Capítulo V
Preparación para
la nacionalidad
En los
alrededores del Monte Sinaí, Israel celebró el primer
aniversario de su emancipación. Aproximadamente un mes más tarde el pueblo
levantó el campamento, buscando la inmediata ocupación de la tierra prometida.
Una marcha de once días les llevó hasta Cades, donde
una crisis precipitó el divino veredicto de la marcha errabunda por el
desierto. No fue sino hasta pasados treinta y ocho años más tarde, que el
pueblo llegó a las llanuras de Moab (Núm. 33:38) y de
allí a Canaán.
Organización
de Israel[1]
Mientras que
aún estaban estacionados en el Monte Sinaí, los
israelitas recibieron detalladas instrucciones (Núm. 1:1‑10:10), muchas
de las cuales estaban directamente relacionadas con su preparación para
continuar la jornada hasta Canaán. En la Biblia este
material está presentado en una forma y disposición lógica más bien que
cronológica, como puede verse por el siguiente bosquejo:
1. La numeración de Israel Núm. 1:1‑4:49
El censo militar 1:1‑54
Asignación campamental 2:1‑34
Levitas y sus deberes 3:1‑4:49
ll. Regulaciones
del campamento 5:1‑6:21
Restricciones de prácticas del mal 5:1‑31
Votos nazareos 6:1‑21
III. La vida
religiosa de Israel 6:22‑9:14
La adoración instituida del
tabernáculo 6:22‑8:26
La segunda pascua 9:1‑14
IV. Provisiones
para la guía del pueblo 9:15‑10:10
Manifestaciones divinas 9:15‑23
Responsabilidad humana 10:1‑10
Las
instrucciones expuestas en los primeros capítulos pertenecen en gran medida a
cuestiones y materias de organización. Muy verosímilmente, el censo fechado en
el mes de la partida de Israel del Monte Sinaí,
representa una tabulación de la cuenta tomada previamente (Ex. 30:11 SS.;
38:26). Mientras que en principio Moisés tuvo como primordial preocupación la
colección de lo preciso para la construcción del tabernáculo, después debió ser
instruido para lo concerniente al servicio militar. Excluídos
las mujeres, niños y levitas, el conjunto era de unos 600.000. Casi cuatro
décadas más tarde, cuando la generación rebelde había perecido en el desierto,
la cifra era aproximadamente la misma (Núm. 26).
El paso de tan
grande hueste de gente a través del desierto trasciende la historia ordinaria.[2] No solo el
hecho en sí debió requerir un suministro sobrenatural de provisiones
materiales de maná, codornices y agua, sino una cuidadosa organización. Tanto
si estaba acampado o en marcha, la ley y el orden eran necesarios para el
bienestar nacional de Israel.
Los levitas
estaban numerados separadamente. Substituidos por el primogénito en cada
familia, los levitas tenían como misión servir bajo la supervisión de Aarón y
sus hijos, que ya habían sido designados como sacerdotes. Como asistentes a
los sacerdotes aarónicos, tuvieron asignadas ciertas responsabilidades. Los
levitas maduros entre las edades de treinta a cincuenta años tenían confiadas
especiales misiones en el propio tabernáculo. La edad límite mínima, dada como
la de veinticinco años en Núm. 8:23‑26, pudo haber previsto un período de
aprendizaje de cinco años.
El campamento
de Israel fue cuidadosamente planeado, con el tabernáculo y su atrio ocupando
el lugar central. Rodeando el atrio, estaban los lugares asignados a los
levitas, con Moisés y los sacerdotes de Aarón colocados en la parte oriental o
frente a la entrada. Más allá de los levitas, había cuatro campamentos
encabezados por Judá, Rubén, Efraín y Dan. A cada
campamento fueron asignadas otras dos tribus adicionales. El cuidado y la
eficiencia en la organización del campamento están indicadas por los
nombramientos hechos a las varias familias de los levitas: Aarón y sus hijos
tenían la supervisión sobre la totalidad del tabernáculo y su atrio; los gersonitas tenían a su cuidado las cortinas y cubiertas,
los coatitas estaban al cargo del mobiliario, y los meraritas eran responsables de los pilares y las mesas. El
siguiente diagrama indica la posición de cada grupo en el acampamento de
Israel:
Aser
DAN
Neftalí
Merarites
Manasés Moisés
Isacar
EFRAIN Gersonitas
TABERNACULO Aarón y JUDA
Benjamín Y ATRIO sus hijos Zebulón
Coatitas
Simeón
RUBÉN
Gad
Los
problemas peculiares a un, acampamento de tan populosa nación, requerían
regulaciones especiales (5:1‑31). Desde el punto de vista higiénico y
ceremonial, se tomaban, medidas de precaución necesarias para los leprosos y
otras personas enfermas, existiendo quienes se cuidaban de los que morían. El
robo requería una ofrenda y la restitución. La infidelidad marital estaba
sujeta a severo castigo, tras una comprobación fuera de lo usual, lo que
implicaba un, milagro y que hubiese revelado la parte culpable. Sin tener
subsiguientes referencias a tales procedimientos, es razonable considerar esto
como un método temporal usado solamente durante la larga jornada empleada en el
desierto.
