Capítulo XVIII
Isaías
y su mensaje
Para
comprender el mensaje de este libro, es necesario estar familiarizado con la
situación histórica del profeta y del pueblo a quien entregó su mensaje.
Muchas de las alusiones, referencias y advertencias pueden malinterpretarse a
menos que los acontecimientos políticos en Judá, sean
cuidadosamente considerados, en relación con las naciones circundantes.
Con el profeta
en Jerusalén
Se
conoce muy poco respecto al linaje de Isaías, su nacimiento, juventud o
educación, más allá del hecho de que fue hijo de Amos. Aparentemente, nació y
se educó en Jerusalén. Puesto que su llamada al ministerio pro-fético está definitivamente fechado en el año que murió Uzías (740 a. C.), es razonable fechar su nacimiento entre
el 765 y 760 a. C.
Isaías
nació en días de prosperidad. Judá estaba volviendo a
ganar su fuerza militar y económica bajo el competente liderazgo de Uzías. Previamente, la absurda política llevada a cabo por
Amasias, había llevado a Judá a la invasión y a la
opresión por Israel y posiblemente el reproche del encarcelamiento de Amasias.
Este último acontecimiento pudo haber promovido el reconocimiento de Uzías como corregente allá por el año 792-91 a. C. Con el
cambio de reyes en Israel, Amasias fue restaurado en el trono (782-81) sólo
para ser asesinado (768). Esto dio a Uzías el control
único de Judá Y la oportunidad de afirmar su efectivo
caudillaje.
Ominosos
acontecimientos pronto sembraron amenazantes sombras a través de las futuras
esperanzas de Judá. En Samaría,
Jeroboam al morir en el 753, siguió la
revolución y la efusión de sangre hasta que Manahem
se apoderó del trono. En Judá, Uzías
fue tocado por la lepra como un Juicio divino por asumir responsabilidades
sacerdotales. Aunque Jotán fue hecho corregente en aquel tiempo (ca. 750 a. C.), Uzías
continuó en el gobierno activo. La prosperidad económica prevaleció en Judá conforme se extendía hacia el sur con sus fronteras,
incluyendo a Elat en el golfo de Acaba. Hacia el
este, los amonitas eran tributarios de Judá.
Más
portentosa fue el acceso al trono de Tiglat-pileser III,
o Pul en, Asiría, en el 745 a. C. La subsiguiente conquista
de Babilonia por los asirios, precipitó una preparación unificada de los
gobernantes palestinos para la agresión asiría. En el 743-738, esta expectación
se convirtió en realidad, cuando el ejército asirio avanzó hacia el oeste en
diversas campañas. El rey asirio informa en sus anales que derrotó a la fuerza
palestina bajo el mandato de Azarías
o Uzías de Judá. Thiele fecha este hecho en el primer año de este período.[1]
Manahem, el rey de Israel, también tuvo que realizar
un fuerte tributo a! rey de Asiría (II Reyes 15:19).
Bajo
la amenaza pendiente de la agresión asiría, ocurrieron rápidos cambios en
Israel y los mismos tuvieron sus repercusiones en Judá.
Cuando murió Manahem, fue sucedido por su hijo Pekaía, que fue asesinado por Peka
tras dos años de gobierno. El último tomó el trono de Samaría
en el 740-39 y comenzó una agresiva política anti-asiria. La muerte de Uzías, el notable
rey de Judá y el más sobresaliente desde los días de
David y Salomón, ocurrió el mismo año.
Durante
este año de tensión en el país y en el exterior, el joven Isaías recibió su
llamada profética. Es verosímil que hubiese observado los desarrollos internacionales
con profundo interés cuando las esperanzas de Judá
por la supervivencia nacional se desvanecieron ante los avances de los
ejércitos de Asiría. No está indicado cual fue la actitud religiosa de Isaías
en aquel tiempo. Pudo haber estado familiarizado con Amos y Oseas,
que se mostraban activos en el Reino del Norte. Como hombre joven, pudo haber
estado en contacto con Zacarías, el profeta que tuvo tan favorable influencia
sobre Uzías. En este año crucial, el joven fue
llamado a ser el portavoz de la palabra de Dios, para entregar el mensaje de
Dios a una generación encarada con acontecimientos históricos sin precedentes.
Mientras
que Peka resistía firmemente a los asirios, un grupo
pro-asirio fue ganando poder en Judá. Aparentemente,
este movimiento fue el responsable de la elevación de Acaz
al trono en el 736-35 a. C., cuando los ejércitos asirios se hallaban activos
en. Nal y Urartu. Acaz pudo haber precipitado la invasión asiría de los
filisteos en el 734. Al menos, tras de su retirada, Peka
de Samaría y Rezín de
Damasco, lanzaron un. ultimátum a Acaz
para unirse a ellos en oposición a Asiría. En este momento, Isaías quedó
implicado en la marcha de los acontecimientos. Fue específicamente comisionado
para avisar al rey de confiar en Dios (Is. 7:lss.). Ignorando el aviso del profeta, Acaz
hizo un tratado con Tiglat-pileser
III. Aunque Judá fue invadida por los
ejércitos sirio-efraimíticos y perdió a Edom como tributaria, Acaz
sobrevivió con el avance del ejército asirio. Las sucesivas campañas asirías
dieron por resultado la conquista y capitulación de Siria en el 732 a. C.
Simultáneamente, Peka fue ejecutado y substituido por
Oseas, que aseguró el tributo de Israel al rey de
Asiría. Acaz se encontró con Tiglat-pileser en Damasco y selló su pacto introduciendo el culto
de adoración asirio en el templo de Jerusalén.
La
actividad de Isaías durante el resto del reinado de Acaz
es obscura. Tuvo que haber compartido el profundo interés y ansiedad de los
ciudadanos de Judá concernientes a las luchas de Samaría, a unos sesenta kms., al
norte de Jerusalén. Cuando Salmanasar sucedió a Tiglat-pileser sobre el trono de
Asiría, Oseas terminó su servidumbre. Siguiendo un
asedio de tres años por los asirios, Oseas fue
muerto, y Samaría conquistada por el invasor en el
722. Aparentemente, Acaz fue capaz de mantener
favorables relaciones diplomáticas con Asiria,
evitando así la invasión de Judá en aquel tiempo. No
hay indicación de que Acaz pudiese haber conocido a
Isaías como un verdadero profeta.
Amaneció
un nuevo día para Isaías con el acceso al trono de Ezequías
(716-15 a. C.). Acaz había desafiado al profeta
soportando el culto idolátrico en el templo, pero Ezequías
persiguió un radical y diferente curso de acción. Con todo entusiasmo introdujo
reformas, reparaciones y purificación del templo, enviando invitaciones a los
israelitas desde Beerseba hasta Dan para unirse a las
religiosas actividades de Jerusalén. Mientras que Isaías no hace mención a
estas reformas en su libro, la celebración nacional de la pascua y la
conformidad con la ley de Moisés, tuvieron que haberle alentado por lo que
concernía al futuro de Judá.
El
conocimiento que se tiene hoy de las relaciones judo-asirias
durante el reinado de Sargón II (722-705 a. C.) es muy limitado. En el relato bíblico,
Sargón sólo se menciona una sola vez (Is. 20:1). Se conoce que Asdod
fue conquistado por los asirios en el 711 a. C. Isaías finalmente advirtió a su
pueblo que no deberían buscar en Egipto ningún apoyo, incluso aunque Sabako, el etíope, había establecido con éxito la XXV dinastía el año anterior.
