Capítulo IX
El reino dividido
Los dos reinos que surgieron tras la muerte
de Salomón, son comúnmente conocidos y diferenciados por los apelativos de
"Norte" y "Sur". Este último designa el estado más pequeño
gobernado por la dinastía de David desde su capital en Jerusalén hasta el 586
a. C. Consistía en las tribus de Judá y Benjamín,
quienes apoyaron a Roboam con un ejército cuando el
resto de las tribus se levantaron en rebelión contra las opresivas medidas de
Salomón y su hijo (I Reyes 12:21). El Reino del Norte designa las tribus
disidentes, que hicieron a Jeroboam su rey. Este
reino duró hasta 722 a. C, con su capital sucesivamente en Siquem,
Tirsa y Samaría.
Las designaciones bíblicas comunes para
estos dos reinos, son "Israel" y "Judá".
La primera está restringida usualmente en su uso al Reino del Norte, mientras
que la segunda se refiere al Reino del Sur. Originalmente el nombre de
"Israel" fue dado a Jacob (Gen. 32:22-32). Durante toda su vida fue
ya aplicado a sus hijos (Gen. 44:7), y siempre desde entonces cualquier
descendiente de Jacob ha sido referido como un "israelita". Desde los
tiempos patriarcales a la ocupación de Canaán,
"Israel" ha especificado la totalidad de la nación hebrea. Esta
designación prevaleció durante la monarquía de David y Salomón, incluso aunque
estaba dividida a principios del reinado de David.
La tribu de Judá,
que se hallaba estratégicamente situada y excepcional-mente fuerte, llegó a su
prominencia durante el tiempo de Saúl (ver I Sam.
11:8, etc). Después de la división en 931 a. C. el
nombre de Judá identificaba el Reino del Sur, que
continuó su alianza con la dinastía davídica. A menos que no se indique otra
cosa, los nombres de "Israel" y "Judá"
en este volumen representan respectivamente a los reinos del Norte y del Sur.[1]
Otro apelativo para el Reino del Norte es "Efraín". Aunque
este nombre es originalmente dado a uno de los hijos de José (Gen. 41:52),
designa específicamente a la tribu que condujo la secesión. Estando situada al
norte de Benjamín y Judá, "Efraín"
representaba la oposición a Judá y con frecuencia
incluía la totalidad del Reino del Norte (ver Isaías y Oseas).
Cronología
Este es el primer período en la historia del Antiguo Testamento en que
algunas fechas pueden ser fijadas con virtual certeza. La historia secular,
descubierta mediante la investigación arqueológica, proporciona una lista
epónima que cuenta para cada año en la historia de Asiria
desde 891 a 648 a. C.[2] Tolomeo, un brillante
erudito que vivió aproximadamente en 70-161 a. C, compuso un canon,
relacionando a los gobernantes babilonios y persas, desde el tiempo de Nabonassar, 747 a. C. hasta Darío III, 332
a. de C.[3] Además de esto, también da
una lista los gobernantes griegos, Alejandro y Filipo
de Macedonia, los gobernantes tolomeicos de Egipto y
los gobernantes romanos que llegan hasta el año de nuestra era, 161. Como
astrónomo, geógrafo, historiador y cronologista, Tolomeo proporciona una vital
información. Lo más valioso para los historiadores modernos es el material
astronómico que ha hecho posible comprobar la precisión de sus datos en
numerosos puntos, de tal forma, que "el canon de Tolomeo puede ser
utilizado como guía histórica con la mayor confianza".[4]
Dos hechos significativos suministran el eslabón entre la historia
asiría y el relato bíblico de los reyes hebreos durante el período del reino
dividido. Las inscripciones asirías indican que Acab,
rey de Israel, participó en la batalla de Karkar (853
a. C.), contra Salmanasar III, y
que Jehú, otro rey de Israel, pagó tributo al mismo
rey asirio en 841 a. C. Al equiparar los datos bíblicos concernientes a los
reyes hebreos Ocozías y Joram
a este período de doce años de la historia asiría, Thiele
ha sugerido una pista para la adecuada interpretación de la cronología.[5] Con estas dos fechas definitivamente
establecidas en el sincronismo entre la historia hebrea y asiría, propone un
esquema de absoluta cronología para el período que va desde la disgregación a
la caída de Jerusalén. Esto sirve como una clave práctica para las interpretaciones
de las numerosas referencias cronológicas en los relatos de Reyes y Crónicas.
