Capítulo VIII
Unión de Israel
bajo David y Salomón
La edad de oro
de David y Salomón, no tuvo repetición en los tiempos del Antiguo Testamento.
La expansión territorial y los ideales religiosos, como fueron imaginados por
Moisés, fueron realizados en un grado máximo que antes o después de la historia
de Israel. En los siglos siguientes, las esperanzas proféticas para la
restauración de la fortuna de Israel, repetidamente se refiere al reino de
David, como ideal supremo.
La unión davídica y expansión
Los esfuerzos
políticos de David fueron marcados con el sello del éxito. En menos de una
década tras la muerte de Saúl, todo Israel acudía en apoyo de David, que había
comenzado su reinado con sólo el pequeño reino de Judá.
Mediante éxitos militares y amistosas alianzas, pronto controló el territorio
existente entre el río de Egipto y el golfo de Acaba hasta la costa fenicia y
la tierra de Hamat. El respecto internacional y el
reconocimiento que David ganó para Israel no fue desafiado por poderes
foráneos hasta el final de los últimos años de Salomón.
El nuevo rey
también se distinguió como caudillo religioso. Aunque denegado el privilegio de
construir el templo, él hizo las más elaboradas provisiones para su erección
bajo su hijo Salomón. Con el caudillaje real de David, los sacerdotes y levitas
fueron extensamente organizados para la efectiva participación en las
actividades religiosas de la totalidad de la nación.[1]
El
segundo libro de Samuel detalla y explica el reino de David con gran minuciosidad.
Una larga sección (11-20) suministra el relato exclusivo del pecado, el crimen
y la rebelión en la familia real. La transferencia del reinado a Salomón y la
muerte de David, están relatadas en los primeros capítulos del primer libro de
Reyes. El primer libro de Crónicas también hace referencia al período davídico
y representa una unidad independiente, enfocando la atención sobre David como
el primer gobernante en una continuada dinastía. Por vía de introducción al
establecimiento del trono de David, el cronista traza el fondo genealógico de
las doce tribus sobre las cuales gobernaba David. Saúl no está sino muy
brevemente mencionado, tras lo cual David se presentaba como rey de Israel. La
organización de Israel políticamente lo mismo que en el aspecto religioso está
más elaborada dada la supremacía de David sobre las naciones circundantes y
recibe un mayor énfasis. Antes de concluir con la muerte de David, los últimos
ocho capítulos en este libro dan una extensa descripción de su preparación para
la construcción del templo. En consecuencia I Crónicas es un valioso
complemento para lo registrado en II Samuel.

El
bosquejo del reinado de David en este capítulo, representa un arreglo
cronológico sugerido de los acontecimientos conforme están registrados en II
Samuel y I Crónicas:
El rey de Judá
IISam. 1
Crón.
Fondo
genealógico 1:1-9:44
Lamentos
de David a la muerte
de Saúl 1:1-27
10:1-14
Desintegración
de la dinastía
de Saúl
2:1-4:12
Nacido
en tiempos turbulentos, David estuvo sujeto a un rudo período de entrenamiento
para el reinado de Israel. Fue requerido por el rey para el servicio militar
tras haber matado a Goliat y ganado una experiencia inapreciable en hazañas
militares contra los filisteos. Tras que fue forzado a dejar la corte, condujo
a un grupo fugitivo y se congració a sí mismo con los terratenientes y dueños
de grandes rebaños en la parte meridional de Israel, proporcionándoles un
efectivo servicio. Al propio tiempo, negoció con éxito diplomático las
relaciones con los filisteos y moabitas, mientras que
se hallaba considerado en Israel como un individuo al margen de la ley.
David estuvo en la
tierra de los filisteos cuando el ejército de Saúl fue decisivamente derrotado
en monte Gilboa. Muy poco después de que David rescatase
a sus esposas y recobrase el botín que había sido tomado por los asaltantes
amalecitas, un mensajero le informó de los desgraciados acontecimientos que
habían tenido lugar en Israel. Sobrecogido por el dolor, David
dio un inmortal tributo a Saúl y a Jonatán en una de
las más grandes elegías que existen en el Antiguo Testamento. No solo Israel
había perdido a su rey sino que David había perdido a su más íntimo amigo de
siempre, a Jonatán. Cuando el portador de las
noticias, un amalecita, reclamó una recompensa por la muerte de Saúl, David
ordenó su ejecución por haber tocado al ungido de Dios.
Tras de
hallarse cierto de la aprobación de Dios, David volvió a la tierra de Israel.
En Hebrón, los jefes de su propia tribu (Judá) le un gierony reconocieron
como a su rey. David era bien conocido en todos los clanes de la zona, habiendo
protegido los intereses de los propietarios de tierras y compartido con ellos
el botín obtenido al atacar a sus enemigos (I Sam.
30:26-31). Como rey de Judá, David envió un mensaje
de felicitación a los hombres de Jabes por dar al rey
Saúl un respetable enterramiento. No hay duda de que este amistoso y gentil
gesto tenía también implicaciones políticas, en lo que David se sentía necesitado
para procurarse toda clase de apoyo.
Israel estuvo en muy serias
dificultades cuando acabó el reinado de Saúl. La capital en Gabaa,
o experimentó la destrucción o gradualmente fue cayendo hasta convertirse en
ruinas.[2]
Eventualmente, Abner el jefe del ejército israelita
estuvo en condiciones de restaurar lo bastante el orden para tener a Isboset (Isbaal) ungido como rey.
La coronación tuvo lugar en Galaad, ya que los
filisteos tenían el control sobre la tierra situada al oeste del Jordán.[3]
Puesto que el hijo de Saúl reinaba sobre las tribus del norte sólo por dos años
(II Sam. 210) durante los siete años y medio que
David reinó sobre Hebrón, aparece que el problema de
los filisteos demoró el acceso del nuevo rey por aproximadamente cinco años.
