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La visión de Dios para la Iglesia es: hasta lo
último de la Tierra
Despertemos del sueño
Este mensaje fue predicado en uno de los cultos
de la "Escuela de misiones para pastores y laicos".
Un desafío para despertar del sueño y emprender la
gran tarea de ganar a las naciones con el mensaje
del evangelio.
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Es interesante el
origen de la palabra éxito. Viene del latín, de ella
se derivó la palabra exit en inglés que significa
salida. La palabra en su origen significa salir de un
encierro.
Uno tiene éxito
cuando sale del encierro. Cuando sale de la
circunstancia que lo tiene detenido.
Hoy quiero hacer una denuncia de las estrategias del
diablo en contra de la iglesia para tenernos
encerrados en cuatro paredes y no tener la visión que
Dios quiere, que es: hasta lo último de la Tierra.
Estrategias que el diablo usa continuamente y por las
cuales nos ha tenido por mucho tiempo encerrados.
La primera
estrategia es la ignorancia
La ignorancia se manifiesta de dos maneras: en
primer lugar, ignorancia de lo que Dios nos dice en su
Palabra. Cuando nosotros desconocemos el manual del
fabricante, el mensaje de Dios, lo desconocemos a Él.
Este es el primer gran error.
La Biblia es la que nos muestra el plan de Dios para
redimir al mundo. Dios en su corazón amoroso y
compasivo planificó la redención del mundo a través de
su Hijo Jesucristo. En Mateo 28:19-20 tenemos la
llamada Gran Comisión que el Maestro específicamente
nos ha asignado: "Por tanto id y haced discípulos a
todas las naciones, bautizándolos en el nombre del
Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles
que guarden todas las cosas que os he mandado...". En
otras palabras podemos decir que misiones es la misión
de Dios, la realización de los planes de Dios, la
manifestación de la gracia. Es el amor de Dios puesto
en acción. Es la tarea más sublime que pudo
encomendarse al ser humano. La Gran Comisión es
convertida en hechos por medio de la Iglesia.
Pero no puede llevarse a cabo la misión de Dios sin
los recursos humanos que somos nosotros, el pueblo de
Dios. La estrategia del diablo en cuanto a la
ignorancia toma fuerza cuando el pueblo de Dios ignora
la Palabra.
Los autores de la Biblia, movidos por el Espíritu
Santo, escribieron en un lengua común, sencilla. La
forma escrita se realizó en el lenguaje más accesible
a la gente. De esta forma comunicaban un mensaje con
significado y contenido que llegaba con claridad a la
mente y al corazón de cada uno de los que lo
escuchaban. Por eso, es evidente entonces que la
persona que no entiende que misiones significa llevar
el amor de Dios hasta lo último de la Tierra,
desconoce lo que Dios nos dice en su Palabra. Ahí está
la clave por la cual el diablo trata de que nosotros
seamos ignorantes de la Palabra, porque si somos
ignorantes de su Palabra somos ignorantes del autor de
la misma. Dios no respalda ningún método, estrategias
misioneras ni planes para desarrollar las misiones, Él
respalda corazones que lo conocen y el conocimiento
viene a través de su Palabra. Porque conocemos al
Señor y conocemos lo que Él quiere, conocemos sus
planes. Si leemos la Biblia de una manera superficial,
sin detenernos en sus verdades más profundas,
difícilmente podamos descubrir los planes que Dios
tiene.
A veces nos alimentamos solamente de lo que escuchamos
en la radio, o de predicaciones, o de lo que otros nos
dicen, pero no vamos a la fuente, a la cantera, a
sacar las riquezas de manera personal, por iniciativa
nuestra y no de otros. De otra manera, si todos
leyeran la Palabra y profundizaran en ella, no habría
ni un solo cristiano que no entienda que el llamado de
Dios es para todo el mundo.
El Espíritu Santo nos muestra a través de la Palabra
el propósito de Dios por el que existimos, que es
llegar hasta lo último de la Tierra. Debemos leer la
Biblia cuidadosamente para que el Espíritu Santo, por
medio de la Palabra de Dios pueda destruir nuestro
conformismo. Como dice el dicho popular: "Ojos que no
ven, corazón que no siente". La manera de ver con los
ojos de Dios es justamente buceando en su mensaje
escrito.
