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EL OBSTÁCULO
AL EVANGELISMO
Por Iain Murray

Una característica invariable de la predicación genuina ha sido la
seguridad de que la proclamación del evangelio, es el medio
divinamente ordenado para la convicción y conversión de los
pecadores. "Agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de
la predicación" (1Cor.1:21) y como consecuencia de este
convencimiento los evangélicos nunca se han contentado con
predicar la Palabra sin que vean cambios en los creyentes. El que
tiene una idea bíblica del púlpito y del evangelio deseará
predicar como Richard Baxter ‘como un mensajero de otro mundo’, o
como M'Cheyne quien, como dijo uno de sus oyentes, ‘predicaba como
si se estuviera casi muriendo por convertirte’.
Siempre que la predicación haya dejado de exigir una respuesta
individual y siempre que los oyentes se quedan con la impresión de
que no hay un mandato divino que exija su arrepentimiento y fe, el
cristianismo genuino se ha marchitado. La presentación del
cristianismo como una serie de hechos, sin ningún intento de
aplicar dichos hechos a la conciencia, y sin una invitación a
confiar en Jesús como Salvador poderoso, está lejos de ser una
predicación apostólica. Cuando dos predicadores evangélicos
londinenses de tiempos pasados, Matthew Wilks and John Hyatt, se
estaban despidiendo en el lecho de muerte de Hyatt, Wilks
preguntó, 'Bueno, John, ¿podrías confiar ahora tu alma en las
manos de Jesucristo?' 'Sí,' fue la respuesta ferviente, '¡un
millón! ¡un millón de almas!' Esta es la persuasión que es
esencial en la predicación del evangelio.
NECESIDAD DE DISCUSION
En las páginas que siguen, pues, no se discute si está bien
invitar a los hombres a que vayan a Cristo. Este punto debería
resultar indiscutible para todos los que creen en la Escritura.
Tampoco está abierto a discusión en evangelismo si hay que
insistir en la responsabilidad del hombre de arrepentirse y creer.
Como ya hemos dicho, si no hay tal insistencia no hay evangelismo
en el sentido bíblico de la palabra. Nuestra discusión se refiere
a otro punto, a saber, si es conveniente para el evangelismo al
concluir un sermón, invitar a pasar al frente a aquellos que
quieran recibir a Cristo.
Si el sistema de invitación, como se puede llamar dicha práctica,
se puede demostrar que se basa en lo que la Biblia dice acerca de
la venida de Cristo, o en lo que se puede deducir legítimamente de
la doctrina de la responsabilidad del hombre, entonces se puede
afirmar con razón que oponerse a ese sistema es oponerse a la
Biblia. Pero hasta que no se demuestre esto, no se podrá sacar la
conclusión de que los que no hacen 'la invitación' están menos
preocupados por el evangelismo que los que la hacen. Ante todo hay
que discutir el punto de si dicha práctica tiene base bíblica. No
se puede ser más evangélico que el Nuevo Testamento.
Es probable, sin embargo, que algunos de los que defienden el
sistema de invitación, no pretendan tener pruebas bíblicas en
favor del mismo. Se contentarían con decir que es un método útil y
fructífero en el cumplimiento de un objetivo bíblico conducir a
las personas a una decisión personal. Y, también se podría
preguntar, por ser simplemente un problema de método, ¿vale la
pena debatirlo y discutirlo? A esta última pregunta contestamos
que la práctica misma exige el debate, y esto por lo menos por dos
razones.