Es así
como el pueblo de Judá abogó por su alianza con
David, mientrasque el resto de los israelitas
permanecía leal a la dinastía de Saúl, bajo el liderazgo de Abner
e Is-boset. El resultado
fue que prevaleciese la Guerra civil. Tras ser severamente reprobado por Is-boset, Abner
apeló a David y le ofreció el apoyo de Israel, en su totalidad. De acuerdo con
la petición de David, Mical, la hija de Saúl, le fue
devuelta como esposa. Aquello tuvo lugar bajo la supervisión de Abner con el consentimiento de Is-boset. De esto quedó patente públicamente que David no
sostenía ninguna animosidad hacia la dinastía de Saúl. El propio Abner fue a Hebrón donde prometió
a David la lealtad de su pueblo. Tras esta alianza y una vez completada, Abner fue muerto por Joab en
lucha civil. La muerte de Abner dejó a Israel sin un
fuerte y poderoso caudillo militar. Hacía tiempo ya que Is-boset había sido asesinado por dos hombres procedentes de
la tribu de Benjamín. Cuando los asesinos aparecieron
ante David, fueron inmediatamente
ejecutados. Desaprobaba así la muerte de una persona justa. Sin malicia
ni venganza, David ganó el reconocimiento de todo Israel, mientras que la
dinastía de Saúl fue eliminada del poder político.
Jerusalén—la capital nacional
II Sam. 1
Crón.
La
conquista de Jerusalén 5:1-9 11:1-9
La
fuerza militar de David 23:8-39 11:10-12:40
Reconocimiento
de Fenicia y de la tierra
de los
Filisteos 5:10-25 14:1-17
Jerusalén:
centro de la religión 6:1-23 13:1-14
15:1-16:43
Un
trono eterno 7:1-29 17:1-27
No hay
indicación de que los filisteos interfirieran con la ascendencia de David como
rey en Hebrón. Es posible que ellos le considerasen como
a un vasallo, en tanto que el resto de Israel, revuelto por la guerra civil, no
ofrecía resistencia unificada.[4]
Pero se
alarmaron seriamente cuando David ganó la aceptación de la totalidad de la
nación. Un ataque filisteo (II Sam. 5:17-25 I Crón. 14:8-17) tuvo lugar muy verosímilmente antes de la
conquista y ocupación de Sión. David les derrotó por
dos veces, previniendo así su interferencia en la unificación de Israel bajo el
nuevo rey. Sin duda, la amenaza filistea en
sí misma tuvo un efecto unificador sobre
Buscando
un lugar central para la capital del reino unido de Israel, David se volvió
hacia Jerusalén. Era un lugar estratégico y menos vulnerable para ser atacado.
Como una fortaleza cananea ocupada por los jebuseos, había resistido con éxito
la conquista y la ocupación por los israelitas.
En los
registros egipcios ya por el 1900 a. C. esta ciudad ya se conocía como
Jerusalén. Cuando David invitó a sus hombres a conquistar la ciudad y ex pulsar
a los jebuseos, Joab aceptó y fue recompensado con el
nombramiento de jefe de los ejércitos de Israel. Con la ocupación de la
fortaleza por David, se hizo conocida como "la Ciudad de David" (I Crón. 11:7). En el período davídico, Jerusalén ocupaba la
cima de una colina directamente al sur del área del templo a una elevación
aproximada de 762 mts. sobre el nivel del mar.[5]
El lugar era conocido más particularmente como Ofel.
A lo largo de la orilla oriental estaba el valle de Cedrón, reuniéndose hacia
el sur con el valle de Hinom, que se extendía hacia
el oeste. Separándolo de una elevación occidental, que en tiempos modernos es
llamado monte Sión, estaba el valle Tiropoeon. De acuerdo con Josefo, existía un valle en la
parte norte, separando Ofel del lugar ocupado por el
templo. Aparentemente esta zona Ofel-Sión era de una elevación mayor que el lugar del templo en
la época de la conquista de David. En el siglo II a. C. sin embargo, los macabeos allanaron la colina arrojando los escombros de la
ciudad davídica en el valle existente debajo. Como resultado, los arqueólogos
han sido incapaces de eslabonar debidamente cualquier objeto procedente del
reinado de David.
Cuando
David asumió el reinado sobre las doce tribus, eligió a Jerusalén
como su capital política. Durante sus días como un fuera de la ley, había estado
seguido por cientos de hombres. Tales hombres fueron bien organizados bajo su
mando en Siclag y más tarde en Hebrón
(I Crón. 11:10-12:22). Aquellos hombres se habían distinguido
en hazañas militares de tal forma, que fueron nombrados príncipes y jefes.
Cuando Israel apoyó a David,
la organización fue agrandada para incluir a la totalidad de la nación, con Jerusalén
como centro (I Crón. 12:23-40). Mediante contrato con
los fenicios, fue construido un magnífico palacio para David como rev (II Sam. 5:11-22).
Al
propio tiempo, Jerusalén se convirtió en el centro religioso de toda a nación
(I Crón. 13:1-17:27 y II Sam.
6:1-7:29). Cuando David intentó llevar el arca de Dios desde el hogar de Abinadab en Quiriat-jearim por medio de un carro en lugar de
ser llevada por los sacerdotes (Núm. 4), Uza fue
muerto repentinamente. En lugar de llevar el arca a Jerusalén, David la dejó en
el hogar de Obed-edom en Gabaa. Cuando sintió que el Señor estaba bendiciendo su
casa, David transfirió inmediatamente el objeto sagrado a Jerusalén para ser
alojada en una tienda o tabernáculo, y un culto apropiado se restauró entonces
para Israel a escala nacional.[6]
Con el renovado interés en la religión de Israel,
David se volvió deseoso de construir un local permanente para el culto. Cuando
compartió su plan con Natán, el profeta, encontró su
inmediata aprobación. A la noche siguiente, sin embargo, Dios comisionó a Natán para informar al rey que la construcción del templo
quedaría pospuesta hasta que el hijo de David fuese establecido en su trono.
Aquello fue una seguridad divina para David, de que su hijo le sucedería y que
él no estaría sujeto a un hado tan fatal como le había sucedido al rey Saúl. La
magnitud de esta promesa para David, no obstante, se extiende mucho más allá
del tiempo y del alcance del reinado de Salomón. La semilla de David incluía
más que a Salomón, puesto que la orden divina claramente establecía que el
trono de David quedaba establecido para siempre. Incluso si la iniquidad y el
pecado prevaleciese en la posteridad de David, Dios temporalmente juzgaría y
castigaría, pero no haría perder el derecho a la promesa ni retiraría su merced
indefinidamente.