Durante tres años, Isaías caminó con los pies desnudos y vestido como un
esclavo, explicando su acción como simbólica del hado de Egipto y Etiopía. ¡Qué estúpido era su pueblo buscando ayuda egipcia rebelándose
contra Asiria. Aparentemente, Ezequías
mantuvo favorables relaciones con Asiria durante este
período, pagando tributos. De acuerdo con un prisma fragmentario, Sargón se jactó de recibir "regalos" procedentes
de Judá.[2]
De acuerdo con esto, Jerusalén estuvo segura de un ataque durante aquel tiempo.
Mientras
tanto, Ezequías estaba construyendo sus defensas. El
túnel de Siloé fue construido de forma que Jerusalén
estuviese asegurada de un adecuado suministro de agua en caso de sufrir un
prolongado asedio. Mucho tiempo antes de esto, en los días de Acaz, Isaías había declarado valientemente que Asiria extendería sus conquistas y su control sobre el
reino de Judá.
En
los acontecimientos cruciales que siguieron a la subida al poder de Senaquerib en Asiria (705 a. C.),
Isaías había advertido de forma vital y anticipada lo que sucedería a Ezequías. El nacionalismo emergió en rebeliones por todo
el Imperio Asirio. El éxito de Senaquerib en suprimir
tales levantamientos fue el reemplazo de Merodac-baladán por Bel-Ibni sobre el
trono de Babilonia en el 702. Al año siguiente, los asirios dirigían su avance
hacia el oeste. Mediante una milagrosa intervención, Ezequías
sobrevivió.[3]
Cual
fue la duración de la vida de Isaías, es algo desconocido de los registros
existentes. Aparte de su asociación con Ezequías por
el 700 a. C, hay poca evidencia disponible concerniente a sus últimos años. Sin
ninguna evidencia escriturística en contra, es
razonable concluir con las sugerencias indicadas, que Isaías continuó su
ministerio en el reino de Manases. Si el registro de la muerte de Senaquerib es conocido como de Isaías en origen, entonces
el profeta todavía vivía en el 680 a. C., para indicar lo que finalmente
ocurrió al rey asirio quien habló tan despectivamente y con desdoro del Dios en
quien Ezequías había puesto su fe. La tradición
acredita a Manases con el martirio de Isaías; el profeta fue serrado en dos
cuando fue descubierto escondido en el hueco del tronco de un árbol. Desde el
punto de vista de su longevidad, es válido proyectar su ministerio hasta los
días de Manases. El hecho de que Isaías tuviese unos veinte años cuando recibió
su llamada profética en el 740 a. C. es una lógica suposición. Su edad en el
momento de su muerte, tras el 680 a. C. no debería sobrepasar los ochenta años
aproximadamente.
Los escritos de
Isaías
¿Escribió
Isaías el libro que lleva su nombre? Ningún erudito competente duda de la
historicidad de Isaías ni el hecho de que parte del libro fuese escrito por él.
Algunos limitan la construcción de Isaías a porciones escogidas desde 1 al 32,
mientras que otros le acreditan con 66 capítulos completos.
El
análisis más popular de este libro es su división tripartita. Aunque existe
falta de unanimidad entre los expertos en detalles, el siguiente análisis
representa un acuerdo general entre aquellos que no apoyan la unidad de Isaías.[4]
El
Primer Isaías consiste del 1 al 39. Dentro de esta división, solo selecciones
limitadas desde el 1 al 11, 13 al 23 y 28 al 32, son realmente adscritas al
profeta del siglo VIII. La mayor parte
de esta sección tiene su origen en subsiguientes períodos. El Segundo Isaías, o
Deutero-isaías, 40-55, es
atribuido a un autor anónimo que vivió después del 580 a. C. Este escritor
vivió entre los cautivos de Babilonia y refleja las condiciones del exilio en
sus escritos.[5] A pesar
del hecho de que numerosos eruditos le reputan como uno de los más notables
profetas del Antiguo Testamento, ni su nombre real ni cualquier clase de hechos
atestiguan su existencia. El Tercer Isaías, o Trito-isaías, 56-66, es atribuido a un escritor que describe las
condiciones existentes en Judá durante el siglo V; los eruditos fechan a su
autor con anterioridad al retorno de Nehemías en el 444 a. C.[6]
La mayor parte de aquellos que apoyan este análisis no limitan el libro de
Isaías a íres autores. Numerosos escritores, muchos
de los cuales vivieron después del exilio, ya tarde en el siglo II a. C., hicieron
contribuciones fragmentarias.
La
opinión de que Isaías escribió la totalidad del libro con su nombre, data con
anterioridad de al menos el siglo II a. C. Aunque escritores modernos[7]
puedan afirmar que hay "un acuerdo universal entre los eruditos por una
diversidad de autores, la unidad de Isaías ha sido capazmente defendida. La
popularidad de la moderna teoría ha tendido a eclipsar los argumentos de
aquellos que han estado convencidos de que Isaías, el profeta del siglo VIII, fue el responsable de la
totalidad del libro.
Defendiendo
la unidad de Isaías, un escritor ha resaltado que la moderna teoría no puede
ser considerada como completamente satisfactoria en tanto en que no explica la
tradición del origen de Isaías.[8]
Las declaraciones de los judíos en el segundo siglo II a. C., atribuyen a Isaías la totalidad del libro. Él
reciente descubrimiento de los rollos del mar Muerto, fechándolos en el mismo
período anterior, verifica el hecho de que el libro entero fue considerado como
una unidad en aquel tiempo.[9]
Análisis de este libro
El
libro de Isaías es uno de los más comprensivos de todos los libros del Antiguo
Testamento. En el texto hebreo, Isaías se coloca en quinto lugar en extensión
tras del de Jeremías, Salmos, Génesis y Ezequiel. En el Nuevo Testamento,
Isaías es citado por su nombre veinte veces, que excede del número total de
referencias de todos los otros profetas en los libros del Nuevo Testamento.
Varios
temas pueden ser rastreados a todo lo largo del libro. Los atributos y
características de Dios, el remanente, el Mesías, el reino mesiánico, las
esperanzas de la restauración, el uso de Dios de las naciones extranjeras y
muchas otras ideas se encuentran frecuentemente en los mensajes del profeta.
La
siguiente perspectiva abarca el contenido de Isaías:
I. El mensaje y
el mensajero Isaías
1:1-6:13
II. Los proyectos del reino:
contemporáneos y futuros 7:1-12:6
III. Panorama de las naciones 13:1-23:18
IV. Israel en un mundo de
creación 24:1-27:13
V. Esperanzas verdaderas y
falsas en Sión 28:1-35:10
VI. El juicio de Jerusalén
demorado 36:1-39:8
VII La promesa
de la divina liberación 40:1-56:8
VIII. El
reinado universal de Dios establecido 56:9-66:24
Con
esta perspectiva como guía, el libro de Isaías puede ser analizado
completamente considerando cada división por separado.
I. El mensaje y
el mensajero 1:1-6:13
Introducción
1:1
La
nación pecadora condenada 1:2-31
Promesa
de paz absoluta 2:1-5
La
vanidad de confiar en los ídolos 2:6-3:26
La
salvación para lo remanente 4:1-6
La
parábola de la viña 5:1-30
La
llamada al servicio 6:1-13
Este
pasaje puede ser considerado muy bien como una introducción. Casi todos los
temas de mayor importancia, desarrollados más tarde, están inicialmente
mencionados aquí. Una lectura cuidadosa y el análisis de estos capítulos introductorios proporcionan una base para la mejor
comprensión del resto del libro.