Permitiendo un año como factor variable, las fechas terminales para
Israel (la caída de Samaría) y para Judá (la caída de Jerusalén) están fijadas respectivamente
como 722 y 586 a. C. Lo mismo puede decirse para la batalla de Karkar en 853 a. C. La fecha para el comienzo de los dos
reinos está sujeta a mayor variación.
Una simple adición de todos los años admitidos para los reyes hebreos
totalizan casi cuatro siglos. Sobre la base de esta tabulación, muchos eruditos,
tales como Hales, Oppert, Graetz
y Mahler, han fechado la disgregación del reino
salomónico dentro del período de 990-953 a. C. La fecha más popularizada es la
dada por Ussher, adoptada por Edersheim,
e incorporada al margen de muchas Biblias durante el pasado siglo. Los recientes
descubrimientos arqueológicos relacionados a la historia contemporánea del
Próximo Oriente, han iluminado muchos pasajes bíblicos que necesitaban una
reinterpretación de los datos bíblicos.
El período del reino dividido está adecuado a un período aproximado de
tres siglos y medio. Sobre la base de la cronología asiría y la historia
contemporánea del Cercano Oriente, Olmstead, Kittel, Albright y otros fechan
el comienzo de este período dentro de los años 937-922 a. C. La fecha más
popularizada en la literatura corriente del Antiguo Testamento es el año 922 a.
C.[6]
El más amplio estudio de la cronología para el período del Reino Dividido
está publicado en el libro de E. R. Thiele, The Mysterious Numbers of the
Hebrew Kings. Mediante
un detallado análisis de ambos datos estadísticos, en el relato bíblico y en
la historia contemporánea, concluye que el 931 a. C. es la más razonable fecha
para el comienzo de este período. Mientras que muchas cronologías se han
construido bajo la presunción de que existen numerosos errores en el presente
texto de Reyes y Crónicas, Thiele comienza con el
supuesto de que el texto presente es fiable. Con ello en mente, el número de
referencias cronológicas que permanecen problemáticas a la luz de nuestro
entendimiento de tal período, es mucho menor que los problemas textuales que
implica el resultado a priori de la presunción de que el texto hebreo está en
el error.[7] Aunque permanecen aún sin
resolver problemas en la cronología de Thiele, parece
ser la más razonable y completa interpretación de las fechas escriturísticas y los hechos históricos contemporáneos que
nos son conocidos hasta el presente. De ser la fecha del año 959 a. C. para el
comienzo del templo de Salomón, confirmada como correcta, podría apelar a una
reinterpretación de parte de esta cronología. En el presente, esta fecha está
aceptada con un alto grado de probabilidad.[8] A través de
todo este análisis del reino dividido, la cronología del período del reino
dividido de Thiele está adoptada como patrón.
Cualquier desviación de la misma se indica oportunamente.
Algunos de los factores básicos que tengan una relación sobre el
análisis de las fechas cronológicas de este período, merecen una breve consideración.[9] En Judá, el sistema del año de accesión y su cuenta, fue
utilizado desde el principio de los tiempos de Joram
(850 a. C.), quien adoptó el sistema de la no accesión que ha utilizado en
Israel desde los días de Jeroboam I.[10] Durante los reinados de Joás y Amasias (800 a. C.), ambos reinados cambiaron al
sistema del año de accesión.[11]
La cuestión de la corregencia tiene que ser considerada estableciendo
una cronología para este período. A veces, los años durante los cuales un padre
y un hijo gobernaron juntos fueron acreditados a ambos reyes, calculando la
duración de su reinado.
