Capítulo XXIV
Las naciones
extranjeras en las
profecías
Tres profetas menores dedican su atención sobre una nación extranjera
cada uno: Abdías sobre Edom,
Nahum sobre Asiría y Habacuc sobre Caldea. A
desemejanza de Isaías, Amos y otros profetas, los autores de estos oráculos
apenas si se refieren a otras naciones. Ofrecen aliento o increpan a su propio
pueblo sólo en forma de contraste o comparación.
Los tres libros no proporcionan información que pudiera satisfacer la
curiosidad concerniente a la vida personal de los profetas. Al mismo tiempo,
las limitadas referencias a sucesos contemporáneos hacen imposible lograr la
certidumbre en fechar sus respectivas carreras. Consecuentemente, existen
problemas en relacionar a esos hombres con los tiempos en que vivieron.
Abdías
—el orgullo de Edom —Abdías
1-21
El libro más reducido del Antiguo Testamento, es el de Abdías. No tenemos medios de saber nada respecto al
profeta aparte de su nombre y no hay base para identificarle con cualquier otra
persona que lleve tal nombre. Las fechas sugeridas para el ministerio de Abdías, basadas en el contenido de su oráculo, van desde el
tiempo de Amos a la última parte de los tiempos de Jeremías.[1]
La profecía se divide en cuatro secciones:
I. La segura posición de Edom Abdías
vs. 1-9
II. Las desgracias de Jerusalén vs.
10-14
III. El destino de Edom vs.
15-16
IV. El triunfo de Israel sobre Edom vs 17-21
Edom
es orgulloso. Seguro en su inexpugnable fortaleza rocosa los edomitas reflejan la actitud de aquellos que están por
encima del peligro de la invasión y la conquista. No sólo se jactan de su
seguridad dentro de su fortaleza natural, sino que, además, son orgullosos y
soberbios en su pretendida sabiduría. Aunque complacidos en su creencia de que
nada les ocurrirá, la divina humillación pende sobre ellos. Los ladrones sólo
pueden robar lo suficiente para ellos y los recolectores de uvas suelen dejar
rebusca, pero Edom aguarda el pillaje por los
confederados que, indudablemente, conocen bastante respecto a los tesoros que
tienen escondidos. Decepcionados por aliados y amigos, los edomit-as
llegarán a comprobar que ni su sabiduría ni su poder pueden salvarles (vs.
1-9).
¿Está justificado el juicio sobre Edom? Los
cargos contra ella están claramente establecidos y declarados. En el día de la
calamidad de Jerusalén[2]
los edomitas se habían recreado en el mal ajeno
e incluso habían entregado fugitivos al enemigo, siendo culpables de flagrante
injusticia (10-14).
El día del Señor será un día de rendir cuentas para todas las
naciones. Abdías, sin embargo, está especialmente
preocupado con Edom y su relación con el estado y la
situación final de Judá. Edom
será juzgada por sus acciones. Beberá la copa de la ira y se desvanecerá como
si nunca hubiera existido (15-16).
Por contraste, el monte de Sión será
establecido. Mientras Edom desaparece sin un solo
superviviente, los israelitas serán restaurados con seguridad en su propia
tierra, desde Neguev en el sur hasta Sefarad en el norte, con el Señor como gobernante. Incluso
los exiliados de Sefarad retornarán para compartir la
reclamación de las ciudades del Neguev.[3]
Monte de Esaú, una vez representativa del orgullo y
la altivez de los edomitas, será gobernada desde
monte Sión (17-21).
Nahum —la suerte de Níníve —Nahum 1:1 - 3:19
Los matices internos del libro de Nahum ofrecen una evidencia fiable
para fechar a este profeta en la segunda mitad del siglo VIL La referencia de
Nahum a la caída de Tebas hace el 661 a. C. el terminas
a quo y la dicción de la caída de Nínive sugiere
el 612 a. C., como el terminus quem para el período de su carrera. Dentro de esos
límites es, por supuesto, imposible fijar un tiempo exacto para su ministerio.
La conquista de Tebas por Asurbanipal, representaba el máximo punto del avance
asirio, a unas quinientos treinta kilómetros al sur del Cairo.[4]
Pero no transcurrió mucho tiempo en que las rebeliones comenzaron a trastornar
el imperio de Asurbanipal. Su propio hermano, Samasumukin, nombrado gobernador de Babilonia por Esar-hadón, dio lugar a una
rebelión fracasada y pereció en la quema de Babilonia en el 648 a. C.[5]
Cuando murió Asurbanipal, alrededor del 633, las
rebeliones estallaron con éxito en varias zonas para advertir a Asina de su próxima condenación. Cyáxares
asumió el reinado de Media y en menos de una década Nabopolasar
estuvo bien establecido sobre el trono de Babilonia. Aliando sus fuerzas con
los medos y los babilonios, convergió sobre Asiría para llevar a efecto la
destrucción de Nínive en el 612 a. C.[6]
A los pocos años, el Imperio Asirio estaba absorbido por los vencedores.
