Capítulo XXII
En
tiempos de
prosperidad
La
independencia política, la expansión y la prosperidad caracterizaron a Israel
durante el apogeo del éxito de Jeroboam. Desde los
días del derramamiento de sangre y opresión en el 841 a. C., la dinastía de Jehú eventual-mente condujo el Reino del Norte a la cima
del prestigio político y económico durante la primera mitad del siglo VIII. Elíseo continuaba su ministerio,
manteniéndose como el mensajero de Dios durante aquellos años tumultuosos de
principios de la dinastía de Jehú.
La sangre marcó
los pasos de Jehú al trono de Samaría.
No satisfecho con matar a los reyes de Judá e Israel,
Jehú había matado a su placer hasta exterminar la
familia real. Espoleado por un traicionero fanatismo reunió a todos los entusiastas
de Baal para una masacre masiva.
El éxito local
de Jehú fue pronto ensombrecido por los problemas
internacionales. La horrenda muerte de Jezabel, no
produjo ciertamente la buena voluntad de la Fenicia. Jerusalén, con su rey como
víctima de la revolución de Samaría, fue lanzada a un
torbellino sangriento bajo el terror de Atalía. Moab se reveló contra Israel. Desde Damasco, Hazael presionó ferozmente hacia el sur, ocupando el
territorio israelita al este del Jordán. Jehú estaba
desamparado—demasiado débil para salvar al pueblo de Galaad
y Basan ue la opresión siria.
Además encontró necesario el enviar tributos a Salmanasar
III con objeto de evitar la
ominosa amenaza de la invasión asiría.[1]
Hazael llegó a ser el
peor enemigo de Israel. Mientras gobernó en ¿iría
existieron problemas y dificultades para Jehú y sus
sucesores. Hazael no sólo invadió Basan y Galaad, sino que también avanzó hacia el sur en Palestina
para capturar Gat. Además, amenazó con la conquista
de Jerusalén (II Reyes 12:17),
Rodeado y oprimido por los sirios, Israel parecía tener un futuro sin
esperanzas. Aparentemente, los estados vecinos tomaron ventaja de la
importancia de Israel por repetidos pillajes y saqueos (Amos 1:6-12).
Poco antes de
fin de siglo, las perspectivas de alivio para Israel comenzaron a alborear con
la muerte de Hazael. Con Asiria
dominando a Damasco, Israel tuvo la oportunidad de resurgir una vez más en el
concierto internacional. Pronto Joás hubo dispuesto
una potente fuerza de combate para desafiar al nuevo rey sirio, Ben-Adad, en su control del
territorio israelita. En el despertar al éxito, la muerte de Elíseo, el
veterano profeta de Israel, llegó como un tremendo golpe para Joás.
El ejército de Joás era tan grande que Amasias, el rey de Judá, le pidió prestados cien mil hombres para ayudar a la
sumisión de Edom. Su éxito en esta aventura hizo a
Amasias ten arrogante que volvió las tropas israelitas contra Joás en, un desafío para encontrarse las fuerzas de Judá e Israel en la batalla. Cuando su advertencia verbal
fue ignorada, Joás invadió Judá,
destrozó parte de las murallas de Jerusalén, devastó el palacio y tomó rehenes
que llevó a Samaría. Con Judá
como vasallo de Israel, Amasias debió ser hecho prisionero, o al menos,
destronado por un extenso período.[2]
Jonás hizo su
aparición por esta época.[3]
Su predicción fue precisa y, sin duda, popular. Declaró que Jeroboam
estaba a punto de reclamar el territorio perdido a Hazael
en tiempos pasados. Ciertamente, no transcurrió mucho antes de su éxito
militar, la extensión territorial y la prosperidad económica se hizo una
realidad bajo la enérgica y agresiva política de Jeroboam
II, (793-753 a. C.). Con Siria
debilitada, por la presión de Adad-Nirari III,
Jeroboam volvió a recuperar su
territorio nacional desde el mar Muerto hasta "la entrada de Hamat" (el paso entre el Líbano y su cordillera y
monte Hermón). En consecuencia, Jeroboam
II tuvo bajo su control un
dominio más grande que cualquier otro de sus predecesores.
Se extendieron
las relaciones comerciales. Floreció el comercio internacional más allá de
todo lo conocido por Israel desde los días de Salomón. En esta era de éxito
económico y expansión territorial, Samaria se fortificó contra cualquier
invasión extranjera.[4]
Con Siria como estado-tapón, los israelitas olvidaron complacientemente el
peligro que representaba la amenaza asiría. Aunque Judá
comenzó a mostrar signos de una reavivación política y económica, el Reino del
Sur era todavía poco fuerte y se hallaba comparativamente adormecida, en tanto
que Jeroboam continuaba gobernando en Samaria.
Con Israel en
su apogeo, dos profetas hicieron su aparición: Amos y Oseas.
Cada uno de ellos, por turno, intentó despertar a los ciudadanos de Israel de
su letargo, pero ninguno de los dos consiguió que el pueblo volviera de su
apostasía.
Jonás —la misión de Nínive[5] —Jonás
1:1 • 4:11
Jonás tuvo un
mensaje popular que predicar en Israel. En tiempos de opresión, la promesa de
días prósperos fue muy bien acogida. Indudablemente, el cumplimiento de su
predicción, en la extensión del territorio de Israel bajo Jeroboam,
aumentó su popularidad en su hogar patrio. No hay indicación de que tuviese un
mensaje de advertencia o de juicio para liberar a su propio pueblo (II Reyes 14:25).
El sermón de Jonás
a los ninivitas no fue otra cosa que adulación. El
juicio y la condenación para esta ciudad extranjera está resumida en el tema:
"De aquí a cuarenta días Nínive será
destruida". Cuando finalmente él completó esta afirmación, registró sus
experiencias en el libro que lleva su nombre. Obsérvese el siguiente breve
análisis:
I. El viaje de Jonás hacia el oeste en un itinerario de ida y
vuelta. 1:1-2:10
II. Una misión de predicación
con éxito 3:1-10
III. La lección para Jonás 4:1-11
Jonás fue
divinamente comisionado para ir a Nínive, una
desagradable misión para un israelita. Durante los tiempos de Jehú, Israel había pagado tributo al rey asirio Salmanasar III.
