Capítulo XVII
Interpretación
de la vida
Cinco unidades
literarias conocidas como los libros poéticos son: Job, Salmos, Proverbios,
Eclesiastés y el Cantar de los Cantares. Ninguno de ellos puede ser clasificado
debidamente como libros de carácter histórico o profético. Como parte del canon
del Antiguo Testamento, proporcionan una adicional perspectiva de la vida de
los israelitas.[1]
Los libros
poéticos no pueden ser fechados con certidumbre. Las alusiones a sus fechas
históricas están tan limitadas en esta literatura, que el tiempo de composición
es relativamente insignificante. Tampoco tienen primordial
importancia el autor. Reyes, profetas, filósofos, poetas, el pueblo común,
todos están representados entre los que contribuyeron a su confección, muchos
de los cuales son anónimos.
En esta
literatura se hallan reflejados los problemas, las experiencias, las creencias,
la filosofía y la actitud de los israelitas. Tal amplia variedad de intereses,
está expresada como un llamamiento universal. El uso frecuente por el pueblo
común por todo el mundo de la voluminosa literatura escrita desde el Antiguo
Testamento y sus tiempos, indica que los libros poéticos tratan con problemas y
verdades familiares a todo el género humano. Sin embargo, las diferencias en tiempo,
cultura y civilización, las ideas básicas expresadas por los escritores
israelitas en su interpretación de la vida, son todavía vitalmente importantes
para el hombre en todas partes.
Job — el
problema del sufrimiento
El sufrimiento
humano es el gran problema, antiguo como el tiempo, discutido en el libro de
Job. Esta cuestión ha continuado siendo uno de los Problemas insolubles del
hombre. Tampoco el libro de Job proporciona una solución final a la cuestión.
Sin embargo, verdades de verdadera significación se encuentran proyectadas en
esta extensa discusión.
Considerado
como una unidad, el libro de Job es en su presente forma, lo que podría
calificarse de un drama épico. Aunque la mayor parte de la composición es
poética, su estructura general es en prosa. En esta última forma, la narrativa
proporciona base para su total discusión. Ni la fecha de su fondo histórico, ni
el tiempo de su composición, puede ser localizado en este libro con seguridad,
y el autor es anónimo.
El libro de Job
ha sido reconocido como una de las producciones poéticas de todos los tiempos.
Entre los escritores hebreos el autor de este libro, despliega el más extenso
vocabulario; a veces se le ha considerado como el Shakespeare
de los tiempos del Antiguo Testamento. En este libro se exhibe un vasto tesoro
de conocimientos, un soberbio estilo de vigorosa expresión, profundidad de
pensamiento, excelente dominio del lenguaje, nobles ideales, y un alto nivel
ético, además de un genuino amor por la naturaleza. Las ideas religiosas y filosóficas
han merecido la consideración de los más grandes teólogos y filósofos hasta el
presente.
No sólo tiene
una multiplicidad de interpretaciones —demasiado numerosas para ser
consideradas en este volumen— sino que el texto en sí mismo ha sufrido considerablemente
de extensas enmiendas, conjeturas, fantásticas correcciones y reconstrucciones.[2]
Numerosos han sido las opiniones y las especulaciones concernientes a su
origen.
El lector que
se enfrenta con él, debería considerar este libro como una unidad.[3]
Las variadas interpretaciones y las numerosas teorías de su origen, merecen la
oportuna investigación para los estudiosos avanzados pero la simple verdad
contenida en este libro como una unidad, es una significativa faceta de la
revelación del Antiguo Testamento. Para guiar al lector en su comprensión del
mensaje, este libro puede ser subdividido de la forma siguiente:
I. Introducción
o situación histórica Job 1:1-3:26
II. El diálogo con los tres
amigos 4:1-31:40
A. Ciclo
primero 4:1-14:22
Elifaz 4:1-5:27
Job 6:1-7:21
Bildad 8:1-22
Job 9:1-10:22
Zofar 11:1-20
Job
12:1-14:22
B. Ciclo segundo 15:1-21:34
Elifaz1 5:1-35
Job 16:1-17:16
Bildad 18:1-21
Job
19:1-29
Zofar 20:1-29
Job
21:1-34
C. Ciclo tercero 22:1-31:40
Elifaz 22:1-30
Job
23:1-24:25
Bildad 25:1-6
Job
26:1-31:40
III. Los discursos de Eliú 32:1-37:24
IV. Los discursos del
Todopoderoso 38:1-41:34
V. La conclusión 42:1-17
El hogar patrio
de Job era el país de Uz.[4]
Aunque falta la correlación cronológica específica, los tiempos en que vivió
Job encajan mejor en la era patriarcal.[5]
Los infortunios de este hombre justo, dan pie a la base para el diálogo que
constituye la mayor parte de este libro.
Vividamente, la
personalidad de Job aparece retratada en tres situaciones diferentes: en tiempos
de una prosperidad sin precedentes, la extrema pobreza, y su inconmensurable
sufrimiento personal. La fe de Job va más allá de lo mundano y apunta siempre a
una esperanza eterna. Incluso aunque lo último no está claramente definido, Job
no llega a la completa desesperación durante el tiempo crucial de sus
sufrimientos.
Job es descrito
como una persona temerosa de Dios, que no ha tenido parigual jamás en toda la
raza humana (1:1,8; 2:3; 42:7-8). El alto nivel ético por el que vivió está más
allá de la realización de la mayor parte de los hombres (29-31). Incluso
después de que sus amigos han analizado la pauta completa de su conducta, la
moral de Job y su conducta permanece más allá de todo reproche.
Para comenzar
con el relato, Job era el hombre más rico del Este. Las posesiones materiales,
sin embargo, no obscurecen su devoción hacia Dios. En tiempos felices de
continuas fiestas, hace sucesivos sacrificios para el bienestar de toda su
familia (1:1-5). El uso de su riqueza en ayudar al necesitado, se refleja a
todo lo largo del libro.