El
voto nazareo pudo haber sido una práctica común que requería regulación (6:1‑21).
A1 hacer este voto, una persona se consagraba voluntariamente a sí misma
servicio especial de Dios. Tres en número eran las obligaciones de un nazareo:
negarse a sí mismo el uso de los productos de la vid, incluso el jugo de las
uvas y de la propia fruta, dejarse crecer el cabello como signo público de que
había tomado un voto, y abstenerse del contacto de cualquier cuerpo muerto. Se
imponía un severo castigo cuando se rompía uno de tales votos, incluso
sucediendo inintencionadamente. El voto solía terminar por una ceremonia
pública a la conclusión del período prescrito.
Una de las
ocasiones más impresionantes durante el acampamento de Israel en el Monte Sinaí, era el principio del segundo año. En aquella ocasión,
el tabernáculo con todos sus ornamentos y accesorios era erigido y dedicado
(Ex. 40:1‑33). Se proporciona información adicional, respecto a este
acontecimiento, cuando el tabernáculo se convirtió en el centro de la vida
religiosa de Israel, en el libro de los Números 6:22‑9:14. Moisés, que
oficiaba en la iniciación del culto en el tabernáculo, impartía al pueblo y a
los sacerdotes directrices procedentes del Señor, respecto a su servicio religioso
(ver 6:22; 7:89; 8:5).
Los sacerdotes
recibían una fórmula para bendecir la congregación
(Núm. 6:22‑27). Esta oración, bien conocida, aseguraba a los israelitas
no solamente el cuidado de Dios y su protección sino también la prosperidad y
el bienestar.
Cuando el
tabernáculo había sido totalmente dedicado, los jefes de las tribus presentaban
sus ofrendas. Anticipando los problemas prácticos del transporte para el
tabernáculo, había docecarros cubiertos y doce bueyes
dedicados a este propósito. De ello estaban encargados los levitas de servicio.
Para la dedicación del altar, cada jefe aportaba una serie de elaborados
sacrificios, que eran ofrecidos en doce días sucesivos. Tan significativos eran
aquellos regalos y ofrendas, que cada una de ellas, diariamente, era, puesta en
una lista (Núm. 7:10‑88). Aarón recibía también instrucciones a la luz de
las lámparas del tabernáculo (8:1‑4).
Los levitas
eran públicamente presentados y dedicados para su servicio en asistir a los
sacerdotes (8:5‑26). Cuando Moisés había oficiado solo, Aarón y sus hijos
eran santificados para el servicio sacerdotal y estaba asistido por Aarón en
la instalación de los ritos y ceremonias para los levitas.
La pascua, que
marcaba el primer aniversario de la partida de Egipto, ; era observada durante
el primer mes del segundo año (9:1‑14). Lo que se registra sobre esta
festiva celebración es breve, pero se hacía un especial énfasis en que
participasen todos, incluso los extranjeros[3] que se
encontrasen en el campamento. Se tenía dispuesta una especial provisión para
aquellos que no podían participar a causa de contaminación, de forma que
pudiesen observar la pascua el segundo mes. Puesto que los israelitas no
levantaban el campamento hasta el vigésimo día, todos estaban en condiciones de
tomar parte en la celebración de la primera pascua, después del Éxodo.
Antes
de que Israel levantase el campamento de Monte Sinaí,
se hacía la adecuada provisión para la guía en su viaje hacia Canaán (9:15‑10:10). Con la dedicación del
tabernáculo, la presencia de Dios era visiblemente mostrada en el pilar de la
nube y el fuego que podían observarse día y noche. La misma divina
manifestación había provisto de protección y guía cuando el pueblo escapó de Egipto
(Ex. 13:21‑22; 14:19‑20). Celando Israel acampó la nube se cernía
sobre el lugar santísimo. Estando en ruta, la nube marcaba el camino a seguir.
La
contrapartida a la guía divina era la eficiente organización humana. La señal
que suministraba la nube era interpretada y ejecutada por hombres responsables
del liderazgo. A Moisés se le ordenó que se proveyese de dos trompetas de
plata. El sonar de una trompeta llevaba a los jefes tribales, hacia el
tabernáculo. El sonido de ambas llamaba a pública asamblea de j todo el pueblo.
Un largo y prolongado toque de ambas trompetas ("sonido de alarma")
era la señal para los varios campamentos para estar dispuestos'; a avanzar en
un orden preestablecido. Así, la adecuada coordinación de lo ,a humano y lo
divino hacían posible que tan gran nación pudiese seguir su ;d ruta de una
forma ordenada a través del desierto.