A Jonás
le era conocido el sufrimiento a que Siria estaba sujeta repeliendo los ataques
recientes de los asirios. ¿Por qué debería exponerse a tan peligrosa misión?
Las atrocidades de los asirios, que más tarde aterrorizaron a las naciones en
su misión a Tiglat-pileser III, pudieron ya haberse puesto
en práctica en aquel tiempo. Desde el punto de vista humano, Asiria era el último lugar que un israelita hubiera podido
elegir para una aventura misionera.
Jonás comenzó
su viaje en una dirección opuesta. En Jope, abordó un barco que se dirigía al
Mediterráneo occidental, al puerto de Tarsis. En ruta
hacia su destino, una tormenta de tal magnitud que llenó de alarma los
corazones de la tripulación se desató, aunque el mal tiempo no era cosa desconocida
para ellos. Mientras que Jonás estaba durmiendo, los marineros atacados por el
pánico descargaron el barco y apelaron a sus dioses. Jonás fue invitado a
levantarse y unirse a sus oraciones paganas. Los pasajeros restantes decidieron
que Jonás era el responsable de su desgracia. Aunque temeroso de la ira divina,
le arrojaron por la borda. Inmediatamente cesó la tormenta y prevaleció una
gran calma en el mar. Por lo que concernía a los marineros, la cuestión estaba
resuelta. No así para Jonás. Sus problemas no habían hecho más que comenzar.
Había sido tragado por un gran pez.[6]
Tres días y
tres noches Jonás tuvo que permanecer en el vientre del monstruo marino.
Apelando a Dios, reconoció francamente que estaba perdido, de no ser por la
divina intervención. Hizo la simple promesa de que cumpliría sus votos una vez
que fuese liberado. Y así, bajo el poder divino, el pez llevó a Jonás hasta
depositarlo en terreno seco.
Una vez más Jonás
es invitado a ir a Nínive. Esta vez se dirigió hacia
el este, a la distante tierra de Asiría, aproximadamente a 1.287 kms. de Israel. Localizada en la
orilla oriental del Tigris, Nínive
era una gran ciudad con numerosos suburbios más allá de sus murallas.[7]
Allí Jonás comenzó su misión de predicar. Sofisticado y pecador como era aquel
pueblo, las gentes le escucharon y oyeron su advertencia: "a cuarenta días
Nínive será destruido". Apenas había comenzado Jonás
su itinerario cuando el pueblo respondió. Arrepintiéndose se vistieron de
cilicio y ayunaron volviéndose hacia Dios con fe.[8]
En cuanto su mensaje se dejó oír en palacio, el rey entró en acción.[9]
Cambiando sus ropajes reales por arpillera, se escondió en un montón de
cenizas. Para los ciudadanos de Nínive, emitió un
edicto real amonestándoles a volverse hacia Dios de sus caminos pecadores y que
se arrepintieran.[10]
Jonás se
desconcertó al ver tan amplios signos de arrepentimiento. Para su gran
sorpresa, su misión había tenido un éxito impresionante. Y para su decepción,
la ciudad no fue destruida; fue salvada al responder Dios con su misericordia
al arrepentimiento del pueblo.[11]
Tal vez Jonás experimentó una reacción nerviosa. Es difícil de evaluar su
estado mental y físico no sólo por su azaroso viaje, sino el tener que predicar
un mensaje de juicio divino a un pueblo extraño. De cualquier forma, Jonás
quedó terriblemente confuso.[12]
No satisfecho
con la respuesta que Dios le había dado como aviso, Jonás se retiró a una
colina cercana desde la cual pudo ver la ciudad que había sido señalada para su
destrucción. Parece que el período de cuarenta días no había terminado todavía,
y así él anticipó la posibilidad de la condenación que se aproximaba sobre Nínive.
Refugiado en
una enramada, Jonás recibió aliento cuando Dios hizo que una planta creciese
rápidamente, suministrándole una bóveda de sombra para protegerle del calor del
día.
Pero Jonás
tenía otra lección que aprender. En lugar de ser testigo de la ruina de la
ciudad, un gusano destruyó la planta que le había permitido disfrutar de tal
delicia. Dios resaltó con ello que el profeta estaba mucho más preocupado por
su propio confort que respecto al bienestar de los 120.000 niños inocentes que
todavía no habían llegado a la edad del discernimiento.[13]
Para Dios la conversión de los asirios era mucho más importante que la
preservación de la planta que servía para el disfrute de una sola persona.
Lo que sucedió
al final no está relatado en el libro que lleva su nombre. Aparentemente, Jonás
volvió a su hogar patrio, para registrar y dejar constancia de su misión en Nínive.[14]
Amos — pastor y
profeta — Amos 1:1 - 9:15
En los últimos
años del reinado de Jeroboam, Amos proclamó la palabra
de Dios en el Reino del Norte. Amos llegó a Samaria procedente del pequeño
poblado de Tecoa, localizado a unos ocho kms. al sur de Belén. Para ganarse
la vida, pastoreaba ovejas y descortezaba sicómoro.[15]
Mientras se hallaba entre los pastores de Tecoa, Amos
recibió la llamada de Dios para ser un profeta. Esta llamada fue tan clara como
el cristal, de tal forma, que cuando el sumo sacerdote le llamo la atención en
Betel, Amos rehusó el ser silenciado (7:10-17).