Repentinamente,
Job queda reducido a una extrema pobreza. En cuatro catastróficos
acontecimientos, pierde todas sus posesiones materiales. Dos de esas grandes
desgracias, aparentemente, provienen de causas naturales, los ataques de los sábeos y caldeos. Las otras dos, un terrible fuego que lo
consume todo y un gran viento huracanado, estaban fuera del control humano. Job
no solamente queda reducido a una total bancarrota sino que Pierde a todos sus
hijos.
Job fue sumido
en una terrible confusión, se desgarra las vestiduras y se afeita la cabeza.
Entonces, se vuelve hacia Dios en adoración. Reconociendo que todo lo que
había poseído había provenido de Dios, él también reconoce que en la
providencia de Dios lo había perdido todo. Y por es*o
le bendice, no acusándolo de ninguna culpa.
Atacado de
terrible sarna (2:7-8), Job se sienta en un muladar lleno de cenizas y
desesperadamente busca alivio rascándose con un trozo de teja sus heridas y
pústulas. En ese momento, su esposa le aconseja que maldiga a Dios y que muera.
De nuevo, este hombre justo surge por encima de toda circunstancia y reconoce a
Dios como dueño y señor de todas las vicisitudes de la vida.
Tres amigos, Elifaz, Bildad y Zofar, llegan a visitarle con el propósito de confortarle.
Ellos apenas sí le reconocen sumido en un estado de agudo sufrimiento. Tan
sorprendido estaban, que se sientan en silencio durante siete días. Job
finalmente rompe con su actitud pasiva y maldice el día de su nacimiento, la no
existencia habría sido mejor que soportar tales sufrimientos. Con la angustia
en el alma y el tormento físico en el cuerpo, sopesa el enigma de la existencia
en la pregunta: ¿Por qué habré nacido?[6]
El problema que
sirve de base en la totalidad de la discusión, era el hecho de que ni Job ni
sus amigos, conocían la razón para aquellas evidentes desgracias e infortunios.
Para ellos, la razón de todo es desconocida. Satanás aparece ante Dios para
poner a prueba la devoción de Job y su fe. Y hace la acusación de que Job simplemente
sirvió a Dos por las recompensas materiales y se le concede permiso para
destrozar todas posesiones del hombre más rico del Este, aunque para hacerle
daño al propio Job. Cuando la filosofía resultante de Job respecto a la vida,
resiste a la de Satanás, Dios concede al acusador la libertad de eligir a Job, pero con la específica restricción de no
atentar contra su vida. Aunque Job había maldecido el día en que vino al mundo,
nunca maldijo contra Dios. Consciente por completo de sus sufrimientos y no
encontrando ninguna explicación, Job propone la pregunta "¿por qué?"
mientras que ahonda en el misterio de su peculiar suerte en la vida.
Con cierta
repugnancia, sus amigos intentan consolarle, ya que él lo había hecho con
muchos otros en tiempos pasados (4:1 ss.). Elifaz, precavidamente, resalta que ningún mortal con
sabiduría limitada puede aparecer perfectamente justo ante un Dios omnipotente.
Fallando en reconocer la genuína devoción de Job
hacia Dios, Elifaz llega a la conclusión de que está
sufriendo a causa del pecado (4-5).
En respuesta,
Job describe la intensidad de su miseria, que incluso sus propios amigos no
comprenden. Para él, parece como si Dios le hubiese abandonado a un continuo
sufrimiento. En vano desea con vehemencia que llegue una crisis en la cual
pueda encontrar alivio, o bien, la muerte para su pecado (6-7).
Bildad,
inmediatamente, le replica que Dios no trastocaría la justicia. Apelando a la
tradición y afirmando que Dios no rechazaría a un hombre sin tacha, Bildad implica que Job está sufriendo precisamente por sus
propios pecados (8).
¿Cómo un hombre
puede ser justo ante Dios? es la siguiente pregunta de Job. Nadie es igual a
Dios, Dios es omnipotente y actúa siguiendo su voluntad sin tener que dar
cuentas a nadie. Sin arbitro ni juez que intervenga o
explique la causa de sus sufrimientos, Job apela directamente al Todopoderoso.
Hastiado de la vida en tan insoportable estado, Job espera el alivio con la
muerte (9-10).
Zofar,
decididamente, increpa a Job por plantear tales cuestiones. Dios podría revelar
su pecado; pero la sabiduría divina y el poder de Dios están fuera del alcance
de la comprensión del hombre. Aconseja a Job que se arrepienta y confiese su
culpabilidad, concluyendo que la sola esperanza para el malvado es la muerte
(11).
Job,
valientemente, afirma que la sabiduría no está limitada a sus amigos. Toda la
vida, lo mismo que la humana que la de las bestias, está en las manos de Dios.
De acuerdo con sus oponentes reafirma que Dios es omnipotente, omnisciente, y
justo. Con una intensa vehemencia hacia Dios, pero no comprobando el recibir
ningún alivio temporal, Job se hunde en las profundidades de la desesperación.
En un período de duda, se pregunta si habrá vida después de la muerte (12-14).
Elifaz acusa a Job de
hablar cosas sin sentido, faltando así el respeto debido a Dios. Afirmando que
es demasiado arrogante, Elifaz insiste que la
tradición tenía la respuesta: el sufrimiento es el resultado del pecado. El
conocimiento común enseña que el malvado tiene que sufrir (15).
Recordando a
sus oyentes que aquello no era nada nuevo, Job concluye rectamente que sus
amigos son unos miserables consoladores. Aunque su espíritu está roto, sus
planes deshechos y su vida tocando a su fin, mantiene que su testimonio en el
cielo abogará por él (16-17).
Bildad tiene poco que
añadir. Simplemente reafirmar la aserción de sus colegas, de que el malvado
tiene que sufir. Todo el que sufre forzosamente
tiene que ser impío (18).
