Capítulo XVI
La
buena mano
de Dios
Con la crisis
internacional del 539 a. C., mediante la cual Persia ganó la supremacía sobre
Babilonia, dio la oportunidad a los judíos para volver a establecerse en
Jerusalén. Pero por la época, muchos de los exiliados estaban tan
confortablemente situados junto a las aguas de Babilonia, que ignoraron el
decreto que les permitía retornar a Palestina. Consecuentemente, la tierra del
exilio continuó siendo el hogar de los judíos para las generaciones que habían
de venir.
Las fuentes
bíblicas tratan en primer lugar con los exiliados que retornaron a su hogar
patrio. Las memorias de Esdras y Nehemías, aunque breves y selectivas, prestan
los hechos esenciales que conciernen al bienestar del restaurado estado judío
en Jerusalén. Ester, el único libro del Antiguo Testamento dedicado en
exclusividad a los que no volvieron, también pertenece a este período. Con
objeto de mantener una secuencia histórica, el presente estudio trata la
historia de Ester junto con Esdras y Nehemías. Cronológicamente, esta materia
se divide en cuatro períodos: (1) Jerusalén restablecido, Esdras 1-6 (ca. 539-515 a. C.); (2) Ester la Reina, Ester 1-10 (ca. 483); (3) Esdras el reformador, Esdras 7-10 (ca. 457); (4) Nehemías el Gobernador, Neh. 1:13 (ca. 444).
Jerusalén
restablecido
De cara a la
oposición y a los sufrimientos de Judea, los judíos que habían vuelto no
estuvieron en condiciones inmediatamente de completar 'a construcción del
templo. Transcurrieron aproximadamente veintitrés años antes de que lograran su
primer objetivo. El relato, según está dado por Esdras, puede ser
convenientemente subdividido como sigue:
I. Retorno de
Babilonia a Jerusalén Esdras
1:1-2:70
El edicto de
Ciro 1:1-4
La preparación 1:5-11
La lista de
emigrantes 2:1-70
II. El establecimiento en
Jerusalén 3:1-4:24
La erección del
altar: el culto instituido 3:1-3
La observancia
de las Fiestas del Tabernáculo 3:4-7
La colocación
de los cimientos del Templo 3:8-13
Terminación de
la construcción 4:1-24
(Oposición en
tiempos posteriores) 4:6-23
III. El nuevo Templo 5:1-6:22
Los líderes
entran en acción 5:1-2
Llamamiento a
Darío 5:3-17
El decreto real
6:1-12
El Templo
completado 6:13-15
El Templo
dedicado 6:16-18
Institución de
las Fiestas 6:19-22
El retorno de
Babilonia
Cuando Ciro
entró en la ciudad de Babilonia en el 539, afirmó que había sido enviado por Marduc, el jefe de los dioses babilónicos, quien buscaba un
príncipe justo.[1]
Consecuentemente, la ocupación de Babilonia ocurrió sin ninguna batalla, ni la
destrucción de la ciudad. Inmediatamente, Ciro anunció una política que era el
reverso exacto de la práctica brutal de desplazar a los pueblos conquistados.
Comenzando con, Tiglat-pileser
III (745) los reyes asirios
habían aterrorizado a las naciones subyugadas, trasladando a sus gentes a
distantes tierras. Por tanto, los babilonios habían seguido el ejemplo asirlo.
Ciro, por otra parte, proclamó públicamente que el pueblo desplazado podía volver
a su hogar patrio y rendir culto a sus dioses en sus propios santuarios.[2]
Hay dos copias
de la proclamación de Ciro para los judíos que están preservadas en el libro
de Esdras. El primer relato (1:2-4) está en hebreo, mientras que el segundo
(6:3-5) está redactado en arameo. Un estudio reciente revela que el último
representa un "dikrona", un término oficial
arameo que denota un decreto oral dado por un gobernante.[3]
Esto no se hacía con la intención de ser publicado, sino que servía como un memorándum para que el oficial apropiado
iniciara una acción legal. Esdras 6:2 indica que la copia aramea estuvo situada
en los archivos del gobierno en Ecbatana, la
residencia de verano de Ciro en el 538 a. C.
El documento
hebreo fue preparado para su publicación en destino a los israelitas en el
exilio. En las comunidades judías por todo el imperio, fue verbalmente
anunciado en idioma hebreo. Adaptándolo a su religión, el rey persa afirmó que
él estaba comisionado por el Señor Dios de los cielos para construir
un templo en Jerusalén. De acuerdo con esto, permitió a los judíos que volviesen al país de Judá. Alentó a aquellos que permanecieron para ayudar a los
emigrantes con ofrendas de oro, plata, bestias y otros suministros para el
restablecimiento del templo de Jerusalén. Incluso Ciro, lo mismo que había
prestado reconocimiento a Marduc cuando entró en
Babilonia, en aquella ocasión quiso prestar reconocimiento al Dios de los
judíos. Aunque esto pudo haber sido solamente una cuestión de maniobra
política por su parte, con todo, cumplió la predicción de Isaías de que después
de su exilio, Dios utilizaría a Ciro para que los judíos volviesen a su hogar
patrio (Is. 45:1-4).
En respuesta a
esta proclamación, miles de exiliados prepararon el retorno. Ciro ordenó a su tesorero
que devolviese a los judíos todo lo que Nabucodonosor
había tomado de Jerusalén.[4]
El tesoro, especialmente consistente en los vasos sagrados de Jerusalén, fue
confiado a Sesbasar, un príncipe de Judá, para transportarlo.[5]
Únicos entre todas las naciones, los judíos no tenían ninguna estatua de su
Dios que ser restaurada, aunque esta provisión queda incluida en el decreto
dado por Ciro, al efecto.[6]
El arca del pacto, que era el objeto más sagrado de Israel, entre sus
pertenencias, tuvo indudablemente que haberse perdido en la destrucción de
Jerusalén. Con la aprobación y el apoyo del rey de Persia, los exiliados
hicieron con éxito el largo y azaroso camino hacia Jerusalén, siempre con la
idea de reconstruir el templo que había estado en ruinas por casi cincuenta
años. Aunque no se sabe exactamente la fecha de este retorno, debió ocurrir muy
verosímilmente en el 538 a. C., o posiblemente al año siguiente.
De acuerdo con
lo registrado por Esdras, 50.000 exiliados aproximadamente retornaron a
Jerusalén.[7]
De los once jefes mencionados, Zorobabel y Josué
aparecen como los más activos en guiar al pueblo en su intento en restaurar el
orden, en aquellas caóticas condiciones. El primero, siendo el nieto de
Joaquín, representaba a la casa de David en el liderazgo político. El último
sirvió como sumo sacerdote oficiando en cuestiones religiosas.