Fechas
importantes
Un cierto número de fechas son de importancia para una adecuada
comprensión de cualquier período histórico. Los tres acontecimientos más
importantes de esta era del reino dividido, son como sigue:
931—La división del reino
722—La caída de Samaria
586—La caída de Jerusalén
Sin tener que acudir a listas tabulares para estos reinos, con fechas
para cada rey, resulta apropiado sugerir un índice cronológico para esos
siglos. El desarrollo ocurrido en el Reino del Norte conduce por sí mismo a un
esquema simple en el orden cronológico, como sigue:
931—Dinastía de Jeroboam I
909—Dinastía de Baasa
885—Dinastía de Omri
841—Dinastía de Jehú
752—Últimos reyes
722—Caída de Samaria
Todos los reyes, los profetas e importantes acontecimientos pueden ser
aproximadamente fechados utilizando esta estructura cronológica.[12]
Los acontecimientos contemporáneos en el Reino del Sur, pueden ser
convenientemente relacionados a esta estructura de referencia. Colocando los
cuatro importantes reyes de Judá en su propia
secuencia, y añadiendo una fecha, se convierte en una cuestión sencilla para
desarrollar una cronología que sirva en forma simplificada. Las fechas
aproximadas se hacen pronto aparentes sobre la base de la siguiente
perspectiva:
931—Dinastía de Jeroboam I Roboam
909—Dinastía de Baasa
885—Dinastía de Omri Josafat
841—Dinastía de Jehú
752—Últimos reyes Uzías
722—Caída de Samaría
Ezequías
640— Josías
586— Caída
de Jerusalén
Utilizando estas fechas sugeridas como un esquema útil, la cuestión de
las fechas cronológicas en el relato bíblico puede ser reducida a un mínimo.
Aunque las fechas individuales para cada rey se dan subsiguientemente, no son
necesarias para una comprensión del desarrollo general. Para propósitos de
examen las fechas arriba citadas son suficientes, mientras que las individuales
se hacen de mayor importancia para un estudio detallado.
El relato bíblico
La primera fuente literaria de la era del reino dividido es I Reyes
11:1 hasta II Reyes 25:30 y II Crón. 10:1-36:23. Puede encontrarse material
suplementario en Isaías, Jeremías y otros profetas que reflejan la cultura
contemporánea.
La única fuente que presenta un relato histórico continuo del Reino
del Norte es I Reyes 12:1 - II Reyes 17:41.
Integrado en este registro se hallan los acontecimientos contemporáneos del
Reino del Sur. Con la terminación del Reino del Norte en el año 722 a. C., el
autor del libro de los Reyes continúa el relato del Reino del Sur en II Reyes
18:1-25:30, hasta la caída de Jerusalén en el 586 a. C. Un registro paralelo
para el Reino del Sur, desde 931 a 586 a. C. se da en II Crón. 10:1-36:23, donde el autor concluye
con una referencia final al cese del cautiverio bajo Ciro (538 a. C.). El
relato en Crónicas suplementa la historia registrada en el Reino del Norte, y
en los libros de los Reyes, donde tiene una relación directa sobre los
acontecimientos del Reino del Sur.
Puesto que cada reino tuvo aproximadamente una lista de veinte gobernantes,
es esencial un simple análisis para evitar la confusión. La memorización de dos
listas de reyes con frecuencia impide un cuidadoso análisis de este período
como fondo esencial en el estudio de los mensajes profetices del Antiguo
Testamento. Puesto que todo un número de familias gobernaron el Reino del
Norte, en contraste con una sola dinastía en Judá,
sugiere un simple bosquejo basado en las dinastías remantes en Israel. Esto
puede ser utilizado como una conveniente estructura para la asociación de otros
nombres y sucesos. Nótese la siguiente:
Israel Bosquejo
en Reyes Judá
Dinastía de Jeroboam I Reyes 12-15 Roboam
Abías
Dinastía de Baasa I Reyes
15-16 Asa
Dinastía de Omri I Reyes 16-22 Josafat
II Reyes 1-9 Joram
Ocozías
Dinastía de Jehú II Reyes 10-15 Atalía
Joás
Amasias
Uzías
Últimos Reyes II Reyes 15-17 Jotam
II Reyes
18-25 Acaz
Ezequías a
Zedequías
Puesto que Israel cesó de existir como gobierno independiente, la
última parte de Reyes se dedica al relato del Reino del Sur. Israel quedó
reducida a una provincia asiria.