Olvidado por
sus amigos, alejado y abandonado por su familia, aborrecido por su esposa, e
ignorado por sus sirvientes, Job describe su solitaria condición de estar
sufriendo por la mano de Dios. Solamente la fe lleva más allá de sus presentes
circunstancias. Y anticipa la futura vindicación sobre la base de su conducta
(19).
La esencia de
la réplica de Zofar, es de que
la prosperidad del malvado es muy corta y breve. Vuelve obstinadamente a
repetir que el sufrimiento es la parte que toca al hombre malvado (20).
Job termina el
segundo ciclo de discursos, rechazando las conclusiones básicas de sus amigos.
Mucha gente malvada goza plenamente de las cosas buenas de la vida, recibe un
honorable enterramiento y son respetadas por sus éxitos. Esto siempre fue
constatado por los que observan y por aquellos que tienen un amplio
conocimiento de los hombres y los asuntos del mundo (21).
En el tercer
ciclo de sus discursos, continúa el problema de encontrar la solución para
Job. Creyendo firmemente que aquel sufrimiento es el resultado del pecado, los
amigos de Job llegan a la conclusión de que Job había sido un pecador. Puesto
que la causa del sufrimiento no puede ser atribuida a un Dios justo,
omnipotente, tiene que encontrarse en el sufrimiento individual. Elifaz, por tanto, culpa a Job con pecados secretos, ^cusa
a Job de que ha asumido que Dios en su lejanía infinita no se da cuenta de su
tiránico tratamiento con los pobres y los oprimidos. Puesto que ws pecados de Job son la causa de su miseria, Elifaz le aconseja de que se vuelva hacia Dios y se
arrepienta (22).
Job aparece
confuso. Su sufrimiento continúa y los cielos permanecen silenciosos. Una
sensación de urgencia y de impaciencia le sobrecoge al ver que Dios no actúa en
su nombre. Todo lo que él había hecho era totalmente conocido por el Dios a
quien había servido fielmente con fe y obediencia. Al mismo tiempo, la
injusticia, la violencia, y la iniquidad continúan, y Dios sostiene la vida de
los perversos y malvados (23-24).
Bildad habla
brevemente. Ignorando los argumentos, intenta que Job caiga de rodillas ante
Dios. Y en esto, no tuvo éxito (25).
Job está de
acuerdo con sus amigos, de que el hombre era inferior a Dios (26). Afirmando de
que él era inocente, y que no tenía razón en sus cargos, él es el vivo retrato
del malvado. Sus amigos no tenían ninguna garantía de perder su prosperidad.
Aunque el hombre ha explorado y buscado los recursos de la naturaleza, él
todavía estaba confuso en su busca por la sabiduría. Esta no podía ser
comprada, aunque Dios ha mostrado su sabiduría por todo el Universo. ¿Podría el
hombre hallarla? Sólo el temeroso de Dios, el hombre moral, tiene acceso a tal
sabiduría y a su comprensión (28).
Job concluye su
tercer ciclo de discursos, revisando todo su caso. Contrasta los días dorados
de extrema felicidad, prosperidad y prestigio con su presente estado de
sufrimiento, humillación, y angustia del amia en la conciencia, de que lo que
a él le está sucediendo estaba ordenado por Dios. Con considerables detalles,
Job hace un recuento de su nivel ético e integridad tratando con todos los hombres.
No manchado por la inmoralidad, la vanidad, la avaricia, la idolatría, la
amargura y la insinceridad, Job reafirma su inocencia. Ni el hombre ni Dios
podrían sostener los cargos que sus amigos han levantado contra él (29-31).
Aparentemente, Eliú ha escuchado pacientemente los debates entre Job y sus
tres amigos. Siendo más joven, se retrae de hablar hasta que es compelido a
ello para intentar discernir lo que era verdad de Dios. Tras denunciar a Job
por su actitud hacia el sufrimiento, refuta sus quejas. Con una tierna
sensibilidad hacia el pecado y una genuina reverencia hacia Dios, Eliú sugiere la sublimidad de Dios como maestro que busca
disciplinar al hombre. La grandeza de Dios, desplegada en las obras de la
creación de la naturaleza, es sobrecogedora. La comprensión del hombre hacia
Dios y sus caminos, está condicionada por la limitación de su mente. ¿Cómo podría
el hombre conocer rectamente a Dios? Por lo tanto, no sería prudente hacerlo
con su fatuidad, sino practicar el temor de Dios que es grande en poder,
justicia y rectitud (32-37).
En una multitud
de palabras, ni Job ni sus amigos, han resuelto el problema de la retribución,
el misterio del sufrimiento, o los disciplinarios designios en lo que toca a
la vida de Job. Tampoco los discursos sobre el Altísimo presentan un razonado
argumento que permita una detallada y lógica explicación (38-41). La respuesta
de Dios desde un torbellino reside en la grandeza de su propia majestad. Las
maravillas del universo físico, y las del reino animal, muestran la sabiduría
de Dios, más allá de cualquier concepción o entendimiento. Incluso Job, que ha
respondido a sus amigo8 repetidamente, reconoce humildemente que él
no podría responder a Dios. Pero Dios continúa hablando. ¿Acaso no ha creado El
los monstruos del mar lo mismo que a Job? ¿Es que Job tendría el poder de
controlar al behemot (hipopótamo) y al leviatán?
(cocodrilo). Si el hombre no puede enfrentarse con esas criaturas, ¿cómo podría
esperar hacer frente a su creador, el Uno que los ha creado a ellos?
Job está
sobrecogido con la sabiduría y el poder de Dios. Ciertamente, los propósitos y
designios de Aquel que tiene tal sabiduría y poder, no pueden ser cuestionados
por mentes finitas. ¿Quién pone en duda la propiedad de los caminos de Dios en
el sufrimiento de los justos o en la prosperidad del malvado? Los secretos y
motivaciones de Dios en su justicia hacia el género humano, están más allá de
todo alcance humano. En el polvo y en la ceniza, Job se inclina humildemente en
adoración, confesando su insignificancia. En una nueva perspectiva de Dios, al
igual que por sí mismo, comprueba que ha hablado más allá de su limitado
conocimiento y comprensión. Por la fe y la confianza en Dios, él se sobrepone a
las limitaciones de la razón humana en la solución de los problemas, que tan
audazmente ha planteado ante el silencio de los cielos y antes de que éste se
rompa (42:1-6).