Ningún reinado terrestre o dinastía ha tenido jamás
una duración eterna, tales como el cielo y la tierra. Tampoco la tuvo el
reinado terrenal del trono de David, sin eslabonar su linaje con Jesús, quien
específicamente está identificado en el Nuevo Testamento como el hijo de David.
Esta seguridad, dada a David mediante el profeta Natán,
constituye otro eslabón en la serie de promesas mesiánicas dadas en los tiempos
del Antiguo Testamento. Dios iba desenvolviendo gradualmente el compromiso
inicial de que la última victoria llegaría a través de la semilla de la mujer
(Gen. 3:15). Una revelación completa del Mesías y su reinado eterno, se da por
los profetas en siglos subsiguientes.
¿Por qué se le negó a David el privilegio de
construir el templo? En los años de su reinado, él llegó a la comprobación de
que había sido comisionado como un hombre de estado y un caudillo militar para
establecer el reino Israel (I Crón. 28:3; 22:8).
Mientras que el reinado de David estuvo caracterizado por una situación de
estado de guerra, Salomón gozó de un extenso período de paz. Tal vez la paz
prevaleciese por el tiempo en que David expresó su intención de construir el
templo, pero no hay forma de discernir con certeza en la Escritura cómo las
guerras relatadas están relacionadas cronológicamente a este mensaje dado por Natán. Posiblemente, hasta que llegase el fin del reinado
de David, se tuviera en cuenta que los días de Salomón eran una mejor
oportunidad para la construcción del templo.
Prosperidad y supremacía
II Sam. 1 Crón.
Lista de naciones conquistadas 8:1-13 18:1-13
David comparte la responsabilidad y las
Bendiciones 8:15-9:13 18:14-17
El hambre 21:1-14
Derrota de los amonitas, sirios 10:1-18
y filisteos 21:15-22 19:1-20:8
Canto de liberación (Salmo 18) 22:1-51
La expansión del gobierno de David desde la
zona tribal de Judá a un vasto imperio, extendiendo
sus dominios desde Egipto a las regiones del Eufrates,
recibe escasa atención en la Biblia. Y con todo, este hecho registrado es de
básica importancia históricamente, puesto que Israel era la nación de primera
fila en Creciente Fértil a comienzos del siglo X a. C. Afortunadamente, las
excavaciones arqueológicas han proporcionado informaciones complementarias.
David fue inmediatamente desafiado por los
filisteos cuando fue reconocido como rey de todo Israel (II Sam. 5:17-25). Les derrotó
dos veces, pero en un largo período de tiempo es completamente verosímil que
hubiese frecuentes batallas antes de reducirlos a un estado tributario y
sometido. La captura de un jefe de sus ciudades, Gat,
y la muerte de los gigantes filisteos (II Sam. 8:1, y 21:15-22), no son más que ejemplos y
muestras de encuentros en este período crucial en que Israel ganó su hegemonía.
Bet-sán fue conquistada
durante este período.[7]
En Debir y Bet-semes, murallas con casamatas sugieren que David construyó
una línea de defensa contra los filisteos.[8]
Las observaciones de que los filisteos tenían el monopolio del hierro en los
días de Samuel (I Sam. 3:19-20) y de que David lo
utilizaba libremente cerca del fin de su reinado (1 Crón.
22:3), sugieren que pudo haberse escrito un largo capítulo en la revolución
económica de Israel. El período de proscripción y la residencia de los
filisteos no solo proporcionaron a David la preparación para el caudillaje
militar, sino que indudablemente le dieron un conocimiento de primera mano con
la fórmula y los métodos utilizados por los filisteos en la producción de
armamento. Tal vez muchos de los planes para la expansión económica y militar
fueron hechos mientras David estaba en Hebrón pero
realmente ejecutados después de que Jerusalén fue convertida en capital. Los
filisteos tenían razón en estar alarmados cuando la desolada y derrotada.
Israel fue unificada bajo la égida de David.
La conquista y la ocupación de Edom tuvo una gran importancia estratégica. Dio a David
una valiosa fuente de recursos naturales. El desierto árabe, que se extiende
hacia el sur del mar Muerto y hasta el golfo de Acaba, era rico en hierro y
cobre necesitado para romper el monopolio filisteo. Para estar seguros de que
estos suministros no sufrirían peligro, los israelitas establecieron
guarniciones por todo Edom (II Sam. 8:14).
Aparentemente, Israel tuvo poca
interferencia procedente de Moab y los amalecitas en
aquella época. Estaban incluidos entre los estados tributarios que enviaban
plata y oro a David.
Hacia el nordeste, el resurgir del poder de David,
expandiendo el estado de Israel, fue desafiado por las tribus amonitas y
arameas. Las primeras se habían establecido desde Carquemis
sobre el Eufrates hasta los límites orientales de
Palestina. Ya eran considerados como enemigos en los días de Saúl (I Sam. 14:47). Cuando David estuvo considerado como un hombre
fuera de la ley, al menos uno de aquellos estados árameos
tuvo que haber sido amigo de él, puesto que Talmai,
el rey de Gesur, le había dado a su hija Maaca como esposa (II Sam. 3:3). Luego que David derrotase a los filisteos y concluido un tratado
con los fenicios, los árameos temieron el resurgir
del poder de Israel. La expansión de Israel puso en peligro sus riquezas y
desafiaba su control de las fértiles llanuras y su gran comercio. Tras la
vergonzosa recepción y tratamiento de los mensajeros de buena voluntad
enviados por David, los amonitas inmediatamente implicaron a los árameos en su oposición a Israel, pero sus fuerzas
combinadas fueron esparcidas por las tropas de David.
Más tarde, la ciudad de Raba en Amón fue
capturada por los israelitas (I Crón. 20:1). Las
fuerzas arameas entonces se organizaron bajo Hadad-ezer[9]
que empleó y reunió fuerzas desde tan lejos como Aram-Naharaim o Mesopotamia (I Crón. 19:6). Esta vez las fuerzas israelitas avanzaron
hacia Elam, derrotando su fuerte coalición. Aquello
expandió la condenación para la alianza amonita.
Subsiguiente a esto, David atacó a Hadad-ezer una vez más cuando los sirios[10]
se hallaban al alcance del Eufrates para reclamar el
territorio bajo control asirlo (II Sam. 8:3). Damasco, que estaba tan íntimamente aliada con Haded-ezer (I Crón.
