Capítulo   XV

Los judíos entre

las naciones

 

 

Desde los tiempos de David, Jerusalén había englobado las esperanzas nacionales de Israel. El templo representaba el punto focal de la devoción religiosa, mientras que el trono de David sobre monte Sión proporcionaba, al menos para el reino de Judá, el optimismo político para la supervivencia na­cional. Aunque Jerusalén había sido reducida desde su prominente posición de respeto y prestigio internacional en la era de la gloria salomónica, al es­tado de vasallaje en los días fatídicos del triunfo asirio, todavía se ergía como la capital de Judá cuando Nínive fue destruido en el 612 a. C. Por cuatro siglos, había continuado como la sede del gobierno del trono de David, mientras que Damasco, Samaría, y Nínive con sus respectivos gobiernos se habían levantado y hundido.

Jerusalén fue destruida en el 586 a. C. El templo fue reducido a cenizas y los judíos hechos cautivos. El territorio conocido como reino de Judá, fue absorbido por los edomitas en el sur y la provincia babilónica de Samaría en el norte. Demolida y desolada, Jerusalén se convirtió en el objeto de burla de las naciones.

Mientras que el gobierno de Jerusalén permaneció intacto, los anales fueron guardados. El Libro de los Reyes y el de las Crónicas, representan la historia continuada del gobierno davídico en Jerusalén. Con la termina­ción de una existencia nacionalmente organizada, es improbable que los ana­les pudieran guardarse, al menos no hay ninguno disponible hasta la fecha. En consecuencia, se conoce poco respecto al bienestar general del pueblo diseminado por Babilonia. Sólo algunas referencias limitadas de fuentes escriturísticas y extrabíblicas aportan alguna información concerniente a la fortuna de los judíos en el exilio.

El nuevo hogar de los judíos fue Babilonia. El reinado neo-babilónico reemplazó al control asirio en el oeste, fue el responsable de la caída Jerusalén. Los judíos permanecieron en el exilio tanto tiempo como los gobernantes babilonios mantuvieron una supremacía internacional. Cuando Babilonia fue conquistada por los medo-persas en el 539 a. C., a los judíos se les garantizó el privilegio de reestablecerse en Palestina. Aunque algunos de ellos comenzaron a reconstruir el templo y rehabilitar la ciudad de Jerusalén, el estado judío nunca volvió a ganar su completa independencia, sino que permaneció como una provincia del Imperio Persa. Muchos judíos se mantuvieron en el destierro, sin retornar jamás a su patria natal.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esquema V   tiempos del exilio

 

 

639

626

609

 

 

605

 

 

597

 

594

588

586

 

 

568

562

 

560

559

556

 

539

 

 

530

 

522

 

 

 

515

 

 

485

479

 

 

 

464

457

444

423

 

 

 

404

 

JUDA

 

Josías

 

Joacaz Joacim

 

 

 

 

Joaquín Sedequías

 

 

Destrucción de Jerusalén

 

 

 

 

 

 

 

 

Edicto— retorno de los judíos

 

 

Zorobabel Hageo Zacarías

 

Templo completado

 

 

 

 

 

 

 

Esdras

Nehemías

BABILONIA

 

 

Nabopolasar

 

 

 

Nabucodonosor

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Awel-Marduc

 

Neriglisar

 

Nabónido (Belsasar) Caída de

Babilonia

 

MEDO-PERSA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ciro

 

 

 

 

Cambises

Darío

 

 

 

 

 

 

 

Jerjes

 

(Ester)

 

 

Artajerjes

 

 

Darío II

 

 

 

Artajerjes II

 

EGIPTO

 

 

 

Necao

 

 

 

 

 

Samético

 

 

Apries

 

 

 

Amasis

 

Babilonia —626-539 a. C.