Identificado
por Dios como "mi siervo", Job se convierte en el sacerdote
oficiante e intercesor para sus tres amigos que tan estúpidamente habían
hablado. Su fortuna fue restaurada en doble medida. En la camaradería de sus
parientes y amigos, Job vuelve a experimentar el bienestar y las bendiciones de
Dios, tras el tiempo de su severa prueba.
Los Salmos —(Himnología de Israel
Por más de dos
milenios, el libro de los Salmos ha sido la más popular colección de escritos
del canon del Antiguo Testamento.
Los Salmos
fueron utilizados en servicios del culto religioso por los israelitas,
comenzando en los tiempos de David. La Iglesia cristiana ha incorporado los
Salmos a la liturgia y a su ritual a lo largo de los siglos. En todos los
tiempos, el libro de los Salmos ha merecido más interés personal y mayor uso en
público y en el culto que cualquier otro libro del Antiguo Testamento, superando
todas las limitaciones geográficas o raciales.[7]
La popularidad
de los Salmos descansa en el hecho de que reflejan la experiencia común de la
raza humana. Compuestos por numerosos autores, los varios Salmos expresan, las
emociones, sentimientos personales, la gratitud, actitudes diversas, e
intereses del promedio individual de las personas. Las personas de todo el
mundo han identificado su participación en la vida con la de los Salmistas.[8]
Aproximadamente,
dos tercios de los 150 Salmos, están asignados a varios autores por su título.
El resto, es anónimo. En la identificación hecha hasta ahora 73 se adscriben a
David, 12 a Asaf, 10 a los hijos de Coré, 2 a Salomón, uno a Moisés y uno a cada de los esdraítas Hernán y Etán.[9]
Los títulos también pueden proporcionar información concerniente a la ocasión
en que fueron compuestos los Salmos por las instrucciones musicales y su adecuado
uso en el culto.[10]
Cómo y cuándo
fueron coleccionados los Salmos, es asunto sujeto a variada y múltiple
discusión. Puesto que David tenía tan genuino interés en establecer el culto y
comenzó con el uso litúrgico de algunos de ellos, es razonable asociar la
primera colección con él, como rey de Israel (I Crón.
15-16). El cantar de los salmos en la casa del Señor también fue un uso introducido
por David (I Crón. 6:31). Con toda probabilidad,
Salomón, Josafat, Ezequías, Tosías y otros,
construyeron al arreglo y extensión del uso de los Salmos en subsiguientes
centurias. Esdras en la era post-exílica, pudo haber
sido el editor final del libro.
Con pocas
excepciones, cada Salmo es una unidad simple, sin relación con el precedente o
el que le sigue. Consecuentemente, la longitud del libro con 150 capítulos, es
muy difícil de reseñar. Una división quíntuple preservada
en el texto hebreo y en las más antiguas versiones, es como sigue: I (Salmos
1-41), II (42-72), III (73-89), IV (90-106), V (107-150). Cada una de esas
unidades termina con una doxología. En la última división, el Salmo final sirve
como la doxología concluyente. Aunque se han hecho numerosas sugerencias para
este arreglo, aún permanece en pie la cuestión que concierne a la historia o
al propósito de tales divisiones.
El sujeto de la
cuestión parece proporcionar la mejor base para un estudio sistemático de los
Salmos. Varios tipos pueden, ser clasificados en ciertos grupos, puesto que
representan una similaridad de experiencia como
fondo, y tienen un tema común. Considerando que el Salterio entero no puede ser
debidamente tratado en este breve estudio del problema, la siguiente
clasificación, con ejemplos para cada categoría, puede ser utilizada para ser
usada como sugerencia para un, ulterior estudio:
I. Oraciones de los justos 17,
20, 25, 28, 40, 42, 55, etc.
II. Salmos penitenciales 6, 32,
38, 51, 102, etc.
III. Salmos de alabanza 65,
95-100, 111-118, 146-150.
IV. Salmos de los peregrinos,
120-134.
V. Salmos históricos 78, 105,
106, etc.
VI. Salmos mesiánicos 22, 110,
etc.
VII. Salmos
alfabéticos 25, 34, 111-112, 119, etc.
La necesidad de
la salvación del hombre es universal. Esto está expresado en muchos Salmos en
los cuales la voz del justo apela a Dios en busca de auxilio. Agobiado por la
ansiedad, el peligro inmediato, un sentimiento de vindicación o una necesidad
para la resurrección, hacen que el alma se vuelva hacia Dios.
Los más
intensamente expresados, son los anhelos del individuo penitente. Con pocas
excepciones, esos Salmos están adscritos a David. Libremente, él expresa sus
sentimientos de la sincera confesión del pecado. Más ejemplarmente es el Salmo
51, cuyo fondo histórico se encuentra en II Sam.
12:1-13. Totalmente consciente de su terrible culpabilidad, que se expresa con
un triple énfasis —el pecado, la iniquidad y la trasgresión— David no busca el evadirse
de su personal responsabilidad. Sobrecogido y totalmente humillado, se vuelve
hacia Dios con la fe, dándose cuenta de que un espíritu roto y humillado es
aceptado a Dios. Los sacrificios y servicios de un individuo arrepentido, son
la delicia del Dios de la misericordia. El Salmo 32 está relacionado con la
misma experiencia, e indica la guía divina y alabanza que se convierte en
realidad en la vida de uno que haya confesado con arrepentimiento su pecado.