18:3-8), cayó bajo el control de David, añadiendo así otra victoria para los
israelitas. Sus guarniciones ocuparon la ciudad, colocándola bajo un fuerte
tributo, y Hadad-ezer concedió grandes cantidades de
oro y bronce a David. La dominación de los estados árameos
de Hamat, sobre el Orontes,
añadió grandemente muchos más recursos que enriquecieron a Israel. La
administración de Damasco por parte de los israelitas, no fue desafiada hasta
los años pióximos al reinado de David.
En los días de la expansión nacional, las
provisiones hechas por Mefi-boset
ilustran la magnánima actitud de David hacia los descendientes de su predecesor
(II Sam. 9:1-13). Cuando David supo la desgracia que se había abatido sobre el
hijo de Jonatán. Mefi-boset, le concedió una pensión procedente de su tesoro
real. Al inválido le fue entregado un hogar en Jerusalén y colocado bajo el
cuidado del sirviente Siba.
Mefiboset recibió especial consideración en una crisis
subsiguiente (II Sam. 21:1-14), cuando el hambre se produjo en la tierra de Israel. Dios
reveló a David que el hambre era un juicio por el terrible crimen de Saúl de
atentar con el exterminio de los gabaonitas con quien
Josué había hecho una alianza (Jos. 9:3 ss.). Dándose cuenta de que aquello sólo podía ser expiado
(Núm. 35:31), David permitió que los gabaonitas
ejecutaran a siete de los descendientes de Saúl. Mefi-boset, sin embargo, fue excluido. Cuando David fue
informado del luto de Rizpa, una concubina de Saúl
tomó las medidas necesarias para el adecuado enterramiento de los restos de
aquellas víctimas en el sepulcro familiar de Benjamín. Los restos de Saúl y Jonatán también fueron trasladados a dicho lugar. Con
aquello, el hambre tocó a su fin.
Como rey del imperio israelita, David no
falló en reconocer que Dios había sido el único que garantizó las victorias
militares de Israel y el autor de su prosperidad material. En un salmo de
acción de gracias (II Sam. 22:1-51), David expresa su alabanza al Dios Omnipotente por la
liberación de los enemigos de Israel, al igual que para las naciones paganas.
Este Salmo también se cita el capítulo 18 del libro de los Salmos. Ello representa
un ejemplo de muchos de los que él compuso en varias ocasiones durante su
azarosa carrera de muchacho pastor, sirviente de la corte real, proscrito de
Israel, y finalmente como el arquitecto y constructor del gran imperio de
Israel.[11]
El pecado en la familia real
II Sam
El crimen de David y su arrepentimiento 11:1-12:31
El crimen de Amnón
y sus resultados 13:1-36
Derrota de Absalón
en la rebelión 13:37-18:33
David recobra el trono 19:1-20:26
Las imperfecciones en el carácter de un
miembro de la familia real, no están minimizadas en la Sagrada Escritura. Un
rey de Israel que cayó en el pecado no podía escapar a los juicios de Dios. Al
mismo tiempo, David, como pecador, arrepentido, reconoció su iniquidad y de
esta forma se calificó como un hombre que agradaba a Dios (I Sam. 13:14).
David practicaba la poligamia (II Sam. 3:2-5; 11:27) y aunque
esto está definitivamente prohibido en la más amplia revelación del Nuevo Testamento,
era tolerado en el Antiguo y en su tiempo, a causa de la dureza de corazón de
Israel. La poligamia estaba igualmente practicada por todas las naciones
circundantes. Un harén en la corte era una cosa aceptada. Aunque advertido de
la multiplicidad de esposas en la ley de Moisés (Deut.
17:17), David se hizo con varias. Algunos de aquellos matrimonios tenían,
indudablemente implicaciones de tipo político, tal como por ejemplo el casamiento
con Mical, la hija de Saúl y con Maaca,
la hija de Talmai, rey de Gesur.
Como otros, David tuvo que sufrir las consecuencias de los crímenes de incesto,
asesinato y rebelión llevados a cabo en la vida de su familia.
El pecado de asesinato y adulterio de David
constituía un crimen perfecto desde el punto de vista humano. Se produjeron en
los días de los éxitos militares y la expansión del imperio. Los filisteos ya
habían sido derrotados y la coalición aramea-amonita había sido rota el año
anterior. Mientras David permaneció en Jerusalén, los ejércitos israelitas, bajo
el mando de Joab, fueron enviados a conquistar la
ciudad amonita de Raba. Siendo seducido Por Betsabé,
David cometió adulterio. El sabía que ella era la esposa de Urías, el heteo; un
mercenario leal del ejército de Israel. El rey envió a Unas al frente de
batalla y después mandó llamarlo ordenando a Joab su
vuelta mediante una carta arreglando las cosas para que fuese muerto por el
enemigo. Cuando llegaron a Jerusalén los informes de que Urías había muerto en
la batalla contra los amonitas, David se casó con Betsabé.
Tal vez los hechos que dieron lugar al repugnante crimen de David quedaran en
el secreto, ya que una baja en la línea del frente de batalla, era algo común,
y corriente. Incluso si ello fue conocido por Joab
¿quién era el que reprobaba o desafiaba al poder del rey?
Aunque David no era responsable ante nadie
en su reino, falló en no darse cuenta de que este "crimen perfecto"
era conocido por Dios. En una nación pagana, una acción criminal de adulterio
y muerte pudo haber pasado ignorada; pero aquello no podía ocurrir en Israel,
donde un rey sostenía su posición de realeza mediante una fe sagrada. Cuando Natán describe el crimen de David en la dramática historia
del hombre rico que toma ventaja de su pobre sirviente, David se enfureció
protestando de que semejante hecho pudiera ocurrir en su reino. Natán claramente declaró que David era el hombre culpable
de asesinato y adulterio. Afortunadamente para Natán,
el rey se arrepintió. Las crisis espirituales de David encuentran su expresión
en la poesía (Salmos 32 y 51). Se le concedió perdón, pero las consecuencias
fueron ciertamente graves en lo doméstico (II Sam. 12:11).