Peregrinación en el desierto
Tras de haber
acampado en el Monte Sinaí, por casi un año, los
israelitas siguieron hacia el norte en dirección a la tierra prometida. Casi
cuatro décadas más tarde, llegaron a la orilla oriental del río Jordán.
Comparativamente breve es la narración de su viaje en Núm. 10:11‑22:1.
Puede ser conveniente el considerarlo bajo las siguientes subdivisiones:
1, Desde Monte Sinaí a Cades Núm. 10:11‑12:16
Orden de procedimiento 10:11‑35
Murmuraciones y juicios 11:1‑12:16
II. La crisis
de Cades 13:1‑14:45
Los espías y sus informes 13:1‑33
Rebelión y juicio 14:1‑45
III. Los años de
peregrinación 15:1‑19:22
Leyes ‑ futuro y presente 15:1‑41
La gran rebelión 16:1‑50
Vindicación de los jefes nombrados 17:1‑19:22
1V. Desde Cades a las llanuras de Moab 20:1‑22:1
Muerte de María 20:1
Pecados de Moisés y Aarón 20:2‑1.3
Edom rehusa
el paso de Israel 20:14‑21
Muerte de Aarón 20:22‑29
Israel venga la derrota por los cananeos 21:1‑3
La serpiente de bronce 21:4‑9
Marcha alrededor de Moab 21:10‑20
Derrota de Sehón y Og 21:21‑35
Llegada a las llanuras de Moab 22:1
Tras once días Israel alcanzó Cades en el desierto de Parán (Deut. 1:2). Marchando como una unidad organizada, el
campamento de Judá abría marcha, seguido por los gersonitas y los meraritas,
quienes tenían a su cargo el transporte del tabernáculo. El siguiente, por el
orden convenido, era el campamento de Rubén. Precediéndoles, seguían los coatitas, quienes llevaban los ornamentos del Arca y otros
del tabernáculo. Completando la procesión estaban los campamentos de Efraín y Dan.
Además de la divina guía Moisés solicitó la ayuda de Hobab,[4] cuya
familiaridad con el desierto le calificaba para proporcionar un servicio de
exploración para la marcha hacia adelante de Israel. Aparentemente estuvo
conforme en acompañarles, puesto que sus descendientes más tarde residieron en Canaán (Jueces 1:16; 4:11).
En ruta hacia
su destino, los israelitas se quejaron y se rebelaron. Perplejo y preocupado,
Moisés acudió a Dios en oración. En respuesta, se le dieron instrucciones para
elegir setenta personas mayores a quien Dios había dotado para compartir sus
responsabilidades. Además, Dios envió un, gran viento que les aportó una
abundante cantidad de codornices para los israelitas.[5] La
intemperancia y el desorden hizo que la gente las comiera sin cocinar, y de tal
forma, su gula se convirtió en una plaga que causó la muerte de muchos.
Apropiadamente este lugar se llama "Kibrot‑hataava", que significa "las tumbas de la
codicia."
La
insatisfacción y la envidia se extendió hasta los jefes. Incluso Aarón y María
discutieron la posición de liderazgo de su hermano.[6]
Moisés
fue vindicado cuando María quedó afectada por la lepra. Aarón se arrepintió
inmediatamente, nunca más desafió la autoridad de su hermano y a través de la
oración intercesoria de Moisés, María fue curada.
Desde el
desierto de Parán, Moisés envió doce espías a la
tierra de Canaán. Cuando volvieron, estaban acampados
en Cades, aproximadamente a ochenta kms. al sur y algo al oeste de Beerseba.
Los hombres, unánimamente, informaron de la excelencia
de la tierra y de la fuerza potencial y ferocidad de sus habitantes. Pero no
estuvieron de acuerdo en sus planes de conquista. Diez declararon que la
ocupación era imposible y manifestaron públicamente su deseo de volver a
Egipto, inmediatamente. Dos, Josué[7] y Caleb, afirmaron confiadamente que con la ayuda divina la
conquista era posible. El pueblo, no queriendo creer que el Dios que les había
recientemente liberado de la esclavitud de Egipto fuese también capaz de
conquistar y ocupar la tierra prometida, promovió un insolente motín, amenazandb con apedrear a Josué y a Caleb.
En desesperación, incluso consideraron el hecho de elegir otro nuevo caudillo.
Dios, en su
juicio de la situación, contemplaba la aniquilación de Israel en rebelión.