El mensaje de
Amos reflejó el lujo y la comodidad de Israel durante el reinado de Jeroboam.[16]
El comercio con Fenicia, el pasaje del tráfico de las caravanas a través de
Israel y Arabia y la expansión hacia el norte a expensas de Siria, aumentaron
extraordinariamente las arcas de Jeroboam. El rápido
crecimiento del nivel de vida entre los ricos hizo más amplia la distancia
entre clases. Prevalecieron los males sociales. Con una sagaz visión de las
cosas, Amos observó la corrupción moral, el lujo egoísta y la opresión de los
pobres mientras que la riqueza rápidamente acumulada, producía más ricos. En un
simple lenguaje, pero lleno de fuerza, denunció, valientemente, los males que
se habían introducido en la vida social, política y económica de todo Israel.
En los rituales religiosos, no había substitutivo para la justicia, sin la
cual la nación de Israel no podía escapar al juicio de un Dios justo.
¿Por cuánto
tiempo profetizó Amos? Puesto que llego de Judá al
dominio de Jeroboam para denunciar la aristocracia
de la riqueza y el lujo, es razonable asumir que su misterio sólo fue tolerado
por un breve período de tiempo. Lo que sucedió a Amos tras que Amasias
informase de él a Jeroboam, es algo que no está
registrado. Pudo haber sido encerrado en prisión, expulsado o incluso
martirizado.[17]
Con lucidez
literaria y un magnífico estilo, Amos predica el mensaje de Dios para su
generación.[18] En una
clásica simplicidad, describe su encuentro con la pecadora generación
contemporánea. Para un, breve análisis del libro de Amos, nótese lo siguiente:
I. Introducción 1:1-2
II. Denuncia de las naciones 1:3-2:16
III. Las acusaciones ampliadas de
Dios contra Israel 3:1-6:14
IV. El plan de Dios para Israel 7:1-9:15
Es de notar
cómo Amos comenzó su misión predicatoria. Anunciando
valientemente el juicio para las naciones circundantes, atrajo la atención de
los israelitas. La acción del profeta verosímilmente provocó una alegría
maliciosa en más de unos pocos corazones endurecidos.
Damasco fue la
primera en ser denunciada. Seguramente algunos de los israelitas más viejos
pudieron recordar cómo Hazael había forjado la
destrucción sobre ellos, por la invasión, ocupación y el cautiverio durante el
reinado de Jehú. Otros, en el auditorio de Amos,
recordaron con desagrado a los filisteos, quienes traficaron con cautivos en su
comercio con Edom. Tiro había sido culpable del mismo
lucrativo negocio. Los edomitas, que eran notorios
por su animosidad y odio hacia Israel, ya desde los días de Jacob y Esaú, no pudieron escapar al juicio y al castigo de Dios.
Las atrocidades de los amonitas y los traicioneros moabites
con sus malas acciones, fueron igualmente señalados
por el juicio divino.
Mientras los
israelitas escucharon aquellas terribles denuncias hechas por Amos, se
alegraron sin duda por el hecho de que el juicio divino estaba dirigido a sus
pecadores vecinos. Aquellos paganos se merecían el castigo. Por entonces, Amos
ya había avisado a Israel al enjuiciar a seis naciones circundantes. El
séptimo en la lista era su propio reino Judá. Tal vez
el pueblo de Jerusalén se había refugiado en el orgullo de ser y considerarse
el atalaya de la ley y del templo. AmOs sin temor les
condenó por su desobediencia y el desprecio a la ley. Con toda verosimilitud,
esto resultaba más agradable a los israelitas nacionalistas quienes se resentían
del orgullo religioso de Judá.
De haber
concluido Amos su mensaje allí, pudo haber sido más popular; pero no fue tal el
caso. Los siguientes en el orden del día, eran los israelitas a quienes estaba
hablando. Los males sociales, la inmoralidad, la profanación—todo aquello
existía en Israel. Dios no podía dejar pasar tales pecados en el pueblo de su
pacto y a quien había redimido de Egipto. Si otras naciones se merecían el
castigo, mucho más lo tenía merecido la propia Israel. No, no escaparían al
escrutinio del Señor.
Ciertamente,
era íntima la relación entre Dios e Israel (3:1-8). De todas las naciones de la
tierra, Dios había elegido a Israel para ser el pueblo de su pacto. Pero había
pecado. Sólo quedaba una alternativa—Dios tendría que castigarlo. El fallo en
apreciar y medir los mayores privilegios y las más abundantes
bendiciones, traería la visita de Dios en su juicio.
¿Es que el
juicio llega por casualidad? Por una serie de cuestiones retóricas, en donde la
respuesta es obviamente "No", Amos expresó la verdad evidente de que
el mal o el castigo no llega a una ciudad sin el
conocimiento de Dios. Dios se lo revela a los profetas. Y cuando Dios habla a
un profeta ¿qué puede hacer, sino profetizar? En consecuencia Amos no tenía
alternativa. Dios le había hablado. El estaba bajo la divina compulsión para
pronunciar la palabra de Dios.
Apelando a los
vecinos paganos como testigos, AmOs perfila sus
cargos contra Israel (3:9-6:14). En Samaría los ricos
bebían y gozaban a expensas del pobre. Persistiendo en aquellos males,
multiplicaron las transgresiones con sacrificios rituales. Al mismo tiempo
odiaban la reprobación, resistían a la verdad, aceptaban sobornos, descuidaban
al necesitado y afligían al justo. En esencia, habían tornado la justicia en un
veneno. La evaluación de Dios de las condiciones de Israel, dejó sólo una
alternativa. El exilio en masa había sido decretado para los israelitas.
Incluida en
estos cargos, estaba la explícita aclaración de la condenación que se
avecinaba. Un adversario rodearía el país. Ni la religión ni la política salvaría a Israel cuando los altares de Betel y los palacios
de marfil se derrumbasen bajo los golpes de invasores. Como peces cogidos con
anzuelos los ciudadanos de Israel serían arrastrados al exilio. Dios estaba
llevando a una nación sobre ellos en juicio para oprimir la tierra desde la
frontera del norte en Hamat hasta el río de Egipto.