¿Recibió
Isaías su llamada al servicio profético tras haber entregado el mensaje en 1-5?[10]
¿Por qué registra esa llamada en cap. 6 en vez de 1
como es el caso en Jeremías y Ezequiel? Tal vez él quisiera retratar la
gravedad pecadora de su generación y así proporcionar al lector una mejor
comprensión de la reserva en aceptar la responsabilidad recaída sobre él en
este ministerio profético.
Isaías
1 revela y expone las condiciones extremadamente graves en el pecado y en la
moral. Israel ha olvidado a su Dios y es peor que el buey que, por lo menos,
vuelve a su dueño para que le alimente con el pienso. Las gentes son peores que
las de Sodoma y Gomorra en
su formalidad religiosa. Los sacrificios que fielmente se hacían de
conformidad con la ley, desagradan al Señor mientras prevalece la injusticia
social. El sacrificio y la oración son una abominación para Dios si no se
ofrecen en un espíritu de contrición, humildad y obediencia. La condenación pesa
sobre el pecador pueblo de Judá. Sión,
que representa la colina del capitolio, está para ser "redimida por la
justicia" significando que el juicio vendrá sobre todo pecador (Is. 1:27-31). La sola esperanza expresada en este capítulo
de apertura, se otorga al obediente (vss. 18-21).
En
directo contraste a esta condenación de Jerusalén, Isaías anuncia y sostiene la
más grande esperanza de restauración. Sin ninguna incertidumbre, anuncia que en
el futuro Sión será destruido y arado como un campo,
pero en un subsiguiente período será restaurado como el centro que gobierne
todas las naciones.[11]
La paz y la justicia saldrán de Sión para todos los
pueblos. Prevalecerá la paz universal cuando Sión
haya sido restablecida como el gobierno central de todas las naciones.
Amonestando
a su pueblo para que se vuelva a Dios en la obediencia (2:5), Isaías atrae la
atención a los problemas contemporáneos. Mientras que tengan fe en los ídolos y
vivan en el pecado, esta esperanza no les sera
aplicada. Les espera el juicio, pero se promete la salvación a aquellos
que pongan su confianza en Dios (2:6-4:1). A través del proceso de purificación
y juicio, todos gozarán de la protección de Dios y de sus bendiciones. Ellos
compartirán la gloria de la restaurada Sión (4:2-6).
Isaías
ilustra vividamente su mensaje en el cap. 5. La
parábola de la viña ha sido
considerada como una de las más perfectas en su clase, en la Biblia.[12]
Israel es la viña del Señor. Tras agotar todas las posibilidades de hacerla
productiva, el propietario decide destruir esta viña. Consecuentemente, los
votos y juicios pronunciados sobre Judá son justos y
razonables, puesto que Dios ha ejercido su amor y misericordia sin percibir los
frutos de un vivir recto en su pueblo elegido.
Para
esta generación pecadora, Isaías es llamado a ser un portavoz de Dios. No es de
extrañar que se halle temeroso y tiemble cuando se hace consciente de la gloria
de un Dios santo cuya justicia requiere el juicio sobre el pecado. Asegurado de
la limpieza y el perdón de su pecado, Isaías en voluntaria obediencia está de
acuerdo en ser el mensajero de Dios. No tiene la respuesta de toda la ciudad a
su ministerio. El hecho de que tiene que advertir al pueblo hasta que las
ciudades queden destruidas y sin habitantes, le habría sugerido que pocos,
relativamente, habrían escuchado su advertencia; sin embargo, no desespera. Se
le proporciona un rayo de esperanza, que cuando el bosque sea destruido, aún
quedará un tronco, significando con ello un remanente en la destrucción de Judá.
La
llamada de Isaías representa un clímax que encaja con esta sección
introductoria. Aunque la mayor parte de este pasaje recarga el énfasis sobre la
situación pecadora contemporánea del pueblo y de que el juicio les espera, la
llamada de un profeta indica la preocupación de Dios por su pueblo. En el
ministerio de Isaías, la misericordia de Dios está expresada a Judá antes de que el juicio sea ejecutado.
II. Los proyectos del reino—lo
contemporáneo y el
futuro 7:1-12:6
Inmediata
liberación de Rezín y Peka 7:1-16
La
invasión asiría pendiente 7:17-8:8
Promesas
de la completa liberación 8:9-9:7
Juicio
de Efraín, Siria y Asiría 9:8-10:34
Condiciones
de paz y bendición 11:1-12:6
La
crisis que hizo surgir la cuestión de los proyectos del reino, era la guerra
siro-efraimítica del 734. Siguiendo a la invasión
asiría de los filisteos, a principios de aquel año, Peka
y Rezín formaron un pacto para detener a los asirios.
Cuando Acaz rehusó unirse a ellos, Israel y Siria
declararon la guerra en Judá.
En
el preciso momento, cuando Acaz y su pueblo están
aterrados por los propósitos de invasión, Isaías llega con un mensaje de Dios. Acaz está inspeccionando su suministro de agua al exterior
de Jerusalén en preparación por el ataque que se avecina, y el posible asedio.
La simple advertencia de Isaías en este momento crucial, es que Acaz no debería tomar acción alguna, los dos reyes a quien
él teme no son sino dos estacas humeantes prontas a ser extinguidas.[13]
Asiría es la amenaza real para Judá (5:26). Conse-centemente, Isaías advierte
a Acaz de confiar en Dios para la liberación.[14]
Asiría
se convierte en el punto focal del mensaje de Isaías conforme discute los
proyectos del reino de Judá. Las consecuencias de la
alianza de Acaz con Pul será peor que cualquiera de las que hayan ocurrido en Judá desde la muerte de Salomón y la división del reino.
Como un hombre, cuyos cabellos son completamente separados de su cabeza al ser
afeitados con una navaja, así Judá será esquilado por
Asiría (7:20). En el cap. 8, Asiria
tiene la similitud de un río que pasa rugiendo sobre Palestina y absorbiendo a Judá hasta el cuello. Es notable y digno de mención que
Isaías no predice la terminación de la existencia nacional de Judá, una suerte nefasta que seguramente se abatirá para
Israel y Siria.
El
avance y éxito de Asiria como una nación pagana,
indudablemente plantea serios problemas para el pueblo de Judá.
¿Permitirá Dios que su pueblo elegido sea absorbido por un poder pagano? Isaías
indica claramente que Dios toma en alquiler la navaja de afeitar y causa el
hecho de que las aguas de Asiria pudiesen ahogar a Judá. Puesto que el pueblo ignora al profeta y vuelve a sus
espíritus familiares (Is. 8:19), una práctica que fue
prohibida por la ley (Deut. 18:14-22), Dios tiene que
castigarle.
Asiria es como una vara en la mano
de Dios (Is. 10:5): ¿Serían los asi-rios tan poderosos que pudieran destruir a Jerusalén?
¿Encontrará Jerusalén la misma suerte, ante el avance enemigo de los ejércitos
de Asiria, que Calno, Carquemis, Hamat, Arpad, Damasco y Samaría? El
profeta presenta claramente la verdad básica de un Dios omnipotente que utiliza
a Asiria como una vara en su mano. Tras de que haya
cumplido su propósito de llevar el juicio sobre su pueblo en el monte Sión y Jerusalén, Dios tratará con Asiria.