Cuando Moisés se dio cuenta de aquello, hizo la necesaria intervención y obtuvo
el perdón para su pueblo. Sin embargo, los diez espías sin fe murieron en una
plaga, y toda la gente con edad de veinte años y mayor, exceptuando a Josué y a
Caleb, quedó sin el derecho de entrar en Canaán. Conmovidos por la muerte de los diez espías y el
veredicto de otro prolongado período de peregrinación por el desierto,
confesaron su pecado. Que su arrepentimiento no es genuino es aparente en su
intento de rebelión para entrar en Palestina inmediatamente. En esto fueron
derrotados por los amalecitas y los cananeos.
Mientras
los israelitas pasaban el tiempo en el desierto (15:1‑20:13), murió una
generación entera. Las leyes en Núm. 15, tal vez dadas pronto tras este
punitivo veredicto anunciado, muestra el contraste entre el juicio por el
pecado voluntario y la misericordia por el arrepentimiento individual de quien
había pecado en la ignorancia. Además, las instrucciones para sacrificar en Canaán suministraban una esperanza para la generación más
joven en su anticipación de vivir realmente en la tierra que se les había
prometido.
La
gran rebelión acaudillada por Coré, Datán y Abiram, representaba dos
grupos de amotinados, mutuamente reforzados por su esfuerzo cooperativo (Núm.
16:1‑50)[8] El liderazgo
eclesiástico de la familia de Aarón, a quienes fue reducido y restringido el
sacerdocio, fue desafiado por Coré y los levitas que
le apoyaron. Se apeló a la autoridad política de Moisés en la cuestión por Datán y Abiram, que aspiraban a
tal posición en virtud de ser descendientes de Rubén, el hijo mayor de Jacob.
En
juicio divino, tanto Moisés como Aarón fueron vindicados. La tierra se abrió
para tragarse a Datán y Abiram
junto con sus familiares. Coré desapareció con
ellos.[9] Antes de que
esta rebelión cediese, en el campamento de Israel había perecido 14.000
personas.
Tras
la muerte de los insurrectos, Israel recibió una señal milagrosa evitando
cualquier posterior deseo de poner en duda la autoridad de sus jefes (17:1‑11).
Entre doce varas, cada una representando una tribu, la de Leví
produjo vástagos, flores y almendras. Además, de confirmar a Moisés y a Aarón
en sus nombramientos, la inscripción del nombre de Aarón en su bastón
específicamente le designó como sacerdote de Israel. La preservación de aquel
bastón en el tabernáculo servía como permanente evidencia de la voluntad de
Dios.
Para aliviar el
temor del pueblo al acercarse al tabernáculo, las responsabilidades de los
sacerdotes y levitas fueron reafirmadas y claramente delineadas (17:12‑18:32).
El sacerdocio fue restringido para Aarón y su familia. Los levitas fueron
designados como asistentes de los sacerdotes. La provisión para su
mantenimiento se hizo a través del diezmo entregado por el pueblo. Los levitas
daban un décimo también de su renta a los sacerdotes. Por esta razón, los
levitas no fueron incluidos en el reparto de la tierra, cuando los israelitas
se asentaron en. Canaán.
La polución
resultante procedente de la plaga y el entierro de tanta gente al mismo tiempo,
hizo necesaria una ceremonia especial para la purificación del campamento
(19:1‑22). Eleazar, un hijo de Aarón, ofició. Este ritual, que de forma
impresionante recordó a los israelitas la naturaleza de la muerte (5:1‑4)
y proporcionó una higiénica protección, fue ordenado como un estatuto
permanente.
Las
experiencias de los israelitas mientras viajaban por Ezión‑geber y Elat hacia las llanuras
de Moab, se hallan resumidas en Núm. 20:1‑22:1.
Antes de su partida de Cades, María murió. Cuando el
pueblo se enfrentó con Moisés a causa de la escasez de agua, recibió
instrucciones de ordenar que una roca suministrase el líquido elemento. Airado
e impaciente, Moisés golpeó la roca y el agua surgió en abundancia. Pero por su
desobediencia, le fue denegado el privilegio de entrar en Canaán.
Desde Cades, Moisés envió mensajeros al rey de Edom solicitando permiso para marchar a través de sus
tierras por Camino Real. No solo le fue denegado el permiso sino que el
ejército edomita fue enviado a vigilar la frontera.
Esta inamistosa actitud fue frecuentemente denunciada por los profetas.[10]
Antes de que
Israel dejase la frontera edomita, Aarón murió en la
cima del monte Hor. Eleazar fue revestido con los
ornamentos de su padre y nombrado sumo sacerdote en Israel. Y antes de
continuar su viaje, Israel fue atacado por un rey cananeo, pero Dios les dio la
victoria. Aquel lugar fue llamado Horma.