Los Salmos de
alabanza son numerosos. Estas expresiones de exultación y gratitud son a menudo
la consecuencia natural de una gran liberación. La alabanza a Dios, con
frecuencia, se expresa por el individuo que comprueba las obras de la creación
en la naturaleza del Todopoderoso (Salmos 8, 19, etc.). La acción de gracias
por las cosechas (65), la alegría en la adoración (95-100), la celebración de
las fiestas (111-118), y los "Grandes Aleluyas"
(146-150) se hacen partes importantes de la salmodia de Israel.
Los Salmos de
los peregrinos (120-134) están etiquetados como "Cantos de los
Antepasados" o "Cánticos graduales". El fondo histórico para
esta designación es desconocido. Se han emitido varias teorías asumiéndose
ahora generalmente, que esos Salmos estaban asociados con los peregrinajes
anuales de los israelitas a Sión para los tres
grandes festivales.[11]
Este grupo distintivo ha sido reconocido como un salterio en miniatura, puesto
que su contenido representa una amplia variedad de emociones y experiencias.
En los Salmos
históricos, los salmistas reflejan las relaciones de Dios con Israel en tiempos
pasados. Israel tuvo una historia de variadas experiencias que proporcionó un
rico fondo que inspiró a sus poetas y escritores de cantos. En toda la
extensión de esos Salmos, hay numerosas referencias a los hechos milagrosos y
divinos favores que se le concedieron a Israel en tiempos pasados.
Los Salmos
mesiánicos indicaban proféticamente algunos aspectos del Mesías como fue
revelado en el Nuevo Testamento. Sobresaliendo en esta clasificación, está el
Salmo 22, que tiene varias referencias y que establecen un paralelo con la
pasión de Jesús, retratadas en los cuatro Evangelios. Aunque este grupo refleja
la experiencia emocional de sus autores, sus expresiones, bajo inspiración
divina, tiene importancia profética. Interrelacionado con la vida y el mensaje
de Jesús, este elemento en los Salmos es vitalmente significativo como está
interpretado en el Nuevo Testamento, vagamente expresado en los Salmos de
culto, las referencias mesiánicas se hacen más aparentes al ser cumplidas en
Jesús, el Mesías.[12]
Otro grupo de
Salmos puede ser clasificado por el uso del acróstico en su arreglo. El más
familiar en su categoría, es el Salmo 119. Por cada serie de ocho versos, se
utiliza sucesivamente una letra del alfabeto hebreo. En otros Salmos sólo se
asignan una simple línea para cada letra. Naturalmente, el uso de este
dispositivo no puede ser efectivamente transmitido a las versiones en otros
idiomas.
Con este
análisis ante él, el lector principiante reconocerá que el libro de
los Salmos es tan diverso como un himnario de iglesia. La clasificación
extendida de los Salmos, incrementa necesariamente la duplicación, en las diversas
categorías. Que esta consideración no sea sino un principio para el ulterior
estudio de cada Salmo individual.
Los Proverbios
—una antología de Israel
El libro de los
Proverbios es una soberbia antología de expresiones sabias.[13]
Provocativo en estimular el pensamiento, un proverbio resalta una simple
verdad, evidente por sí misma. En el uso popular, tuvo con frecuencia una
desfavorable conotación.[14]
La literatura de los Proverbios, sin embargo, representa la sabiduría del
sentido común expresada en una forma breve y aguada. En el transcurso
del tiempo, un proverbio —mashal en
hebreo— no solamente se convirtió en un instrumento de instrucción sino que ganó
un uso extensivo como tipo de discurso didáctico.
La colección de
proverbios preservada en el libro, por tal nombre, con-tiene repetidas rúbricas
de origen en sus diversas partes. Indicativos de sus numerosas divisiones en
este libro, son estos encabezamientos:
1. Los
proverbios de Salomón, Proverbios
1:1
2. Los
proverbios de Salomón 10:1
3. Las palabras
del sabio 22:17
4. Proverbios
de Salomón copiados por los hombres
de Exequias 25:1
5. Las palabras
de Agur 30:1
6. Las palabras
del rey Lemuel 31:1
Una breve
consideración, de estas anotaciones, hace aparente que el libro de los
Proverbios es, en su forma presente, un resumen que cubre siglos de tiempo
transcurrido. Incluso aunque la mayor parte de esta colección está asociada
con Salomón, es obvio que se añadieron ciertas partes durante o posteriormente
al tiempo de Ezequías (700 a. C).
La asociación
de la sabiduría con Salomón está bien, atestiguada en Reyes y Crónicas. Los
relatos históricos de este gran rey, le retratan como el compendio de la
sabiduría en la gloria de Israel en su período más próspero. En humilde
dependencia con Dios, comenzó su reinado con una oración en solicitud de la
sabiduría. En su amor por Dios, su preocupación por hacer siempre el juicio justo,
y la sabia administración de sus problemas domésticos y extranjeros, Salomón
representa la esencia de la sabiduría práctica (I Reyes 3:3-28; 4:29-30; 5:12).
Sobresaliendo por encima de todos los hombres sabios ganó tal fama
internacional, que gobernantes extranjeros, entre la más notable, la Reina de Saba, fueron para expresar su admiración y buscar su
sabiduría (II Crótx. 9:1-24).
Versátil en sus
trabajos literarios, Salomón hizo discursos sobre materias de común interés,
tales como las plantas y la vida animal. Con el eré-dito
de haber compuesto tres mil proverbios y cinco cantos, las partes del libro de
los Proverbios que se le adscriben no son sino una muestra de sus palabras de
sabiduría.[15]
La relación
entre el libro de los Proverbios y la sabiduría de Amen-en-opet,
ha quedado como problema de ulterior estudio. Puesto que la fama de Salomón en
sabiduría prevaleció por todo el Creciente Fértil, parece razonable el
considerar seriamente que la sabiduría egipcia estuviese influenciada por los
israelitas.[16] La
deuda de Amen-en-opet a los Proverbios parece más
verosímil, si Griffith está en lo cierto al fechar al
anterior en aproximadamente el 600 a. C., cuando los sabios habían ya sido
activos en Israel por varios siglos.