La inmoralidad y el crimen dentro de la
familia, prorito envolvieron a David en una lucha
civil y una rebelión. La falta de disciplina de David y su autolimitación
fueron un pobre ejemplo para sus hijos. La conducta inmoral de Amnón con su hermanastra, resultó en su asesinato por Absalón, otro hijo de David. Naturalmente, Absalón incurrió en el disfavor de su padre. Como consecuencia,
halló su única salida en salir de Jerusalén, refugiándose con Talmai, su abuelo, en Gesur. Allí
permaneció durante tres años.
Entre tanto, estaba buscando una
reconciliación entre David y Absalón. Empleando una
mujer de Tecoa (II Sam. 14), Joab obtuvo la
autorización del rey para que Absalón volviese a
Jerusalén, con el bien entendido de que no podría aparecer más por la corte
real. Después de dos años, Absalón, finalmente,
recibió permiso para ir a la presencia de su padre. Habiendo vuelto a ganar el
favor del rey, se aseguró para sí una guardia real de cincuenta hombres con
caballos y carros de combate. Durante cuatro años[12],
el hermoso Absalón fue activo con exceso en las
relaciones públicas a las puertas de Jerusalén, venciendo y ganando el favor y
la aprobación de los israelitas. Pretendiendo dar cumplimiento a un voto, se
aseguró el obtener permiso del rey para marcharse a Hebrón.
La rebelión que Absalón
estableció en Hebrón, fue una completa sorpresa para
David. Espías fueron enviados por toda la tierra de Israel para proclamar que Absalón sería rey al son de las trompetas. Muy verosímilmente,
muchas de las gentes que habían sido impresionadas por Absalón,
llegaron a la conclusión de que, como hijo de David, iba a hacerse dueño del
reino. A cualquier precio, eran muchos los que apoyaban a Absalón,
incluido Ahitofel, consejero del rey David. Las
fuerzas rebeldes, conducidas por Absalón, marcharon
sobre Jerusalén y David, que no estaba preparado para resistir, huyó a Mahanaim, más allá del Jordán. Husai,
un amigo devoto y consejero, siguió el consejo de David y permaneció en
Jerusalén para contrarrestar el consejo de Ahitofel.
Este último, que pudo haber planeado la totalidad de la rebelión y ofrecido su
apoyo a Absalón desde el principio, aconsejó que le
permitiese perseguir a David inmediatamente, antes de que se pudiera organizar
una oposición. Pero Absalón solicitó consejo de Husai, quien le persuadió de posponer semejante
persecución, ganando así un tiempo precioso que necesitaba David para organizar
sus fuerzas. Habiéndose convertido en un traidor, y comprobando que David sería
restablecido en el trono, Ahitofel se ahorcó.
David fue un brillante militar. Preparó sus
fuerzas para la batalla y pronto puso en fuga los ejércitos de Absalón. Joab, contrariamente a
las órdenes de David, mató a Absalón mientras
perseguía al enemigo. David, habiendo perdido el sentido de la prioridad, llevó
a cabo el luto por su hijo en lugar de celebrar la victoria. Este turno en los
acontecimientos dieron por resultado que Joab se
encarase con el rey por descuidar el bienestar de los israelitas quienes le
habían prestado su más leal apoyo.
Con Absalón fuera
de combate, el pueblo volvió de nuevo hacia David acatando su jefatura. La
tribu de Judá, que había apoyado la rebelión del hijo
rebelde de David, fue el último grupo en volver hacia él tras haber hecho una
rápida concesión de sustituir Amasa por Joab.
Cuando David volvió a la capital, otra
rebelión surgió como consecuencia de la confusión reinante. Seba,
un benjaminita, tomando como base de que Judá había traído de nuevo a David a Jerusalén, fustigó la
oposición contra él. Amasa fue comisionado para suprimir la rebelión. En
subsiguientes acontecimientos, Joab mató a Amasa y
después condujo la persecución de Seba, quien, fue
decapitado en la frontera asiría por el pueblo de Abel-bet-maaca. Joab hizo sonar la
trompeta, retornó a Jerusalén y continuó sirviendo como comandante del ejército
bajo David.
A través de casi una década del reinado de David,
las solemnes palabras pronunciadas por Natán fueron
realmente cumplidas. Comenzando con la inmoralidad de Amnón
y continuando con la supresión de la rebelión de Seba,
el mal había fermentado en la propia casa de David.
Pasado y futuro
II Sam. I Crón.
El pecado de hacer un censo del pueblo 24:1:25 21:1-27
Salomón encargó la construcción del
Templo 21:28-22:19
Deberes de los levitas 23:1-26:28
Oficiales civiles 26:29-27:34
Ultimas palabras de David 23:1-7
Muerte de
David 29:22-30
Un Proyecto
favorito de David, durante los últimos años de su vida, fue el hacer los
preparativos para la construcción del Templo. Planes muy elaborados y arreglos
dispuestos en sus más mínimos detalles, fueron cuidadosamente llevados a cabo
en la adquisición de los materiales de construcción. El reino estaba bien
organizado para el eficiente uso del trabajo local y extranjero. David
incluso perfiló los detalles para el culto religioso en la estructura
propuesta.
La organización militar y civil del reino se
desarrolló gradualmente, durante todo el reinado de David, conforme el imperio
se expandía. La pauta básica de organización utilizada por David pudo haber
sido similar a la practicada por los egipcios.[13]
El registrador o cronista estaba al cuidado de los archivos, y como tal, tenía
la muy importante posición de ser el hombre de relaciones públicas entre el rey
y sus oficiales. El escriba o secretario, era el responsable de la
correspondencia propia o extraña, teniendo grandes conocimientos en cuestiones
diplomáticas. En un período avanzado del reinado de David (II Sam. 20:23-25), un, oficial
adicional estaba a cargo de los trabajos forzados. Muy verosímilmente, otros
oficiales de alta categoría estaban agregados al gobierno, conforme se
multiplicaban las responsabilidades. Las cuestiones de la judicatura parecen
ser que eran manejadas por el propio rey (II Sam. 14:4-17; 15:1-6).
El comandante en jefe de las fuerzas
militares era Joab. Hombre sobresaliente en
capacidad y condiciones de caudillaje, no solamente era responsable de las
victorias militares, sino que ejercía considerable influencia sobre el propio
David. Una unidad de tropas extranjeras o mercenarias, compuesta por cereteos y péleteos bajo el mando
de Benaia, pudo haber sido el ejército de David. El
rey también tenía un consejero privado. Ahitofel
había servido en este puesto hasta que apoyó a Absalón
con motivo de la rebelión de este último. Los hombres poderosos que se habían
agregado a David antes de que se convirtiese en rey, estaban entonces conceptuados
como formando un Consejo o Legión de honor (I Crón.