Bajo la dominación asiría, Babilonia había constituido una provincia muy importante. Aunque se hicieron repetidos intentos por los gobernantes babilo­nios para declarar su independencia, no lo consiguieron hasta la muerte de Asurbanipal aproximadamente en el 633 a. C.[1] Samasumukin llegó a ser gobernador de Babilonia de acuerdo con un tratado hecho por Esarhadón.[2] Tras un gobierno de dieciseis años, Samasumukin se rebeló contra su herma­no Asurbanipal y pareció en el asedio e incendio de Babilonia (648 a. C.). El sucesor nombrado por Asurbanipal fue Kandalanu cuyo gobierno terminó muy probablemente en una fracasada rebelión (627 a. C.). La rebelión con­tinuó en Babilonia bajo la incertidumbre del gobierno asirio tras la muerte de Asurbanipal.[3] Nabopolasar surgió como el líder político que continuó como campeón de la causa de la independencia de Babilonia.

 

Nabopolasar 626 - 605 a. C.[4]

La oposición de Nabopolasar a las fuerzas asirías que marchaban con­tra Nipur, a 97 kms. al sudeste de Babilonia, precipitó el asalto asirio. La triunfante resistencia de Babilonia a este ataque, resultó en el reconoci­miento de Nabopolasar como rey de Babilonia en noviembre 22-23, del 626 a. C.[5] Por el año 622, aparentemente era lo suficiente fuerte como para con­quistar Nipur, que era estratégicamente importante para el control del trafico sobre los ríos Tigris y Eufrates.[6]

En el 616 a. C. Nabopolasar derrotó a los asirios hacia el norte a lo lar­go del Eufrates, empujándoles hasta Harán, volviendo con un lucrativo botín producto del saqueo y la rapiña antes de que el ejército asirio pudiese lanzar un contrataque.[7] Esto fue la causa de que Asiría se aliase con Egipto, que nabia sido liberado de la dominación asiría por Samético I, en el 654 a. C.[8]

Tras repetidos ataques sobre Asiria, la ciudad de Asur cayó en manos de los medos bajo Cyáxares en el 614 a. C. El resultado de los esfuerzos de Babilonia para ayudar a los medos en la conquista fue un pacto medo-babilónico confirmado por el matrimonio.[9] En el 612 a. C. los medos y los babilonios convergieron sobre Nínive, devastando la gran, capital asiría y dividiendo el botín.[10] Pudo muy bien haber sido que Sinsariskun, el rey asirio, pereciese en la destrucción de Nínive.

 

 

 

 

 

Los asirios que se las arreglaron para escapar, se retiraron hacia el oes­te a Harán. Durante varios años los babilonios hicieron ataques por sorpresa y realizaron conquistas en varios puntos a lo largo del Eufrates, pero evi­taron cualquier conflicto directo con Assur-Uballit, el rey asirio de Harán. En el 609 a. C., con el apoyo de Umman-manda, y sus fuerzas, Nabopolasar marchó hacia Harán. Los asirios, que por aquel tiempo se habían unido a las fuerzas egipcias abandonaron Harán y se retiraron a las riberas occidentales del Eufrates. Consecuentemente, Nabopolasar ocupó Harán sin lucha, dejan­do una guarnición allí, cuando volvió a Babilonia. El ejército babilonio vol­vió a Harán cuando Assur-Uballit intentó recapturar la ciudad. En esta oca­sión, Assur-Uballit aparentemente escapó con sus fuerzas asirías hacia el nor­te, hacia Urartu ya que Nabopolasar dirigía su campaña en aquella zona, sin que haya ulterior mención en las crónicas de los asirios ni de Assur-Uballit.[11]

Después de haber dirigido sus expediciones hacia el nordeste durante unos cuantos años, Nabopolasar renovó sus esfuerzos para rivalizar con las tropas egipcias a lo largo del Alto Eufrates. A finales del 607 y continuando en el año siguiente, los babilonios tuvieron varios encuentros con los egip­cios y volvieron a su origen a principios del 605. Esta fue la última vez que Nabopolasar condujo su ejército a la batalla.

 

Nabucodonosor[12] -605 - 562 a. C.