Para un detallado bosquejo del relato bíblico para el período del
Reino Dividido, como se da en Reyes y Crónicas, ver la siguiente relación:
Jeroboam Roboam
I Reyes
II Crón. 10:1-12:16
Abiam (Abías)
I Reyes
15:1-8
II Crón. 13:1-22
Nadab Asa
I Reyes 15:25-31 I Reyes 15:9-24
II Crón. 14:1-16:14
Baasa
I Reyes
15:32-16:7
Ela
I
Reyes 16:15-20
I Reyes 16:8-14
Zimri
Omri
I Reyes 16:21-28
Acab Josafat
I Reyes
II Crón. 17:1-20:37
Ocozías
I Reyes 22:51-53
II Reyes
1:1-18
Joram (hijo de Acab) Joram (hijo de Josafat)
II Reyes 1:17-8:15 II Reyes
8:16-24
II Crón.
21:1-20
Ocozías
II Reyes 8:25-29
II Reyes 9:1-37 II Crón. 22:1-9
Jehú Atalía
II Reyes 10:1-36 II Reyes 11:1-21
II Crón. 22:10-23:21
Joacaz Joás (hijo de Ocozías)
II Reyes 13:1-9 II
Reyes 12:1-21
II Crón.
24:1-27
Joás (hijo de Joacaz)
Amasias
II Reyes
13:10-24
II Reyes 14:1-22
II Crón.
25:1-28
Jeroboam II Uzías (Azarías)
II Reyes 14:23-29 II
Reyes 15:1-7
II Crón 26:1-23
Zacarías
II Reyes 15:8-12
Salum
II
Reyes 15:13-15
Manahem
II
Reyes 15:16-22
Pekaía
II Reyes 15:23-26
Peka
II Reyes 15:27-31
Jotam
II Reyes
15:32-38
II Crón.
27:1-9
Oseas Acaz
II Reyes 17:1-41 II
Reyes 16:1-20
II Crón.
28:1-27
Ezequías
II Reyes 18:1-20:21
II Crón.
29:1-32:33
Manases
II Reyes 21:1-18
II Crón.
33:1-20
Amón
II Reyes 21:19-26
II Crón.
33:21-25
Josías
II Reyes 22:1-23:30
II Crón. 34:1-35:27
Joacaz (Salum)
II Reyes 23:31-34
II Crón. 36:1-4
Joacim (Eliaquim)
II Reyes 23:35-24:7
II Crón. 36:5-8
Joaquín (Jeconías)
II Reyes 24:8-17
II Crón.
36:9-10
Sedequías (Matanías)
II Reyes 24:18-25:7
II Crón. 36:11-21
El exilio y retorno
II Reyes 25:8-30
II Crón. 36:22-23
Acontecimientos
concurrentes
Las relaciones internacionales son vitalmente significativas durante
esos siglos, cuando el imperio salomónico se dividió en dos reinos, y que finalmente
sucumbió a fuerzas y poderes extranjeros. Estando estratégicamente situado en
el Creciente Fértil, entre Egipto y Mesopotamia, no
podían escapar a la presión de varias naciones que surgían con gran poder
durante ese período. Consecuentemente, para una adecuada comprensión de la
historia bíblica, esas naciones merecen consideración.
El
reino de Siria[13]
El reino de Aramea, con Damasco como capital, es mejor conocido como
Siria. Durante dos siglos gozó de poder y prosperidad a expensas de Israel.
Cuando expandió su reino, derrotó a Hadad-ezer,
gobernante de Soba, y estableció amistad con Toi, rey
de Hamat. Salomón extendió la frontera de su reino a
160 kms. más allá de Damasco y Soba, conquistando Hamat sobre el Orontes y
estableciendo ciudades de aprovisionamiento en aquella zona. Durante la última
parte de su reinado, Rezón, que había sido un joven oficial militar bajo las
órdenes de Hadad-ezer en Soba con anterioridad a su
derrota por David, se apoderó de Damasco y puso los cimientos para el resurgir
del reino arameo de Siria. La rebelión surgida bajo Roboam
sirvió de pretexto a esta oportunidad. Durante dos siglos, Siria llegó a ser
un serio contendiente por el poder en la zona Sirio-Palestina.
La guerra entre Judá y el Reino del Norte,
con Asa y Baasa como respectivos gobernantes,
permitió a Siria, bajo Ben-Adad,
la oportunidad de emerger como la nación más fuerte en Canaán,
cerca del final del siglo IX a. C. Cuando Baasa comenzó a fortificar la ciudad fronteriza de Rama, a
solo ocho kms. al norte de Jerusalén, Asa envió los
tesoros del templo a Ben-Adad
como un soborno, haciendo una alianza con él y contra el Reino del Norte.