Así como el hacha o la sierra que es manejada por el artesano, así Asiria está sujeta a Dios y a su control. La vara no puede
utilizar a su dueño, ni tampoco Asiría a Dios. Isaías, valientemente, asegura
al pueblo de Sión (10:24) que no deberían temer la
invasión de Asiria. El juicio de Dios sobre Jerusalén
será cumplido. Asiria asestará su puño a Jerusalén
pero Dios detendrá al rey en sus planes para destruir la ciudad. La seguridad
de que la nación pagana está bajo el control de Dios, proporciona la base de
esperanza y tranquilidad para aquellos que depositan su confianza en el Dios de
los ejércitos.
Los
proyectos del futuro reino ofrecen la contrapartida al desaliento y
desmoralización temporal en, el tiempo de Isaías. Su generación tiene que
encararse con días difíciles y obscuros. Con un rey impío sobre el trono de
David y el culto religioso asirio prevaleciendo en Jerusalén, los impíos que
quedan tienen que haber sido descorazonados al anticipar la amenazante
invasión asiría. Con la seguridad de la liberación de este enemigo, Isaías
ofrece una renovada confianza en el futuro.
Las
esperanzas para el futuro reino previamente mencionado (2:1-5), se clarifican
en este pasaje. En él se entremezclan con problemas contemporáneos. En contraste
con gobernantes impíos, Isaías manifiesta los proyectos de un remado piadoso y
un rey creyente sobre el trono de David. En contraste con el reino temporal de
Judá, elabora la promesa de un reino universal que
durará siempre.
Él
gobernante justo es presentado en 7:14 como Emmanuel, que significa "Dios
con nosotros".[15]
Ciertamente, el malvado Acaz, que rehusó preguntar por
un signo, no comprende el completo significado de esta promesa, el cumplimiento
de la cual no tiene fecha. Indudablemente esta simple promesa es vaga y ambigua
para aquellos que oyen a Isaías darla en un tiempo de crisis nacional; ellos
pudieron fácilmente haberla confundido con el nacimiento del hijo de Isaías,
llamado Maher-salal-hasbaz. Aunque el país de Emanuel
(8:5-10) tiene que ser dominado por los asirlos y pronto liberado, la promesa
de un futuro de grandeza y liberación, queda asegurada en 9:1-7. Esto se
cumplirá con el nacimiento de un hijo que es identificado como "Dios
fuerte" que establecerá un gobierno y la paz sin fin. En 11, su origen
davídico queda indicado, pero sus características van más allá de lo humano. El
es divino en el ejercicio del juicio justo mediante su omnipotencia.
El
reinado será universal. El conocimiento del Señor prevalecerá por todo el
mundo. Los malvados serán destruidos por la palabra hablada del gobernante
justo, mientras que una absoluta justicia quedará asentada entre el género
humano. Incluso el reino animal será afectado en el establecimiento de este
reinado. Sión, ya no será más objeto de ataque y
conquista, sino que será el centro del gobierno universal y de la paz, ya
indicado en 2. El capítulo 12 expresa la alabanza y la gratitud de los
ciudadanos del futuro reino. Dios —no el hombre— ha establecido su morada en Sión, la sede del Santo de Israel.
III. Panorama de las naciones 13:1-23:18
Condenación
de Babilonia y su poder 13:1-14:27
Caída
de los filisteos — ninguna esperanza de
recuperación 14:28-32
Moab castigado por el orgullo 15:1-16:14
Suerte
de Siria e Israel 17:1-18:7
Egipto
conocerá al Señor de los Ejércitos 19:1-25
Asdod y aliados derrotados por Asiria 20:1-6
Caída
de Babilonia 21:1-10
La
desgracia de Edom 21:11-12
La
suerte de Arabia 21:13-17
La
destrucción pendiente sobre Judá 22:1-14
Juicio
de Sebna el mayordomo 22:15-25
Tiro
juzgado y restaurado 23:1-18
La
visión panorámica de las naciones, es vitalmente relacionada al reino Y sus
proyectos en los precedentes capítulos. Durante el último siglo y la mitad de
la existencia nacional de Judá, desde el tiempo de
Isaías hasta la caída de Jerusalén, reyes y reinos caen y surgen. Para el
pueblo de Judá y Jerusalén, que tuvo la conciencia de
que eran el pueblo elegido por Dios, mediante el cual Sión
sería definitivamente restablecido, al final, esas Profecías que implicaban a
otras naciones eran vitalmente significativas.
Varios temas básicos se
hacen aparentes en los mensajes concernientes a las naciones. Aunque
presentados en los precedentes doce capítulos, están más totalmente desarrollados
e interrelacionados en este pasaje. Asiria, que fue
el problema numero uno para Judá, en Isaías y
subsiguientes períodos recibe poca consideración en este pasaje. La atención
queda enfocada sobre las naciones prominentes.
La
soberanía y la supremacía de Dios son básicas a través de la totalidad de este
pasaje. El título de "Dios de los Ejércitos" se da por lo menos 23
veces en estos 11 capítulos. Isaías reconoce a Dios como tal cuando vio al
"Rey, Jehová de los Ejércitos" al tiempo de su llamada para el
ministerio profético (6:5).[16]
En el Señor de los ejércitos, que utiliza a Asiría corno una vara para el
juicio, descansa la seguridad del establecimiento de un reino que durará para
siempre (9:7).
Los
propósitos y planes de este Señor están frecuentemente expresados en todos los
mensajes que conciernen a las naciones. El juicio procedente de Dios, no caerá
sobre las naciones por accidente, sino de acuerdo con un plan divino.
El
orgullo y la arrogancia son castigados cuando Dios es olvidado, sin importar
que ello ocurra en naciones paganas, en Israel, en Judá
o en cualquier individuo como Sebna el mayordomo
(22:15-25). Ninguna persona altanera ni orgullosa, ni ninguna nación con este
pecado podrá escapar al juicio divino.
El
ejemplo más gráfico está en los capítulos iniciales de este pasaje
(13:1-14:27). Babilonia, con su rey será también enjuiciada. Aunque el apogeo
de su fuerza en Babilonia estaba todavía en el futuro, Isaías predijo en los
días de Ezequías (39) que Babilonia sería responsable
del cautiverio de luda. Para la gente que sobreviviese a la destrucción de
Jerusalén, bajo el poder de Babilonia, esos capítulos tuvieron que haber tenido
una vital y especial importancia. El juicio aguardaba a este reino que fue temporalmente
utilizado en el plan de Dios para purgar a Judá de
sus pecados. Por aquel tiempo, el pueblo ya había sido testigo de la caída de
Asiría y este pasaje les aseguraba de que Babilonia sería igualmente juzgada.