Hay muchísimos ejemplos del Antiguo al Nuevo
Testamento, que hablan del propósito de Dios. Por
ejemplo: "... haced célebres en los pueblos sus obras..."
(Isaías 12:4), "Antes que te formase en el vientre te
conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por
profeta a las naciones" (Jeremías 1:5), "Y unirán
muchas naciones a Jehová en aquel día, y me serán por
pueblo..." (Zacarías 2:11), "Porque desde donde el sol
nace hasta donde se pone, es grande mi nombre entre
las naciones..." (Malaquías 1:11).
Los Salmos hablan del propósito de Dios, nosotros los
cantamos: "Aclamad a Dios con alegría toda la tierra".
Las profecías hablan de que el propósito de Dios era
para todas las naciones. La historia del pueblo de
Israel en el Antiguo Testamento nos muestra que Dios
siempre quiso que todas las naciones lo conozcan. De
hecho, ese es el propósito por el que el pueblo de
Israel fue llamado a ser como un imán espiritual.
Luego, en el Nuevo Testamento, encontramos un montón
de textos más, conocidos, predicados miles de veces:
Mateo 28:19; Marcos 16:15; Lucas 24:47-48; Juan 20:21;
Hechos 1:8. En Mateo 28, cuando Jesús dijo: "Toda
potestad me es dada en el cielo y en la tierra...", lo
que quiso decir es: el que manda en el cielo y la
Tierra soy yo, y luego agregó: "Por tanto, id...".
Esta no es una opción, si uno quiere o no quiere: es
una orden y el Señor antes de darla aclaró la
autoridad que tenía para hacerlo.
Génesis arranca con la promesa para Abraham de ser
bendición para todas las naciones, Apocalipsis termina
con el apóstol Juan mirando una foto del futuro y
diciendo: "Había gente de todo linaje, pueblo, lengua
y nación"; una realidad que todavía no hemos vivido
pero que en la eternidad de Dios Juan la vio. Toda la
Palabra de Dios está impregnada del propósito de Dios
para su iglesia, que es llevar su Palabra hasta lo
último de la Tierra.
Por eso, cuando algunas personas, llamadas hijos del
Señor, no entienden el llamado a las naciones es
porque han caído bajo esta primera estrategia de las
tinieblas llamada ignorancia de la Palabra de Dios.
Otra faceta de la estrategia de las tinieblas contra
la iglesia es la ignorancia de la realidad mundial.
Por mucho tiempo se ha dicho que los cristianos
evangélicos vivimos "adentro de un frasco", porque no
sabemos lo que pasa a nuestro lado.
La ignorancia de la realidad mundial puede ser
producto de la apatía, el egoísmo, la falta de
preocupación por lo que pasa afuera. Muchos cristianos
desconocen que a cada minuto son miles los que se van
al infierno porque no tienen a nadie que les diga que
Jesús los ama.
Escuchamos decir: ¿por qué los misioneros se van tan
lejos cuando aquí hay tanta necesidad? Cuando miramos
al mundo hay que entender la diferencia que existe
entre necesidad y oportunidad de conocer al Señor.
Algunos
datos nos ayudarán a mirar para afuera:
En el planeta se hablan unos 6.800 idiomas. De estos
tienen traducida la Palabra de Dios en forma total
unos 371, entre los cuales está el castellano.
Nosotros tenemos todo tipo de Biblias, en tamaño,
color, versión, letra gigante, chica o grande. Y la
tenemos hace muchos años. ¡Qué privilegio! ¡Qué bueno
es poder leer el mensaje de Dios para nosotros cada
día y hasta en muchos colores y tamaños. Somos uno de
los 371 idiomas que gozan el mensaje completo del
Señor. Imagínense lo que sería tener que aprender otro
idioma para conocer lo que Dios quiere decirnos.