Aunque esto hizo que se cumpliese el inmediato propósito de Asa y fuese
relevado de la presión militar procedente de Baasa,
en realidad dio a Siria la superioridad, de tal forma que los dos reinos
israelitas fueron con el tiempo amenazados de invasión desde el norte. Tomando
posesión de una parte del reino de Israel en el norte, Ben-Adad estuvo en condiciones de controlar las rutas de las
caravanas a Fenicia, que proporcionó una inmensa riqueza a Damasco, reforzando
así el reino de Siria.
La supremacía de Siria como poder militar y comercial fue atemperada
por el Reino del Norte, cuando la dinastía de Omri
comenzó a gobernar en el 885 a. C. Omri quebrantó el
monopolio comercial con Fenicia, al establecer relaciones amistosas con Etbaal, rey de Sidón. Esto
resultó en el matrimonio de Jezabel y Acab. El creciente poder de Asiría en el este sirvió como
otra prueba para Siria en los días de Acab. Durante
los años que Assurnasirpal, rey de Asiría, estuvo
contento de no pasar por Siria hacia el norte, extendiendo sus contactos en el
Mediterráneo, Acab y Ben-Adad frecuentemente se opusieron el uno al otro. En el
curso del tiempo Acab ganó el equilibrio del poder.
En el 853 a. C., sin embargo, Acab y Ben-Adad unieron sus fuerzas en
la famosa batalla de Qarqar en el valle de Orontes, al norte de Hamat.[14] Aunque Salmanasar III afirmó haber
obtenido una gran victoria es dudoso de que esto fuese efectivo, puesto que no
avanzó a Hamat ni a Damasco hasta varios años más
tarde. Inmediatamente tras esto, la hostilidad sirio-efraimítica
continuó, siendo muerto Acab en una batalla. Como
Asiría renovó sus ataques contra Siria, Ben-Adad no pudo tener el apoyo de Joram.
Cuando murió Ben-Adad,
aproximadamente por el 843 a. C., Siria fue fuertemente presionada por los
invasores asirios, al igual que sufrió la falta de apoyo del Reino del Norte.
Hazael, el siguiente
gobernante, usurpó el trono y se convirtió en uno de los reyes más poderosos,
extendiendo el dominio de Siria hasta Palestina. Aunque Jehú,
el nuevo rey en Israel, se sometió a Salmanasar III pagando
impuestos (841 a. C.), Hazael resistió la invasión de
este rey asirio con sus solas fuerzas. En pocos años, Hazael
estuvo en condiciones de agrandar su reino cuando los asirios retrocedieron. Se
anexionó un extenso territorio del Reino del Norte a expensas de Jehú. Tras el año 841 a. C. Joacaz,
rey de Israel, se hallaba tan debilitado que los ejércitos de Hazael pasaron a través de su territorio y tomaron posesión
de la llanura filistea, destruyendo a Gat, exigiendo
tributo del rey de Judá en Jerusalén.
Ben-Adad (ca. 801 a. C.)
fracasó en mantener el reino establecido por su padre Hazael.
Durante los últimos años de su reinado, Adad-Nirari III de Asiría
sometió a Damasco lo bastante como para exigirle un fuerte tributo. Además de
todo esto, Ben-Adad tuvo
que enfrentarse con una hostil oposición procedente de los estados sirios del
norte. Esto dejó a Damasco en una condición tan débil que cuando la presión
asiría continuó, Joás reclamó para Israel mucho del
territorio tomado por Hazael. En los días de Jeroboam II (793-753), Siria
incluso perdió Damasco y "los accesos a Hamat",
restaurando la frontera norte sostenida por David y Salomón (II Sam. 8:5-11).