Aunque
Babilonia está específicamente mencionada, el rey de Babilonia no está
identificado. Los comentarios difieren ampliamente en relacionar esto, a varios
reinos y numerosos reyes de Babilonia o Asiría. El principio básico, no
obstante, es que cualquier nación o individuo que se exalte a sí mismo por
encima de Dios, será destronado más pronto o más tarde por el Señor de los
Ejércitos. Las dificultades de relacionar los detalles de este pasaje a
Babilonia históricamente, y la falta de acuerdo en identificar este rey en la
historia, puede sugerir que lo que se implica es mucho
más que un poder temporal o un gobernante determinado. Este rey arrogante puede
representar las fuerzas del mal que se oponen a Dios, aparentes en la raza
humana desde la caída del hombre (Gen. 3.). Este poder de] mal implicará a
individuos o naciones en oposición al Omnipotente hasta el juicio final, cuando
Dios actúe de una vez por todas. La destrucción de la nación del mal,
representada por Babilonia, es igualada a la suerte corrida por Sodoma y Gomorra, que nunca
volvieron a ser repobladas. La deposición del tirano o del malo, representado
por el rey de Babilonia, indica que todos aquellos que están asociados con él
serán destruidos, suprimiendo asi toda oposición. La
finalidad de la destrucción es significativa.
Por
contraste, el tema de la restauración de Israel y las esperanzas de su reino,
aparece por todo este pasaje. La seguridad de que Israel tendrá un reino
universal con Sión como capital, presentado en 2, era
el tema principal en 7-12, donde un énfasis especial se enfoca sobre el gobernante
justo. En esos capítulos el tema de las últimas esperanzas de Israel, no se
olvidan. Es el Señor de los ejércitos quien decretó la caída de Babilonia
(21:10). Israel es todavía la herencia de Dios (19:25) aunque tenga que ser
temporalmente juzgada. No solamente será restaurada la nación de Israel
(14:1-2) sino que permitirá a los extranjeros que se refugien en ella. Sión fue fundado por el Señor (14:32) y será el recipiente
de ofrendas (18:7). Mientras otras naciones y reyes son juzgados, un gobernante
justo será establecido sobre el trono de David (16:5). Tales fueron las
promesas sin paralelo de restauración repetidamente dadas a Israel para
tranquilidad y esperanza en los períodos en que los israelitas fueron sometidos
a los juicios de Dios.
IV. Israel en un puesto mundial 24:1-27:13
La
destrucción de Jerusalén 24:l-13a
El
remanente justo y el malvado informe al Señor
de los ejércitos en Sión 24:13b-23
Canto
de alabanza por los redimidos 25:1-26:6
Oración
del remanente en la tribulación 26:7-19
Seguridad
de liberación y retorno a
monte Sión 26:20-27:13
En
esos capítulos, el remanente se convierte en el punto focal de interés. Por
toda la extensión de los períodos de juicio un remanente justo recibe la
seguridad de supervivencia y se promete la restauración; podrá una vez más
gozar de las bendiciones de Dios bajo el gobernante justo sobre monte Sión.
Los
mensajes de Isaías fueron con frecuencia relacionados con acontecimientos
contemporáneos. La condenación de Jerusalén había sido claramente anunciada en
su capítulo de apertura y repetida enfáticamente en subsiguientes mensajes. En
24:1-13a, Isaías dibuja la ruina que espera a la amada ciudad de Judá. Jerusalén será desolada y sus puertas reducidas a
ruinas. Esto se convirtió en una vivida realidad en el 586 a. C.
El
remanente, sin embargo, es reunido desde distantes tierras de la costa y de los
fines de la tierra (24:13ss.), mientras que el malvado es castigado por el
Señor de los ejércitos. Las maravillas del cielo que contienen al sol y a la
luna se hallan asociadas aquí al igual que en otros pasajes, con este gran
juicio así que el Señor reine en Sión.[17]
El contexto de este pasaje parece indicar un alcance a escala mundial. Lo que
ocurra a aquellos que se opongan a Dios y el establecimiento del remanente en Sión, en un reino universal que no tiene fin, difícilmente
puede quedar limitado a una local o nacional situación.
Es
muy apropiado el canto de los redimidos que sigue en 25:1-26:6, en que ellos
responden con acción de gracias y alabanza mientras que se gozan de su
salvación y disfrutan de las bendiciones del Señor. El reproche, el sufrimiento
y la vergüenza desaparecerán conforme Dios haga desaparecer todas las lágrimas
y elimine la muerte.
La oración en
26:7-19, expresa el vehemente deseo del pueblo en tiempos de gran tribulación y sufrimiento
antes de que sean vueltos a reunir.
Israel
anhela la esperanza mientras está presa de la angustia y espera su liberación.
Bajo gobierno de los malvados como víctimas de injusticias prevalecientes,
ellos expresan su fe en Dios y su esperanza, apelando a El para Su divina
intervención.
La
liberación está prometida en la réplica (26:20-27:13). Israel, la viña del
Señor, será una vez más fructífera. Purgada de sus pecados, la gente será
reunida, uno por uno, como el remanente para rendir culto al Señor en
Jerusalén.
V. Esperanzas falsas y
verdaderas en Sión 28:1-35:10
Prevalece
el plan de Dios 28:1-29:24
Futilidad
de una alianza con Egipto 30:1-31:9
Bendiciones
para quienes confían en Dios 32:1-33:24
Naciones
juzgadas. Israel restaurada en Sión 34:1-35:10
Las
alianzas con, extranjeros eran un constante problema en Jerusalén durante los
días del ministerio de Isaías. Por intrigas políticas y la diplomacia, los
jefes de Judá esperaban asegurar su supervivencia
como nación al alinearse con los victoriosos. Acaz
reemplaza a su padre Jotam sobre el trono de David
cuando el grupo pro-asirio gana el control sobre luda en el 735. Desafía las
advertencias de Isaías y hace una alianza con Tiglat-pileser en los primeros años de su reinado. Ezequías, el próximo rey, se une en alianza con Edom, Moab y Asdod
para resistir a Asiría. Esta coalición anticipa el apoyo de Egipto; pero Asdod cae en el 711, mientras que las otras naciones
ofrecen tributo a Asiría para impedir la invasión.
Isaías
advierte constantemente contra la locura estúpida de confiar en otras naciones.
El profeta denomina a esas alianzas un "acuerdo para la muerte". Por
contraste, su consejo es que deberían colocar su fe en Dios, el verdadero Rey
de Israel. Tanto si es Acaz, el rey impío, o Ezequías el gobernante creyente, quien responde con
amistosas promesas a la embajada babilónica, el profeta Isaías no deja de
llamar la atención a los jefes de Judá por depender
de otras naciones en lugar de buscar a Dios para su liberación.
Ninguno
de estos capítulos en esta sección, está específicamente fechado. Puesto que la
alianza con Egipto recibe tan prominente consideración en 30-31, este pasaje
entero puede estar fechado en los días de Ezequías
cuando Judá tenía esperanzas de liberarse a sí mismo
de la dominación asiría.[18]
En los primeros años de Senaquerib este interés en la
ayuda egipcia indudablemente planteó un grave problema en Jerusalén.
¿Refleja
28-29 el mismo fondo histórico? ¿Se refiere el "pacto con la muerte"
en 28:15 a una alianza con Egipto en los días de Ezequías
o podía referirse posiblemente a la hecha por Acaz
con Tiglat-pileser en el
734 a. C.? La última opinión merece alguna consideración. Acaz,
en vez de colocar su fe en Dios, ignora a Isaías haciendo una alianza con los
asirlos. El paso de la crisis de la guerra siroefraimítica
y la suerte aparentemente venturosa de una unión judo-asiria
en el 732, cuando Acaz, personalmente, se encuentra
con Tiglat-pileser en
Damasco, puede haber sido la ocasión de una excesiva celebración en Jerusalén. Acaz y sus impíos asociados, que están apoyados por
sacerdotes y profetas en la introducción del culto asirio en Jerusalén,
probablemente constituye el auditorio de Isaías a quienes dirige las severas
palabras de advertencia y de reproche en 28-29. Acaz
y Jos que le apoyan, indudablemente, llegan a la
conclusión de que el sobre-cogedor azote de la invasión asiría (28:15) no
afectará a Judá porque ha hecho un tratado con
aquella poderosa nación.