11:10-47; II Sam. 23:8-39). Cuando David organizó su reino con Jerusalén como capital se
hallaban treinta hombres en este grupo. Con el tiempo, se fue agrandando la
cantidad y el rango de los hombres que se distinguieron por hechos heroicos. De
este selecto grupo de héroes, fueron elegidos doce hombres para estar a cargo
del ejército nacional, consistente en doce unidades (I Crón.
27:1-24). Por todo el reino, David nombró supervisores de las granjas, los
cultivos y los ganados (I Crón. 27:25-31).
El censo militar de Israel y las punitivas
consecuencias para el rey y su pueblo están detalladamente relatadas en los
elaborados planes de David para la construcción del Templo. La razón para el
divino castigo sobre David, al igual que para la totalidad de la nación, no se
establece explícitamente. El rey ordenó que se hiciera el censo. Joab protestó pero fue ignorado al respecto (II Sam. 24). En menos de diez
meses, completó el censo de Israel con la excepción de las tribus de Levi y Benjamín. La fuerza militar de Israel era de
aproximadamente de un millón y medio[14]
lo que sugiere una población total de cinco o seis millones de personas.[15]
David se hallaba firmemente consciente del
hecho de que había pecado al hacer su censo. Puesto que ambos relatos preceden
a este incidente con una lista de héroes militares, el censo pudo haber sido
motivado por orgullo y una seguridad y confianza sobre la fuerza militar de
Israel en sus logros nacionales.[16]
Al mismo tiempo, el estado de la mente de David al imponer este censo, fue
considerado como un juicio sobre Israel (II Sam. 24:1; y I Crón. 21:1).
Tal vez Israel fuese castigado por las rebeliones bajo Absalón
y Seba durante el reinado de David.
David, arrepentido de su pecado, fue
informado mediante Gad, el profeta, que podía elegir
uno de los siguientes castigos: el hambre por tres años, un período de tres
meses de reveses militares o una peste de tres días. David se resignó a sí
mismo y a su nación a la misericordia de Dios, eligiendo lo último. La peste
duró un día, pero murieron 70.000 personas en todo Israel. Mientras tanto,
David y los ancianos, vestidos con ropas de saco, reconocieron al ángel del
Señor en el lugar de la era, al norte de Jerusalén sobre el monte Morían.
Reconociendo que era el ángel destructor, David ofreció una plegaria intercesoria por su pueblo. Mediante instrucciones dadas
por Gad, David compró a Omán, el jebuseo, la era.
Mientras ofrecía el sacrificio ante Dios, David era consciente de la divina
respuesta, cuando cesó la peste, terminando así el juicio sobre su pueblo. El
ángel destructor desapareció y Jerusalén fue salvada.
David quedó tan impresionado, que determinó
hacer de la era el lugar para el altar de los holocaustos. Allí tenía que ser
erigido el templo. Pudo muy bien haber sido el mismo lugar donde Abraham, casi
un milenio antes, se prestó a sacrificar a su hijo Isaac, e igualmente tuvo la
revelación y la aprobación divinas.
Aunque el monte de Moríah
estaba al exterior de la ciudad de Sión (Jerusalén)
en tiempo de David, Salomón lo incluyó en la ciudad capital del reino. David
había traído previamente el arca a Jerusalén, alojándola dentro de una tienda.
El altar del holocausto y el tabernáculo construido bajo la supervisión de
Moisés fueron puestos en Gabaón, en un lugar alto a
ocho kms. al noroeste de Jerusalén. Puesto que a
David le fue denegado el privilegio de construir realmente el templo, es muy
verosímil que no se hubieran desarrollado planes previamente, como la
colocación del santuario central. Mediante la teofanía de la era, David llegó a
la conclusión de que aquel era el lugar donde tendría que ser construida la
casa de Dios.
David reflexionó sobre el hecho de que había
sido un hombre sangriento y guerrero. Puede que entonces comprobase que de
haber intentado construir el templo, todo se habría quedado parado por una
guerra civil, que con tanta frecuencia se encendía en su reinado. Los siete
años y medio en Hebrón había sido un período de
preparación. Durante la próxima década, Jerusalén quedó establecida como la
capital nacional, mientras que la nación estaba siendo unificada en la
conquista de las naciones circundantes. Es muy Posible que Salomón naciese
durante aquella época. Tuvo que haber sido hacia el fin de la segunda década
del reinado de David, cuando Absalón asesinó a Amnón, puesto que Absalón nació
mientras que David se enconaba en Hebrón. Las
dificultades domésticas, que acabaron con la rebelión de Absalón,
duraron casi diez años y probablemente coincidieron con la tercera década del
reino de David. Cuando David hubo establecido con éxito la supremacía militar
de Israel y organizado la nación, parece que había llegado la hora de
concentrarse en los preparativos para la construcción del templo.
Con el monte Moríah
como lugar de erección, David imaginó la casa del Señor construida bajo
Salomón, su hijo. Hizo un censo de los extranjeros en el país e inmediatamente
les organizó para trabajar la piedra, el metal y la madera. Anteriormente, y en
su reinado, David ya había tratado con el pueblo de Tiro y Sidón
para construir su palacio en Jerusalén (II Sam. 5:11). Los cedros para el proyecto del edificio
fueron suministrados por Hiram, rey de Tiro. Salomón
recibió el encargo de acatar la responsabilidad de obedecer la ley como había
sido promulgada a través de Moisés. Como rey de Israel, contaba con Dios y si
era obediente, gozaría de sus bendiciones.
En una asamblea pública, David encargó a los
príncipes y a los sacerdotes de reconocer a Salomón, como su sucesor. Entonces,
procedió a bosquejar cuidadosamente los servicios del templo. Los 38.000
levitas fueron organizados en unidades y asignados al ministerio regular del
templo. Pequeñas unidades recibieron la responsabilidad de guardadores de las
puertas y los músicos todo lo concerniente a la música vocal e instrumental.