En la primavera del 605 a. C., Nabopolasar envió a Nabucodonosor, el príncipe coronado, y el ejército babilonio para resolver la amenaza egipcia sobre el Alto Eufrates.[13] Con determinación, marchó directamente a Car-quemis, que los egipcios tenían en sus manos desde el 609, en ocasión que Necao fue para ayudar a las fuerzas asirías. Los egipcios fueron decisivamen­te derrotados en Carquemis a principios de aquel verano. En persecución de sus enemigos, los babilonios entablaron otra batalla en Hamat. Nabucodonosor tenía el control de Siria y Palestina y los egipcios se retiraron a su propio país. Wiseman observa correctamente que esto tuvo un decisivo efecto sobre Judá.[14] Aunque Nabucodonosor pudo haberse establecido en Ribla, que más tarde se convirtió en su cuartel general, él, sin duda, envió su ejér­cito lo bastante al sur para expulsar a los egipcios de Palestina. Joacim, que era un vasallo de Necao, se convirtió entonces en subdito de Nabucodo­nosor. Los tesoros del templo de Jerusalén y los rehenes, incluyendo a Da­niel, fueron tomados y llevados a Babilonia (Dan. 1:1).

En agosto, el 15 ó 16 del 605 a. C. Nabopolasar murió.[15] El principe co­ronado inmediatamente corrió hacia Babilonia. El día de su llegada, el 6 6 7 de septiembre, Nabucodonosor fue coronado rey de Babilonia. Habiendo asegurado el trono, volvió con su ejército al oeste para asegurar la posición de Babilonia y la recaudación de tributos. Al año siguiente (604) marchó con su ejército a Siria una vez más. Esta vez requirió de los reyes de varias ciudades que se presentasen ante él con tributos. Junto con los gobernantes de Damasco, Tiro y Sidón, Joacim, rey de Jerusalén, también se sometió permaneciendo sujeto a los babilonios durante tres años (II Reyes 24:1).[16] Ascalón resistió la esperanza irreal de Babilonia de que Egipto viniese en su ayuda.[17] Nabucodonosor dejó esta ciudad en ruinas cuando volvió a Babilo­nia en febrero del 603.

Durante los años siguentes, el control de Nabucodonosor sobre Siria y Palestina no fue seriamente desafiado. En el 601, el ejército babilonio des­plegó una vez más su poder marchando victoriosamente en Siria y ayudando a los gobernantes locales en la recolección de los tributos. Aquel año, más tarde, Nabucodonosor tomó el mando personal del ejército y marchó a Egipto.[18] Necao II mandaba las fuerzas reales para hacer frente a la agresión babilónica. La crónica babilonia declara francamente que por ambas partes se sufrió tremendas pérdidas en el conflicto.[19] Es muy verosímil que este contra­tiempo contase para la retirada de Nabucodonosor y su concentración duran­te el año siguiente, en reunir caballos y carros de combate para reequipar sus ejércitos. Esto pudo también haber desalentado al monarca babilonio de invadir a Egipto en muchos años por venir.[20] En el 599, los babilonios vol­vieron a Siria para extender su control del Desierto Sirio del oeste y para fortificar Ribla y Hamat como bases fuertes para la agresión contra Egipto.[21]

En diciembre del 598 a. C., Nabucodonosor una vez más marchó con su ejército hacia el oeste. Aunque el relato de la crónica es breve, identifica definitivamente a Jerusalén como objetivo.[22] Aparentemente Joacim había denegado el tributo de Nabucodonosor en dependencia sobre Egipto, incluso aunque Jeremías le había advertido constantemente contra tal política. De acuerdo con Josefo, Joacim fue sorprendido cuando la marcha de los babilo­nios estaba dirigida contra él en lugar de Egipto.[23] Tras un corto asedio Jerusalén se rindió a los babilonios en marzo, los días 15 y 16 del año 597 a. C.[24] Puesto que Joacim había muerto el 6-7 diciembre del 598, su hijo Joaquín, fue el rey de Judá que realmente hizo la concesión.[25] Con otros miembros de la real familia y unos 10.000 ciudadanos sobresalientes de Jerusalén, Joaquín fue llevado cautivo a Babilonia. Además los vastos te­soros de Judá fueron confiscados para Babilonia. Sedequías, como tío de Joaquín, fue nombrado rey marioneta en Jerusalén.

Para los años 596-594, a. C., las crónicas de Babilonia informan que Nabucodonosor continuó su control en el oeste, encontrando alguna oposi­ción en el este y suprimió una rebelión en Babilonia. Las últimas líneas de las crónicas existentes, establecen que en diciembre del 594 a. C., Na­bucodonosor reunió sus tropas y marchó contra Siria y Palestina.[26] Por los restantes treinta y tres años del reinado de Nabucodonosor, no se tiene registros oficiales, tales como esas crónicas, ni hay disponibles ningunos otros documentos históricos.