Dándose cuenta
de que se movían hacia el sur alrededor de Edom, el
pueblo se impacientó y se quejó contra Dios al igual que contra Moisés. El
castigo divino llegó en forma de una plaga de serpientes, causando la muerte de
muchos israelitas.[11] En penitencia,
el pueblo se volvió hacia Moisés, quien aportó el consuelo mediante la erección
de una serpiente de bronce. Cualquiera que fuese mordido por una serpiente, era
curado con solo dirigir la mirada a la serpiente de bronce. Jesús utilizó este
incidente como un símbolo de su muerte sobre la cruz, aplicando el mismo
principio cualquier que se volviese hacia El no perecería sino que tendría la
vida eterna (Juan 3:14‑16).
Israel continuó
su camino hacia el sur por el camino de Elat y Ezióngeber, rodeando Edom, lo
mismo que Moab, y continuando hacia el norte por el
valle de Arnón. Los tres relatos, tal y como se dan
en Núm. (21 y 33) y Deuteronomio (2) se refieren a varios lugares no
identificados hasta el día de hoy. Israel tenía prohibido luchar contra los moabitas y los amonitas, los descendientes de Lot. Sin embargo, cuando los dos gobernantes amorreos, Sehón, rey de Hesbón y Og, rey de Basán, rehusaron el
paso de Israel y respondieron con un ejército, los israelitas les derrotaron y
ocuparon la tierra que había al norte del valle de Arnón.
Allí, en las llanuras de Moab, recientemente tomadas
por los amorreos, los israelitas establecieron su campamento.
Instrucciones
para entrar en Canaán
Mientras que
permanecieron acampados al nordeste del Mar Muerto, la nación de Israel recibió
las instrucciones finales para la conquista final y la ocupación de la tierra
prometida. El cuidado providencial de Israel en las sombras de Moab y la cuidadosa preparación del pueblo en la víspera de
la entrada en Canaán, están registrados en Núm. 22‑36.
Los varios aspectos de esta provisión pueden ser observados en el siguiente
bosquejo:
I. Preservación
del pueblo elegido de Dios Núm.
22:2‑25:18
El designio de Balac
para maldecir a Israel 22:2‑40
Bendiciones de Balaam 22:41‑24:24
Seducción y juicio 24:25‑25:18
II. Preparación para la conquista 26:1‑33:49
La nueva generación 26:1‑65
Problemas de herencia 27:1‑11
Un nuevo jefe 27:12‑33
Sacrificios y votos 28:1‑30:16
Venganza sobre los madianitas 31:1‑54
Reparto y división de Transjordania 32:1‑42
Revisión de la marcha de Israel 33:1‑49
III. Anticipación
de la ocupación 33:50‑36:13
La tierra a conquistar 33:50‑34:15
Los jefes nombrados para distribuir
la tierra 34:16‑29
Las ciudades levíticas y su refugio 35:1‑34
Regulaciones sobre la
herencia 36:1‑13
Los
sutiles designios de los moabitas sobre la nación
elegida de Dios, fueron más formidables que una guerra abierta (22:2‑25:18).
Dominado por el miedo cuando los amorreos fueron derrotados, Balac, el rey moabita, ideó planes para la destrucción de
Israel. En cooperación con los ancianos de Madián,
comprometió al profeta Balaam de Mesopotamia
para maldecir al pueblo acampado a través del río Arnón.
Balaam rehusó la primera
invitación, siendo explícitamente advertido de no ir y no maldecir
a Israel. Los honorarios para la adivinación fueron tan incitantes, sin
embargo, que arrastraron a Balaam a aceptar la
repetida invitación del rey. En aquella misión, que era contraria a la voluntad
de Dios claramente revelada, Balaam tuvo la
sorprendente experiencia de ser audiblemente increpado por su propio burro. A1
profeta le fue recordado de una manera impresionante que iba a Moab para hablar solamente del mensaje de Dios.[12]
Balaam declaró
fielmente el mensaje de Dios cuatro veces. Sobre tres diferentes montañas, Balac y sus príncipes prepararon ofrendas para proporcionar
una atmósfera de maldición, pero cada vez el profeta pronunció palabras de
bendición. Profundamente decepcionado, el rey moabita le increpó y le ordenó
que cesara. Aunque Balac le despachó sin ninguna recompensa,
Balaam profirió una cuarta profecía antes de irse. En
ella, delineó claramente la futura victoria de Israel sobre Moab, Edom y Amalec.[13]
Balac tuvo más éxito
en su siguiente plan contra Israel. En lugar de retornar a su hogar de Mesopotamia, Balaam permaneció
con los madianitas y ofreció un mal consejo a Balac
(31:16). Los moabitas y madianitas siguieron su
consejo y sedujeron a muchos israelitas para caer en la inmoralidad y la
idolatría. Mediante el culto de Baal‑peor con ritos inmorales, los participantes
incurrieron en la ira divina. Con objeto de salvar un gran número de gentes del
juicio, los jefes israelitas culpables fueros ahorcados inmediatamente. Finees, un hijo de Eleazar, desplegó un gran celo y se
revolvió contra aquellos que precipitaron la plaga en la que murieron por
miles. Subsecuentemente, los descendientes de Finees
sirvieron como sacerdotes en Israel. La orden de castigar a los madianitas por
su desmoralizadora influencia sobre Israel, fue ejecutada bajo el liderazgo de
Moisés (31:1‑54). No escapó del castigo de los jefes notables el propio Balaam, hijo de Beor.