La misericordia
había precedido al juicio.[19]
Dios había enviado la sequía, las plagas y la peste para despertar en Israel el
arrepentimiento; pero su pueblo no había respondido. Continuando en su vida
impía, habían anticipado el día en que el Señor les traería las bendiciones y
la victoria. ¡Qué trágica desilusión! Amos resaltó que para ellos este sería un
día de oscuridad más bien que de luz. Como un hombre que corre de un león, sólo
para encontrarse con un oso, así Israel se encaraba a una inevitable calamidad
en el día del Señor. Dios no podía tolerar sus rituales religiosos, fiestas y
sacrificios en tanto que eran culpables de pecados hacia sus conciudadanos. Su
única esperanza para vivir, era buscar a Dios, odiar el mal, amar el bien, y demostrar
la justicia en su total pauta de vivir. Puesto que no habían respondido a las
repetidas advertencias y avisos, el juicio de Dios era irrevocable. A Dios no
se le podía sobornar mediante ofrendas y sacrificios para apartar la aplicación
de Su justicia. La completa ruina y no el triunfo, les esperaba en el día del
Señor.
El plan de Dios
para Israel estaba claramente perfilado. Ellos habían ignorado Su
misericordia. El juicio estaba ahora pendiente. En cinco visiones, Amos previo
los futuros acontecimientos en donde se le había dado un mensaje de advertencia
(7-9). Aquellas visiones aclaraban vividamente la condenación en marcha. En
ordenada progresión, las cuatro primeras visiones —la langosta, el fuego, la
plomada y la canasta de frutas— llevaban a la cuarta, que significaba la real
destrucción.
Cuando Amos vio
la terrible formación de la langosta, se sintió profundamente conmovido por su
pueblo. De ser liberados de la tierra, serían robados en su sustento, incluso
aunque el rey tenía su participación en los Pastos de primavera.
Inmediatamente, Amos gritó: "Señor Dios, perdona ahora" (7:2) y la
mano de Dios del juicio fue detenida.
Enseguida, el
profeta se dio cuenta de un fuego destructor que Dios estaba a punto de soltar
en juicio sobre Israel. Amos no podía soportar el pensamiento de que el pueblo
de Dios fuese consumido por el fuego. Una vez más intercedió, y en respuesta,
Dios evitó el juicio.
En la tercera
visión, el Señor aparecía con una plomada en su mano para inspeccionar la
muralla. Esto significaba claramente la inspección de Dios hacia Israel. Nadie
sabía mejor que Amos que los israelitas no podrían pasar este examen; pero el
profeta fue advertido con anticipación de que Dios no pasaría la mano
nuevamente con la misericordia. Por dos veces Dios había extendido su
complacencia misericordiosa; pero entonces a los santuarios les aguardaba la
ruina. La familia real se encaraba con la espada.
Aparentemente,
este mensaje era demasiado fuerte para los que le escuchaban en Betel. Amasias
el sacerdote se levantó en cólera contra Amos. Inmediatamente avisó al rey y a
renglón seguido encaró al profeta con el dilema y el ultimátum de volver a Judá y ganarse allí su vida. Con la firme convicción de que
Dios le había llamado, Amos anuncio valientemente la condenación de Amasias. No
solamente sería muerto y su familia expuesta al sufrimiento, sino que, por
añadidura, Israel sería arrancado de raíz y llevado
al exilio.
En la cuarta
visión, le apareció una canasta de frutas de verano. Mientras que la plomada
significaba la inspección, la fruta del verano indicaba la inminencia del
juicio. Como la fruta madura espera ser consumida, así Israel estaba presta para la condenación. Aquel era el fin, Dios no esperaría
más. Los opresores, los que quebrantaban el sábado y los negociantes sin
escrúpulos, eran llamados para dar cuenta de sus acciones. Los lamentos iban a
reemplazar a la música. Las condiciones pendientes eran, tales, que el pueblo
desearía oír la palabra de Dios, pero no estaría en condiciones de
encontrarla. Todos perecerán en el juicio.
En la visión
final, el Señor aparece junto al altar para ejecutar la sentencia contra
Israel. El tiempo ha llegado para destruir las ciudades y derribar toda la
estructura del templo. Dios, que ha repartido entre ellos la bondad, está ahora
dirigiendo la ejecución. Dios ha puesto su ojo sobre ellos por el mal, y no por
el bien. No importa a dónde huyan, no podrán escapar del cautiverio. Israel
está a punto de ser tamizada para apartar el grano de las granjas, entre las
naciones.
Todos los
profetas tuvieron un mensaje de esperanza. En su párrafo final, Amos inserta
una promesa alentadora (9:11-15). La dinastía davídica será restaurada, el
reino será reafirmado. Todas las naciones sobre las cuales "es invocado
mi nombre" serán tributarias de Israel. El vigor y el éxito prevalecerán
una vez más cuando la fortuna de Israel sea recobrada. El tiempo llegará cuando
Israel sea establecida en su propia tierra y nunca más
volverá a ser abatida.
Oseas —el mensajero del amor de Dios —Oseas
1:1 -14:9
Oseas cuyo libro es
el primero en la lista de los profetas menores, comenzó su ministerio en la
última década del gobierno de Jeroboam. Por contraste
con Amos, cuyo ministerio parece haber sido breve, Oseas
continuo por varias décadas en el reino de Ezequías. Con toda probabilidad, él fue testigo de la caída
de Samaría. Oseas no está
mencionado en otros libros y es conocido por nosotros sólo porque registra los
hechos que se citan en el libro que lleva su nombre. Aun siendo un hombre del
norte, su ministerio pudo haberse extendido a ambos reinos (ver 6:4).