Tanto
si los primeros capítulos de este pasaje reflejan una alianza con Asiría o con
Egipto, la advertencia es clara, de que tales propósitos acabarán en el
fracaso. Donde Egipto está específicamente identificado (30:2), la advertencia
explícitamente establece que la dependencia de la ayuda egipcia no está en los
planes de Dios. La humillación y la vergüenza serán su destino. En 31:1-3, se
hace un vivido contraste entre los egipcios, con sus caballos y carros de
combate y el Señor, a quien Judá debería consultar.
Cuando el Señor extienda su mano contra ellos, tanto los egipcios como aquellos
a quienes ayuden, perecerán. Asiría, igualmente, será sacudida por el terror
(30:31) y aplastada (31:8-9). Esto no se cumplirá por los esfuerzos del hombre,
ni por la espada, sino por el decreto de! Señor de Sión. Los fieros asirlos serán destruidos y se convertirán
en las víctimas de la traición (33: 1). Por último, la ira y la venganza de
Dios se ejecutará sobre todas las naciones del mundo
(34:1 ss.). En consecuencia, la confianza en
cualquier nación mediante una alianza no puede nunca servir como adecuado
substituto de una simple fe en Dios.
La
antítesis a esta advertencia contra las alianzas políticas, es la admonición
para confiar en Dios. La provisión está hecha en Sión
y la promesa relacionada con su establecimiento de tal forma, que aquellos que
ejerciten la fe, no tienen necesidad de estar ansiosos (28:16)[19]
El plan de Dios para Sión, como está desarrollado en
esos capítulos, permite una base razonable para la fe de los demás, quienes
desean poner su fe en el Señor.
Dos simples
ilustraciones sugieren que Dios tenía un propósito eterno en sus acciones con
su pueblo (28:23-39). Un granjero no debe arar su campo repetidamente sin tener
un propósito. Lo labra con objeto de sembrar, para que a su debido tiempo
pueda recoger la cosecha. Tampoco el grano es trillado ni batido en una acción
sin fin. El propósito del trillado es separar el grano de la paja. El propósito
de Dios no es destruir Israel, sino evitar el juicio para la purificación de su
pueblo, separando a las personas justas de las malvadas. Jerusalén, llamada
Ariel, estará sujeta a juicio, pero el Señor de los ejércitos intervendrá y
proporcionará su pronta liberación (29:1-8).
Aunque
Israel sólo tiene una religión formal, honrando a Dios con los labios más bien
que con el corazón (29:9-24), Dios traerá una transformación. Como un
alfarero, Dios cumplirá su propósito. Israel será una vez más bendecido,
volviendo a ganar prestigio, prosperando y multiplicándose, entre todas las
naciones. Aunque es un pueblo rebelde (30:8-14), tiene la seguridad de la
restauración de la fe en Dios (30:15-26).
La
justicia prevalecerá bajo el justo rey de Sión
(32:1-8) y esta futura esperanza no ofrece excusa para la complacencia. El
pueblo de Jerusalén, esta, advertido de que el juicio y la destrucción
precederán a esas bendiciones hasta que el Espíritu se manifieste desde lo Alto
(32:9-20). La oración del sufrimiento y la de los afligidos (33:2-9) no quedará
sin recompensa. Los pecadores serán juzgados, mientras que el remanente justo
gozará de las bendiciones del Señor (33:10-24).
A
su debido tiempo se producirá la reunión de todas las naciones para un juicio
del mundo y la restauración de Sión (34-35).
Previamente ya fue indicado que Dios cernería las naciones en el cedazo de la
destrucción (30: 27-28). Incluso los ejércitos de los cielos responderán cuando
el juicio sea ejecutado. Edom, que representaba una
avanzada civilización desde el siglo XIII al VI a. C.[20],
y era extremadamente rica en los tiempos de Isaías[21],
es presentada tras todas las naciones del mundo que están sujetas al juicio. Sión y Edom representan
respectivamente el lugar geográfico para las bendiciones de Dios y sus juicios.
Puesto que el día de la venganza es un tiempo de recompensa para la causa de Sión, este juicio podría ser difícilmente restringido a Edom. Muchas otras naciones fueron y han sido culpables de
ofender a Sión.
La
gloria de Sión, como está dibujada en 35, permite un
esperanzador contraste a los horribles juicios de Dios sobre las naciones
pecadoras. Los que queden volverán a la tierra prometida, que ha sido
transformada de un desierto en un país de abundancia. Dios ha redimido a sus
justos de las garras de los opresores y los retornará a Sión
para gozar de una felicidad imperecedera. Sión
triunfará sobre todas las naciones.
VI. El juicio de Jerusalén
demorado 36:1-39:8
Milagrosa
liberación de Asiría 36:1-37:38
La
recuperación de Ezequías y salmo
de alabanza 38:1-22
Predicción
del cautiverio de Babilonia 39:1-8
Estos
capítulos[22] han
sido varias veces etiquetados con el nombre de "El libro de Ezequías". El rey de Judá es
confrontado con el ultimátum de rendir Jerusalén a los asirlos. Oralmente al
igual que por escrito, Senaquerib intenta
desconcertar a Ezequías y a su pueblo, acosándolos
respecto a confiar en Egipto o confiar en Dios para su liberación.
Sarcásticamente, el rey asirio incluso ofrece a Ezequías
dos mil caballos si él tiene jinetes para montarlos. Haciendo una lista con la
serie de ciudades conquistadas cuyos dioses no han ayudado en nada, Senaquerib afirma que él está enviado por Dios y que la
oración por el remanente de Judá es ridicula. Ezequías se refugia en
la oración, extendiendo literalmente la carta ante él, conforme apela a Dios
para su liberación.[23]
Isaías
anuncia decididamente y con valentía la seguridad de Jerusalén. Incluso aunque
la presencia de los asirios haya entorpecido la siega de las cosechas para la
próxima recolección, los invasores serán expulsados a tiempo para segar lo que
haya crecido de la siembra.
La
grave enfermedad de Ezequías ocurre, aparentemente,
durante este período de presión internacional. Cuando Isaías le advierte de que
se prepare para la muerte, Ezequías ora seriamente,
recibiendo la seguridad de parte de Isaías de que su vida será extendida a
quince años más. La liberación de la amenaza asiría llega simultáneamente. La
señal confirmatoria es el milagroso retorno de la sombra sobre el reloj de sol
que Acaz había obtenido probablemente de Asiría
mediante sus contactos personales con Tiglat-pile-ser.[24]
En señal de gratitud por su liberación personal y la recuperación de la salud, Ezequías responde con un salmo de alabanza. Las
felicitaciones por su restablecimiento, le llegan desde su embajada en
Babilonia, enviadas por Merodac-baladán.