Seguramente, Nahum estaba familiarizado con algunos de tales acontecimientos.
Aunque Elcos, la población natal de Nahum, no ha sido
nunca identificada con certidumbre, es verosímil que él fuese un ciudadano de Judá.[7]
A Nahum le eran conocidas las calamidades que Judá
tuvo que soportar durante el siglo de la dominación asiría. No hay duda de que
estaba al tanto de la opresión asiría, mediante la cual, incluso Manases, el
rey de Judá, fue llevado al destierro por una
temporada.
El siguiente análisis sugiere los temas importantes como están
desarrollados en el libro de Nahum:
I. La majestad de Dios en el juicio y en la
misericordia Nahum
1:1-14
II. El sitio de Nínive y su destrucción 1:15-2:13
III. La razón de la caída de Nínive 3:1-19
La majestad de Dios es el tema introductorio
de Nahum. Soberano y Omnipotente, Dios gobierna de forma suprema en la
naturaleza. Los malvados —enemigos de Dios por sus acciones— continuarán
porque Dios es lento en su cólera. A su debido tiempo, la venganza de un Dios
celoso, será manifestada. Para aquellos que confían en El, serán salvados en
el día de la ira, pero el enemigo será completamente destruido (l:l-8).[8]
Aparentemente, algunos entre el auditorio de Nahum se hallaban dudosos
respecto al cumplimiento de su predicción (1:9). Con seguridad, el profeta
declara que el juicio de Dios es tan decisivo, que no tienen por qué temer ni
sentir aflicción de Nínive de nuevo. Las dificultades
que Asiría ha impuesto sobre Judá no se repetirán
(1:12-13). Dirigiéndose a los asirios Nahum predice que esta destrucción
borrará su nombre a perpetuidad.
Para Judá, la destrucción de Nínive es el alivio de la opresión. De forma pintoresca,
el profeta habla del mensajero que viene con las buenas noticias (1:15). El
pueblo es amonestado a renovar su devoción religiosa en gratitud por su
liberación. Por contraste con esta breve exhortación para Judá,
el mensaje para Nínive contiene una grave
advertencia. Nahum vividamente describe el asedio, la conquista y la total
ruina de la capital de Asiria (2:1-13). Esta
orgullosa ciudad de los asidos, que sembró de calamidades a Jerusalén, está
ahora sujeta al horrible efecto de un asedio en que prevalecerá la más completa
confusión. El enemigo entra, destroza y reduce a Nínive
a ruinas, dejándola totalmente desolada.
ims ciudadanos
de Nínive han precipitado esta catástrofe; a ellos se
les carga con un comercialismo sin escrúpulos y cruel rapiña. Describiendo
vividamente una de las más dramáticas escenas de batallas existentes en la
literatura del Antiguo Testamento, Nahum describe los carros de guerra
avanzando y cargando los jinetes mientras aplastan los cadáveres de los
defensores de Nínive. Utilizando el símil de una
ramera, Nahum describe la vergonzosa exposición de Nínive
ante las naciones que tan cruelmente había oprimido. Todos la mirarán de reojo
con, desprecio, sin que haya uno que lamente su ruina.
La destrucción de Tebas se cita por
comparación (3:8-15). A despecho de sus vastas fortificaciones, esta populosa
ciudad egipcia fue conquistada y destruida por los asirios en el 661 a. C.[9]
¿Es Nínive mejor que Tebas?
Fuerte, fortificada, y apoyada por Put y Libia, la
ciudad de Tebas no podría soportar el asalto asirio.
Tampoco aguardará Nínive en el día de su ataque. Sus
fortificaciones serán inefectivas bajo la aplastante carga del enemigo que
avanza como un fuego devastador.
En la final descripción del destino de Nínive,
Nahum utiliza la figura de la plaga de la langosta, tan familiar para la
mentalidad de los orientales. Comparando la población de Nínive
a la langosta, el profeta predice que se esparcirá por la ciudad buscando
refugio, pero será esparcida a lo lejos y desaparecerá. A diferencia de Judá, la nación de Asiria no
tiene esperanzas de que quede un remanente. Además, todos se gozarán de su
destrucción, puesto que ningún pueblo había escapado a las atrocidades y
saqueos de la máquina de guerra asiría.