El
establecimiento en Jerusalén
Por el séptimo
mes del año de su retorno el pueblo se hallaba suficientemente bien asentado
en los alrededores de Jerusalén, para reunirse en masa y construir el altar del
Dios de Israel y restablecer los sacrificios del fuego como estaba prescrito
por Moisés (Ex. 29:38 ss.). En el décimo quinto día
de ese mes, observaron la Fiesta de los Tabernáculos de acuerdo con los
requerimientos escritos (Lev. 23:34 ss.). Con
aquellas impresionantes festividades, se restauró el culto en Jerusalén, de
tal forma que la luna nueva y otras fiestas siguieron a su debido tiempo y en
la época propicia. Con la restauración del culto, el pueblo
proporcionó dinero y alimento para los albañiles y carpinteros quienes
negociaron con los fenicios, para obtener materiales de construcción de
acuerdo con el permiso otorgado por Ciro.
La construcción
del templo comenzó en el segundo mes del próximo año, bajo la supervisión de Zorobabel y Josué. Los levitas de veinte años y mayores,
sirvieron como capataces. Los cimientos del templo se pusieron durante una
apropiada ceremonia con los sacerdotes vestidos con adecuados ornamentos y
tocando las trompetas. Según las directrices dadas por David, rey de Israel,
los hijos de Asaf ofrecieron alabanzas acompañadas
por címbalos. Aparentemente hubo un canto de antífonas, en donde un coro cantaba
"Alabad a Dios porque es bueno" mientras que otro respondía con
"Y su misericordia permanece para siempre".[8]
A partir de ahí la multitud reunida en asamblea se unió en una alabanza de
triunfo. Pero no todos gritaban con alegría, la gente anciana que todavía
podía recordar la gloria y la belleza del templo de Salomón, lloraba
amargamente dolorida.
Cuando los
oficiales de Samaría oyeron decir que se estaba
reconstruyendo el templo, intentaron interferir, ya que aparentemente
consideraban a Judá como parte de la provincia.
Reclamando que ellos habían rendido culto al mismo Dios siempre, desde los
tiempos de Esar-hadon
(681-668 a. C.) que los había situado en Palestina, solicitaron de Zorobabel y de otros jefes que les permitiesen tomar parte
en la construcción del templo. Cuando su solicitud fue denegada, se volvieron
abiertamente hostiles y adoptaron una política de frustración y de desaliento a
la colonia que luchaba entre sí. Y obstaculizaron el trabajo en el templo por
todo el resto del reinado de Ciro y el de Cambises,
incluso hasta el segundo año del reinado de Darío (520 a. C.).
Inserto en la
narrativa de Esdras, en esta cuestión, está el informe de la subsiguiente
oposición. Esdras 4:6-23 es el relato de la interferencia enemiga durante los
días de Asuero o Jerjes
(485-465 a. C.) y el reinado de Artajerjes (464-424).
Los forasteros, asentados en las ciudades de Samaría,
apelaron a Artajerjes para investigar los registros
históricos concernientes a las rebeliones que habían tenido lugar en Jerusalén
en tiempos pasados. Como resultado, se produjo un edicto real dando poderes a
los samaritanos para detener a los judíos en sus esfuerzos para reconstruir la
ciudad de Jerusalén. Puesto que Nehemías llegó a Jerusalén en el 444 a. C.,
autorizado por Artajerjes para reconstruir las
murallas, es verosímil que este decreto que favorecía a los de Samaría fuese emitido en los primeros años de su reinado,
presumiblemente con anterioridad a la llegada de Esdras en el 475 a. C.[9]
El nuevo templo
En el año
segundo de Darío (520 a. C.) los judíos acabaron el trabajo en el templo. Hageo, con el mensaje de Dios para la ocasión, conmovió a
la gente y a los jefes recordándoles que habían estado tan absortos en reconstruir
sus propias casas que habían descuidado el lugar del culto.[10]
En menos de un mes, Zorobabel y Josué llevaron al
pueblo en un renovado esfuerzo para reconstruir el templo (Hageo
1:1-15). Poco después, el profeta Zacarías colaboró con Hageo en estimular el programa de construcción (Zac. 1:1).
La reanudación
de las actividades constructoras en Jerusalén captó inmediatamente la atención
de Tatnai, el sátrapa de Siria, y de sus colegas,
quienes representaban los intereses de Persia en aquella zona. Aunque habían
ido a Jerusalén para hacer una completa investigación, propusieron la acción,
mientras aguardaron el veredicto de Darío. En una carta dirigida al rey persa,
informaron de sus hallazgos concernientes al pasado y a los acontecimientos del
presente, respecto a la erección del templo. Se ocuparon primeramente de la
afirmación judía de que Ciro había garantizado el permiso para construir el templo.
Siguiendo esta
advertencia, Darío ordenó una investigación en los archivos de Babilonia en Ecbatana, capital de la Media. En esta última, se encontró
un dikrona, anotándose en arameo el edicto de Ciro.
Además de verificar este decreto, Darío emitió órdenes estrictas para que Tatnai y sus asociados se abstuvieran de interferir de
ningún modo. También ordenó que el tributo real de la provincia de Siria fuese
entregado a los judíos para su programa de construcciones. También dio
instrucciones para proporcionar un adecuado suministro que permitiesen
sacrificios diarios de tal forma que los sacerdotes en Jerusalén pudiesen
interceder por el bienestar del rey de Persia. Consecuentemente, la
investigación de Tatnai que tenía intenciones
injuriosas, providencialmente resultó no sólo en favor del apoyo político de
Darío, sino también en la ayuda material de los distritos inmediatos oficiales,
para el proyecto.
El templo fue
completado en cinco años, 520-515 a. C. Aunque erigido en el mismo lugar, no
podía tener la misma belleza ni el precioso acabado artesano que la estructura
construida por David y Salomón, con la elaborada preparación que hizo el
primero con sus infinitos recursos, Basándose en Macb.
1:21, y 4:49-51, se hace aparente que el resultado fue inferior. En el sagrado
lugar del altar de los inciensos, se hallaban los sagrados ornamentos y el
candelabro de los siete brazos (Salomón en, su época había provisto
generalmente al altar con diez candelabros). El arca del pacto se había perdido
en el lugar más sagrado del templo. Josefo indica que cada ano, en el Día de la
Expiación, el sumo sacerdote colocaba su incensario en la losa de piedra que
marcaba la antigua posición del Arca.[11]
Parrot, en sus
estudios sobre el templo, concluye que los planes de Salomón y del santuario,
fueron seguidos probablemente por Zorobabel.[12]
Referencias sueltas en Esdras y en los libros de los Macabeos,
pueden servir solo como sugerencias. De acuerdo con Esdras 5:8, y 6:3-4, se
emplearon grandes piedras con vigas de madera en la construcción de los muros.