Echemos un
vistazo a los tiempos de Oseas. Nació y se crió en
una época de prosperidad y de paz. Hacia el fin de este período, cuando Israel
tenía un lugar prominente entre las naciones en Palestina, Oseas
comenzó su ministerio anunciando el juicio de Dios sobre la dinastía reinante
de Jehú. Antes de que pasaran muchos años, la nación
llevaba luto por la muerte de Jeroboam, el notable
gobernante del Reino del Norte. El año 753/2 a. C. llevó el derramamiento de
sangre y la muerte al palacio real. Zacarías gobernó seis meses cuando el
asesino Salum terminó con la dinastía de Jehú. Tras el gobierno de un mes, Salum
fue asesinado por Manahem. Aunque la capital estaba
sobresaltada, el Reino del Norte mantuvo el status quo económico
durante los primeros años del reinado de Manahem.
La escena
internacional cambió bruscamente. Tiglat-pileser se apoderó del trono de Asiría en el 745. Esto
marcó la reavivación de una agresión hacia el oeste que puso al Creciente
Fértil bajo el control asirlo durante el siglo siguiente. Últimamente, bajo
reyes sucesivos, el cinturón comercial del viejo mundo que llegaba hasta Tebas, fue controlado desde la capital asiría. El terror se
apoderó de las naciones que se vieron bajo la ominosa amenaza de los ejércitos
triunfantes de Tiglat-pileser.
Había razón para sentir miedo. Bajo la nueva política militar de Asiría, el
nacionalismo fue sometido al llevar y remover de las ciudades conquistadas, las
poblaciones a distantes partes del imperio. A su vez, los extranjeros fueron
asentados en tierras ocupadas para evitar las subsiguientes rebeliones. Una vez
conquistada por Asiría, era más difícil, ciertamente, para cualquier nación el
poder liberarse del yugo impuesto.
Tiempos
turbulentos perturbaron los reinos de Palestina durante la segunda mitad del
siglo VIII a. C.
Inicialmente Uzías, el rey de Judá,
capitaneó la coalición palestina contra el avance
asirio, pero sin éxito duradero.[20]
Manahem retuvo su trono sólo en base de pagar
excesivos tributos, extrayéndolos a viva fuerza de su pueblo, para entregarlos
al monarca asirio.[21]
Aunque esto resolvió el problema temporalmente, Manahem
levantó el resentimiento de los ciudadanos ricos de Israel. Tras de su muerte,
su hijo Pekaía sólo gobernó dos años antes de que
fuese asesinado en una rebelión contra el liderazgo que favorecía la política
pro-asiria.
Peka, el asesino,
tomó ventaja de la concentración de los asirios en la campaña de Urartu. Aliándose con los sirios de Damasco, se preparó
para el día del retorno de los asirios. Este intento abortado de liberar a
Israel de la amenaza asiría, sólo puso las cosas en peor estado. Por el 732 a.
C., Resín, el rey sirio, fue muerto en la ocupación
de Damasco por los asirios. Israel tenía poca oportunidad, ya que Acaz, el rey de Judá, había
formado una alianza con Tiglat-pileser.
Peka fue destronado en una muerte sangrienta para
dejar paso a Oseas, quien inmediatamente aseguró al
rey asirio su lealtad y el tributo de Israel.
Oseas comenzó su
reinado como vasallo de Asiría. Cuando Salmanasar
reemplazó a Tiglat-pileser
en el trono de Asiría en el 727 a. C., los israelitas intentaron otra rebelión.
En pocos años, los ejércitos de Salmanasar V rodearon Samaría. Tras un asedio de tres años, la capital israelita
capituló en el 722 a. C. Pasadas tres décadas después de la muerte de Jeroboan el Reino del Norte fue reducido de un lugar de
gobierno entre las naciones de Palestina a una provincia asiría.
Estas
turbulencias y vicisitudes del reino en aquellas décadas, casi apagaron la voz
del profeta Oseas. Los tiempos eran tan buenos en los
primeros años de su ministerio, que los israelitas no querían ser perturbados
por advertencias proféticas. La dinastía de Jehú
había retenido, afortunadamente, el trono por casi un siglo. Antes de que
pasara mucho tiempo, sin embargo, la predicción de Amos del exilio de Israel cobró
una portentosa significación cuando la política militar de los asirios
desarraigó a las poblaciones en las tierras ocupadas y las envió a lugares
distantes del imperio, poniéndola así en práctica. Las repetidas muertes de
palacio, la invasión asiría, los pesados tributos y contribuciones, las
vacilantes alianzas con extranjeros y, finalmente, la caída de Samaría figuraron en los turbulentos tiempos del ministerio
de Oseas.
Pasando a todo
lo largo de las tribulaciones y problemas de los cambiantes tiempos, Oseas fielmente sirvió a su generación como portavoz de
Dios. No se dan detalles respecto a su llamada al ministerio profético, más
allá del hecho de que el Señor le habló a él. Oseas
fue impelido a describir el hecho de que Dios todavía amaba a un Israel que
había vuelto a antiguos pecados. Pacientemente, rogó a su pueblo que se
arrepintiese, mientras que veía al reino deslizarse desde la posición arrogante
que tenía con Jeroboam II, al nivel de una provincia asiría ocupada.
Durante su
largo ministerio, Oseas compartió el empeño de su
pueblo en un titubeante reino. Con compasión y amor por sus conciudadanos, manifestó
una sensitiva respuesta a las necesidades de Israel en su pecadora condición.
Además de su experiencia personal, expresó en un tono de tristeza el amor de
Dios por un pueblo que había fallado en responder a su bondad.