Damasco tuvo una vez más una oportunidad para afirmarse cuando el
poderoso Jeroboam murió en 753 a. C. Rezín (750-732 a. C.), el último de los reyes árameos en Damasco, volvió a ganar la independencia siria. Con la accesión al trono asirio de Tiglat-pileser III (745
a. C.) tanto Siria como Israel estuvieron sujetas a la invasión y a un pesado
tributo. Mientras Tiglat-pileser
(Pul) estaba luchando en Armenia (737-735 a. C.), Rezín y Peka organizaron una
alianza para evitar el pago del tributo. Aunque Edom
y los filisteos se unieron a Siria y a Israel en una especie de pacto anti-asirio, Acaz, rey de Judá, envió tributo a Pul,
rogándole una alianza. En respuesta a esta invitación, Pul
llevó a cabo una campaña contra los filisteos estableciendo contacto con Acaz, y por el 732 había conquistado Damasco. Sama-ria fue salvada en esta época cuando Peka
fue reemplazado por Oseas, quien voluntariamente pagó
tributo como un rey marioneta. Con, la muerte de Rezín
y la" caída de Damasco, el reino de Siria llegó a su fin, para no levantarse
de nuevo jamás.
El
gran imperio Asirlo
En el rincón nordeste del Creciente Fértil, extendiéndose en unos 563 kms. a lo largo del río Tigris y
con una anchura aproximada de 322 kms. se encontraba
el país de Asiria. El nombre probablemente se debe al
dios nacional, Asur, una de cuyas ciudades fue
llamada así. La importancia de Asiria durante el
período del reino dividido se hace aparente inmediatamente por el hecho de que
en la cima de su poder absorbió los reinos de Siria, Israel y Judá, e incluso Egipto hasta Tebas.
Por aproximadamente dos siglos y medio ejerció una tremenda influencia sobre
los acontecimientos de la tierra de Ca-naán y de aquí que con tanta frecuencia aparezca en los
registros bíblicos.
Aunque algunos eruditos trazan los comienzos de Asiria
al principio del tercer milenio, se conoce poco anterior al siglo XIX, cuando
los agresivos establecimientos comerciales de esta zona extendieron sus intereses
comerciales en el Asia Menor. En los días de Samsi-Adad I (1748-1716), Asiria gozó
de un período de prosperidad con Asur como ciudad más
importante. Por varios siglos a partir de entonces, Asiria
fue obscurecida por el reino heteo en Asia Menor y el reino mitanni
que dominaba la zona superior del Tigris-Eufrates.
La verdadera historia de Asiria tiene sus
comienzos aproximadamente en el 1100 a. C. con el reinado de Tiglat-pileser I (1114-1076 a.
C.). De acuerdo con los anales propios, extendió el poder de su nación hacia el
oeste en el mar Mediterráneo, dominando las naciones más pequeñas y débiles
existentes en aquella zona. Sin embargo, durante los siguientes dos siglos el
poder asirlo retrocede mientras que Israel, bajo David y Salomón, surge como un
poder dominante en el Creciente Fértil.
Comenzando con el siglo IX, Asiria
emerge como un poder creciente. Las listas epónimas asirías desde
aproximadamente el 892 a. C. al 648 a. C. hacen posible correlacionar e
integrar la historia de Asiria con el desarrollo de
Israel, como se registra en el relato bíblico. Asur-nasir-pal II (883-859
a. C.) estableció Cala como su capital. Tras haber desarrollado un fuerte poder
militar, comenzó a presionar hacia el oeste, aterrorizando las naciones que se
le oponían con dureza y crueldad cruzando el Eufrates
y estableciendo contactos comerciales sobre el Mediterráneo. Frecuentes contactos
con los sirios hacia el sur, tuvieron como resultado la batalla de Qar-qar sobre el río Orantes en
el 853 a. C. en los días de su hijo Salmanasar III (858-824
a. C.). En la coalición encabezada por Ben-Adad de Damasco, y Acab, rey de
Israel, se unieron 2.000 carros de batalla y 10.000 soldados constituyendo la
mayor unidad en este grupo. Aunque el rey asirio afirmó su victoria, resulta
dudoso que así fuera, ya que Salmanasar III evitó
el contacto con los sirios por varios años después de la batalla. En 848 y de
nuevo en 845 a. C., Ben-Adad
resistió dos invasiones asirías más, pero no se hace mención de cualquier
fuerza israelita que ayudara a los sirios en. aquel tiempo, Jehú,
que usurpó el trono en Samaría (841 a. C), hizo proposiciones
de subordinación a Salmanasar III enviándole
tributo. Esto dejó a Hazael, el nuevo rey de Damasco,
con el problema de resistir la agresión asiría. Aunque Salmanasar
acosó a Siria durante unos pocos años en los días de Hazael,
volvió su atención hacia las conquistas de zonas en el norte tras el año 837 a.