Otros levitas fueron asignados como tesoreros para cuidar los lujosos regalos
dedicados por los príncipes israelitas, procedentes de toda la nación (I Crón. 26:20 ss). Aquellas
donaciones eran esenciales para la ejecución de los planes cuidadosamente
hechos para el templo (I Crón. 28:11-29:9). La
realización se colocaba así bajo el glorioso reinado de Salomón.
Las últimas palabras de David (II Sam 23:1-7) revelan la
grandeza del héroe más honrado de Israel. Otro canto (II Sam. 22), expresando su acción de gracias y alabanza
por toda una vida repleta de grandes victorias y liberaciones, pudo haber sido
compuesto en el último año de su vida e íntimamente asociado con este poema.
Aquí, él habla proféticamente respecto de la eterna duración de su reino. Dios
le había hablado, afirmando una alianza eterna. Este testimonio por David
habría constituido un apropiado epitafio para su tumba.
La era dorada de Salomón
La paz y la prosperidad caracterizaron el
reino de Salomón. David había establecido el reinado; ahora Salomón iba a
recoger los beneficios de los trabajos de su padre.
El relato de esta era está brevemente dado
en I Reyes 1:1-11:43 y II Crón. 1:1-9:31. El punto focal en ambos libros es la construcción y dedicación
del templo, que recibe mucha más consideración que cualquier otro aspecto del
reinado de Salomón. Otros proyectos, el comercio y los negocios, el progreso
industrial y la sabia administración del reinado, están sólo brevemente
mencionados. Muchas de esas actividades, escasamente mencionadas en los
registros de la Biblia, han sido iluminados a través de excavaciones
arqueológicas durante las pasadas tres décadas. Excepto por lo que respecta a
la construcción del templo, que se asigna a la primera década del reinado, y la construcción de su
palacio, que fue completado trece años más tarde, hay poca información que
pudiera utilizarse como base para un análisis cronológico del reinado de
Salomón. Consecuentemente, el tratamiento indicado a continuación será
puramente tópico, reuniendo datos procedentes de dos fuentes de información,
que se hallan entremezcladas en el siguiente bosquejo:
I Reyes II Crón.
I. Salomón
establecido como rey
Salomón emerge como gobernante único 1:1-2:46
Plegaria por la sabiduría en Gabaón 3:1-15
1:1-13
Sabiduría en la administración 3:16-4:34
Comercio y prosperidad 1:14-17
II. El programa de la
construcción
El templo de Jerusalén 5:1-7:51 2:1-5:1
(Palacio de Salomón, I Reyes 7:1-8)
Dedicación del templo 8:1-9:9 5:2-8:16
Establecimiento con Hiram
de Tiro 9:10-25
III. Relaciones internacionales
Aventuras navales en Ezión-geber 9:26-28
8:17-18
La Reina de Saba 10:1-13
9:1-12
Tributos y comercio 10:14-29 9:13-31
IV. Apostasía y muerte
Las esposas extranjeras y la idolatría 11:1-8
Juicio y adversarios 11:9-43
Establecimiento del trono
El acceso de Salomón al trono de su padre,
no fue sin oposición. Puesto que Salomón no había sido públicamente coronado, Adonías concibió ambiciones para suceder a David. En
cierto sentido, estaba justificado. Amnón y Absalón habían sido muertos. Quileab,
el tercer hijo mayor de David, aparentemente había muerto también, ya que no
es mencionado, y Adonías se hallaba el próximo en la
línea sucesoria. Por otra parte, la debilidad inherente a David en sus
problemas domésticos, era evidente en la falta de disciplina de su familia (I
Reyes 1:6). Evidentemente, Adonías no había sido
enseñado a respetar el hecho divinamente revelado de que Salomón tenía que ser
el heredero del trono de David (II Sam. 7:12; I Reyes 1:17). Siguiendo la pauta de Absalón,
su hermano, Adonías se apropió de una escolta de
cincuenta hombres con, caballos y carros de guerra, y pidió el apoyo de Joab invitando a Abiaíar, el
sacerdote de Jerusalén, para proceder a ser ungido como rey. Este
suceso tuvo lugar en los jardines reales de En-rogel,
al sur de Jerusalén. Conspicuamente ausentes en aquella reunión de los
oficiales gobernantes y la familia real, estaban Natán
el profeta, Benaía el comandante del ejército de
David, Sadoc el sacerdote oficiante en Gabaa y Salomón con su madre, Betsabé.
Cuando las noticias de aquella reunión de
fiesta llegaron a palacio, Natán V Betsabé
inmediatamente apelaron a David. Como resultado, Salomón cabalgó sobre la muía
del rey David hasta Gihón, escoltado por Benaía y el ejército real. Allí, en la falda oriental de
Monte Ofel, Sadoc ungió a
Salomón y así públicamente le declaró rey de Israel. El pueblo de Jerusalén se unió en la pública aclamación de: "¡Viva
el rey Salomón!". Cuando el ruido de la coronación resonó por el valle de
Cedrón, Adonías y sus adictos quedaron grandemente
confundidos y consternados. La celebración cesó inmediatamente, el pueblo se
dispersó y Adonías buscó seguridad en ios cuernos del altar en el tabernáculo de Jerusalén. Sólo
después de que Salomón le diera palabra de respetar su vida, sujeta a buena
conducta, dejó Adornas! el sagrado refugio.
En una reunión subsiguiente, Salomón fue
oficialmente coronado y rej conocido (I Crón. 28:1 ss.).[17]
Con los oficiales y hombres de estado de la' totalidad de la nación presente,
David hizo entrega de su poder confiandc sus
responsabilidades a Salomón y explicó al pueblo la realidad de lo dido, ya que era Salomón el rey elegido por Dios.
En una charla privada con Salomón (Reyes
2:1-12), David recordó a sil hijo su responsabilidad
de obedecer la ley de Moisés.[18]
En sus últimas palabras en el lecho de muerte, hizo saber a Salomón el hecho de
que sangre inocente había sido derramada por Joab en
la muerte de Abne y Amasa, del tratamiento
irrespetuoso de Simei cuando tuvo que huir <j
Jerusalén, y de la hospitalidad que le fue
concedida por Barzilai,
galaadita, en los días de la rebelión de Absalón.