Habacnc
—Dios utiliza a los caldeos —Habacuc 1:1 - 3:19
Con toda verosimilitud, Habacuc fue testigo
del declive y caída del imperio asirio en el transcurso de su vida.
Sincronizado con la decadencia asiría y su influencia en Judá,
llega la reavivación. con la jefatura de Josías.
Simultáneamente con estos acontecimientos llegó el resurgir del poder de Media
y Babilonia en la parte oriental del Creciente Fértil. La caída de Nínive pudo haber ocurrido antes de que Habacuc
hiciese su aparición como portavoz de Dios. La descripción de la violencia, la
lucha y la apostasía, tan frecuente en Judá durante
los tiempos de Habacuc (1:2-4), parece encajar con el
período inmediatamente siguiente a la muerte de Josías
en el 609. Los caldeos no se han manifestado como una suficiente
amenaza para Judá, puesto que el control de Egipto
se extendía desde el Eufrates hasta la batalla de Carquemis (605).[10]
Consecuentemente, los años transcurridos entre el 609 y el 605 proporcionan una
conveniente base para el mensaje de Habacuc.[11]
El diálogo entre Habacuc y Dios es digno de
mencionarse. El profeta plantea la cuestión filosófica de una aparente
discrepancia entre los hechos de la historia y la revelación divina.
Finalmente, él resuelve sus dificultades expresando su fe en Dios. Hecho básico
a la totalidad de la discusión, es el uso de Dios de un pueblo pagano para
castigar a su propio pueblo.
Como guía para ulterior consideración del mensaje de Habacuc, lleva por sí mismo a la siguiente perspectiva:
I. ¿Por qué Dios permite la violencia? Habacuc 1:1-4
II. Dios levanta a los caldeos para castigar a Judá
1:5-11
III. ¿Por qué deberían los malvados castigar a los justos? 1:12-2:1
IV. La vida justa por la fe y la esperanza 2:2-4
V. Denuncia de la injusticia 2:5-20
VI. Un salmo de alabanza[12]
3:1-19
Habacuc
se siente turbado por los males que prevalecen en su generación. Prevalece la
injusticia, la violencia y la destrucción continúan, la Tora
es ignorada, y respecto a esto el profeta apela impacientemente a Dios; pero
nada cambia. ¿Por cuánto tiempo ignorará Dios su oración y tolerará tales
condiciones?
La respuesta de Dios está en marcha. Los rudos e impetuosos caldeos se
están aproximando. Rápidos en su avance, esparcen el terror con la captura de
nuevas tierras, la destrucción de las fortalezas y la supresión de los reyes.
Dios está permitiendo a esos feroces conquistadores para que lleven la justicia
a Judá (1:5-11).
¿Utiliza Dios a los malvados para castigar a los infieles en Judá? ¿Es que no son los ofensores entre el pueblo de Dios
—no importa lo culpable que sean— todavía mejores que los brutos idólatras
procedentes de Babilonia? Habacuc imagina si la
revelada naturaleza de Dios como santa y justa y las actuales condiciones de
los paganos invasores, garantizan realmente la acusación de que Dios permita
esto. Turbado y perplejo porque Dios ha ordenado a los caldeos que lleven a
efecto el juicio, Habacuc espera impaciente la
respuesta (1:12-2:1).
El profeta es invitado a registrar la revelación. Este divino mensaje
es tan significativo que debería ser preservado para futuras consideraciones.
La predicción es cierta en su cumplimiento, aunque el tiempo no haya llegado
aún. Simple y con todo, es profundo el básico principio expresado aquí: el
justo deberá vivir en su fidelidad.[13]
Por contraste, la nación opresora será visitada después con la maldición. La fe
en Dios es la piedra de toque de la perseverancia en una vida de fidelidad.
Mirando a su alrededor, Habacuc ve una
vivida demostración de los males que prevalecen. El enumera a aquellos que son
soberbios y seguros de sus formas de proceder:
1. Los agresores injustos 2:6-8
2. Aquellos que justifican sus malos actos 2:9-11
3. Los que derraman sangre para provecho personal 2:12-14
4. Aquellos que decepcionan a sus vecinos 2:15-17
5. Aquellos que confían en los ídolos 2:18-19
Observando agudamente aquellas múltiples manifestaciones de presuntuosidad
respecto a él, Habacuc encuentra alivio en la
realización de que el Señor está en su santo templo. Inmediatamente será
pronunciado el solemne aviso de que toda la tierra debería guardar silencio
ante El.
Esos pensamientos evocan un salmo de alabanza de los labios del
profeta. Conocidas para él, son las grandes obras de Dios en tiempos pasados.