Las medidas dadas son incompletas en el presente texto. Una reciente interpretación
de un decreto de Antíoco III de Siria (223-187) indica la existencia de un atrio
interior y otro exterior.[13]
Todos eran admitidos al último, pero sólo los judíos que se habían conformado a
la pureza de las leyes levíticas tenían permiso para entrar al atrio interior.[14]
Se hicieron también provisiones de habitaciones adecuadas donde almacenar los
utensilios utilizados en el templo. Una de tales habitaciones fue apropiada por
el amonita Tobías por un corto período, durante la época de Nehemías (Neh. 13:4-9).
Las ceremonias
de dedicación para este templo tuvieron que haber sido algo impresionante.[15]
Complicadas ofertas consistentes en 100 toros, 200 carneros, 400 corderos y una
ofrenda de 12 machos cabríos, representando las doce tribus de Israel. La
última ofrenda significaba que este culto representaba a la nación entera con
quien se había hecho el pacto. Con este servicio de dedicación los sacerdotes y
los levitas iniciaron sus servicios regulares en el santuario, según estaba
prescrito para ellos, en la Ley de Moisés.
Al mes
siguiente, los judíos observaron, la pascua. Con las adecuadas ceremonias de
purificación, los sacerdotes y los levitas fueron preparados para oficiar en la
celebración de esta histórica observancia. Los sacerdotes fueron así
calificados para rociar la sangre mientras que los levitas mataban los corderos
para la totalidad de la congregación. Aunque, originalmente, el cabeza de cada
familia mata el cordero de pascua (Ex. 12:6), los levitas habían sido
asignados a esta obligación para toda la comunidad desde los días de Josías (II
Crón. 30:17) cuando la mayor
parte del laicado no estaba calificado para hacerlo. En esta forma, los levitas
también aligeraban las extenuantes obligaciones de los sacerdotes, al ofrecer
los sacrificios y rociaban la sangre (II Crón. 35:11-14).
Los israelitas
que todavía estaban viviendo en Palestina, se unieron a los exiliados que
volvían en esta alegre celebración. Separándose de las prácticas paganas a las
cuales habían sucumbido, los israelitas renovaron su pacto con Dios a quien
daban culto en el templo.
La dedicación
del templo y la observancia de la pascua en la primavera del 515 a. C. marcaron
una crisis histórica en Jerusalén. Las esperanzas de los desterrados se habían
realizado al restablecer el templo como un lugar de culto divino. Al mismo
tiempo, se les recordaba por la pascua la redención de la esclavitud de Egipto.
También gozaron, con la realidad de volver a la patria
procedentes del exilio en Babilonia.
La historia de
Ester
El relato
bíblico es casi completamente silencioso por lo que concierne al estado judío
en Jerusalén desde el tiempo de la terminación del templo en el año sexto de
Darío (515 a. C.) hasta el reinado de Artajerjes I,
que comenzó en el 464 a. C. La historia de Ester constituye la principal fuente
bíblica para este período. Históricamente está identificado con el reinado de Asuero o Jerjes (485-465 a. C.) y
está restringido al bienestar de los exiliados que no volvieron a Jerusalén.[16]
Aunque el
nombre de Dios no se menciona en el libro de Ester, la divina providencia y el
cuidado sobrenatural aparecen por doquier. El ayuno está reconocido como una
práctica religiosa. La fiesta del Purim conmemorando
la liberación de los judíos, encuentra una razonable explicación, cuando los
acontecimientos en el libro de Ester están reconocidos como el fondo
histórico. La referencia a esta fiesta en II Macab. 15:36, como
el día de Mardoqueo, indica que era observada en el
siglo II a. C. En los
días de Josefo, el Purim era celebrado durante toda
una semana (Antiquities, xi,
6:13).
El libro de
Ester puede ser proyectado de la siguiente forma:
I. Los judíos en la corte Persa
Ester
1:1-2:23
Vasti suprimida por Asuero 1:1-22
Ester elegida
como reina 2:1-18
Mardoqueo salva la vida
del rey 2:19-23
II. La amenaza al pueblo judío 3:1-5:14
El plan de Aman
para destruir a los judíos 3:1-15
Los judíos
temen la aniquilación 4:1-3
Mardoqueo alerta a Ester
4:4-17
Ester arriesga
su vida 5:1-14
III. El triunfo de los judíos 6:1-10:3
Mardoqueo recibe honores
reales 6:1-11
Ester
intercede: Aman es ahorcado 6:12-7:10
Mardoqueo promovido 8:1-17
Venganza por
los judíos 9:1-15
La fiesta del Purim 9:16-32
Mardoqueo continúa en
altos honores 10:1-3
Susa, la capital de
Persia, es el punto geográfico de interés en el libro de Ester. Desde los días
de Ciro, había compartido la distinción de ser una ciudad real, como Babilonia
y Ecbatana. El magnífico palacio de Jerjes ocupaba dos acres y medio de la acrópolis de esta
gran ciudad elamita. Cronológicamente, los sucesos de Ester están fechados en
el año tercero al duodécimo de Jerjes (ca. 483-471 a. C.).
Los judíos en
la corte persa
De todo este
vasto imperio que se extendía desde la India a Etiopía, Jerjes
reunió a los gobernadores y oficiales en Susa por un
período de seis meses, durante el tercer año de su reinado. En una celebración
de siete días, el rey les atendió con banquetes y fiestas, mientras que la
reina Vasti era la anfitriona en el banquete para las
mujeres. Al séptimo día, Jerjes, intoxicado,
solicitó la aparición de Vasti para mostrar su corona
y belleza ante su festivo auditorio y los dignatarios del gobierno. Ella ignoró
las órdenes del rey, rehusando con ello poner en peligro su real prestigio. Jerjes se puso furioso. Conferenció con los sabios, quienes
le aconsejaron que depusiera a la reina. El rey actuó de acuerdo con este
consejo y suprimió a Vasti de la corte real. Las
mujeres de todo el imperio recibieron el aviso de honrar y obedecer a sus
maridos a menos que quisieran seguir el ejemplo de Vasti.
Cuando Jerjes comprobó que Vasti había
quedado relegada al olvido por su edicto real, dispuso la elección de una nueva
reina. Se eligieron doncellas por toda Persia y fueron llevadas a la corte del
rey en Susa. Entre ellas, estaba Ester, una huérfana
judía que había sido adoptada por su primo Mar-doqueo.
A su debido tiempo, cuando las doncellas aparecieron ante el rey, Ester, que
había escondido su identidad racial, fue favorecida
por encima de todas las demás y coronada reina de Persia. En el séptimo año del
reinado de Jerjes, ella recibió público
reconocimiento y se celebró un banquete ante los príncipes.[17]
El rey mostró
su placer por el reconocimiento de Ester, como reina, al anunciar la reducción
de tributos, al par que liberalmente distribuyó regalos.
