Monte Sinaí
(Horeb).2-'1 Allí quedaron
acampados por aproximadamente un año.
***

Esquema II el calendario anual
|
Año |
Meses |
Año |
Equivalencia |
Mes |
Estación |
|
sagrado |
hebreos |
civil |
moderna |
babilónico |
agrícola |
|
1 |
Abib (Misan) |
7 |
Marzo/Abril |
Nisanu |
Lluvias fin |
|
|
1— Luna nueva |
|
|
|
primavera |
|
|
14— Pascua |
|
|
|
Comienzo de la |
|
|
15 — Sábado — santa convocatoria |
|
|
|
cosecha de la cebada |
|
|
16 — semana del |
|
|
|
|
|
|
pan sin leva- |
|
|
|
|
|
|
dura |
|
|
|
|
|
|
21 — santa convo- |
|
|
|
|
|
|
cación |
|
|
|
|
|
2 |
lyar (Zif) |
8 |
Abril/Mayo |
Aiaru |
Cosecha de la |
|
|
1— Luna nueva |
|
|
|
cebada |
|
3 |
Siván |
9 |
Mayo/Junio |
Simanu |
Cosecha del |
|
|
1 — Luna nueva |
|