Las actividades de Nabucodonosor en Judá en la siguiente década, están bien atestiguadas en los registros bíblicos de los Libros de los Reyes, Cró­nicas y Jeremías. Como resultado de la rebelión de Sedequías, el asedio de Jerusalén comenzó en enero del 588. Aunque el sitio fue temporalmente le­vantado, conforme los babilonios dirigían sus esfuerzos contra Egipto, el reino de Judá finalmente capituló. Sedequías trató de escapar, pero fue cap­turado en Jericó y llevado a Ribla, donde sus hijos fueron muertos a su vista. Tras haber sido cegado, fue llevado a Babilonia donde murió. El 15 de agosto del 586 a. C., comenzó la destrucción final de Jerusalén en los tiempos del Antiguo Testamento.[27] Desierta de su población mediante el exilio, la capital de Judá fue abandonada convertida en un montón de ruinas. Así acabó el gobierno davídico de Judá en los días de Nabucodosor.

Otra tablilla del Museo Británico que aparece ser un texto religioso y no una parte de la serie de las Crónicas Babilónicas, informa de una cam­paña de Nabucodonosor en su trigésimo séptimo año de su reinado (568-67) contra el faraón Amasis.[28] Parece que Apries, el rey de Egipto, había sido derrotado por Nabucodonosor en el 572 y reemplazado en el trono por Arnasis. Cuando el último se rebeló en el 568-67, Nabucodonosor marchó con su ejército contra Egipto.

El extenso programa de construcciones de Nabucodonosor es bien cono­cido por las incripciones procedentes del propio rey.[29] Habiendo heredado un reino firmemente establecido, Nabucodonosor durante su largo reinado, dedicó intensos esfuerzos hacia la construcción de diversos proyectos en Babilonia. La belleza y majestad de la real ciudad de Babilonia, no fue sobrepasada en los tiempos antiguos. La arrogante afirmación de Nabucodonosor de que él construyó aquella gran ciudad por su poder y para su gloria, está reconocido como históricamente precisa (Dan. 4:30).[30]

Babilonia estaba defensivamente fortificada por un foso y una doble muralla. Por la ciudad, un vasto sistema de calles y canales fue construido para facilitar el transporte. Junto con la amplia calle procesional, y en el palacio, había leones, toros y dragones hechos de ladrillos de colores esmal­tados. La puerta de Istar marcaba la impresionante entrada a la calle. Los ladrillos utilizados en construcciones ordinarias, llevaban la marca impresa con el nombre de Nabucodonosor. A este famoso rey se le acredita !a exis­tencia de casi veinte templos en Babilonia y Borsippa.[31] La más sobresaliente empresa en el área del templo fue la reconstrucción del ziggurat. Los jardines colgantes construidos por Nabucodonosor para complacer a su reina meda, fueron considerados por los griegos como una de las siete maravillas del mundo.

El estudio de unas trescientas tablillas cuneiformes encontradas en un edificio embovedado cerca de la puerta de Istar, ha dado como resultado la identificación de los judíos en la tierra del exilio durante el reinado de Nabucodonosor.[32] En estas tablillas, fechadas en 595-570 a. C, están ano­tadas las raciones asignadas a los cautivos procedentes de Egipto, Filistia, Fenicia, Asia Menor, Persia y Judá. Lo más significativo es la mención de Joacim con sus cinco hijos o príncipes. Resulta claro de tales documentos que los babilonios, lo mismo que los judíos, reconocieron a Joaquín como heredero al trono judío.

La gloria del reino babilónico comenzó a desvanecerse con la muerte de Nabucodonosor en el 562 a. C. Sus triunfos habían agrandado el pequeño reino de Babilonia extendiéndolo desde el Próximo Oriente, de Susa hasta el Mediterráneo, desde el Golfo Pérsico hasta el alto Tigris y desde las Montañas de Taurus hasta la primera catarata en Egipto. Como constructor aventurero, hizo de la ciudad de Babilonia la más potente fortaleza conocida en el mundo, adornada con un esplendor y una belleza inigualados. El poder y el genio que caracterizaron su reinado de 43 años, nunca fueron igualados por ninguno de sus sucesores.