No se dan
fechas específicas en el libro de Oseas. Puesto que Jeroboam y Uzías son nombrados en
el versículo inicial, se conviene generalmente que Oseas
comenzó su ministerio alrededor del 760 a. C. en los últimos años del reinado
de Jeroboam.[22]
Ciertamente, su predicción concerniente a la dinastía de Jehú
en el primer capítulo y posiblemente los sucesivos mensajes en los primeros
tres capítulos del libro, fueron públicamente dados antes de la muerte de Jeroboam. Es razonable asociar los mensajes de los
capítulos 4-14 con los acontecimientos que esparcieron las grandes sombras de
la dominación asiría sobre la tierra de Palestina. Para un análisis de su
mensaje completo, como está registrado en el libro que lleva su nombre, puede
considerarse la siguiente perspectiva:
I. El
matrimonio de Oseas y su aplicación a Israel 1:1-3:5
II. Las acusaciones de Dios
contra Efraín 4:1-6:3
III. La decisión de Dios para
castigar a Efraín 6:4-10:15
IV. La resolución de Dios en los
juicios y misericordia 11:1-14:9
Única entre los
profetas, fue la experiencia matrimonial de Oseas.
Bajo divina compulsión, Oseas se casó con Gomer. En el curso del tiempo, le nacieron tres hijos, Jezreel, Loruhama y Lo-ammi. Esta relación de familia se convirtió en la base
para varios mensajes que Oseas entregó a su pueblo en
la primera década de su ministerio.
La brevedad de Oseas en el informe de su matrimonio, y la vida de familia,
deja un número pendiente de problemas.[23]
A despecho de ello, el lector no puede fallar en ver la progresiva revelación
del mensaje de Dios a través de Oseas. Con el
nacimiento de cada hijo, la advertencia del juicio pendiente era presentado con más fuerza y exacta claridad.
El nombre
"Jezreel" remueve numerosos recuerdos de
triste memoria en las mentes de los israelitas. Como ciudad real de Israel,
estaba asociada con el asesinato de Nabot por Jezabel. Corrientemente, ello recordaba a los israelitas
que la poderosa dinastía reinante de Jehú, marcó su
camino hacia el trono con un excesivo derramamiento de sangre en Jezreel (II
Reyes
9-10). En esta forma, Oseas advirtió a su generación
que el reino del Norte se hallaba cercano a su fin. Su poder sería destruido y
quedaría roto en el valle de Jezreel.
Otra
advertencia llegó a Israel con el nacimiento de la hija de Oseas,
Loruhama. El significado "no compadecida"
llevó a los israelitas el mensaje de que Dios retiraría su misericordia. Ya no
les perdonaría más totalmente. Subsiguientemente, el nacimiento del tercer hijo
trajo el anuncio de que Dios estaba haciendo más severas sus relaciones con
Israel. En la alianza existía un mutuo lazo de unión entre Dios y su pueblo.
Entonces Oseas dio la noticia a Israel de que aquel
lazo sería disuelto. Ya no era Israel el pueblo de Dios; ni Dios, el Dios de
Israel. La relación del pacto había alcanzado su punto de ruptura.
A pesar de
todo, Oseas, mirando a lo lejos en el futuro, inyectó
un rayo de esperanza en los proyectos del tota] abandono de Dios.[24]
La sentencia contra Israel iba realmente a ser ejecutada; pero llegaría un día
cuando tanto Israel como Judá serían reunidas de
nuevo bajo un solo gobernante en su propia tierra. Esta multitud incontable
sería identificada como los "hijos del Dios viviente".
Oseas, entonces,
revirtió a los problemas contemporáneos. La esperanza de la última restauración
necesitaba poco énfasis cuando su generación estaba a punto de perder el favor
de Dios. La fórmula legal de] divorcio (2:2) indica que el profeta disolvió su
matrimonio con la adúltera Gomer. De igual forma,
Israel por su terrible actuación es culpable de adulterio. El grano, el vino,
el aceite, la plata y el oro que Dios había generosamente suministrado a su
pueblo, habían sido utilizados por los israelitas en ofrendas a Baal. Israel,
como su conducta había demostrado, no "sabía" ni se daba cuenta de
que Dios había otorgado todas aquellas cosas buenas al pueblo de su pacto.[25]
Entonces, Dios estaba a punto de visitarles con su juicio.
Todas las
festividades religiosas iban a cesar. Israel iba a ser castigada por su
apostasía al ser desarraigada y exiliada —abandonada por Dios.
Otra vez de
nuevo, el futuro quedaba desvelado. A su debido tiempo, Dios concedería la
gracia de restaurar a Israel (2:14-23). El día se aproximaba en que el pacto
sería renovado de tal forma que una vez más gozaría de las bendiciones del
Altísimo como pueblo de Dios. Esta promesa fue confirmada en la propia
experiencia de Oseas (3:1-5).26 El profeta fue invitado
a buscar a su esposa y reinstalarla en su familia. Pero ¿dónde estaba ella?
¿Qué le habría ocurrido? Aparentemente, ella se había ido y había llegado a un
límite tal de inmoralidad que nadie tenía necesidad de su compañía. Oseas la encontró en la plaza del mercado siendo ofrecida
para la venta al mejor postor.[26]
Yendo mucho más allá de sus obligaciones morales y religiosas, pagó el precio y
puso en ella su amor renovando los votos de su matrimonio. Esta acción
simbolizaba la actitud de Dios hacia la adúltera Israel.[27]
La simple promesa de Dios es que Israel una vez más, será restaurada
en los últimos días bajo el gobierno de un rey, David.
¿Qué cargos
tenía Dios contra Israel? Lenguaje blasfemo, la mentira, el asesinato, el robo,
el adulterio y el crimen —todos esos fueron los síntomas del fracaso de Israel
para reconocer a su Dios. El pueblo había ignorado la ley de Dios[28]
y en consecuencia, Dios les había rechazado. En su idolatría, Efraín era peor
que una ramera.[29] Los
sacerdotes y los profetas igualmente habían fallado hasta el extremo de que
incluso Judá fue advertida
de no contaminarse por Efraín. El sacerdote, el rey, y el pueblo fueron
alertados en el hecho de que el juicio se aproximaba (5:1). Con trompetas
sonando la alarma por toda la tierra, Dios estaba avisando a Israel de que
estaba a punto de abandonarla. No había buscado a Dios, sino que había mirado a
Asina en busca de ayuda. Dios iba a abandonarla hasta
el tiempo en que Israel genuínamente le buscaba a El
(6:1-3).