Aparte de esto, hay 960 traducciones más con solo el
Nuevo Testamento. Los lectores gozan de la mitad, el
Nuevo Testamento. Pero todavía no pueden descubrir qué
pasó en el Antiguo Testamento.
Hay 902 idiomas más que tienen una pequeña porción. A
veces es Juan 3:16, en otras ocasiones es el libro
entero de Juan, o en algunos casos, dos o tres
capítulos. Se trabaja en 1.500 idiomas y hay necesidad
urgente de traducción en tres mil idiomas más.
Con estos pequeños datos vemos que en el mundo hay
mucha necesidad. En Mauritania, por ejemplo, en el año
1995 no se sabía de ningún creyente mauritano. Es un
país que tiene un poco más de tres millones de
personas. En el año 1998 se sabía de cuatro. Yo
encontré a un misionero brasileño que estaba en
Mauritania y conocía a los cuatro creyentes de ese
país. Tres podían congregarse más o menos una vez por
mes, y el cuarto vivía tan lejos que cada ocho meses
viajaba y se encontraba con los otros tres en forma
secreta para orar y escuchar algo del mensaje de Dios.
Cuando empezamos a mirar algunos números entendemos la
necesidad del mundo. Y no hemos hablado de la
necesidad del hambre, de la desnudez, de la
desnutrición. Cuando estuve en África, cuatro madres
me ofrecieron sus bebés para que me los trajera,
porque sino iban a morirse en sus brazos. Cuando uno
toma uno de esos bebés le queman las manos del
paludismo que tienen. Probablemente muchos de los que
tuve en brazos ya murieron. Esas realidades que
nosotros desconocemos son la consecuencia de la
estrategia del diablo en contra de la iglesia, la
ignorancia de cómo está el mundo en este tiempo.
Ignorancia de los recursos que tenemos, e ignorancia
de que Dios envió a su Hijo para morir por todos y no
solamente por los que le hemos conocido.
En muchas ciudades de nuestro país la iglesia
evangélica creció un doscientos por ciento en los
últimos diez años. Son noticias lindas, alentadoras.
Sin embargo, yo miro mi ciudad y todavía hay mucha
necesidad. Pero cuando miro el mundo veo que hay
muchos que no tienen oportunidad de conocer al Dios
que nosotros amamos.
Esta estrategia del diablo de cegarnos al mundo hace
que nuestro corazón no sienta nada y que no seamos
exitosos, que nos quedemos encerrados, que no
avancemos.
La segunda
estrategia es la inmadurez
Se da cuando la iglesia tiene conciencia de su
misión pero ve el mandato de Cristo como si fuera algo
tan alejado de la realidad, solo para aquellos que
quieren viajar.
La inmadurez provoca en el cristiano desobediencia,
letargo, comodidad en el trabajo que le corresponde
hacer. También se observa cuando se actúa por emoción
o sentimientos. Es interesante la diferencia entre
sentimiento, emoción y pasión. Se dice que la emoción
es algo muy intenso pero breve, que dura muy poco, es
como una explosión. Desborda, explota, pero dura poco.
El sentimiento, sin embargo, es algo pequeño, tenue,
como la llama del piloto del calefón, pero constante.
A diferencia de la emoción que es muy grande, el
sentimiento es algo pequeño. Pero a diferencia de la
emoción que es breve, el sentimiento es continuo. La
pasión combina a las virtudes de los dos anteriores,
es intensa y continua.
Muchos en el llamado misionero se quedan en la emoción.
Se entusiasman con una actividad misionera, un video o
una predicación, ofrendan, pasan al altar, lloran, dan
todo lo que tienen en ese momento y dicen: "Me voy, me
voy, me voy". Eso fue el domingo. El martes o el
miércoles se les pasó la emoción, se olvidan de todo y
la llama que parecía que los consumía se apagó porque
era una emoción, algo muy intenso pero breve.
Otros se quedan en el sentimiento. Acá están los que
han experimentado cosas lindas en el Señor pero su
llama es tan tenue que no les permite tener un
compromiso. Siempre se acuerdan, pero necesitan que
alguien los empuje para que esa llama llegue al máximo.