La cordial recepción de Ezequías de los babilonios,
es la ocasión para una significativa predicción. La indagación de Isaías
implica esperanzas de que los babilonios ayudarían a Judá
a desprenderse de la supremacía asiría. En simples aunque firmes palabras, el
profeta advierte a Ezequías que los tesoros serán
llevados a Babilonia y que sus hijos servirán como eunucos en el palacio
babilónicos. Incluso en el apogeo del poder de Asiria,
Isaías predice el cautiverio de Babilonia para Judá,
75 años antes de los días de la supremacía de Babilonia. Aunque la situación
internacional (ca. 700 a. C.) pudo haber
garantizado un pronóstico de la capitulación de Judá
al poder de Asiría. Isaías específicamente predice el exilio de Judá en Babilonia. Su cumplimiento no está fechado más allá
de la declaración de que ocurriría subsiguientemente al reinado de Ezequías.
VII. La promesa
de la liberación divina 40:1-56:8
Tranquilidad
mediante la fe en Dios 40:1-31
Israel
como siervo elegido de Dios 40:1-29
El
ideal contra el sirviente pecador 42:1-25
Israel
recobrado del cautiverio de Babilonia 43:1-45:25
Babilonia
demolida con sus ídolos 46:1-47:15
Llamada
de Dios al Israel pecador 48:1-50:11
Israel
alertada en la esperanza 51:1-52:12
Liberación
mediante un siervo que sufre 52:13-53:12
Salvación
para Israel y los extranjeros 54:1-56:8
La
promesa de la liberación divina en 40-56 no está necesariamente relacionada a
cualquier particular incidente del tiempo de Ezequías.
La perspectiva de este pasaje es el exilio de Israel en Babilonia[25]
En los últimos años de su ministerio, Isaías pudo muy bien haber estado
preocupado con las necesidades del pueblo que iba a ser llevado al exilio
cuando Jerusalén fuese dejado en ruinas y la existencia nacional de Judá terminada, a manos de los babilonios. La ascendencia
del malvado Manases al trono de David, indudablemente, obscurece los proyectos
inmediatos de los justos que quedan en el pueblo. Seguramente con
Isaías ellos anticiparon la inminencia de la condenación de Judá
al ser testigos del derramamiento de sangre inocente en Jerusalén.
Para
Isaías, el exilio que ha de producirse es cierto. Que Babilonia sea el destino
de su exilio final es igualmente cierto, puesto que él, específicamente indica
esto en su mensaje a Ezequías (39). Las condiciones
del exilio son bien conocidas para Isaías y su pueblo en Jerusalén. Los
asirios no solamente se llevan el pueblo de Samaría al
exilio en el 722, sino en las conquistas de las ciudades en Judá
por Senaquerib en el 701, e indudablemente, muchos
de los conocidos por Isaías fueron llevados cautivos. Cartas e informes
procedentes de aquellos exiliados retratan las condiciones prevalecientes
entre ellos.
Con
hechos históricos y las predicciones de 1-39 como fondo, Isaías tiene un
mensaje más apropiado de esperanza y tranquilidad para aquellos que anticiparon
el exilio de Babilonia. Muchos detalles se hacen significativos como algunas
predicciones se convierten en históricas en subsiguientes períodos. En todas
las ocasiones, no obstante, es un mensaje de seguridad y esperanza para
aquellos que han puesto su confianza y su fe en Dios.
Varios
temas se entremezclan a todo lo largo de este magnífico pasaje. Con la
liberación como tema básico, no solamente están la seguridad y la esperanza
dadas, sino la provisión para el cumplimiento de estas promesas, que se
encuentran vividamente descritas. En alcance y magnitud, lo mismo que en excelencia
literaria, este gran mensaje es insuperable. Sin duda, fue una fuente de
tranquilidad y bendición para el auditorio inmediato de Isaías al igual que
para aquellos que fueron al exilio de Babilonia.
La
liberación y restauración se desarrollan en tres aspectos: el retorno de Israel
del cautiverio bajo Ciro, la liberación del pecado, y el definitivo
establecimiento de la justicia cuando Israel y los extranjeros gozarán para
siempre de las bendiciones de Dios. El alcance del cumplimiento cubre un largo
período de tiempo. El cumplimiento inicial llena en, parte con el retorno de
la cautividad bajo Zorobabel, Esdras y Nehemías; la
expiación por el pecado se produjo históricamente en tiempos del Nuevo
Testamento, y el establecimiento del reino universal está todavía pendiente.
La
garantía de esta gran liberación, descansa en Dios que puede realizar todas las
cosas. Como cautivos buscando socorro y ayuda, el pueblo no necesitó un mensaje
de condenación. Aquellos que estuvieron sujetos a la realidad del exilio, fueron
conscientes de su pasado pecado por el que estaban sufriendo de acuerdo con las
advertencias del profeta Isaías. Para inspirar la fe y asegurar la tranquilidad
Isaías, recarga el énfasis sobre los atributos y características de Dios.
El
capítulo de apertura presenta esta promesa de liberación con.un
magnífico estilo. Mientras que sufre en el exilio, Israel recibe la seguridad
de la paz y el perdón por su iniquidad en preparación para la revelación de la
gloria de Dios que será revelada ante todo el género humano, según Dios establece su gobierno en Sión. Omnipotente, eterno, e infinito en sabiduría, Dios
creó todas las cosas, dirige y controla todas las naciones y tiene un perfecto
conocimiento y comprensión de Israel en sus sufrimientos. Aquellos que esperan
en Dios, prosperarán. La fe en el Omnipotente, que no puede ser comparado a los
ídolos, proporciona paz y esperanza.
Este
gráfico retrato de los infinitos recursos de Dios, es un apropiado preludio al
majestuoso desarrollo del tema de la liberación. Las frecuentes referencias a
Dios a todo lo largo de los siguientes capítulos, están basadas en la
realización de que El no tiene limitaciones en el cumplimiento de sus promesas
hechas a su pueblo. A todo lo largo del pasaje, los planes y propósitos de Dios
están entremezclados con la seguridad de la liberación. Las palabras de
tranquilidad tienen un seguro fundamento. El Señor Dios de Israel es único,
incomparablemente grande, y trasciende en todas las obras de sus manos. Con
frecuencia, se presentan contrastes entre Dios y los paganos, dibujados
vividamente. El confiar en un dios hecho por el hombre (46:5-13) se hace
irónicamente ridículo en contraste con la fe en el único Dios de Israel, el
Señor de los ejércitos.[26]
El
tema del sirviente es fascinante e intrigantemente interesante. Se repite
veinte veces la palabra "siervo", presentado en 41:8 y mencionado
finalmente en 53:11. La identidad del siervo puede ser ambigua en algunos
aspectos. En un número de usos, el siervo es identificado en el contexto. Para
una introductoria consideración de este pasaje, nótese que el siervo puede
referirse a Israel o al siervo ideal que tiene un papel significativo en la
liberación prometida.
El
uso inicial de la palabra "siervo" está específicamente identificado
con Israel (41:8-9). Dios eligió a Israel cuando llamó a Abraham y aseguró a su
pueblo que serían restaurados y exaltado a la
categoría de nación, por encima de todas las demás naciones. Sin embargo,
Israel como siervo de Dios se muestra ciego, sordo y desobediente (42:19). Esto
ya estaba indicado para Isaías en su llamada, de tal forma que el juicio fue
anunciado sobre Judá pecador (1-6). Puesto que Dios
creó y eligió esta nación, no la abandonará (44:1-2,21). Se asegura la
liberación del exilio. Jerusalén será restaurada en los días de Ciro. Israel
será devuelto del cautiverio de Babilonia (48:20).