 

Awel-Marduc 562-560 a. C.

Awel-Marduc, también conocido como Evil-merodac, gobernó sólo dos años sobre el imperio que había heredado de su padre. Aunque Josefo[33] le estima como un gobernante rudo, la Escritura indica su generosidad hacia Joaquín.[34] Este rey de Judá que había sido conducido al exilio en el 597 a. C., fue entonces dejado en libertad a la edad de cincuenta y cinco años. El reinado de Awel-Marduc terminó bruscamente al ser asesinado por Neriglisar que fue entronizado el 13 de agosto del año 560 a. C.[35] 560-556 a. C.

Neriglisar llegó al trono o bien con el apoyo de una revolución apoyada por los sacerdotes y el ejército, o como heredero por virtud de su matrimo­nio con la hija de Nabucodonosor.[36] Es muy posible que Neriglisar esté co­rrectamente identificado con Nergal-sarezer[37] el "Rabmag" u oficial jefe que dejó en libertad a Jeremías en el 586 tras la conquista de Jerusalén (Jer. 39:3, 13). Popularmente conocido por Nereglisar es mencionado en contra­tos en Babilonia y en Opis como el hijo de un rico propietario de tierras.[38] De acuerdo con otro texto que ha sido fechado en el reinado de Nabucodo­nosor, Neriglisar fue nombrado para controlar los asuntos de templo del Sol en Sippar.[39] Si Neriglisar es el individuo mencionado por tal nombre en contratos allá por el año 595 a. C., entonces tuvo que haber sido un hom­bre de edad madura o ya viejo cuando se apoderó del trono de Babilonia.

Hasta recientemente, Neriglisar fue primeramente conocido por sus acti­vidades en la restauración del templo Esagila de Marduc en Babilonia y el de Ezida de Nebo en Borsippa. Además volvió a construir la capilla del destino (punto focal del festival del Año Nuevo en Babilonia), reparó un viejo palacio y construyó canales como se esperaba de cualquier rey. La crónica de una nueva tablilla recientemente publicada, retrata a Neriglisar como agresivo y vigoroso en mantener el orden y el control por todo el imperio.[40]

En el tercer año del reinado de Nereglisar, Appuasu, rey de Pirindu en el oeste de Cilicia, avanzó a través de la llanura costera hasta el de Cilicia este para atacar y rapiñar Hume. Nereglisar inmediatamente puso en movi­miento su ejército para rechazar al invasor y perseguirle hasta Ura, más allá del río Lamos. Appuasu escapó pero su ejército quedó disperso. En lu­gar de avanzar hacia Lidia, Neriglisar marchó hacia la costa para conquistar la isla rocosa de Pitusu con una guarnición de 6.000 hombres, exhibiendo su capacidad en el uso de las fuerzas de mar y tierra. Volvió a Babilonia en febrero-marzo del 556 a. C.

Cilicia había sido controlado anteriormente por los reyes asirios, pero volvió a ganar su independencia tras la muerte de Asurbanipal, ca. 631 a. C. Aunque no hay crónicas babilónicas disponibles concernientes al reino de Nabucodonosor tras su décimo año de reinado (594 a. C.), se ha sugerido que conquistó Cilicia entre el 595 y 570.[41] En la lista de prisioneros reteni­dos en cautividad en Babilonia durante este período, aparecen referencias del exilio de Pirindu y Hume.[42]

Tras Neriglisar muerto en el 556 a. C, su joven hijo, Labassi-Marduc gobernó por unos cuantos meses. Entre los cortesanos que depusieron y ma­taron el joven rey, se hallaba Nabónido que se hizo cargo del trono.