Primero, si bien por más de cien años, el evangelismo en Gran
Bretaña ha ido a veces acompañado de contactos después de las
reuniones, o de tarjetas que las personas han de firmar como
afirmación de fe, la práctica de invitar a las personas a pasar al
frente como el punto culminante natural de un mensaje evangélico y
como parte integral de un servicio evangelístico ha sido
relativamente escasa. Pero la prominencia dada a la 'invitación'
en las cruzadas de los últimos años, acompañada de exhortaciones
encarecidas por parte de evangelistas para que los ministros sigan
el mismo método, ha venido conduciendo a todas las congregaciones
evangélicas a examinar su omisión. Si, como se dice, el
llamamiento a pasar al frente es el punto culminante de un sermón
evangelístico, ¿pueden las iglesias evangélicas sentirse
satisfechas de continuar sin dicha práctica? Y esta pregunta es
tanto más urgente, cuando el éxito numérico que acompaña al empleo
de 'la invitación' se compara con el resultado escaso que acompaña
a la mayor parte de la predicación de hoy. En las condiciones
contemporáneas de necesidad espiritual, el testimonio que líderes
bien conocidos dan en favor del valor de la invitación', por
necesidad ha de producir discusión entre los que están preocupados
por dichas condiciones. No se debería censurar a los cristianos
por querer discutir más antes de aceptar una práctica que no forma
parte de la tradición evangélica de este país. Aunque a algunos
evangélicos les puede resultar irresistible el argumento
pragmático en favor de adoptar de inmediato el sistema de
invitación (a saber los resultados numéricos que han acompañado su
empleo en las cruzadas modernas), hay otros que creen que un
examen más minucioso y bíblico de la innovación es necesario antes
de que se acepte. Lo que es importante es que cada hombre esté
convencido de su práctica.
En segundo lugar, como Leighton Ford, uno de los últimos
exponentes del sistema de invitación, nos re cuerda, es esencial
en el empleo de la invitación que el evangelista dé instrucciones
claras que se entiendan. Hay que evitar toda idea vaga: 'La
invitación' no debería ser, "Si hay alguien aquí presente que
quisiera pasar al frente, puede hacerlo, o también puede esperar a
verme después." Ha de ser: "Dios está llamando a que vengan a El
ahora. Vengan."(1) Con todo, a pesar de la publicidad que se le ha
dado en estos últimos años, creemos que se puede poner en
discusión si aun ahora todo está claro lo qué se les pide a
aquellos que pasen al frente. ¿Es el pasar al frente una
declaración externa de una decisión salvífica interna que el
oyente ya ha hecho en su banco, como un simple 'testimonio
externo'? ¿Por qué se les dice, pues, que 'pasen al frente' para
recibir a Cristo? ¿Qué relación tiene 'recibir a Cristo' con el
pasar al frente." ¿Hay alguna relación? La descripción más popular
de 'la invitación' como 'acto de entrega a Cristo', deja estas
preguntas sin respuesta, y a no ser que el sistema quiera
refugiarse detrás de la imprecisión que dice evitar, hay ciertas
consideraciones muy fundamentales que se deben aclarar.
Antes de escribir las páginas que siguen traté de entender las
razones que se presentan en favor de 'la invitación', tanto con la
lectura de lo que sus defensores dicen como con la asistencia a
reuniones en las que se hace un llamamiento público a pasar al
frente. No quiero presentar mal este tema. Esto conduce, sin
embargo, a una dificultad. Cubrir con el anonimato las citas que
daré sería tanto irritante para el lector como contrario a los
intereses de una discusión honesta. La discusión de un tema
controvertido exige citas refrendadas con documentos. Por otra
parte, el peligro es que una vez se citan nombres, el interés se
transfiere del aclarar las ideas a la persona cuyas ideas se
examinan. Si fuera posible presentar los argumentos en favor del
sistema de invitación con palabras de personas ya fallecidas, este
peligro podría en cierto modo eludirse, pero no conocemos ningún
predicador evangélico de otras épocas que haya usado 'la
invitación' en la forma exacta en que se utiliza hoy día. Si bien
ciertas afirmaciones de Finney y Moody podrían resultar
interesantes a este respecto, no podrían tomarse como las razones
más persuasivas que existen en favor del empleo moderno del
sistema. Tengo que concluir, pues, que la única forma de presentar
en forma adecuada los argumentos empleados en favor del sistema es
citar directamente al portavoz contemporáneo más elocuente que lo
utiliza, a saber, Billy Graham. Sólo me queda esperar que el
lector preferirá esto a una crítica velada e indirecta de una
posición que el evangelista americano sostiene, y que se tendrá
presente que lo que se examina no es un problema de
personalidades.