Después de esta
crisis, Moisés hizo la necesaria preparación para condicionar a su pueblo en
la conquista de Canaán. El censo tomado bajo la
supervisión de Eléazar fue en parte una apreciación
militar del poder en hombres de Israel (26:1‑65). La cuenta total fue
realmente en cierto modo más baja que la que se había hecho casi cuarenta años
antes. Josué fue nombrado y públicamente consagrado como el nuevo caudillo
(27:12‑23). La solución dada al problema de la herencia, surgido por las
hijas de Zelofehad, indicó la voluntad de Dios de que
la tierra prometida sería conservada en pequeñas pertenencias que pasarían a
sus herederos. Se dieron también otras instrucciones adicionales concernientes
a las ofrendas regulares, festivales, y el mantenimiento de los votos, una vez
asentados en la tierra prometida (28:1‑30:16).
Viendo que el
terreno oriental del Jordán era un excelente territorio para pastos, las tribus
de Rubén y Gad apelaron a Moisés para asentarse en
ellas permanentemente. Aunque con cierta desgana, lo permitió, accediendo a su
demanda. Para estar seguros de que la conquista de Canaán
no sería puesta en peligro por falta de cooperación, exigió una prenda para
garantizarlo. Aquella promesa verbal fue pronunciada dos veces. La tierra de Galaad fue
entonces otorgada a Rubén, Gad, y a la mitad de la
tribu de Manasés (32:1‑42).
Moisés preparó
también un informe escrito sobre la jornada a través del desierto (Núm. 33:2).
A causa de su entrenamiento y experiencia parece razonable asumir que él
conservó detallados informes y registros de aquella marcha llena de incidentes
desde Egipto hasta Canaán, para consideración de la
posteridad (33:1‑49).
Pensando en el
futuro, Moisés se anticipó a las necesidades de los israelitas cuando entrasen
en Can.aán (33:50‑36:13). Les advirtió claramente
de destruir a sus idólatras habitantes y poseer sus tierras. Además, aparte de
Josué y Eleazar, diez caudillos tribales fueron asignados para la responsabilidad
de dividir la tierra a las restantes nueve tribus y media. Ninguno de los
príncipes, mencionados en Núm. 1, ni ninguno de sus hijos, están en este nuevo
grupo. En lugar de tierras, cuarenta y ocho ciudades situadas por todo Canaán, se designan para los levitas. Ciudades de refugio,
designadas para prevenir el comienzo de las disensiones sangrientas, quedaron
descritas por Moisés. Antes de su muerte, dejó tres ciudades al este del Jordán
para este propósito (Deut. 4:41‑43).[14] En el capítulo
final de Números, Moisés trata del problema de la herencia, limitando a las
mujeres que hereden tierra por matrimonio con miembros de su
propia tribu.
Pasado
y futuro
Moisés estaba
advertido de que su ministerio estaba casi completado. Aunque no se le permitió
entrar en la tierra prometida, pidió a Dios bendiciones para los israelitas,
anticipando el privilegio de su conquista y posesión. Como jefe fiel, entregó
diversas directrices a su pueblo, amonestándole con ser fieles a Dios. El
libro del Deuteronomio, que consiste principalmente en estos discursos de
Moisés, puede ser considerado bajo las siguientes subdivisiones:
I. La historia
y su significación Deut. 1:1‑4:43
Revisión de los fracasos de Israel 1:1‑3:29
Adominación
a la obediencia 4:1‑40
Las ciudades de refugio de Transjordania 4:41‑43
II. La ley y su
significación 4:44‑28:68
La Alianza y el Decálogo 4:44‑11:32
Leyes para la vida en Canaán 12:1‑26:19
Bendiciones y maldiciones 27:1‑28:68
III. Preparación final y adiós 29:1‑34:12
Elección de Israel entre bendición y maldición 29:1‑30:20
Josué comisionado 31:1‑29
El canto y la bendición de Moisés 31:30‑33:29
La muerte de
Moisés 34:1‑12
Nadie estuvo
más familiarizado con las experiencias de Israel que Moisés. Habían
transcurrido cuarenta años desde que escapó de las garras del Faraón y condujo
con éxito al pueblo elegido fuera de Egipto. Tras la única revelación de Monte Sinaí hecha por Dios, la ratificación del pacto, y casi un
año de preparación para ser nación, Moisés se había anticipado conduciendo su
nación a la tierra de Canaán. En lugar de avanzar
sobre la conquista y la ocupación de la tierra prometida, el tiempo había
transcurrido en el desierto hasta que la generación irreligiosa y revolucionaria
hubo muerto. Entonces Moisés dirige la nueva generación que está al borde de
tomar posesión de la tierra prometida a los patriarcas y a sus descendientes.