C., proporcionando a Canaán un respiro de la presión
asiría durante varias décadas.
Por casi un siglo, el poder asirio se pierde en las neblinas del fondo
histórico. Samsi-Adad V (823-811
a. C.) se mantuvo muy ocupado suprimiendo revueltas en varias partes de su
reino. Adad-Nirari III (810-783
a. C.) atacó Damasco antes de terminarse el siglo, capacitando a los israelitas
para obtener un respiro de la presión siria. Salmanasar IV (782-773 a. C.),
Asurdán III (772-755), y Asur-Nirari (754-745) mantuvieron
con éxito la importancia de Asiria como nación
poderosa pero no eran lo suficientemente fuertes como para ensanchar sus
dominios como había hecho el precedente gobernante.
Tilgat-pileser III (745-727 a. C.)
fue un guerrero sobresaliente que condujo a su nación a ulteriores conquistas.
En Babilonia, donde era reconocido como rey, era conocido como Pulu. I Reyes 15:19 se refiere a él como Pul. En la conquista de territorios adicionales hacia el
oeste, adoptó la política de dividir la zona en provincias sometidas para un
más seguro control. Aunque esta práctica ya había sido utilizada
anteriormente, él fue efectivo en aterrorizar a las naciones al cambiar grandes
grupos de personas en una ciudad conquistada con cautivos de una zona distante.
Esto definitivamente comprobó la posibilidad de una rebelión. También sirvió
como un proceso de nivelación lingüística, de tal manera, que el idioma arameo
desplazó a otros en el gran, territorio del reino. Al principio de su reinado, Pul exigió tributo de Manahem,
rey de Israel, y Rezín, rey de Damasco. Puesto que Judá era la nación más fuerte en Canaán
en aquella época, es posible que Azarías pudiese
haber organizado una coalición de fuerzas para oponerse a los asirios. Parece
que sus sucesores, Jotam y Acaz,
resistieron la presión procedente de Israel y Siria uniéndose a ellas al igual
que los filisteos y Edom al oponerse a Pul. En su lugar, Acaz inició
amistosas relaciones hacia Pul, en respuesta a lo
cual las fuerzas asirías avanzaron hasta el país de los filisteos en el 733 a.
C., poseyendo territorios a expensas de esas naciones opuestas. Tras un
terrible asedio, cayó la gran ciudad de Damasco, Rezín
fue muerto y el reino sirio capituló. Samaría conjuró
la conquista reemplazando a Peka con Oseas.
Salmanasar V (727-722
a. C.) siguió con los procedimientos y la política de su padre. En los días de
Oseas los israelitas estaban ansiosos de terminar con
su servidumbre a Asiria. Salmanasar
respondió con una invasión del país y por tres años sitió a Samaría. En el 722 a. C. Sargón II» que
servía como general en el ejército, usurpó el trono y fundó una nueva dinastía
en Asiria. En los registros se afirma que capturó a Samaría, aun-que algunos creen que Salmanasar
V fue quien realmente tomó la ciudad y Sargón se adjudicó el éxito. Gobernando desde 721-705 a. C.
utilizó a Asur, Cala, y Nínive
como capitales, pero finalmente construyó la gran ciudad de Korsabad, por la cual se le recuerda mejor. Su campaña
contra As-dod en el 711 puede ser la que se menciona
en Is. 20:1. El reino de Sargón
terminó abruptamente por su muerte en una batalla.
Senaquerib
(704-681 a. C.) hizo famosa la ciudad de Nínive como
su gran capital, construyendo una muralla de 12 a 15 mts.
en su entorno y de cuatro kms. de longitud, a lo
largo del río Tigris. En sus anales, él anota la
conquista de Sidón, Jope, cuarenta y seis ciudades
amuralladas en Judá, y su asalto a Jerusalén en los
días de Ezequías. En 681 fue muerto por dos de sus
hijos.
Aunque Senaquerib se había detenido en las
fronteras de Egipto, su hijo Esar-hadón
(681-668 a. C.) avanzó hacia Egipto y derrotó a Tirhaca.