Con
anterioridad a la elevación de Ester, Mardoqueo
expresó su profunda preocupación respecto al bienestar de su prima merodeando
constantemente por la corte real. De la misma forma, mantuvo estrecho contacto
con Ester tras que hubo sido proclamada reina. Así es, como Mardoqueo,
mientras que se hallaba cerca de las puertas de palacio, supo que dos guardias
conspiraban para matar al rey. A través de Ester, el complot fue comunicado a
las autoridades competentes y los dos criminales fueron ahorcados. En la
crónica oficial, Mardoqueo gozó del crédito de haber
salvado la vida del rey.
Amenaza al
pueblo judío
Aman, un
miembro influyente de la corte de Jerjes, gozaba de
un elevado puesto sobre todos los demás favoritos de la corte. De conformidad
con la orden del rey, fue debidamente honrado por todos, excepto por Mardoqueo, que como judío rehusó prestar obediencia.[18]
Sabiéndolo, Aman no tomó ninguna medida para castigar a Mardoqueo.
Sin embargo, Aman sabía que Mardoqueo era judío y en
consecuencia desarrolló un plan para la ejecución de todos los judíos. No
solamente extendió el rumor y la sospecha sobre de que eran peligrosos para el
imperio, sino que aseguró al rey de las enormes ganancias que se obtendrían de
confiscar todos sus bienes y propiedades. El rey dio oídos a la sugerencia de
Aman y prestó su sello real para dar la correspondiente orden. En
"consecuencia, en el décimo tercero día de Nisan
(el primer mes) se publicó un edicto para la aniquilación de todos los judíos por
todo el Imperio Persa. Aman designó el día décimo tercero de Adar (el mes duodécimo) como la fecha de la ejecución.[19]
Por todas
partes, este decreto al ser hecho público, hizo que los judíos respondiesen con
ayunos y luto. Cuando el propio Mardoqueo apareció en
las puertas del palacio vestido de saco y cubierto de cenizas, Ester le envió
un traje nuevo. Mardoqueo rehusó la oferta y alertó a
Ester de lo que concernía a la suerte de los judíos. Cuando Ester habló del
peligro personal que implicaba el aproximarse al rey sin una invitación, Mardoqueo sugirió que ella había sido dignificada con la
posición de reina para una oportunidad precisamente como aquella. Por lo tanto,
Ester resolvió arriesgar su vida por su pueblo y solicitó que éste tuviera un
ayuno de tres días.
Al tercer día,
Ester apareció ante el rey. Ella invitó al rey y a Aman a cenar. En aquella
ocasión no dio a conocer su preocupación verdadera, sino simplemente solicitó
que el rey y Aman aceptasen la invitación para cenar al próximo día. En su
camino a casa, Aman se enfureció de nuevo cuando Mardoqueo
rehusó inclinarse ante él. Ante su esposa y a un grupo de amigos reunidos, se
jactó de todos los honores reales que se le habían concedido, pero indicó que
todas las alegrías se habían disipado por la actitud de Mardoqueo.
Recibiendo el consejo de colgar a Mardoqueo, Aman
inmediatamente ordenó la erección de un cadalso para la ejecución.
Triunfo de los
judíos
Aquella misma
noche, Jerjes no pudo conciliar el sueño. Su insomnio
pudo haber evocado en él el hecho de que algo había quedado sin hacer. No se le
habían leído las crónicas reales. Inmediatamente, tras que supo para su
sorpresa que Mardoqueo nunca había sido recompensado
por descubrir el complot de palacio, hecho por los guardias, Aman llegó a la
corte esperando tener la seguridad de la aprobación del rey para la ejecución
de Mardoqueo. El rey preguntó en el acto a Aman qué
debería hacerse por un hombre a quien el rey deseaba honrar. Aman, con la
segura confianza de que se trataba de él, recomendó que tal hombre debería ser
vestido con ropajes reales y escoltado por un noble príncipe a través de la
plaza principal de la ciudad, montando el caballo del rey y proclamando como un
alto oficial, como decisión del rey por tal alto honor. La sorpresa que recibió
Aman fue indescriptible cuando supo que era Mardoqueo
quien iba a recibir semejantes honores reales y que él mismo había sugerido.
Las cosas se
precipitaron. En el segundo banquete, Ester no vaciló más. Valientemente y en
presencia de Aman, la reina imploró al rey el que la salvara a ella y a su
pueblo de la aniquilación. Cuando el rey inquirió quién había podido hacer
tales proyectos para el pueblo de Ester, ella sin vacilar, señaló a Aman como
el criminal instigador. Furioso el rey salió de la habitación real. Dándose
cuenta de la seriedad de la situación, Aman rogó por su vida ante la reina.
Cuando el rey volvió, encontró a Aman postrado en el diván real mientras que
la reina permanecía sentada. Equivocando las intenciones de Aman, Jerjes ordenó la ejecución de Aman. Irónicamente, Aman fue
colgado en la misma horca que él había preparado para Mardoqueo
(Ester 7:10).
Tras la
deshonrosa muerte de Aman, Mardoqueo se convirtió en
un personaje influyente en la corte de Jerjes. El
último edicto de matar a todos los judíos fue anulado inmediatamente. Además,
con la aprobación del rey, Mardoqueo emitió un nuevo
edicto estableciendo que los judíos pudieran vengarse por sí mismos de
cualquier ofensa que se les hiciese. Los judíos se pusieron tan alegres con
este anuncio, que muchos comenzaron a temer las consecuencias. No pocos
adoptaron las formas exteriores de la religión judía con objeto de evitar la
violencia.[20]
La fecha
crucial fue el décimo tercer día de Adar, que Aman
había designado para la aniquilación de los judíos y la confiscación de sus
propiedades. En la lucha que siguió, miles de no judíos fueron muertos. Sin
embargo, la paz fue pronto restaurada y los judíos instituyeron una celebración
anual para conmemorar su liberación. Purim fue el
nombre que se dio a este día de fiesta porque Aman había determinado aquella
fecha echándolo a suertes, o Pur.[21]
Esdras el
reformador
Cincuenta y
ocho años pasaron en silencio entre Esdras 6 y 7. Se conoce muy poco respecto a
los acontecimientos en Jerusalén desde la dedicación del templo (515 a. C.)
hasta el retorno de Esdras (457) en el año séptimo de Artajerjes,
rey de Persia.[22]
Un breve
informe de las actividades de Esdras en Jerusalén, y en el retorno de los
exiliados bajo su caudillaje, se da en Esdras 7:1-10:44. Para un análisis de
este pasaje, nótese lo siguiente:
I. Retorno de Esdras Esdras 7:1-8:36
Preparación 7:1-10
Decreto de Artajerjes 7:11-28
Organización
para la vuelta 8:1-30
Viaje y llegada
8:31-36
II. La reforma en Jerusalén 9:1-10:44
Problema de
matrimonio mixto 9:1-5
La oración de
Esdras 9:6-15
Asamblea
pública 10:1-15
Castigo del
culpable 10:16-44
Cronológicamente,
las fechas dadas en estos capítulos no cubren necesariamente más de un año. El
siguiente parece ser el orden de los acontecimientos :
Nisán (primer
mes)
1-3 acampamento
junto al río Ahava.