En su primer
discurso público revisa la historia (1:6‑4:40). Comenzando con su campamento
y partida del monte Horeb, él recuerda a sus oyentes
que a través de la duda y la rebelión, sus padres perdieron el derecho a la
tierra prometida y murieron en el desierto. También les recordó las recientes
victorias sobre los amoreos y el reparto de su tierra
a diversas tribus que se comprometieron a ayudar al resto de los israelitas en
la conquista de la tierra más allá del Jordán. Aunque por sí mismo no podía
conservar el privilegio de continuar como jefe, les aseguró que Dios les
garantizaría la victoria bajo el mando de Josué.
En vista de lo
sucedido a la precedente generación,, Moisés advierte a su pueblo el evitar que
se cometan los mismos errores. Las condiciones para obtener los favores de Dios
son: obediencia a la ley y una total devoción realizada con toda el alma y el
corazón hacia el único Dios. Si desobedecen y se conforman a las formas
idolátricas de los cananeos, los israelitas sólo
pueden esperar la cautividad.
Moisés comienza
su segundo discurso con una revisión de la ley (4:44 SS.). Les recuerda que
Dios hizo una alianza con ellos y que están bajo la obligación de guardar la
ley si tienen verdaderos deseos de mantener su relación. Repite el Decálogo,
que es básico para una vida aceptable a los ojos de Dios. Llamado a ser un
pueblo separado y santo, ellos sólo pueden continuar así mediante un genuino
amor a Dios y a la diaria obediencia a su voluntad como está expresado en la
revelación hecha en el Sinaí. Moisés tambén les advierte contra los peligros de fallar en tales
propósitos.
Anticipándose a
la residencia del pueblo en Canaáw, Moisés les
instruye con respecto a su conducta en su estado de asentamiento de la tierra
prometida (12:1 ss.). La idolatría tiene que ser
absolutamente suprimida, así temo los idólatras. Tienen que rendir culto a Dios
solamente, en los lugares divinamente designados, advirtiéndoles además del
culto que hagan los habitantes de la tierra. Algunas de las leyes, tales como
la de restricción de matar animales en una plaza central (Lev. 17:3‑7),
es revisada de nuevo y adaptada a nuevas condiciones. Para guiarles en su vida
doméstica, civil y social, Moisés promulga reglas y ordenanzas para su guía y
aliento. Revisa brevemente muchas de las leyes ya dadas, y se pronuncia sobre
numerosas instrucciones que les ayudarán a conformarse a los deseos de Dios. En
todo su discurso, les exhorta a la más completa obediencia.
Finalmente,
Moisés especifica ciertas bendiciones y maldiciones (27:130:20). Por la
obediencia Israel prosperará pero con la desobediencia, atraerán hacia sí la
maldición del exilio y el cautiverio, de los cuales fue liberada como nación.
Para impresionar más vívidamente al pueblo, Moisés da instrucciones de que se
lean esas bendiciones y maldiciones antes de que la entera congregación haya de
entrar en Canaán.
Al delegar
Moisés su liderazgo en Josué y su ministerio de enseñar a los sacerdotes, les
provee de una copia de la ley. No se conoce el completo contenido de lo
existente en aquella copia escrita. Siendo familiar con los acontecimientos
cambiantes de la historia de Israel, Moisés, indudablemente tuvo que referirse
a proveer unos extensos informes desde que Israel cambió su estado de
esclavitud en una nación libre. Lo más probable es que estuviese asistido y
ayudado por los escribas.[15]
Con
arreglos finales para el liderazgo continuo de su pueblo, Moisés expresa su
alabanza a Dios por el cuidado providencial (32:1‑43). El hace un
recuento del nacimiento y de la niñez de la nación. Los israelitas han sido
castigados por su ingratitud y apostasía pero son luego restaurados en gracia.
Ha prevalecido la justicia y la misericordia de Dios demostrándose en amoroso
cuidado para con su pueblo escogido. En una declaración profética de oración y
alabanza, Moisés presenta las bendiciones para cada tribu individualmente (33:1‑29).
Antes de su muerte él tuvo el privilegio de ver la tierra prometida desde el
monte Nebo.