Su interés en Babilonia está evidenciado por la reconstrucción de la ciudad de
Babilonia, posiblemente porque su esposa pertenecía a la nobleza de Babilonia.
Senequerib nombró a Samasumukin
como gobernante de Babilonia; pero este último se rebeló, tras un período de
gobierno de diez y seis años, contra su hermano Asurbanipal
y pereció en la quema de Babilonia (648 a. C.).15 Durante el reinado
de Esar-hadón, Manases, rey
de Judá, fue tomado cautivo en Babilonia (II Crón. 33:10-13). La muerte le llegó a Esar-hadón cuando dirigía sus
ejércitos contra Egipto.
Durante el reinado de Asurbanipal (668-630
a. C.), el Imperio Asirio alcanzó su cénit en riqueza
y prestigio. En Egipto llevó sus ejércitos hasta algo así como 800 kms. por el río Nilo capturando Tebas en el 663 a, C. La guerra civil (652 a. C.) con su
hermano, que estaba a cargo de Babilonia, resultó con la captura de dicha
ciudad en el 648. Aunque era cruel y rudo como general y militar, Asurbanipal es mejor recordado por su profundo interés en
la religión, en lo científico y en obras literarias. Enviando escribas por toda
Asiría y Babilonia para copiar registros de creación, diluvios y la antigua
historia del país, obtuvo una gran cantidad de material en la gran biblioteca
real de Nínive.
En menos de tres décadas tras la muerte de Asurbanipal,
el reino asirio, que había ejercido tan tremenda influencia por todo el
Creciente Fértil, se desvaneció, para no volver a levantarse jamás. Los tres
gobernantes que le sucedieron, fueron incapaces de enfrentarse con los reinos
que surgían en Media16 y Babilonia. Nínive
cayó en 612 a. C. Con las batallas de Harán (609) y Carquemis
(605) desapareció el último vestigio de la oposición asiría. Expandiéndose
hacia el oeste, el reino babilonio" absorbió al
Reino del Sur y destruyó a Jerusalén en el año 586 (a. C.).
***
[1] “Israel” se usa también en
la Biblia como un término para
identificar con él al pueblo fiel a Dios. Consecuentemente, su uso en la
Escritura debe ser inter-en
el contexto, de esa forma.
[2]
[3] Ver Thiele, op. cít., p. 293.
[4] Ibíd., p. 47.
[5] Ver ibid., pp. 53-54.
Admitiendo para los reinos de Ocozías y Joram durante sste período,
parece necesario considerar 853 como el último año de Acab
y 841 como el del acceso de Jehú.
[6] Ver W. F. Albright, «The Chronology of the Divided Monarchy
of Israel», Bulletin °T the American Schools of Oriental Research, n.°
100 (diciembre 1945), pp. 16-22.
[7] Ver la discusión de Thiele
de esto en el capítulo XI de «Sistemas Cronológicos
modernos». Nótese particularmente su análisis de la cronología de Albright, pp. 244-252.
[8] Ver Wright, Biblical Archaelogy,
p. 146.
[9] Para un estudio más profundo, leer el cap. II.
«Fundamental Principies of Hebrew Chronology» de
Thiele, op. cít.,
pp. 14-41.
[10] En el sistema del año de la no accesión, un año inicial del rey —tanto
si tiene o no doce meses— se cuenta como un año.
[11] El método de la no accesión era común a Egipto. Thiele atribuye este cambio a la influencia asiría, p. 41.
[12] Los acontecimientos históricos durante el reino
dividido y su era son vitalmente importantes para una conveniente comprensión
de los libros protéticos del Antiguo Testamento. Además, muchos otros profetas
tienen una parte activa en la historia de Israel.
[13] Para una historia
de Siria, ver Mernll F Ungei, lirael and the Arameans of Damascus.
[14] El rey de Siria identificado como Ben-Adad en los registros
bíblicos desde 900-843 a- C., puede referirse a dos diferentes
gobernantes con el mismo nombre. De ser así, es verosímil que el segundo Ben-Adad comenzase a gobernar
aproximadamente en el 860 a. C. Para el punto de vista de que deberían
asignarse 57 años a un rey, ver M. F. Unger, 4-rchaeology and the Oíd Testament, pp.
240-41.