4-11 preparación para la jornada.
12 comienzo de
la jornada hasta Jerusalén.
Ab (mes quinto)
El primer día
de este mes llegan a Jerusalén.
Kislev (mes noveno)
Asamblea
pública convocada en Jerusalén tras de que Esdras es informado respecto a los
matrimonios mixtos.
Tabeth (mes décimo)
Comienzo de la
investigación sobre la culpabilidad de los grupos y final del primer día de
Nisán.
El retorno de
Esdras
Entre los
exiliados de Babilonia, Esdras, un levita piadoso de la familia de Aarón, se
dedicó al estudio de la Tora. Su interés en dominar
la ley de Moisés, encontró expresión en un ministerio de enseñanza a su pueblo.
Siempre dispuesto a volver a Palestina, Esdras apeló a Artajerjes
para la aprobación de su movimiento de retorno a la patria. Para alentar a los
exiliados a retornar a Jerusalén bajo el mando de Esdras, el rey persa emitió
un decreto importante (Esdras 7:11-26), comisionando a Esdras para nombrar
magistrados y jueces en la provincia judía. Además, Esdras recibió poderes para
confiscar las propiedades y encarcelar o ejecutar a cualquiera de los que no
estuviesen conformes.
Artajerjes hizo un
generoso apoyo financiero aprovisionando la misión de Esdras. Generosas
contribuciones reales, ofrendas hechas por libre voluntad de los propios
exiliados y vasos sagrados para uso del templo, fueron dados a Esdras para el
templo de Jerusalén. Artajerjes tenía tal confianza
en Esdras que le entregó un cheque en blanco contra el tesoro real para
cualquier cosa que estimara necesaria en el servicio del templo. Los gobernadores
provinciales situados más allá del Eufrates,
recibieron la orden de suministrar a Esdras en dinero y alimentos, bajo
apercibimiento de que la familia real caería en el castigo de la ira del Dios
de Israel. Para mayor ventaja todavía, todos aquellos que estuviesen dedicados
al servicio del templo, cantores, sirvientes, porteros, guardianes y
sacerdotes, quedaron exentos de tributos.
Reconociendo el
favor de Dios y alentado por el cordial y generoso apoyo de Artajerjes, Esdras reunió a los jefes de Israel sobre las
orillas del río <^hava en el primer día de Nisán.[23]
Cuando Esdras notó que los levitas estaban ausentes nombró una delegación para
llamar a iddo en Casifia.[24]
En respuesta, 40 levitas y 220 sirvientes del templo se unieron a la
emigración. Ante el grupo expedicionario de 1.800 hombres y sus familias,
Esdras confesó cándidamente que estaba avergonzado de pedir al rey protección
de la policía. Ayunando y orando, apeló a Dios para su divina protección, al
empezar el largo y traicionero viaje de casi 160 kms.,
hasta Jerusalén.
La marcha
comenzó en el duodécimo día de Nisán. Tres meses y medio más tarde, en el
primer día de Ab, llegaron a Jerusalén. Tras de que
los sacerdotes y levitas comprobaran los tesoros y los vasos sagrados procedentes
de Babilonia en el templo, los exiliados que habían retornado al hogar patrio
ofrecieron elaboradas ofrendas en el atrio. A su debido tiempo, los sátrapas y
gobernadores de toda Siria y Palestina aseguraron a Esdras el aporte de su
ayuda y apoyo para el estado judío.
La reforma en
Jerusalén
Un comité local
de oficiales informó a Esdras de que ios israelitas
eran culpables de haberse casado con habitantes paganos. Entre los
participantes, incluso se hallaban jefes religiosos y civiles. Esdras no sólo
se desgarró las vestiduras en señal de su profundo disgusto, sino que se
arrancó los cabellos para expresar su indignación moral y su ira. Sorprendido y
aturdido se sentó en el atrio del templo, mientras que el pueblo temía las consecuencias
que se amontonaban en su entorno. AI tiempo del sacrificio del atardecer,
Esdras se levantó de su ayuno y con los vestidos rotos, se arrodilló en
oración, confesando audiblemente el pecado de Israel.
Una gran
multitud se unió a Esdras mientras que oraba y lloraba públicamente. Secanías, hablando por el pueblo, sugirió que existía la
esperanza para ellos en una nueva alianza y aseguró a Esdras todo su apoyo para
suprimir todos los males sociales. Inmediatamente, Esdras emitió un juramento
de conformidad de los jefes del pueblo.
Retirándose a
la cámara de Johanán por la noche,[25]
Esdras continuó ayunando, orando y llevando luto por los pecados de su pueblo.
Mediante una proclamación por todo el país, el pueblo fue citado con urgencia,
bajo pena de excomunión y pérdida de los derechos de sus propiedades, a
reunirse en Jerusalén en el término de tres días. En el vigésimo día del mes de
Kislev, se reunieron en la plaza cuadrada ante el
templo.
Esdras se
dirigió a la temblorosa congregación y le hizo saber la gravedad de su ofensa.
Cuando el pueblo le expresó su buena voluntad a aceptar lo que ordenase, Esdras
estuvo conforme en dejar a los oficiales que representaban al pueblo que la
congregación se disolviera, puesto que ya era la estación de las lluvias.
Asistido por un grupo selecto de hombres y ayudado por representantes de
varias partes del Estado judío, Esdras llevó a cabo un examen de culpabilidad
de los grupos durante tres meses.
Una lista
impresionante de sacerdotes, levitas y laicado, totalizando 114 personas, era
culpable de haber contraído matrimonios mixtos. Entre los dieciocho sacerdotes
culpables, había parientes próximos de Josué, el sumo sacerdote, que había
retornado con Zorobabel. De hecho, una comparación de
Esdras 10:18-22, con 2:36-39, indica que ninguno de los sacerdotes que habían
vuelto estaba libre de haber contraído un matrimonio mixto. Sacrificando un
carnero por cada ofrenda de culpabilidad, los grupos culpables hicieron un
solemne juramento de anular sus respectivos matrimonios.