¿Qué haría Dios
con Efraín? Esta pregunta sobresale en la objetiva discusión representada por
6:4-10:15. Esta sección refleja el mensaje de Oseas
durante las décadas en que Efraín estaba en trance de desintegración bajo la
aplastante marcha y el avance de la máquina asiria de
guerra. Gradualmente, las nubes de exilio fueron expandiendo una sombra
creciente sobre Efraín y, últimamente, quedaron extinguidos los últimos rayos
de las esperanzas nacionales de Israel.
En la relación
del pacto, el amor de Israel por Dios había vacilado constantemente.
Repetidamente, Dios había intentado volver a su pueblo de sus caminos
equivocados al enviar a los profetas para llamar su atención. En otras
ocasiones, El la había visitado con calamidades y juicios. Todavía persistía
en sustituir las ofrendas por el verdadero amor y la lealtad. Cuando Dios
hubiese revivido a Israel tras el castigo, ¿qué encontraría? Acciones malvadas,
el engaño, el robo, la embriaguez—todo ello era nauseabundo para Dios como un
pastel a medio cocer. Nadie en Israel buscaba realmente a Dios. Efraín era
demasiado orgullosa. Actuando como una paloma fácilmente
engañada, los oficiales buscaban la segura ayuda de Egipto o de Asiria por la diplomacia, esperando de ello escapar al
juicio de Dios. En vez de confiar en Dios, continuaban manifestando su
dependencia sobre Baal. ¡Qué podía hacer Dios sino ejecutar la sentencia contra
el pueblo infiel y desagradecido!
Otra acusación
contra Israel era que los reyes habían sido entronizados sin la aprobación de
Dios. Haciendo ídolos, el pueblo se había apartado y despreciado el Decálogo,
que claramente limitaba su pacto y lealtad hacia Dios, quien les liberó de la
esclavitud de Egipto.[30]
Además de todo eso, la multiplicación de altares y sacrificios no resultaba
agradable a Dios, en tanto que no estaba acompañado con las debidas actitudes.
La hipocresía religiosa de Israel, era patente para Dios en los días de Oseas. A causa de su evidente maldad, la muerte y la
destrucción aguardaban a todo Israel. El rey sería completamente destronado a
la terminación del reino (8:1-10:15).
¿Cómo podrían
el eterno amor de Dios y su justicia hacia el Israel rebelde ser resueltos?
¿Podría Dios completamente abandonar y olvidar a su pueblo? La solución a este
problema se da en 11:1-14:9.
Israel era el
hijo de Dios.[31] En Egipto,
Dios había confirmado su pacto con los israelitas y les había redimido de la
esclavitud. Como un padre cría con mimo a su hijo vacilante, le provee en todas
sus necesidades y le otorga su amor sin medida, así Dios se había cuidado
continuamente de Israel. Ahora, el pueblo había pecado y se hallaba en la
necesidad de recibir la correspondiente disciplina. El castigo tendría que
llegar, pero no irían más a Egipto. Asiria es
designada como la tierra del exilio.[32]
Todavía
luchando con el problema del amor compasivo hacia un hijo descarriado y
díscolo, el mensaje profético hace una transición desde una amenaza a una
promesa por la cuestión de "¿Cómo podré abandonarte, oh
Efraín?". El problema es resuelto al enviar a Israel al exilio con la
seguridad de que retornará. Tanto Judá y Efraín son
culpables de confiar en Egipto y Asiria en busca de
ayuda. Israel ha provocado la ira de Dios y se ha convertido en reproche para
El. Por un tiempo, irá hacia la nación como un león devorador para ejecutar la
sentencia decretada sobre ella. Esto no puede ser alterado, pero en el futuro,
Dios será su ayuda. Esta promesa proporciona a Israel consuelo y será como una
boya durante los obscuros días del exilio.
Para su pueblo,
Oseas da una simple fórmula para que vuelva hacia
Dios: abandonar los ídolos, transferir su fe y confianza de Asiria
a Dios, Y confesar sus iniquidades. Solamente en Dios encontrarán la
misericordia los que están abandonados por el padre (14:1-4).
La última
esperanza es la restauración de Israel. El día llegará en que los ídolos serán
abandonados y la devoción hacia Dios tendrá una plenitud piadosa. Restaurada en
su propia tierra, Israel gozará una vez más de la prosperidad material y de las
bendiciones divinas.
[1] J. B.Prichard Ancient Near
Eastern Texis Relating to the Old Testament. 2.a ed., p.280. Ver también capítulos XII y XIII de este
volumen para una eventual discusión.
[2] E. R.
Thiele, The
Mysterious Numbers oj the Hebrew Kings, pp. 68-72.
[3] Jonás
vivió en Gathefeh, a unos cinco kilómetros al noroeste
de Nazaret.
[4] Ver André Parrot, Samaría, the
capital of Kingdom of Israel (Londres: SMC Press,
1958).
[5] Corrientemente,
un tratamiento popular del libro de Jonás es para comprenderlo como un
corto relato escrito para propaganda religiosa tal vez en el siglo IV a. C.
Ver B. W. Anderson, Understanding
the Old Testament
(Englewoods Cliffs,
1957), pp. 503-504. Para un tratamiento más elaborado, ver R. H. Pfeiffer, Introduction
lo the Old Testament, p.
587y ss. Aage Bentzen, Introduction to the Old
Testament, Vol. II (2.a ed., 1952), pp. 144-147 y ss. lo
considera con Bewer como una parábola.
Para una defensa del libro de Jonás como registro histórico, ver A. Ch. Aalders, The problem
of the Book of Jonah (Londres: Tyndale
Press, 1948) y E. J. Young, An Introduction to the Old Testament- pp. 254-258.