Puede muy bien
ser que los Proverbios 1-24 vengan seguramente de los tiempos salomónicos y
proporcionen una base para la adicción de otros Proverbios por los hombres de Ezequías (25-29).[17]
Aquellos hombres, probablemente, editaron la colección entera en los capítulos
precedentes. La identidad de Agur y Lemuel y la fecha para la adición de los dos capítulos
finales, permanecen aún desconocida hasta nuestros días.
Una variedad de
formas poéticas y dichos llenos de sapiencia se hacen aparentes en los
Proverbios. Los primeros nueve y los dos últimos capítulos son extensos
discursos, mientras que las secciones restantes contienen cortas coplas,
constituyendo cada una, una unidad.
El paralelismo,
tan característico en la poesía hebrea, se usa efectivamente en estos
proverbios.[18] En
paralelismo "sinónimo" el pensamiento es repetido en la segunda línea
del dístico, ejemplificado en 20:13:
No ames el
sueño, para que no te empobrezcas;
Abre tus ojos,
y te saciarás de pan.
Frecuentemente,
la segunda línea será "antitética" expresando un contraste. Nótese
el ejemplo en 15:1:
La blanda
respuesta quita la ira;
Mas la palabra
áspera hace subir el furor.
En un
paralelismo "sintético" o "ascendiente" la idea expresada
en la primera línea, está completada en la segunda. Esta progresión del pensamiento
está aptamente ilustrada en 10:22:
La bendición de
Jehová es la que enriquece,
Y no añade
tristeza con ella.
Mientras que
muchas partes de los Proverbios están completas en sí mismas, el libro como
unidad, merece una seria consideración para el lector principiante. Ello
conduce por sí a la perspectiva siguiente:
I. Introducción Proverbios
1:1-7
II. Contraste y comparación de
la sabiduría
y la insensatez 1:8-9:18
A. El anhelo de
la sabiduría 1:8-2:22
Ella guarda de
malas compañías 1:8-19
Es despreciada por los ignorantes 1:20-33
Libera del mal a hombres y mujeres 2:1-22
B. La bendición
práctica de la sabiduría 2:1-35
Dios hace prosperar al sabio 3:1-18
Dios protege al sabio 3:19-26
Dios bendice al sabio 3:27-35
C. Los
beneficios de la sabiduría en la
experiencia 4:1-27
D. Las
advertencias contra los caminos de
la insensatez 5:1-7:27
Evitar la mujer extraña 5:1-23
Evitar tratos y negocios desatinados 6:1-5
Los peligros de la pereza y el engaño 6:6-19
El desatino del adulterio 6:20-7:27
E. La
personificación de la sabiduría 8:1-9:18
La sabiduría tiene grandes riquezas 8:1-31
Bendiciones aseguradas al poseedor de la
Sabiduría 8:32-36
La invitación al banquete de la sabiduría 9:1-12
La invitación de la insensatez 9:13-18
III. Máximas éticas 10:1-22:16
A. Contraste de
lo recto y lo incorrecto en la
práctica 10:1-15:33
B. Admonición
de temer y obedecer a Dios 16:1-22:16
IV. Las palabras del sabio 22:17-24:34
A. Los caminos
de la sabiduría y la
insensatez 22:17-24:22
B. Advertencias
prácticas 24:23-34
V. Colección de los hombres de Ezequías 25:1-29:27
A. Reyes y súbditos
temerán a Dios 25:1-28
B. Advertencias
y lecciones morales 26:1-29:27
VI. Las palabras de Agur 30:1-33
VII Las
palabras de Lemuel 31:1-31
El título de
este libro en su mayor parte se aplica en forma de cortos aforismos en
10:1-22:16, que están caracterizados como proverbios. La introducción en 1:1-7,
sin embargo, incluye la entera colección en su declaración de propósitos.
Aunque proyectado como guía para la juventud, tales proverbios ofrecen la
sabiduría para todos. Su nota predominante es "el temor de Dios" y la
sabiduría tiene como clave una recta relación con Dios. El conocimiento
personal de Dios es el fundamento para un vivir recto. Una reverencia para
Dios en el diario vivir es la verdadera aplicación de la sabiduría.
Se resume un
concepto de discusión entre la sabiduría y la insensatez en 1:8-9:18. Se
dispone en la relación entre maestro y alumno o padre e hijo con el que escucha
al que frecuentemente se dirige como "mi hijo • De la escuela de la
experiencia proceden palabras de instrucción a la juventud, que se adentra en
los misteriosos y desconocidos caminos de la vida. La sabiduría está
personificada. Y habla con una lógica irrefutable-Discute con la juventud para
considerar todas las ventajas que ofrece la sabiduría y advierte a la gente
joven contra los senderos de la estulticia, resaltando realísticamente
los peligros de los crímenes sexuales, malas compañías, y otras malas
tentaciones. En una llamada final, la sabiduría se extiende e invita a la mesa
del banquete. La ignorancia conduce a la ruina y la muerte; pero los que se
deciden por la sabiduría tienen asegurado el favor de Dios.
Los proverbios
de Salomón preservados en 10:1-22:16 consisten en 375 versos, cada uno de los
cuales normalmente constituye un dístico. La inmensa mayoría son, antitéticos,
mientras que otros son comparaciones o declaraciones complementarias. Varios
aspectos de la pauta de la conducta del sabio y el ignorante, se sitúan en
primer término. La riqueza, la integridad, la observancia de la ley, el
discurso, la honestidad, la arrogancia, el castigo, las recompensas, la
política, el soborno, la sociedad, la familia y la vida en ella, la reputación,
el carácter; casi todas las fases de la vida son situadas en su adecuada
perspectiva.
Las palabras de
la sabiduría en 22:17-24:34, contienen aforismos instructivos, la mayor parte
de los cuales son mayores que los dísticos de la sección precedente. Los
peligros de la opresión, la etiqueta a la mesa real, la insensatez de enseñar a
los tontos, el temor de Dios, las mujeres, la borrachera y los beneficios de
la sabiduría reciben consideración en este discurso entre maestro-discípulo.