Nehemías el gobernador
La historicidad
de Nehemías no ha sido nunca puesta en duda por ningún erudito competente.[26]
Emergiendo como una de las figuras más destacadas en la era post-exílica, sirvió a su pueblo efectivamente desde el año 444
a. C. Perdió sus derechos a la posición que disfrutaba en la corte persa para
servir a su propia nación en la reconstrucción de Jerusalén. Su desventaja
física como eunuco, se convirtió en un mérito en su devoto servicio y
distinguido liderazgo durante los años que fue un activo gobernador del Estado
judío.[27]
Esdras había
estado en Jerusalén trece años cuando llegó Nehemías. Mientras que el primero
era un escriba instruido y un maestro, el último demostró una fuerte y agresiva
capacidad de conducción política en los asuntos públicos. El éxito de la
reconstrucción de las murallas a despecho de la posición del enemigo,[28]
proporcionó seguridad para los exiliados que retornaron, de tal forma, que
podían dedicarse por sí mismos, bajo la jefatura de Esdras, a las responsabilidades
religiosas que estaban prescritas por la ley. En esta forma, el gobierno de
Nehemías procuró las más favorables condiciones para el engrandecido
ministerio de Esdras.
Las fechas
cronológicas dadas en Nehemías, suponen doce años para el primer término de
Nehemías como gobernador, comenzando en el vigésimo año de Artajerjes
(444 a. C.). En el duodécimo año de su término (Neh.
13: 6), Nehemías volvió a Persia (432). No se indica qué pronto volvió a Jerusalén
o cuánto tiempo continuó como gobernador.
Los sucesos
relatados en Neh. 1-12, pudieron todos
haber ocurrido durante el primer año de su mandato.[29]
En el primer día del primer mes, Nisán, (444 a. C.), Nehemías recibió seguridad
para su vuelta a Jerusalén (Neh. 2: 1). Siendo un
hombre de acciones decisivas, indudablemente debió salir sin pérdida de tiempo.
La reparación de las murallas fue completada en Elul,
el mes sexto (Neh. 6:15). Puesto que este proyecto
fue comenzado unos pocos días después de su llegada y completado en cincuenta y
dos días, el tiempo permitido para su preparación y viaje es de
aproximadamente de cuatro meses. Durante el mes séptimo (Tishri)
Nehemías cooperó totalmente con Esdras en las observancias religiosas (Neh. 7-10), continuó su empadronamiento y muy
verosímilmente dedicó las murallas en el período inmediatamente siguiente (Neh. 11-12). Excepto por unas pocas declaraciones que
resumen la política de Nehemías, el lector queda con la impresión de que todos
esos acontecimientos ocurrieron dentro del primer año después de su retorno.
I. Comisionado
por Artajerjes Nehemías 1:1-2:8
Informe de
Jerusalén 1:1-3
La oración de
Nehemías 1:4-11
El favor con el
rey 2:1-8
II. La misión de Jerusalén 2:9-6:19
Viaje con éxito
2:9-10
Inspección y
evaluación 2:11-16
Oposición-Sanbalat y Tobías 2:17-20
Organización de
la construcción y defensa 3:1-32
Éxito de la
construcción y defensa 4:l-23
Política
económica 5:1-19
Terminación de
las murallas 6:1-19
III. La reforma bajo Esdras 7:1-10:39
Los planes de
empadronamiento de Nehemías 7:1-73
La lectura de
la ley de Moisés 8:1-12
La fiesta de
los tabernáculos 8:13-18
Servicio del
culto 9:1-5
La oración 9:6-38
Pacto para
guardar la ley 10:1-39
IV. El programa y política de
Nehemías 11:1-13:31
Registro del
Estado judío 11:1-12:26
Dedicación de
la muralla 12:27-43
Asignaciones
del templo 12:44-47
Lectura de la
ley 13:1-3
La expulsión de
Tobías 13:4-9
Reinstalación
del apoyo levita 13:10-14
La restricción
del comercio en, el sábado 13:23-29
Matrimonios
mixtos 13:30-31
Sumario 13:15-22
Comisionado por
Artajerjes
Entre los miles
de judíos exiliados que no habían retornado a Judá,
estaba Nehemías. En su busca del éxito, había sido especialmente afortunado en
ocupar un alto cargo entre los oficiales de la corte persa, siendo copero de Artajerjes Longimano. Viviendo en la ciudad de Susa,
aproximadamente a 160 kms. al
nordeste del Golfo Pérsico, se hallaba confortablemente situado en la capital
de Persia. Cuando le llegó el informe de que las murallas de Jerusalén estaban
todavía en ruinas, Nehemías se sintió dolorosa-mente sorprendido. Durante días
y días ayunó y llevó luto, lloró y rogo por su pueblo
en Jerusalén.
La oración
registrada en Neh. 1:5-11, representa la esencia de
la intercesión de Nehemías durante este período de luto y de llanto. Refleja
su familiaridad con la historia de Israel, el pacto del monte Sinaí, la ley dada a Moisés que había sido rota por Israel
y la promesa de la restauración por los migrantes
arrepentidos. Nehemías reconoció al Dios del pacto como al Dios de Israel y de
los cielos, apelando a El para que fuese misericordioso con Israel. En
conclusión, pidió que Dios pudiera concederle a él el favor del rey de Persia,
su dueño.
Tras tres meses
de oración constante, Nehemías se hallaba encarado con una dorada oportunidad.
Mientras esperaba, el rey se dio cuenta de la enorme tristeza de Nehemías. A la
pregunta de su rey, Nehemías con, miedo y temblando expresó su dolor por la
caótica condición de Jerusalén. Cuando Artajerjes,
graciosamente, le pidió que declarase sus deseos, Nehemías se apresuró a orar
en silencio y pidió, valientemente, al rey que le enviase a reconstruir
Jerusalén la ciudad de los sepulcros de sus padres. El rey de Persia, no sólo
autorizó debidamente a Nehemías para llevar a cabo tal misión, sino que envió
cartas en su nombre a todos los gobernadores de más allá del Eufrates para que le suministrasen materiales de
construcción para las murallas y las puertas de la ciudad, lo mismo que para su
casa particular.
La misión en
Jerusalén
La llegada de
Nehemías a Jerusalén, completada con oficiales del ejército y con caballería,
alarmó a los gobernadores circundantes. Acompañado por un pequeño comité,
Nehemías pronto hizo un plan para recorrer la ciudad de noche inspeccionando
la condición de las murallas. Una vez allí, reunió al pueblo y lo enfrentó con
el propósito de reconstruirlas. Entusiásticamente
encontró el más caluroso apoyo por parte de todos. Como eficiente organizador,
Nehemías asignó al pueblo las diferentes puertas y secciones de las murallas de
Jerusalén (3:1-32).
Tal súbita e
intensa actividad, hizo surgir la oposición de las provincias circundantes.