 

Nabónido 556-539 a. C. ,

Cuando Nabónido comenzó a reinar, afirmó que era el verdadero suce­sor del trono de Babilonia.[43] Marduc fue sólo debidamente reconocido en el festival del Nuevo Año el 31 de mar/o del 555 a. C., con Nabónido no solo participando como rey, sino también proporcionando elaborados regalos para el templo de Esagila.[44]

El interés religioso del nuevo rey no tuvo raíces en Babilonia, sino en Harán, donde sus padres devotamente prestaban culto al dios-luna Sin. Desde la destrucción del templo de Sin en Harán en el 610 a. C., que fue cuidadosamente atribuido a Medes, este culto no volvió a ser restaurado. Nabónido hizo convenientemente un tratado con Ciro, quien se rebeló contra los medos, de tal forma que el gobernante de Babilonia pudo restaurar el culto de Sin en Harán. Se concentró en su interés religioso con tal devoción, que por varios años suspendió las celebraciones del Año Nuevo en Babilonia, fallando en aparecer en la procesión de Marduc.[45] Este anual culto ritual, siempre había llevado un lucrativo aporte de negocios y comercio para los hombres de negocios de Babilonia. Así la suspensión durante varios años ofendió no solo a los sacerdotes, sino a los grandes comerciantes en aquella gran ciudad. El resultado fue que en el 548 a. C., Nabónido se vio obligado a delegar su autoridad en Belsasar y retirarse a la ciudad de Tema en Arabia. Ahí Nabónido manifestó un interés en el negocio de las caravanas al igual que en la promoción, del culto del dios-luna.[46]

Aunque Nabónido descartó a la ciudad de Babilonia, intentó mantener el imperio. En el 554 envió ejércitos a Hume y a las montañas de Amanus y hacia el sur a través de Siria, y por el fin del año 553 había matado al rey de Edom. Desde allí avanzó hacia Tema, donde construyó un palacio. Algún tiempo más tarde, Belsasar recibió el control de Babilonia, puesto que la crónica para cada año desde el 549 al 545 a. C., comienza con la declara­ción de que el rey estaba en Tema[47]

Mientras tanto, Ciro había avanzado hacia Media. Por el 550 había ganado la partida y conquistado Ecbatana, reclamando el gobierno de Media sobre Asiría y más allá del Creciente Fértil. Tres años más tarde, marchó con su ejército a través de las puertas de Cilicia a Capadocia, donde se en­frentó con Creso de Lidia en una batalla indecisa. Aunque el equilibrio de poder había sido suficientemente perturbado cuando Ciro venció a los me­dos que Nabónido de Babilonia, Amasis de Egipto, y Creso habían for­mado una alianza, ninguno de estos últimos aliados estaba allí para ayudar.[48] Creso se retiró a Sardis esperando que en la próxima primavera recibiría suficiente apoyo para arrollar al enemigo. Aún en pleno invierno, Ciro avan­zó al oeste hacia Sardis en un movimiento de sorpresa y capturó a Creso en la caída del 547 a. C. Con el mayor enemigo del oeste derrotado, Ciro volvió a Persia.

Indudablemente, estos acontecimientos perturbaron gravemente a Nabóaido y retornó a Babilonia. Por el 546 a. C. el festival anual del Año Nuevo no había tenido lugar durante un buen número de años debido a la ausencia del rey; había prevalecido la falta de gobierno y los

desfalcos y el pueblo estaba sometido a injusticias económicas.[49] En los años siguientes, conforme Ciro iba extendiendo su imperio en territorio del Irán, ciudades tales como Susa, bajo el liderazgo de Gobrías, se rebelaron contra el pacto babilónico con Ciro. En su desesperación, Nabónido rescató a algunos dioses en tales ciudades y los llevó a Babilonia.

En el día de Año Nuevo, en abril del 539, Nabónido realizó el intento de celebrar el festival adecuadamente.[50] Aunque muchos dioses de las ciudades circundantes fueron traídos, los sacerdotes de Marduc y Nebo no se unieron con entusiasmo en apoyo del rey. El 11 de octubre del 539, la ciudad de Sippar temió tanto a Ciro que se rindió sin presentar batalla. Dos días más tarde Gobrías tomó Babilonia con las tropas de Ciro. Mientras Belsasar era muerto, Nabónido pudo haber escapado; pero fue capturado y aparente­mente recibió un favorable trato después de puesto en libertad. Antes del fin del mes de octubre, Ciro entró en Babilonia como vencedor y conquis­tador.[51]

 

Persia —539-400 a. C.