Los proverbios
coleccionados por los hombres de Ezequías, están agrupados
juntos en 25-29. Probablemente la derrota de Senaquerib
y la reavivación religiosa en los días de Ezequías
estimuló el interés en este propósito literario.[19]
No es descabellado suponer que Isaías y Miqueas estuviesen entre ese grupo de
hombres. Estos proverbios proporcionan consejo para los reyes y subditos con especial atención a la pauta de conducta de
los estultos. En las oportunidades que ofrece la
vida, el estulto exhibe su estulticia, mientras que
el hombre sabio demuestra las formas de la sabiduría.
Los dos últimos
capítulos son unidades independientes. Agur, un autor
desconocido, habla de las limitaciones del hombre y de la necesidad de guía por
parte de Dios, con Su palabra. Como cosa característica de las antiguas formas
de literatura, plantea cuestiones retóricas, hablando en ellas de diversos
problemas de la vida, concluyendo con consejos prácticos.
El capítulo
final abre con las instrucciones de Lemuel, lo
correspondiente a los reyes. En un acróstico alfabético alaba la inteligente e
industriosa ama de casa —la madre consagrada a su hogar y a sus hijos es digna
de la mayor alabanza.
Eclesiasíés —la
investigación de la vida
La filosofía de
su autor y fascinantes experiencias, son la base profunda del libro del
Eclesiastés. Hablando como "Cohelet" o como
"Predicador" establece en prosa y en verso sus investigaciones y
conclusiones.
Aunque este
libro está asociado con Salomón, la cuestión del autor del mismo, continúa
siendo un enigma. ¿Escribió Salomón el Eclesiastés, o lo hizo el rey israelita
anónimo que representó el epítome de la sabiduría?[20]
Tampoco está establecida la fecha de su escritura. Quienquiera que fuese
el autor, utiliza pasajes clásicos de otros libros del Antiguo Testamento.[21]
Se trata de un profundo tratado, que junto con Job y los Proverbios, está
clasificado como la literatura de la sabiduría de los judíos. Era leído públicamente
en la fiesta de los Tabernáculos, e incluido por los judíos en los "Megilloth" o libros utilizados en los días festivos.
El énfasis del autor sobre el goce de la vida, hacía de ellos una lectura
apropiada en la estación anual de las diversiones.[22]
El Eclesiastés
representa una expresión de las vicisitudes del hombre, sus venturas y sus
fracasos. El autor no presenta una filosofía sistemática como Aristóteles, Espinoza, Hegel o Kant, con su desarrollo, sino que hace una cuidadosa
investigación y examen sobre la base de las observaciones y experiencias, de
las que obtiene sus conclusiones. Como un todo, limita sus investigaciones a
las cosas hechas "bajo el sol", una frase a la que recurre con
frecuencia. Otra expresión, "todo es vanidad" (todo es vapor o
aliento) que expresa en veinticinco ocasiones, da la evaluación del autor de las
cosas mundanas que él considera. En su fiel deliberación, se vuelve hacia Dios.
Para un
análisis y para ayuda de la lectura del Eclesiastés, considérese lo que sigue:
I. introducción
Eclesiastés
1:1-11
Proposición del
tema y propósito 1:1-3
El continuo
ciclo de la vida y los acontecimientos 1:4-11
II. Un examen de las cosas
temporales 1:12-3:22
La sabiduría
como objetivo de la vida 1:12-18
El placer como
objetivo 2:1-11
La paradoja de
la sabiduría 2:12-23
La sabiduría de
Dios y el propósito de la
Creación 2:24-3:15
La
responsabilidad del hombre con Dios 3:16-22
III. Un análisis de la relación
económica del hombre 4:1-7:29
La vida del
oprimido es vana 4:1-16
Vanidad de la
religión y de las riquezas 5:1-17
La capacidad
para el goce es dada por Dios 5:18-6:12
La temperancia
práctica en todas las cosas 7:1-19
El hombre caído
de su estado original 7:20-29
IV. Las limitaciones de la
sabiduría del hombre 8:1-12-14
El análisis del
hombre limitado a esta vida 8:1-17
La vida está
hecha para el goce del hombre 9:1-12
La sabiduría es
práctica y beneficiosa 9:13-10:20
Consejo a la
juventud 11:1-12:7
Conclusión: el
temor de Dios 12:8-14
De forma
escéptica, el autor propone esta cuestión: ¿qué es lo más valioso como objeto
de la vida? Como en la naturaleza, así en la vida del hombre existe un repetido
ciclo sin fin (1:4-11). En este mundo no existe nada nuevo. Con esta
introducción, el autor afirma la futilidad de cualquier cosa que haya bajo el
sol.
Explorando los
valores de la vida, Cohelet busca la
sabiduría; pero esto incrementa la tristeza y el dolor (1:12-18). Buscando la
satisfacción en una vida variada y equilibrada, continúa con su investigación.
Como un hombre culto, busca el mezclar el placer, la risa, el goce de los
jardines, las mansiones, el vino y la música en una armoniosa pauta de
la vida, pero también, todo es fútil (2:1-11). En un sentido, es paradójico
buscar la sabiduría, puesto que el hombre sabio intenta actuar a la vista de un
futuro que le es desconocido. ¿Por qué no vivir como el ignorante que vive al
día? (2:12-23). Pero Dios ha creado y diseñado todas las cosas para el goce del
hombre. En el ciclo sin fin de la vida, hay un propósito para todas las cosas
que El ha hecho (2:24-3:15) y en última instancia, es responsable ante Dios
(3:16-22).