Jefes influyentes, tales como Sanbalat el horonita, Tobías el amonita, y Gesem
el árabe, culparon a los judíos con la rebelión, tan pronto como comenzó el
trabajo.[30] Cuando
comprobaron que el proyecto de reparación iba desarrollándose con gran rapidez,
se enfurecieron hasta el punto de organizar una resistencia. Sanbalat y Tobías, ayudados por los árabes, los amonitas y
los asdoditas, hicieron planes para atacar a
Jerusalén.
Por aquel
tiempo, la muralla se hallaba completada hasta la mitad de su altura. Nehemías
no solo oró, sino que nombró guardias, día y noche. A todo lo largo de la parte
más baja de la muralla, el deber de la guardia fue confiado a varias familias.
Con la comprobación de que los enemigos estaban fracasados en su proyecto, por
este eficiente y efectivo sistema de la guardia, los judíos reunieron sus
esfuerzos para la construcción. Una mitad del pueblo continuó con
las reparaciones con, la espada dispuesta, mientras que la otra mitad
permanecía en guardia permanente. Además de todo esto, al toque de la trompeta,
todos los que estaban bajo órdenes se apresuraban a acudir inmediatamente al
punto de peligro para resistir el ataque enemigo. No se permitió a ninguno de
los trabajadores salir de Jerusalén. Trabajaron desde el amanecer hasta el
crepúsculo y permanecían de guardia durante la noche.
El esfuerzo
intensivo para completar la reparación de las murallas, fue especialmente
difícil para las clases más pobres del pueblo. Económicamente encontraron
demasiado duro pagar tributos e impuestos, intereses, y socorrer a las familias
mientras ayudaban a reconstruir las murallas. Algunos incluso se encararon con
el propósito de hacer esclavos a sus hijos en lugar de aumentar sus deudas.
Inmediatamente, Nehemías convocó una asamblea pública y exigió una promesa de
los agresores de devolver al pueblo necesitado lo que les había sido tomado.
Los pagos con intereses fueron cancelados. Como administrador el propio
Nehemías dio el ejemplo. Dejó de percibir del pueblo sus derechos de gobierno
en alimentos y en dinero durante los doce años de su primer período, como
habían hecho sus antecesores. Además, 150 judíos y oficiales que visitaban
Jerusalén fueron huéspedes de la mesa de Nehemías gratuitamente. Ni él ni sus
sirvientes adquirieron hipotecas sobre la tierra por préstamos de dinero y
grano, al ayudar al necesitado. En esta forma, Nehemías resolvió efectivamente
la crisis económica durante los días cruciales de la reparación.
Cuando los
enemigos de los judíos oyeron que las murallas se hallaban casi completas a
despecho de la oposición que habían ofrecido, esbozaron planes para embaucar a
Nehemías. Cuatro veces, Sanbalat y Gesem le invitaron a encontrarse con ellos en uno de los
poblados del valle del Ono. Sospechando sus malas
intenciones, Nehemías declinó la invitación, dando la razonable excusa de que
estaba demasiado ocupado. La quinta tentativa fue una carta abierta de Sanbalat, acusando a Nehemías con planes para la rebelión y
de tener la personal ambición de ser rey. Con la advertencia de que esto podría
ser informado al rey de Persia, Sanbalat urgió a Nehemías,
para que se reuniera con ellos y discutir la cuestión. Nehemías valientemente
replicó a tal amenaza acusando a Sanbalat de utilizar
su imaginación. Al misino tiempo, elevó una oración a Dios para que reforzase
su responsabilidad.
El próximo paso
de sus enemigos, fue reprochar a Nehemías ante su propio pueblo. Astutamente, Sanbalat y Tobías se valieron de un falso profeta, Semaías, para intimidar y engañar al gobernador judío.
Cuando Nehemías tuvo ocasión de hablar con Semaías,
que se había confinado en su residencia, el falso profeta sugirió que buscasen
refugio en el templo,[31]
y advirtió a Nehemías del complot que se había urdido para matarle.
Enfáticamente Nehemías contestó: ¡No! En primer lugar, él no quería huir a
ninguna parte. Por lo demás, no quería refugiarse en el templo.[32]
Indudablemente, Nehemías previo que tal acto le expondría a una severa crítica
de parte de su propio pueblo y tal vez al juicio de Dios por entrar en el
templo, puesto que él no era sacerdote. Se dio cuenta de que Semanías era un falso profeta que había sido alquilado por Sanbalat y Tobías. Puesto en oración, Nehemías expresó su
deseo de que Dios, no solamente recordase a los Jos
enemigos suyos, sino también la falsa profetisa Nodías
y oíros falsos profetas que trataban de intimidarle.
Añadido a todos
esos problemas, estaba el hecho de que Tobías y su hijo Johanán
estaban relacionados con familias prominentes en Judá.
El suegro de Tobías, Secanías, era el hijo de Ara,
quien retornó con Zorobabel (Esdras 2:5) y el suegro
de Johanán, Mesulam, era un
activo participante en la reconstrucción de las murallas (Neh.
3:4, 30). Incluso el sumo sacerdote Eliasib estaba
aliado con, Tobías aunque esta relación no esté establecida. En consecuencia,
había una frecuente correspondencia entre Tobías y aquellas familias de Judá. Este efectivo canal de comunicación hizo las cosas
más difíciles a Nehemías, ya que sus acciones y planes eran constantemente
puestas en conocimiento de Tobías. Aunque los parientes de Tobías dieron
informes complementarios respecto a sus buenas acciones, Nehemías tenía la
certeza de que Tobías sólo albergaba malas intenciones hacia el pueblo de
Jerusalén.
A pesar de
estas oposiciones y dificultades, la muralla de Jerusalén fue completada en
cincuenta y dos días.[33]
Los enemigos quedaron frustrados e impresionados de las naciones circundantes,
comprobando que de nuevo, Dios había favorecido a Nehemías. El éxito de la
terminación del proyecto de reparación de Nehemías de cara a la oposición
puesta por sus enemigos, estableció el respeto y el prestigio del estado judío
entre las provincias al oeste del Eufrates.
La reforma bajo
Esdras
Con Jerusalén
segura dentro de sus murallas, Nehemías volvió su atención a otros problemas.
Un sistema de guardia esencial para prevenir ataques enemigos, fue confiado a Hanani, el hermano de Nehemías, y a Hananías,
que ya estaba a cargo de la ciudad anexa a la zona del templo por el norte.
Además de los guardianes de las puertas que eran responsables del atrio, Nehemías
reclutó cantores y levitas, asignándoles a puestos en las puertas y murallas de
la totalidad de Jerusalén.