Durante la "Cruzada del Gran Londres" en 1966, todas las reuniones
concluyeron con una invitación" pública y una breve explicación
del por qué se hacía. El propósito de la ‘invitación’ era, según
se decía, muy sencillo. Se decía a los oyentes que no hace falta
mucho conocimiento y nada de emoción para responder: es un 'acto
de entrega a Cristo', expresado en la acción de dejar el asiento
para ir a reunirse con otros frente a la tarima del predicador. El
carácter de apremio de la acción de pasar al frente no se
transmite por medio de suscitar emociones sino de razones que el
predicador da para impulsar al inconverso a responder. En un grado
mayor o menor el sermón ya ha demostrado la necesidad de cambiar a
aquellos que no conocen a Cristo y la importancia de 'la
invitación' se basa en que se presenta como la oportunidad para
que se produzca tal cambio. Se le dice al oyente que lo que
necesita es 'dejar que Cristo entre en su corazón', palabras que
significan '(1) arrepentirse, (2) recibirlo por fe', a lo cual
Graham suele añadir palabras como éstas: "Lo vamos a hacer así,
levántense ahora mismo y pasen al frente."(2) Curtís Mitchell,
dice que las palabras que Graham emplea al hacer el llamamiento
varían poco y nos da el siguiente ejemplo típico:
'Les voy a pedir que pasen al frente. Los de allá arriba, los de
abajo -quiero que pasen al frente. Vengan ya- rápido. Si van con
amigos o parientes, los esperarán. No permitan que la distancia
los mantenga separados de Cristo. Hay que andar mucho, pero Cristo
anduvo más hasta la cruz porque los amó. Claro que pueden caminar
estos pocos pasos para entregarle la vida...'(3)
A los que vacilan, Grahan les agrega: 'Dios les está hablando.
Levántense y vengan ya... una voz les dice, "Debería ir a Cristo".
¡Vengan enseguida! Quizá no vuelvan a tener la oportunidad. Han de
venir por fe. Necesitan a Cristo, levántense y vengan...' En todo
esto no hay presión alguna que vaya más allá de la insistencia
solemne que los que deseen recibir a Cristo deben pasar al frente.
Cuando, después de unos momentos de silencio, ya hay muchas
personas reunidas frente a la tarima, las implicaciones
espirituales de lo que está ocurriendo se vuelven a subrayar.
Dirigiéndose a los que han respondido a la invitación, Graham
dice, 'Esta noche se han entregado a Jesucristo, han venido a
recibirlo en su corazón', o 'Entreguen su vida a Dios. Háganlo
ahora'. Y con la esperanza de que así lo hayan hecho, Graham les
asegura: 'El los recibe; murió por ustedes; dice, "Tus pecados son
perdonados." Acéptenlo. El pasado está perdonado, Dios perdona...
Ni siquiera ve sus pecados. Acepten por fe que venga a su
corazón.' Luego sigue una oración que se pide a los que han pasado
al frente que repitan en voz alta después del predicador: 'Oh
Dios, soy pecador. Me arrepiento de mis pecados. Quiero apartarme
del pecado. Recibo a Cristo como Salvador. Le confieso como Señor.
De ahora en adelante quiero seguirlo y servirlo en la comunión de
su Iglesia.' Antes de que los que hayan pasado al frente, salgan
del servicio, Graham les hace algunas exhortaciones prácticas
finales, tales como, 'Lean la Biblia... Oren... Den testimonio...
Vayan a la Iglesia para adorar a Dios,' y con estas palabras se da
por sentado el cambio en los que han respondido. 'Van a ser
tentados, pero son sus hijos, levántense...'
Ahora pasamos a examinar las razones que se dan para demostrar lo
correcto que es hacer esta invitación' al final del mensaje.
Graham repitió muchas veces dos razones a sus oyentes en el
auditorio de Earls Court, y hay una tercera. Estos son:
1. Cristo siempre llamó a los oyentes en público y esta afirmación
se corrobora con textos como Sígueme', o 'A cualquiera que me
confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante
de mi Padre que está en los cielos.'