Con una llamada para que Dios recuerde su misericordia en su ira, Habacuc implora de El que haga de nuevo conocer sus
poderosas acciones. Dios manifestó su gloria y utilizó a la naturaleza para
llevar la salvación á su pueblo de Israel cuando les trajo desde el desierto y
les estableció en la tierra prometida. Habacuc desea
soportar las presentes calamidades con el conocimiento de que el día de Dios y
su ira caerá sobre el agresor. Aunque los campos y los rebaños fallen en sus
provisiones materiales, él todavía se gozará en el Dios de su salvación.
Mediante una fe viva en Dios, el profeta reúne fuerza para encararse a un
futuro incierto.
***
[1] Para una fecha temprana para Abdías,
ver E. B. Pusey, The
Minor Prophets, 1, PP. J43-369, y C. F. Keil, The Twelve Minor Prophets, I, pp. 337-378.
Para una discusión de la fecha posterior al 600 a. C. ver R.
H. Pfeiffer, Introduction to the Old Testament, pp. 584, 586 y Aage Bentzen, Introduction to
the Old Testament, II, pp. 143-144. El último
permite considerar una fecha que llega al 312 a. C. cuando Petra estaba bajo
control árabe de acuerdo con Diodoro Siculus.
[2] Nótese las
numerosas veces en que Jerusalén estuvo sujeta a las invasiones en e Antiguo
Testamento:
1. I Reyes 14:25-26 - Sisac
en los días de Roboam.
2. II Crón.
21:16-17 - Los filisteos y árabes, en tiempos de Joram.
3. II Reyes 14:13-14 - Joás c
Israel, en tiempos de Amasias.
4. II Reyes 24:1 y ss. - Nabucodonosor en el 605-586.
Keil, op. cit., y otros,
datan Abdías en el reinado de Joram.
D. W. B. Robinson,
J" New Bible
Commentary, p. 170, y otros, fechan a Abdías tras la caída de Jerusalén.
[3] Esto,
probablemente, es una referencia a Safarda, un
distrito del sudoeste ^e.y¿ dia a donde Sargón exiló a los
israelitas (II Reyes
17:6). Comparar Julius A. Bewer, Obadiah and Joel en International
Crítical Commentary (Nueva
York: Scribner's Sons, 1911, pp. 45-46.
Para la identificación con Sardris, Cparda en los monumentos persas, la Capital
de Lidia en Asia Menor donde existía una colonia judía, en el principio del
reinado de Cyaxares (464-424), ver el Interpeter's Bible como
referencia (Vol. 6, p. 867). Comparar también C. C. Torrey «The
Bilingual Inscription from Sardis», American Journal of Semitic Languages
and Literature, XXXIV (1917-1918), pp.
185-198.
[4] Tebas
era conocido por No o No-amón, Nah. 3:8.
[5] Ver D. J. Wiseman, Chronides of Chaldean
Kings, pp. 6-7.
[6] Ver Pritchard, Ancient Eastern Texts, pp. 303-305.
[7] Elcos
pudo naber sido una población entre Gaza y Jerusalén, cerca de Neit-Jibrin. M [he New Bible Commentary, F. Davidson, ed. p. 727, para varias tradiciones concernientes a
Elcos.
[8] En hebreo este
poema de comienzo, es un acróstico
alfabético.
[9] Hornero (litada,
IX 383) describe
a Tebas
con sus templos, obeliscos,
esfinges y 100 puertas, como una de las más bellas ciudades del mundo
antiguo.
[10] Ver Wiseman, op. cit., pp. 19-23.
[11] La mayor parte
de los eruditos fechan a Habacuc en las proximidades
de fin de siglo. Para su ulterior discusión ver Pfeiffer,
op. cit., pp.
597-600, y a Young, Introduction
to the Old
Testamení, pp. 263-265.
[12] Para discusión sobre
Habacuc 3, como una unidad separada, ver Pfeiffer, op. cit., PP._ 597-600. El comentario de los rollos del Mar
Muerto discute solamente los dos primeros capítulos. Para un tratamiento por W.
F. Albright, que considera la totalidad del libro
como «sustancialmente el trabajo de un simple auton>,
ver su artículo «The Psalm of Ha-oatkuk», en Studies in Oíd Testament
Prophecy, H. H. Rowley ed., pp. 1-18.
[13] El pronombre
hebreo es ambiguo. Los LXX leen «por mi fidelidad», sugiriendo que los justos
vivirán porque Dios tiene esa divina facultad. El uso en el Nuevo Testamento
reduce «fidelidad» a «fe». Comparar Rom. 1:17, Gal. 3:11, Hebreos 10:38.