El personal
civil que vivía dentro de Jerusalén, fue encargado de montar guardia durante la
noche en las partes respectivas próximas a sus casas. Aunque habían pasado
noventa años desde que la ciudad fue reedificada, existían zonas pobladas a
grandes trechos que la defensa resultaba inadecuada. Encarándose con este
problema, Nehemías hizo un llamamiento a los jefes para registrar a todo el
pueblo en la provincia con objeto de reclutar alguna parte de sus habitantes
para establecerla en Jerusalén. Mientras contemplaba la ejecución de su plan,
encontró el registro genealógico del pueblo que había retornado del exilio en
los días de Zorobabel. Con excepción de pequeñas
variaciones, que podían ser atribuidas a errores cometidos por los escribas o a
la trascripción, este registro en Neh. 7:6-73 es
idéntico a la lista registrada en Esdras 2:3-67.
Antes de que
Nehemías tuviera la oportunidad de ejecutar sus planes, el pueblo comenzó a
reunirse para las actividades religiosas del séptimo mes. Tishri,
durante el cual se observaban la fiesta de las Trompetas, el día de la
Expiación y la fiesta de los Tabernáculos (Lev. 23:23-43).[34]
Nehemías apoyó completamente al pueblo en su devoción religiosa, su nombre
aparece el primero en la lista de aquellos que firmaron el pacto (Neh. 10:1). Indudablemente, su programa administrativo dio
precedencia a las actividades religiosas durante este mes y fue resumido con
renovado esfuerzo en el subsiguiente período. Nehemías, que no era sacerdote,
queda relegado durante las actividades religiosas, siendo solamente mencionado
dos veces, en Neh. 8-10.
Esdras, el
sacerdote y escriba, emerge como el líder más sobresaliente. Habiendo llegado
antes como un maestro de fama en, la enseñanza de la ley, sin duda alguna, era
bien conocido por la gente en toda la provincia. Aunque
no está registrado en Esdras o en Nehemías, es de lo más razonable asumir que
Esdras había en años anteriores reunido al pueblo para la observancia de las
fiestas y las estaciones. Aquel año el pueblo tenía una poderosa razón para
hacer una celebración más importante que nunca. Tras las cerradas murallas de
Jerusalén, pudo reunirse en paz y seguridad, sin temor a ningún, ataque
enemigo. Indudablemente, la moral del pueblo tuvo que haberse reforzado
mediante el liderazgo que con tanto éxito había ostentado Nehemías.
La fiesta de
las Trompetas distinguía el primer día del séptimo mes, de todas las otras
nuevas lunas. Conforme el pueblo se reunía aquel año en la puerta de las Aguas
al sur del atrio del templo, unánimemente solicitaba de Esdras que leyese la
ley de Moisés. Situado sobre una plataforma de madera, leyó la ley a la
congregación que permaneció de pie desde el amanecer hasta el mediodía. Para
ayudar al pueblo, a su comprensión, los levitas exponían, la ley
intermitentemente mientras que Esdras leía. Cuando la lectura arrancó lágrimas
de los ojos del pueblo, Nehemías, ayudado por Esdras y los maestros levitas,
les amonestó a regocijarse y a hacer de aquella festiva ocasión, una
oportunidad para compartir los alimentos preparados en una común camaradería.
El segundo día,
los representantes de las familias, los sacerdotes y los levitas, se reunieron
con Esdras para un cuidadoso estudio de la ley. Cuando comprobaron que Dios
había revelado mediante Moisés que los israelitas tenían que habitar en casetas
para la observancia de la fiesta de los Tabernáculos (Lev. 23:39-43),
instruyeron al pueblo mediante una pública proclamación. Con entusiasmo, el
pueblo salió a las colinas y trajeron ramas de olivo, mirtos, y hojas de
palmera en abundancia, erigiendo casetas por todas partes, sobre los tejados de
las casas, en, privado y en público, en los patios, y en las plazas públicas.
Tan amplia fue la participación que resultó la más importante y festejada
observancia de la fiesta de los Tabernáculos desde los días de Josué, que había
conducido a Israel a la conquista de Canaán.[35]
La ley fue
leída públicamente cada día durante los siete días de esta fiesta (Tishri 15-21). En el octavo día hubo una sagrada
convocatoria y se ofrecieron los sacrificios prescritos.
Tras dos días
de tregua, el pueblo volvió a reunirse para la oración y el ayuno. Esdras y los
levitas asistentes dirigieron los servicios públicos, conduciendo al pueblo en
la lectura de la ley, la confesión del pecado y la ofrenda de gracias a Dios.
En una larga y significativa plegaria (9:6-37) la justicia y la misericordia de
Dios fueron debidamente reconocidas.[36]
En un pacto
escrito, firmado por Nehemías y otros representantes de [a congregación, el
pueblo se ligó mediante un juramento obligándose a mantener la ley de Dios que
había sido dada mediante Moisés. Dos leyes fueron escritas con especial
énfasis: los matrimonios mixtos con paganos y la observancia del sábado. Esta
última, no sólo impedía toda actividad comercial en el sábado, sino que
incluía la observancia de otras fiestas y la promesa de barbechar las tierras
cada siete años.
La implicación
de este compromiso era realista y práctica. Cada individuo estaba obligado a
pagar anualmente un tercio de un siclo para la ayuda
del ministerio del templo[37]
lo que aseguraba la constante provisión de los panes ácimos,
y las ofrendas especiales diarias y las de los días festivos. La madera para
las ofrendas se recaudaba en conjunto. El pueblo reconocía su obligación de dar
el diezmo, los primeros frutos, el primogénito y otras contribuciones
prescritas por la ley. Mientras que el primogénito y los primeros frutos eran
llevados a los sacerdotes al templo, el diezmo podía ser recaudado por los
levitas en toda la provincia y traído por ellos para ser depositado en las
cámaras del templo. En esta forma, el pueblo hacía un compromiso público para
no descuidar la casa de Dios.
El programa de
Nehemías y su política
Nehemías
concluyó la ejecución de su plan, para incrementar la población de Jerusalén,
asegurando así la defensa civil. El estaba convencido de que aquello era una
orden divina (Neh. 7:5). Indudablemente, puso el
empadronamiento al día utilizando el registro genealógico de la época de Zorobabel. Se consiguió que una décima parte de la
población cambiase de residencia y fuese a vivir a Jerusalén. De este modo, las
zonas escasamente habitadas dentro de la ciudad estuvieran suficientemente
ocupadas para proporcionar una adecuada defensa de la ciudad.
El registro de
que aquellos que vivían en Jerusalén y poblaciones circundantes (Neh. 11:3-36) representa la población como estaba en los
días de y Nehemías. Los residentes en Jerusalén fueron catalogados por cabezas
de familia, mientras que los habitantes de toda la provincia, lo eran
simplemente anotados por poblaciones. El registro de sacerdotes y levitas (Neh. 12:1-26) en parte procede del tiempo de Zorobabel y se extiende al tiempo de Nehemías.[38]
La dedicación de las murallas de Jerusalén i