Al principio del primer milenio a. C., olas sucesivas de tribus arias invadieron y se establecieron sobre la planicie persa.[52] Dos grupos surgieron eventualmente como históricamente importantes: los medos y los persas.

Bajo el dinámico gobierno y mandato de Cyáxares, Media se afirmó como una amenaza de la supremacía asiría durante la última mitad del siglo VII. En el 612 a. C., las fuerzas combinadas de Media y Babilonia destruye­ron a Nínive. El matrimonio de Nabucodonosor con la nieta de Cyáxares selló esta alianza estableciéndose un delicado equilibrio de poder a través de todo el período de la expansión babilónica y su supremacía.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL IMPERIO PERSICO

ca. 500 A. C.

 

Ciro el Grande 559-530 a. C.

Persia se convirtió en un poder internacional de primer rango bajo Ciro el Grande.[53] Llegó al trono en el 559 como vasallo de Media, teniendo bajo su control solamente a Persia y algún territorio elamita conocido por Anshan. para él, existían muchos territorios que conquistar. Astiages (585-550) ejercitó un débil gobierno sobre el Imperio Medo. Babilonia era todavía muy poderosa bajo Neriglisar, pero comenzó a mostrar signos de debilidad con­forme Nabónido descuidó los asuntos del estado para dedicar su tiempo a la restauración del culto a la luna en Harán. Lidia, en el lejano oeste, se había aliado con Media, mientras que Amasis de Egipto, estaba nominalmente bajo el control de Babilonia.

Ya en época temprana de su reinado, Ciro consolidó a las tribus persas bajo su mandato.

Después hizo un pacto con Babilonia contra Media. Cuan­do Astiages, el gobernante de los medos trató de suprimir la revuelta, su propio ejército se rebeló e hizo que su rey se volviese hacia Ciro. En su resultante subyugación a Persia, los medos continuaron jugando un importan­te papel (ver Ester 1:19; Dan. 5:28, etc.).

Desde el oeste, Creso, el famoso rey colmado de riquezas de Lidia, cru­zó el río Halys para desafiar el poderío persa. Atravesando Babilonia en la primavera del 547, Ciro avanzó a lo largo del Tigris y cruzó el Eufrates en Capadocia. Cuando Creso declinó las ofertas conciliatorias de Ciro, los dos ejércitos se enfrentaron en una batalla decisiva. Aproximándose el invier­no, Creso retiró a su ejército y se marchó a su capital en Sardis con una fuerza protectora mínima. Anticipando que Ciro le atacaría en la siguiente primavera, solicitó ayuda de Babilonia, Egipto y Grecia. En un movimiento de sorpresa, Ciro se dirigió inmediatamente sobre Sardis. Creso disponía de una caballería superior, pero le faltaba infantería para resistir el ataque. Ciro, astutamente, colocó camellos al frente de sus tropas. En cuando los caballos lidios olieron el hedor de los camellos, se sintieron atacados por el terror y se hicieron ingobernables. Por esta causa, los persas ganaron la ventaja de la sorpresa y dispersaron al enemigo. Asegurándose Sardis y Mileto, Ciro resolvió su encuentro con los griegos en la frontera occidental y se volvió hacia el este para conquistar otras tierras.[54]

En el este, Ciro marchó victoriosamente con sus ejércitos por los ríos Oxus y Jaxartes, reclamando el territorio Sogdiano y extendiendo la sobe­ranía persa hasta las fronteras de la India.[55] Antes de volver a Persia, había duplicado la extensión de su imperio.

La próxima empresa de Ciro fue el dirigirse hacia las ricas y fértiles «anuras de Babilonia, donde una población insatisfecha con las reformas de Nabónido estaba dispuesta a darle la bienvenida al conquistador. Ciro Presintió que el momento estaba maduro para la invasión y no perdió el tiempo en conducir sus tropas a través de las montañas, aprovechando sus pasos, y evitando los aluviones. Conforme varias importantes ciudades tales como Ur, Larsa, Erec, y Kish apoyaban a la conquista persa, Nabónido rescató a los dioses locales y se los llevó para salvaguardarlos a la gran, ciu­dad de Babilonia, que se suponía era inexpugnable. Pero los babilonios se retiraron ante el avance del invasor. Al poco tiempo, Ciro se establecía como el rey de Babilonia.