Pero después vuelven a su estado normal. Se acuerdan
del llamado pero necesitan sentir para hacer algo.
Dicen: "Hoy no siento de orar, no siento de ofrendar".
Son personas que están dentro de la inmadurez en el
llamado.
Esta estrategia del diablo contra el pueblo de Dios
busca que vivamos de sentimientos, de emociones y no
del conocimiento que viene de la Palabra de Dios y de
madurez en el llamado.
Por último está la
estrategia del egoísmo
Es difícil de descubrir porque es muy íntima.
Nadie la ve, excepto los ojos de Dios. Es difícil de
descubrir porque no vivimos con los hermanos.
El egoísmo puede definirse como un prejuicio sin
compasión. Nos preocupamos solo por nuestras
necesidades y le damos el primer lugar a lo nuestro,
lo demás no importa.
Una evaluación de las motivaciones que tenemos nos
ayudan a ver si actuamos por egoísmo o no. Por ejemplo,
los programas de nuestra iglesia ¿son para adentro, o
tienen proyección hacia afuera? Las motivaciones por
las cuales yo estudio, por ejemplo medicina, ¿son por
un buen sueldo, por estatus o porque quiero servir?
¿Lo que doy en la ofrenda en relación con lo que gasto
cuando salgo a comer es igual, o es menos? Con estos
pequeños detalles descubrimos si nuestras actitudes
son egoístas o no. Nuestro egoísmo nos quita de ver lo
que hay más allá. En África no solamente hay pobreza:
no hay comida. Nosotros aún tenemos abundancia. El
egoísmo no nos deja ver la necesidad de los otros.
Si vamos a experimentar los propósitos, el plan que
Dios trazó para nuestras vidas, vamos a ir en contra
de la corriente, vamos a pagar un precio, no va a ser
fácil ni sencillo.
Tengo un amigo, un hermano en Cristo, es de la etnia
mandinga, que vive en Tambacunda, Senegal. Él y su
familia eran musulmanes. Su padre, un multimillonario,
construyó una mezquita y con eso "se ganó el cielo del
Islam". El hermano es embajador en Argelia y su
hermana está casada con un diputado en Senegal, todos
son muy adinerados. Mi amigo estaba a punto de entrar
a la facultad para estudiar, quería ser escribano,
cuando alguien le predicó y se convirtió al Señor.
Inmediatamente su padre le dijo: "A partir de hoy
estás muerto, vete". Y lo echaron con lo puesto. Ahora,
pasados ya más de diez años es pastor de una iglesia
en Tambacunda. Se cambió su nombre de Mohamed a Tito,
por el Tito de la Biblia.
Después de muchos años la familia volvió a hablarle.
Un día visitó a su hermano, el embajador, que le
ofreció regalarle una casa y pagarle todos los
estudios a cambio de que dejara el cristianismo y se
volviera al Islam. El hermano le dijo: "Yo soy
embajador, tú también puedes serlo". Tito le respondió:
"Tú eres embajador de los hombres yo soy embajador del
cielo, no voy a volver atrás".
Para cumplir el plan de Dios vamos a ir en contra de
lo que la sociedad dice. La ignorancia tiene sus
frutos, la inmadurez tiene sus frutos y el egoísmo
tiene sus frutos. El egoísmo quiere que nosotros
tengamos la vida más liviana que podamos llevar. No
nos deja dar lo nuestro. La ignorancia nos deja
encerrados entre cuatro paredes. Sin embargo, no
podemos estar tranquilos si vamos a experimentar el
plan de Dios para nosotros.
Cuando vemos la necesidad que hay, decimos: ¿qué
podemos hacer nosotros? Podemos hacer todo lo que Dios
ha planeado, cada uno en su lugar. Con Cristo somos
mayoría aplastante.
Hasta lo último, dijo el Señor. Hay necesidad en mi
ciudad pero no hay oportunidad en otros lugares.
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Fernando Barria es
Pastor Misionero a tiempo completo de la Iglesia
Dimensión de Dios en la ciudad de Neuquén, Argentina
donde reside junto a su esposa Susana y a su hija
Agustina. Trabaja en África con los fulas.
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