2. 'Salir al frente,' dicen, lo fija, lo rubrica.' No oímos que
desarrollarán este punto pero el significado implícito parece ser
que una decisión hecha pública es más probable que sea decisiva e
irrevocable. 'Hay algo en el pasar al frente y pararse. Es una
expresión externa de una decisión interna.(4)
3. Según la biografía autorizada de Graham escrita por John
Pollock, la invitación tiene valor como demostración visual para
los no comprometidos. Pollock menciona que el efecto que tiene una
reunión televisada con su correspondiente invitación y respuesta
ante miles de televidentes es más valioso que un sermón de Graham
televisado desde un estudio: 'Cuando el americano medio, honrado,
de buena reputación, ve al Dr. Graham en un estudio que le dice
que necesita "nacer de nuevo", su primer impulso será hacerlo
pasar por fanático. Pero si el televidente ve a miles de personas
normales y respetables que escuchan y asienten a todo lo que él
mismo está oyendo, y luego ve a centenares que voluntariamente se
levantan y pasan al frente en respuesta a una invitación sin
presiones, comenzará a pensar en el mensaje y la situación con
cierto interés sincero y honesto. Es mucho más fácil decirle a un
solo orador que está equivocado que desacreditar la convicción y
decisión de miles.(5)
LA INVITACION Y LA BIBLIA
De las tres razones que se han dado, sólo la primera pretende
basarse directamente en la Biblia. Tenemos, por tanto, que
considerar, en primer lugar, si los textos que se citaron son
decisivos ya sea a favor o en contra de la práctica que estamos
examinando. El mandato de Jesús, 'Sígueme', dado a sus futuros
apóstoles y a otros contemporáneos, se dice que justifica el
invitar a las personas a que pasen al frente porque Jesús exigió
una identificación externa consigo mismo por parte de aquellos que
serían sus discípulos. Pero ¿Qué significa 'Sígueme' o 'venid a
mí' en los labios del Hijo de Dios? ¿Se trata de instrucciones que
requieren primordialmente movimiento físico? Que a veces incluya
el aspecto físico (como cuando Zaqueo bajó del árbol) parece claro
en los relatos evangélicos, pero incluso en tiempo de Cristo el
sentido fundamental de esas palabras era claramente una
identificación espiritual con El por medio del arrepentimiento y
la fe. Una vez que Cristo ya no estuviera físicamente presente, no
podrían tener ningún otro sentido. Nadie puede ir a Cristo
andando, e incluso cuando vivió en la tierra, ir a El de este modo
no se consiguió como se dice que consiguen aquellos que pasan al
frente. No hay equivalencia entre el llamamiento moderno y las
palabras del Señor, y con todo el llamamiento se presenta como si
Cristo mismo respaldara la invitación del evangelista a
'levantarse ya'. 'Fue a la cruz para morir, sangrando por usted;
también usted puede dar unos pasos por El en este hermoso
estadio'. 'Vengan, si no lo reciben morirán en pecado, pasen al
frente...' Y luego a los que se reúnen al frente los tratan como
los que obedecen al mandato de Cristo. Mitchell presenta la
siguiente conversación típica entre Charles Riggs (director de
consejeros en la Cruzada del Gran Londres de 1966) y alguien que
inquiría
"Ha pasado al frente para recibir a Cristo.
¿Cómo sabe que esto es lo que debe hacer?"
"Bueno, así lo dice la Biblia."
"Entonces lo dice Dios, ¿no es así?"
"Sí, eso creo.
"Y no hay mayor autoridad que Dios,
¿no es cierto. No, claro que no.
Entonces acepta la Palabra de Dios, ¿verdad?
Cuando la respuesta a la última pregunta es afirmativa', Mitchell
prosigue, como suele ser el caso, Riggs lo resume todo para el
novicio- "Véalo así," dice, "Dios lo dice. Por fe usted lo cree. Y
esto es todo."(6)
Como trataremos de exponer luego, todo este razonamiento se basa
en el presupuesto de que pasar al frente equivale, si no es
idéntico al acudir a Cristo. Solamente cuando existe confusión en
la mente de algunos se puede citar un texto como 'Sígueme' como
prueba de lo acertado en la práctica.
Pasamos ahora al segundo texto que, según dicen, prueba que la
'invitación' pública está en armonía con el mandato de Cristo,
'Cualquiera que me confiese delante de los hombres...' (Mateo
10:32). Lo que hay que resolver respecto a este texto es evidente:
¿Dice Cristo que con un acto de confesión nos hacemos cristianos o
enseña que una señal indispensable de los que son cristianos es
que viven una vida que en forma manifiesta lo confiesa? ¿No es
acaso el llamamiento evangelístico moderno de confesar a Cristo
por medio del pasar al frente a fin de recibirlo por medio de la
fe, una inversión del orden que establece el Nuevo Testamento?