Al
principio de este pasaje el siervo ideal está identificado como un individuo
mediante el cual Dios traerá la justicia a las naciones (42:1-4). Este siervo,
también elegido por Dios, será dotado por el Señor con el Espíritu de tal forma
que no fallará en cumplir el propósito de establecer la justicia en la tierra y
extender Su ley en tierras distantes (Is. 2:1-5 y 11:
1-16). En contraste con la nación que fue elegida, pero que falló, el siervo
ideal cumplirá el propósito de Dios.
Israel,
en su fracaso, se encuentra en la necesidad de la salvación. Se ha de proveer
la expiación por el pecado de Israel, el cual Dios prometió borrar. Para lograr
esto, el siervo ideal (49:1-6) ha sido elegido, no sólo Para llevar la
salvación a Israel sino para ser la luz de los gentiles. Por ultimo, este
siervo tendrá todas las naciones postradas ante él (49:7 y ";2-7). Antes de que esto se cumpla, no obstante,
hay que hacer un sacrificio por el pecado. Este sirviente que tiene que ser
exaltado (52:13) tiene Primeramente que hacer expiación por el pecado, mediante
el sufrimiento y a muerte. Así, el siervo ideal está
identificado con el siervo del sufrimiento.
El
siervo del sufrimiento está dramáticamente retratado en 52:13, 53:12.
Básicamente significativo es el hecho de que este siervo es inocente y justo.
En contraste con Israel, que sufrió por su pecado en doble medida (40:2), este
sirviente sufre solamente por el pecado de los demás. Mediante este
sufrimiento, se proporciona la expiación.
El
especial uso de la palabra "siervo" en 53:11, provee la imputación de
justicia a aquellos cuyas iniquidades y pecados son perdonados mediante el
sacrificio. Este siervo no vacilará ni fallará en el propósito para el que ha
sido elegido. La redención está prometida con su muerte.
La
inmediata preocupación de los exiliados en Babilonia es el proyecto de hacerlos
volver a Jerusalén. Esto estaba prometido para el tiempo de Ciro, a quien Dios
designó como un pastor. Mientras que Dios se sirvió de Asiría como de una vara
en su mano para hacer el juicio (7-12), el gobernante Ciro será usado para
llevar a los cautivos de vuelta a Jerusalén. Se promete una gran restauración
mediante este siervo en la final exaltación de Sión
por encima de todas las naciones (49:1-26). Esto ya había sido frecuentemente
mencionado en precedentes capítulos. La sobresaliente y significativa
liberación, sin embargo, es la provisión para la expiación por el pecado, hecha
posible solamente mediante la muerte del siervo que sufre.
Esta
salvación es tan única y diferente que Israel es alertada,
en un magnífico lenguaje, de tomar nota del sufrimiento y la muerte del siervo
ideal. Por tres veces Israel es amonestado a escuchar, en preparación para la
liberación que va a llegar (51:1-8). Como Dios eligió a Abraham y le multiplicó
para convertirle en una gran nación, así Sión será
confortada con bendiciones universales y un triunfo imperecedero. En tres
cantos siguientes, Israel es llamado a salir del sueño en que está inmersa
(51:9-52:6). Los mensajeros son alertados para proclamar la paz y el bien en
anticipación del retorno del Señor a Sión (52:7-12).
Pero el mensaje de paz presentado en el siguiente pasaje, no es la liberación
del exilio, sino la provisión para la liberación del pecado mediante el siervo
que sufre (52:13-53:12).
Cuando
el siervo retorna a Sión en triunfo, las naciones y
reyes quedarán asombrados de que el exaltado siervo es el que no reconocieron
en su sufrimiento. Como una raíz en tierra seca, ha prosperado. Despreciado y
desechado, este hombre de dolores fue tratado con iniquidad y llevado como un
cordero a la muerte. Desprovisto de justicia y de juicio fue condenado a la
muerte por su misma generación. Pero Dios aceptó a este siervo en su muerte
como sacrificio por el pecado, mediante el cual muchos obtuvieron la justicia.
Por llevar sobre sí los pecados de muchos, a este siervo se le asegura una
herencia y un despojo con el grande y el fuerte.
De
una nación árida y sin frutos, Dios obtendrá un pueblo próspero (54: 1-17).
Israel es temporalmente juzgado y abandonado. De la misma forma que Dios
permitió al destructor que llevase la destrucción y el juicio, asi asegura también la prosperidad a su pueblo, personas que
están identificadas como sus siervos. Ellos no serán puestos en la vergüenza y
no serán derrotados, sino que poseerán las naciones y será establecida la
justicia y la rectitud.
El
mensaje de perdón y de esperanza, se expresa para uno y para todos en 55:1-56:8.
La respuesta a esta gratuita invitación trae vida y -ciones.
Como el malvado abandona su camino y el hombre injusto pensamientos, puede
gozar de la misericordia del Señor y obtener el perdón de Dios, ya que la
explicación está provista en la muerte del siervo que sufre. La salvación es
ofrecida al que se vuelve hacia Dios, al abandonar sus caminos del pecado. La
disposición universal es aparente en el hecho de que los extranjeros y los
eunucos se conformarán a los caminos del Señor. Las naciones extrañas y el
pueblo lejano se asociarán por sí mismo con el Señor. El templo será la casa
de oración para todos los pueblos. Los sufrimientos del alma serán satisfechos
por la acción del hombre de dolores, y muchos individuos procedentes de todas
las naciones se convertirán en justos servidores del Señor.
VIII. El reino universal de Dios
establecido 56:9-66:24
La
justicia propia frente a las normas de Dios 56:9-59:21
El
redentor trae bendiciones a Sión 60:1-63:6
Dios
discierne al genuino 63:7-65:16
El
nuevo cielo y la nueva tierra 65:17-66:24
Habiendo
desarrollado el tema de la liberación tan adecuadamente, Isaías revierte a las
condiciones contemporáneas de su pueblo. La gloria de Sión
en su último estado, tiene significación solo como el individuo tiene la seguridad
de la participación, de aquí la comparación entre lo justo y lo injusto.
En
los capítulos de apertura, se ponen de manifiesto de forma aguda, las
distinciones (56:9-59:21) entre las prácticas religiosas como las observaba Isaías
y los requerimientos de Dios. La resquebrajadura entre lo dispuesto por Dios y
lo que hacen los hombres son tan obvias, que este pasaje representa un
llamamiento al individuo para que se aparte de la práctica corriente y se
conforme a los requerimientos de la verdadera religión.
La
idolatría y la opresión del pobre prevalecen entre el laicado al igual que
entre los jefes, quienes están considerados como guardianes ciegos
(56:9-57:13). Simultáneamente, oran y ayunan esperando que Dios les favorezca con
juicios justos (58:1-5). El pecado y la iniquidad en la forma de injusticia
social, opresión, actos de violencia y derramamiento de sangre continua en abierta práctica (59:1-8). Dios está disgustado
con tales acciones — el juicio y la condenación esperan, al culpable (ver
también capítulos
Por contraste, Dios se deleita en la persona que es contrita y humilde de corazón (57:15). Los ayunos verdaderos que placen al Señor implican la práctica del evangelio social: apartarse de los malvados, alimentar al hambriento, y aliviar al oprimido (58:6 ss. Ver también cap. 1). Esas personas tienen la seguridad de recibir respuesta de sus oraciones, de guía y abundantes bendiciones (v. 11). Aquellos que substituyen el placer y los negocios en