Para una representativa interpretación histórica, ver Frank E. Gaebelein, The
Servant and the Dove(Nueva
York: Our Hope Press, 1946), pp. - -143. Keil y Delitzsch, Commentary on the Minar
Prophets, Vol. I., pp. 379-417. The Minar Prophets,
Vol. I, (Nueva York:
Funk and Wagnalls, 1885), pp.
371-427.
[6] No tiene que tratarse necesariamente de una ballena, sino de un
«gran pez». Jonás 1:17,
Mat. 12:40. Para una moderna analogía
con la experiencia de Jonás, nótese el relato de John
Ambrose Wilson, en que una ballena cerca de las Islas
Falkland, se tragó a_un
miembro de la tripulación de un barco que fue rescatado tres días más tarde,
revivida de su inconsciencia y que subsiguientemente vivió con una salud normal.
Ver Princeton Theological Review, «The Sign of the Prophet Jonah»,
XXV (1927), 636. Para la posibilidad de que una
ballena pudo haber engullido a un hombre, ver el artículo «Hovv
to Test the
Story of Jonah». por G. Macloskie en Bibliotheca Sacra, LXXII, 336 y ss.
[7] «Nínive, la gran ciudad»; Esto incluye la propia ciudad y
sus suburbios. Desde 1100 a. C., Nínive fue utilizada
como una de las residencias reales. Después del 722, Sargón
II, hizo de ella su capital, y continuó siendo la primera ciudad de Asiría
hasta su caída en el 612 a. C.
[8] Para
una discusión de la «fe» de los ninivitas, ver Pusey, op. cit., p. 415.
[9] Gaebelein aventura la opinión de que el rey asirio en cuestión es o bien Adaonira-ri III, ca. 811-782 o Salmanasar
IV, ca. 782-772. Ver op.
cit., p. 119.
[10] Para
una discusión sobre la reforma —aunque no está mencionada en la fusión
secular—, ver Aalders, op.
cit., pp. 6-7.
[11] Ver los
tratos de Dios en el pasado. Dios aseguró a Abraham que Sodoma
y Gomorra serían salvadas en gracia a diez justos.
Gen. 18. Ver también Ex. 32 y I Reyes 2i:29, donde Dios demora su juicio por
misericordia.
[12] Ver Gaebelein, op. cit., p. 129. Ver también I Reyes 19:4, Jer. 20, Job. 3.
[13] Pusey, op. cit., p. 246, estima la población de Nínive
en 600.000 habitantes.
[14] La tradición de que Jonás fue enterado en el otero de Nebí Yunus, marcado poruna mesquita en el sitio de Nínive
carece de soporte histórico- D- W. B. Robinson, en su
artículo sobre Jonás.
[15] Al pinchar este fruto en forma de higo, los insectos del interior
quedan en libertad y el proceso de
maduración fue acelerado.
[16] Está universalmente convenido entre los eruditos que Amos profetizó
durante los días de Jeroboám, Su reino terminó en el
753 a.C., de acuerdo con E. R. Thiele, op. cit., p.70.
[17] R. H. Pfeifer. The books of the Old Testament
(Nueva Yotk 1957) p. 300 sugiere que el ministerio de
Amos estuvo limitado a pocos meses mAmasías informó
que el país no podía soportar tan duras palabras (Amos 7:10).
[18] Bentzen,
op. cit., p.
139, sugiere que el libro de Amos fue compilado en Ju"11-puesto
que Jeroboam es nombrado antes de Uzías
en 1:1.
[19] LA
exhortación a prepararse para el encuentro con Dios, 4:12, no representaba otra
«oportunidad». Habiendo desperdiciado la misericordia divina, ellos fueron
solemnemente advertidos de que se prepararan para el castigo de Dios.
[20] Ver G. E. Wright,
Biblical Archaeology, p. 161.
[21] Pritchard, op. cit.,
p. 283
[22] Ciertamente, un período de tres a diez años tiene
que ser concedido para el matrimonio de Oseas y el
nacimiento de sus tres hijos. No se indica qué cantidad de tiempo de ese
período fue contemporáneo con Jeroboam. Con la fecha
terminal de Jeroboam corno el 753 a. C., parecería
razonable fechar el comienzo del ministerio de Oseas
aproximadamente en el 760 a. C.
[23] Las dos
básicas interpretaciones de este pasaje son la literal y la alegórica Para un breve sumario, Ver. Bentzen op. Cit.,
pp. 131-133, para una extensa interpretación ver los comentarios generales.
[24] Para una discusión provechosa ver C. F. Keil
[25] La palabra «conocer» o «conocimiento» es usada frecuentemente por Oseas y no se refiere meramente a una comprensión
intelectual. El problema es que el pueblo no ajusta sus vidas al requerimiento
de Dios
[26] Por una
discusión de esta mujer en el capítulo 3 y su identificación con Gomer, ver Norman Snaith, Mercy and Sacrifice (Londres: SMC Press, 1953), pp. 27-38.
[27] Posiblemente
ella se había convertido en una esclava concubina de otro hombr
o tal vez retornó con su padre a quien Oseas pagó un
segundo tributo nupcial.
[28] Ver Ex.
19:1-6 donde la obediencia es la clave para la recta relación de Israel nací
Dios como pueblo santo.
[29] Oseas
emplea con frecuencia la palabra «Efraín»
para designar el Reino del no -te
en contraste con Judá. El pacto fue hecho en tiempos
de Moisés con la totalidad de i nación.
La división política en el 931,
todavía existiendo en tiempos de Oseas, no existir en la restauración. Ver también Ezeq. 37.
[30] Ver las
advertencias dadas por Moisés en Deut. 28:15-68.
[31] Aquí
Dios es representado como un padre que tiene compasión y que ama a su Hijo,
mientras previamente el pacto entre Dios e Israel está figurativamente
expresado por un lazo matrimonial.
[32] Compárese
la versión Cipriano de Valera (1960) y KSV en Os. 11:5. La primera sigue el
texto hebreo, diciendo «No volverá a tierra de Egipto». La última, omite el
«no» siguiendo el texto griego.