Confesar a Cristo es el deber espiritual del cristiano. En ninguna
parte del evangelio se dice que el cumplir ciertos deberes
externos nos ayuden a hacernos cristianos. Sin embargo todo el
sistema de invitación inevitablemente da la impresión de que
"confesar a Cristo" pasando al frente es necesario para la
conversión. Graham dice bien claramente que la confesión que se le
pide en "la invitación" de pasar al frente o de pararse es para
aquellos que hasta ese momento no han sido cristianos. J.C.
Pollock menciona el hecho de cómo, al predicar en Berlín en 1954,
Graham, una vez llegado al final del mensaje, dijo: "los que
quieran seguir a Cristo, que se pongan de pié," el intérprete
empleó palabras que para un alemán significaban "¿desea confesar a
Cristo?" Decenas de millares se pusieron de pie: Diáconos,
pastores, laicos que se creían discípulos. Billy dijo, "No, no, no
me entienden". Volvió a explicar el significado del
arrepentimiento, de la fe, de la primera decisión por Cristo, del
nuevo nacimiento. John Bolton está "absolutamente seguro" de que
los asistentes entendieron la segunda traducción. Algunos se
quedaron sentados, una gran cantidad se pusieron de pie.(7)
Si este confesar a Cristo por medio de la respuesta a un
llamamiento no es para los cristianos, es imposible ver cómo Mateo
10:32 se puede emplear en apoyo de tal práctica. Sólo se puede
hacer si se interpreta la confesión (a la que Jesús promete
recompensar) en una forma que no va de acuerdo con la analogía de
la escritura. Si este texto fuera, en efecto, una guía en cuanto a
la forma en que los pecadores han de 'decidirse por Cristo,'
significaría una interpretación radicalmente nueva de un número
considerable de textos del Nuevo Testamento. Textos que los
cristianos evangélicos han entendido siempre en el sentido de que
ofrecen las características de aquellos que verdaderamente han
nacido de nuevo, no la forma en la que este nacimiento ocurre. Por
ejemplo, Juan 8:31 no enseña que el permanecer fieles a la palabra
de Cristo nos hace verdaderos discípulos, ni tampoco Juan 15:8
dice que el llevar fruto sea el proceso por medio del cual nos
volvemos verdaderos cristianos, si bien estos textos (y muchos
otros) se podrían forzar para darles ese significado. La
distinción que hacemos aquí no es más que la antigua distinción
protestante que decía que las obras son pruebas necesarias de la
salvación, no una condición para la salvación.
En este debate, desde luego, no se discute si un acto inicial de
confesar a Cristo lo exigieron los apóstoles de aquellos que, al
recibir el evangelio, eran recibidos en la iglesia. Tal confesión
iba incluida en el bautismo. Pero antes de que alguien sacara la
conclusión de que 'la invitación' no es más que cambiar el modo en
que se hace la confesión, se ha de decir que el bautismo nunca
ocupó el lugar que el sistema de invitación ocupa actualmente en
el evangelismo. El lugar que ocupa la ordenanza del bautismo en el
trabajo misionero de la iglesia es el de sellar a aquellos que han
profesado a Cristo como resultado de la enseñanza (Mat. 28:19), y
antes de que esa confesión se pudiera hacer, (era una forma que en
adelante identificará públicamente a los convertidos con las
iglesias y con Cristo) los que ocupaban puestos de responsabilidad
y disciplina en la iglesia, tenían que estar convencidos de que
las personas hacían una profesión aceptable y estaban instruidos
en la fe. Por algunos ejemplos que se encuentran en Hechos se
puede argüir que a esta convicción se puede alcanzar en un plazo
de tiempo muy breve. Pero la experiencia de las iglesias después
de su constitución inicial por parte de los apóstoles, demostró lo
contrario; de ahí surgió esa clase de personas a las que se
llamaba 'catecúmenos', quienes no eran recibidos de inmediato como
miembros plenos de la iglesia por medio de la profesión pública
apenas hubieran indicado interés por el evangelio.