En Babilonia Ciro fue aclamado como el gran liberador. Los dioses que habían sido tomados de las ciudades circundantes fueron devueltos a sus templos locales. No solo reconoció Ciro a Marduc como el dios que le había entronizado como rey de Babilonia, sino que permaneció allí durante varios meses para celebrar el festival del Año Nuevo.[56] Aquello fue un excelente comportamiento político para asegurarse el apoyo popular, conforme asu­mía el control del vasto Imperio Babilónico, extendiéndose al oeste a tra­vés de Siria y Palestina hasta las fronteras de Egipto.

Los asirios y babilonios fueron notorios por su política en llevar pueblos conquistados a territorios extranjeros. La consecuencia de semejante po­lítica distinguió a Ciro como un conquistador al que se le daba la bienvenida. Alentó a pueblos desarraigados a que volviesen a sus países de origen y a que restaurasen a los dioses en sus templos.[57] Los judíos, cuya ciudad capi­tal y cuyo templo todavía yacían en, ruinas, se encontraron entre aquellos a quienes benefició la benevolencia de Ciro.

En el 530 Ciro condujo su ejército hasta la frontera del norte. Mientras invadía el país existente más allá del río Araxes al oeste del Mar Caspio, fue mortalmente herido en la batalla. Cambises llevó el cuerpo de su padre a Pasargade, la capital de Persia, para darle un adecuado enterramiento.

La tumba que Ciro había construido para sí mismo, se hallaba sobre una plataforma de una elevación de cinco mts. con seis escalones que conducían a un pavimento rectangular de 13 por 15 mts.[58] Allí fue depositado en un sarcófago de oro descansando en una mortaja de oro labrado. Ornamentos adecuadamente elaborados, joyas costosas, una espada persa y tapices de Babilonia y otros lujosos adornos fueron cuidadosamente colocados en el lugar del eterno descanso del que había sido el creador de tan gran imperio. Rodeando el pavimento, existía un canal y más allá unos bellísimos jardines. Una guardia real montaba vigilancia cerca de su tumba. Cada mes se le sacrificaba un caballo al distinguido héroe. Dos siglos más tarde, cuando Alejandro Magno descubrió que los vándalos habían rapiñado la tumba, ordenó la restauración del cuerpo al igual que los demás tesoros.[59] Todavía hoy, la tumba vacía es testigo de la grandeza de Ciro, que ganó para Persia su imperio, aunque eventualmente fue saqueado el lugar de eterno descanso que el gran Ciro había preparado tan elaboradamente.

 

Cambises 530-522 a. C.

Cuando Ciro abandonó Babilonia en el 538 a. C., nombró a su hijo Cambises para representar al rey persa en las reales procesiones del día del Año Nuevo. Debidamente reconocido por Marduc, Nebo y Bel y rete­niendo a los oficiales y dignatarios de Babilonia, Cambises quedó bien establecido en Babilonia con su cuartel general en Sippar.

Con la súbita muerte de Ciro en el 530, Cambises se confirmó a sí mismo rey de Persia. Tras haber recibido el reconocimiento de varias pro­vincias que su padre había sometido al poder del trono, Cambises volvió su atención a la conquista de Egipto, que todavía quedaba más allá de los lazos del imperio.

Amasis hacía años que se había anticipado a los sueños imperialistas de Persia. En el 547 pudo haber tenido una alianza con Creso. El también hizo amistades y buscó una coalición con los griegos.

En su camino hacia Egipto, Cambises acampó en Gaza, donde adquirió camellos de los nabateanos[60] para la marcha de 88 kms. a través del desier­to. Dos hombres que traicionaron a Amasis, se unieron al grupo del con­quistador. Fanes, un jefe mercenario griego, desertó del faraón y proporcionó a Cambises una importante información militar. Polícrates de Samos rompió su alianza con Amasis para ayudar a Cambises con tropas griegas y con barcos.

Al llegar al Delta del Nilo, supo que el viejo Amasis había muerto. El nuevo faraón, Samtik III, hijo de Amasis, hizo frente a los invasores con mercenarios griegos y sold