¿Qué finalidad
tiene la situación económica del hombre en la vida? ¿Quién goza más de la vida
—el que cumple con las responsabilidades que se le han asignado como un sirviente
ordinario (4:1-3) o el industrioso, agresivo individuo que busca sólo el ganar
riquezas y popularidad (4:4:16)? El practicar la religión como una cuestión de
rutina o el hacerlo hipócritamente, no es ventajoso. Las ganancias de la vida
pueden traer la ruina incluso a un rey, puesto que todo está sujeto a lo que
Dios haya previsto para la naturaleza (5:1-17). La capacidad de gozar las
abundantes provisiones de Dios, procede precisamente del propio Dios
(5:18-6:12). El aplicar la sabiduría y la temperancia en todas las cosas, es
prudente. Desgraciadamente, ninguna criatura finita logra una pauta equilibrada
del vivir, aunque Dios creó al hombre bueno en el principio (7:1-29).
Ningún hombre
alcanza la perfecta sabiduría en esta vida. No conociendo el futuro, el
análisis de la vida del hombre está definitivamente limitado. Cuando la muerte
le destruye, sea justo o malvado, no tiene remedio ni ayuda (8:1-11). A pesar
del hecho de que la muerte llega a todos por igual y que el universo se muestra
indiferente a las normas de moral, es, sin embargo, cuestión de sabiduría el
temer a Dios (8:12-17). El hombre no puede comprender la vida —y la muerte es
inevitable— pero esto no debería impedir que goce de la vida en toda su
plenitud (9:1-12). La sabiduría, sin embargo, debería ser aplicada en todas las
cosas. Valioso y ejemplar es el caso del hombre pobre cuya sabiduría salvó a
toda una ciudad (9:13-18). La temperancia en todas las cosas debería regular el
goce del hombre por la vida. Una pequeña locura puede acarrear mucho dolor y
privar a uno de numerosos beneficios (10:1-20).
Ciertos
principios y prácticas deben guardarse en la mente. Compartir los dones de la
vida con otros, incluso aunque ignoremos el futuro (11:1-6). La filosofía
epicúrea del vivir sólo por el presente queda planteada así. Permitir que la
juventud goce de la vida hasta el máximo, pero recordar que al final se
encuentra Dios (11:7-10). Con una prudente alegoría a la edad madura, la
juventud queda advertida de recordar a su Creador en ios
años tempranos de su vida. La deterioración de sus órganos corporales,
facultades mentales, puede anular y hacerle incapaz de tomar a Dios en
consideración (IZ:!-?).[23]
La admonición
final al hombre está expresada en los dos últimos versos. El deber del hombre
es temer a Dios y guardar sus mandamientos, la base para su responsabilidad
hacia Dios (12:8-14).
El Cantar de los Cantares
La inclusión
del Cantar de los Cantares en los libros poéticos, permanece enigmático. Esto
resulta evidente por la amplia variedad de interpretaciones. Aunque es
imposible asegurar si este libro fue escrito por o para Salomón, el título
asocia su composición con el rey literario de Israel. El contenido sugiere que
este libro pertenece a Salomón, cuyo nombre se cita cinco veces tras su verso
de apertura.
Hay numerosas
interpretaciones de esta composición poética. La visión alegórica de judíos y
cristianos, la teoría dramática, la teoría del ciclo de las bodas, la teoría de
la literatura del Adonis-Tammuz, y otros puntos de
vista, han tenido ardientes defensores a través de los siglos.[24]
En una reciente publicación, el Cantar de los Cantares representa una soberbia
antología lírica con cantos de amor, de la naturaleza, del cortejo amoroso y
matrimonio, que va desde la era salomónica hasta el período persa.[25]
Al presente, no hay interpretación que goce de una amplia aceptación entre los
eruditos del Antiguo Testamento.
El consenso de
los eruditos aprueba que esta composición tiene una
alta calidad poética como expresión de las cálidas emociones del amor humano.
Incorporado como una unidad en el canon judío, merece consideración como un
simple poema más bien que una colección de cantos. Partes componentes del libro
son los monólogos, soliloquios y apostrofes. Una variedad de escena —la corte real
de Jerusalén, un jardín, un lugar en el campo, o un entorno pastoral— encaja
los componentes de las diferentes partes de este poema, con los personajes
presentados en una acción casi dramática. Puesto que se han perdido tantos
detalles en este canto de amor, el intérprete se encara a numerosos problemas.
La
interpretación literal parece la más natural al lector. La figura principal
parece ser una doncella sulamita que es llevada desde
un entorno pastoral al palacio real de Salomón. Conforme el rey galantea a
esta atractiva doncella, sus intentos son rechazados. El esplendor del palacio
y la llamada coral de las mujeres de la corte, fracasan en impresionarla.
Ella anhela
apasionadamente su antiguo amor. Finalmente, su conflicto queda resuelto, al
declinar las ofertas del rey y vuelve hacia su pastor héroe.
Para una
interpretación de este libro poético, en esta manera, el siguiente análisis
puede ser utilizado como guía:
I. La doncella sulamita en la corte real Cantar
de los
Cantares 1:1-2:7
Bienvenida por
las damas de la corte 1:2-4
La respuesta de
la doncella 1:5-7
Réplica por las
damas de la corte 1:8
Habla el rey 1:9-11
La doncella se
dirige a las cortesanas 1:12-14
El rey habla a
la doncella 1:15
El apostrofe de
la doncella 1:16-2:1
Habla el rey 2:2
La doncella a
las damas de la corte 2:3-7
II. La doncella en un palacio
campestre 2:8-3:5
Recuerdos de su
amante campestre 2:8-17
Un sueño 3:1-5
III. La llamada del rey 3:6-4:7
La pompa real
el rey entra 3:6-11
El rey corteja
a la doncella 4:1-7
IV. La doncella reflexiona 4:8-6:3
Alegados por su
amante pastor 4:8-5:1
Un sueño 5:2-6:3
V. La súplica renovada del rey 6:4-7:9
Las ofertas de
amor del rey 6:4-13
La apelación de
las damas cortesanas 7:1-9
VI. La reunión de la doncella y
su amante 7:10-8:14
Su anhelo por
su pastor amante 7:10-8:4