***
Esquema
III establecimiento
de israel en canaán
|
Egipto* |
Canaán |
Otras naciones |
|
1417 Amenofis III 1379 Amenofis W 1348 Harmhab 1318 Seti I— expedición de castigo en Palestina 1304-1237
Ramsés II Mer-ne-
Ptah y otros 1200- Ramsés XXI-XI 1085 XXI dinastía XXII dinastía 945 Sisac |
1406 Josué como líder Últimos días 1376 Ancianos de Israel 40 años 1318 Opresión por Moab 1301 Aod — liberación
y paz por 80 años 1221 Opresión por los cananeos 1201 Débora y Barac— de paz 1154 Gedeón—
liberación y 40 años de paz 1111-1105 Jefté— 6
años de gobierno, fin de la aproximadamente período 1066 Eli (?) 1046 Samuel (?) 1026 Saúl (?) 971 Salomón 931 División del Reino |
El avance de los hititas la influencia egipcia 1366 Cusham-Rishathaim Eglón, rey de Moab 1286 Batalla de Cades 1280 Pacto de no agresión hitita-egipcio 1221 Reino Cananeo 1161 Los madianitas de Jezreel 1128 Avance amonita y Jordán 1105 Opresión filistea 1000 Asur-rabi n en Asiría 969-936 Hiram en Fenicia |
*
Para los datos revisados sobre los gobernantes egipcios, ver el artículo sobre
«Cronología» preparado por el finado William Christopher Hayes
para la revisada Cambridge Ancient History I, capítulo VI. Fue
publicado por los Syndies of the Cambridge
University
Press en 1964, como una sinopsis del volumen I, capítulo VI. Cf. también el artículo Je
M. B. Rowton «The Material from
[1] Para un excelente comentario
breve sobre el Libro de los Números, ver A. A. MacRae,
“Numbers” en The New Bible Commentary
(Londres, 1953), pp. 162‑194.
[2] En un reciente estudio de las costumbres contemporáneas y el examen de
las listas del censo en Números, G. E. Mendenhall
sugiere que «elef», la palabra hebrea usualmente
traducida como «mil», es una designación de alguna subsección
tribal. De acuerdo con esta teoría, Israel tenía aproximadamente 600 unidades,
proporcionando un ejército de unos 5.500 hombres. Ver George
E. Mendenhall «Las listas el Censo de Números 1 y
26». Journal o1 Biblical Literature, LXXVII (marzo de 1958), 52‑56.
[3] Un extranjero, en contraste con un residente temporal conocido como
forastero. era un hombre que dejaba su propio pueblo y buscaba residencia
permanente entre otro grupo de personas (Ex. 12:19; 20:10; Deut.
5:14; 10:18; 14:29; 23:8). Ver Ludwig Kbolet, A Dicrionary o/ ¡he Hebrew Old Testament in Engluh and German (Grand Rapids: Eerdmans,
1951). Vol. 1, p. 192.
[4] La palabra hebrea echothenn que se traduce
usualmente por suegro, puede ser aplicada también como cuñado, y esto puede ser
aplicado sólo tras Jetro (Reuel)
muerto, Y Hobab convertido en el jefe de la familia.
Ver MacRae, op. cit., p. 175.
[5] Estas codornices, una especie de
perdiz pequeña, emigran dos veces al año y algunas veces son capturadas en gran
abundancia en las costas e islas del Mediterraneo.
[6] Esta oposición fue velada en su desaprobación por el matrimonio. Es
improbable que esta queja fuese contra Séfora, a
quien Moisés había desposado más de cuarenta años antes. Probablemente Séfora murió ‑su muerte no está registrada en la
Biblia‑y Moisés se había casado con una mujer de Etiopía.
[7] Al anotar la lista de espías, se hace mención de «Josué», el nombre
antiguo < Oseas». Ver Núm. 13:8, 16; Deut. 32:44. Josué fue‑ distinguido como un líder
militar (Ex. 17) y siervo de Moisés (Núm. 11:28).
[8] Para un análisis detallado, ver M8CR8e,
op. cit.,
pp. 182‑183.
[9] Las diferencias entre las actitudes de los dos grupos pucde destacarse por el hecho de que la familia de Coré no pereció con él. Sus descendientes ocupan un honroso
lugar en tiempos posteriores. Samuel alcanza un rango quizá próximo a Moisés
como un gran profeta. Henam, un meto de Samuel, fue
un notable cantor durante el reinado de David. Un cierto número de salmos están
designados como separa los hijos de Coré».
[10] Ver Is.
34:1-16; Jer. 49:7:22; Ezeq.
25:12-14; 35:1-15.
[11] Para referencias modernas de plagas similares, ver T. F_.
[12] Macltae op. cit., p. 188, sugiere que Balac
preparó una fiesta para celebrar la llegada de Balaam,
Núm. 22:40. La palabra hebrea Zabah traducida por
«ofrecido» en AV y «sacrificado» en ASV •, RSV, tiene mejor acepción que
«matar», «mató» o degolláis como en Deut. 12:15, 21;
I Sam. 28:24; I Reyes 1:9, 19, 25; II Grón. 18:2 y I:zeq. 34:3, o bien
« muerton, como en II Reyes 23:20.