Tras la muerte de David, Salomón reforzó su
derecho al trono elimi-í nando
a cualquier posible conspirador. La petición de Adonías
de esposar Abisag, la doncella sunamita,[19]
fue interpretada por Salomón como una traición. Adonías
fue ejecutado. Abiatar fue suprimido de su lugar de
honor que había mantenido bajo el reinado de David y fue desterrado a Anatot. Puesto que era del linaje de Eli
(I Sam. 14:3-4) la deposición de Abiatar
marcó el cumplimiento de las solemnes palabras dichas por Eli
por un profeta innominado que llegó a Silo (I Sam.
2:27-37). Aunque Joab había sido culpable de conducta
traicionera en su apoyo a Adonías, fue ejecutado
principalmente por los crímenes durante el reino de David. Simei,
que estaba en libertad bajo palabra, fracasó por las restricciones que se le
impusieron y de igual forma sufrió la pena de muerte.
Salomón asumió el caudillaje de Israel a una
temprana edad. Ciertamente tenía menos de treinta años, quizás sólo veinte.
Sintiendo la necesidad de la sabiduría divina, reunió a los israelitas en Gabaón, donde estaban situados el tabernáculo y el altar de
bronce e hizo un gran sacrificio. Mediante un sueño, recibió la divina
seguridad de que su petición para la sabiduría le sería concedida. Además de
una mente privilegiada, Dios también le dotó de riquezas, honores y una larga
vida, condicionado todo ello a su obediencia (I Reyes 3:14).
La sagacidad de Salomón se convirtió en una
fuente de hechos maravillosos. La decisión dada por el rey cuando dos mujeres
contendieron por la maternidad de un niño (I Reyes 3:16-28), indudablemente
representa una
muestra de los casos en que demostró su extraordinaria sabiduría. Cuando esta
y otras noticias circularon por toda la nación, los israelitas reconocieron
que la plegaria del rey en súplica por sabiduría, había sido escuchada y
concedida.
Organización del reino
Comparativamente, es muy poca la información
que se da respecto a la organización del vasto imperio de Salomón.
Aparentemente, fue sencilla en sus principios; pero indudablemente se hizo más
compleja con el paso de los años de responsabilidad siempre creciente. El
propio rey constituía por sí mismo, el tribunal supremo de apelación, como está
ejemplificado en la famosa contienda de las dos mujeres. En I Reyes 4:1-6, los
nombramientos están establecidos por los siguientes cargos: tres sacerdotes,
dos escribas o secretarios, un canciller, un supervisor de oficiales, un
cortesano de la casta sacerdotal, un supervisor de palacio, un oficial al cargo
de los trabajos forzados y un comandante del ejército. Esto no representa sino
una ligera expansión de los cargos instituidos por David.
Para la cuestión tributaria, la nación fue
dividida en doce distritos (I Reyes 4:7-19). El oficial a cargo de cada
distrito tenía que suministrar provisiones para el gobierno central, un mes de
cada año. Durante los otros once meses, tendría que recolectar y depositar las
provisiones en los almacenes situados en cada distrito al efecto. El
suministro de un día para el rey y su corte, cí
ejército y demás personal, consistía en unos 11.100 litros de harina, casi
22.200 de viandas, 10 bueyes gordos, 20 bueyes de pasto y 100 ovejas, además de
otros animales y aves (I Reyes 4:22-23). Aquello requería una extensa
organización dentro de cada distrito.
Salomón mantuvo un gran ejército (I Reyes
4:24-28). Además de la organización del ejército establecido según David,
Salomón también utilizó una fuerza de combate de 1.400 carros de batalla y
12.000 jinetes a quienes instaló en Jerusalén y en otras ciudades por toda la
nación (U Crón. 1:14-17). Aquello añadía a la carga
de los tributos, un suministro regular de cebada y heno. Una organización
eficiente y una sabia administración eran esenciales para mantener un estado
de prosperidad y progreso.
Construcción del templo
Lo más importante en el vasto y extenso
programa de construcciones del rey Salomón, fue el templo. Mientras que otros
edificios apenas si son mencionados, aproximadamente el 50% del relato bíblico
del reinado de Salomón, se dedica a la construcción y dedicación de este centro
focal en la religión de Israel. Ello marcó el cumplimiento del sincero deseo de
David expresado en los principios de su reinado en Jerusalén, el establecer un
lugar central para el culto divino.
Los arreglos del tratado que David había
hecho con Hiram, el rey de Tiro, fueron continuados
por Salomón. Como "rey de los sidonios", Hiram
gobernó sobre Tiro y Sidón, que constituían una
unidad política procedente de los siglos XII al VII a de C. Hiram era un rico y poderoso gobernante con extensos
contactos comerciales por todo el Mediterráneo. Ya que ísrael
tenía un potente ejército y los fenicios una gran flota, resultaba de mutuo
beneficio el mantener relaciones amistosas. Como los fenicios se hallaban muy
avanzados en construcciones arquitectónicas y en el manejo de costosos
materiales de construcción, que controlaban con su comercio, fue
particularmente un acto de sabiduría política el atraerse el favor de Hi-ram. Arquitectos y técnicos de
Fenicia fueron enviados a Jerusalén. El jefe de todos ellos era Hiram (Hiram-abi)
cuyo padre procedía de Tiro y cuya madre era una israelita de la tribu de Dan (II Crón. 2:14). Para ayudar a los
hábiles trabajadores y abonar la madera del Líbano, Salomón efectuó los pagos
en grano, aceite y vino.
La labor para la construcción del templo fue
cuidadosamente organizada. Treinta mil israelitas fueron reclutados para
preparar los cedros del Líbano, con destino al templo. Bajo Adoniram,
que estaba a cargo de aquella leva, sólo 10.000 hombres trabajaban cada mes,
volviendo a sus hogares durante dos meses. De los extranjeros residentes en
Israel, se utilizaron un total de 150.000 hombres como portadores de carga
(70.000) y cortadores de piedra (80.000), además de 3.600 capataces (II Crón. 2:17-18). En el segundo
libro de Crónicas 8:10, un grupo de 250 gobernadores son mencionados como
siendo israelitas. Sobre la base de I Reyes 5:16 y 9:23, hubo 3.300 encargados
de los cuales 550 eran oficiales jefes. Aparentemente 250 de estos últimos,
eran israelitas. Ambos relatos tienen un total de 3.850 hombres para
supervisar la ingente labor de 150.000 trabajadores.