Principios bíblicos generales tales como el de no imponer las
manos sobre nadie en forma precipitada, que han sido confirmados a
lo largo de la historia de la iglesia, demuestra que la profesión
pública de Cristo hecha en forma repentina por parte de personas
cuya experiencia no se ha podido comprobar ni con el tiempo ni por
medio de la observación por parte de los pastores, termina casi
siempre en desastre. Por esta misma razón no conocemos ningún
ministro evangélico que estaría dispuesto a bautizar de inmediato
a personas que 'responden' al final de un servicio.
El bautismo y el pasar al frente son dos cosas esencialmente
diferentes. El primero es un acto que confirma las promesas de
salvación hechas a los creyentes, el segundo es una estratagema
que tiene como fin ayudar a los hombres a hacerse creyentes. El
uno da testimonio de la salvación, el otro se dice que de hecho
consigue algo encaminado a nuestra salvación. El primero es un
acto que Cristo mandó, mientras que el segundo no.
C.G. Finney (1792-1875), quien al parecer fue el primer
evangelista que invitó a las personas a pasar al frente durante un
servicio para ocupar lo que él llamaba 'el banquillo de
inquietud', defendió dicha práctica por considerarla que respondía
al propósito que el bautismo tuvo en tiempo de los apóstoles. El
profesor Dod de Princeton hizo el siguiente comentario respecto a
esta razón: 'aunque supone que el banquillo de inquietud ocupa "el
puesto preciso" que el bautismo ocupó en otro tiempo, de ninguna
forma podemos aceptarlo como equivalente. El bautismo era, en
realidad, una prueba de carácter, ya que significaba obedecer o
desobedecer a un mandamiento divino; pero el banquillo de
inquietud no puede considerarse así, a no ser que se apropie una
autoridad semejante.(8)
Antes de dejar de lado este examen de la supuesta prueba bíblica
en favor del sistema de invitación podemos también notar una
cierta inconsecuencia entre aquellos que están en favor de dicha
práctica. Por ejemplo, Harold J. Ockenga, de Boston, al dirigirse
al Congreso Mundial de Evangelismo (reunido en Berlín bajo la
presidencia de Billy Graham, Otoño, 1966), dijo que era lícito
usar o no usar 'la invitación' porque han ocurrido conversiones en
ambos casos: 'debemos concluir que no podemos ser exclusivos en
nuestra metodología, ni tampoco podemos juzgar a aquellos que usan
una metodología diferente en evangelismo.'(9) Ockenga parece
argumentar que tanto el uso como el no uso de 'la invitación' son
aceptables, ya que Dios bendice ambos ministerios. Pero si la
decisión del evangelista de emplear 'la invitación' es opcional,
no puede haber pruebas bíblicas que la exijan, porque en ese caso
el predicador evangélico tendría obligación y no estaría en
condiciones de elegir. Si hay autoridad bíblica en favor de la
práctica, el que no la usa está fallando aunque Dios pueda
bendecir su ministerio a pesar de esa deficiencia. Por otra parte,
si no hay autoridad bíblica, el argumento de que 'Jesús siempre
invitó a las personas públicamente' debe dejarse de usar.
La falta de certeza de aquellos que emplean el sistema de
invitación en cuanto a las pruebas bíblicas no carece quizá de
relación con la importancia que dan a argumentos subsidiarios a
los cuales nos referimos a continuación.
EL ARGUMENTO SICOLOGICO
El segundo argumento que se emplea en defensa de la invitación se
expresa con las siguientes palabras: 'hay algo en el hecho de
pasar al frente que lo justifica.' Estamos evidentemente ante una
alusión a lo que se considera como interpretación justificada de
la personalidad humana. La falta de determinación del inconverso
se considera como el problema espiritual básico: el Espíritu sale
al paso de este problema por medio del convencimiento de pecado.
Cuando este convencimiento se presenta, el individuo experimenta
desconsuelo, 'y este desconsuelo produce presión en su voluntad
para que trate de resolverlo'. Frente a esta situación el
evangelista debe intervenir con una invitación que ofrece, Graham
cree, ser el escape emocional adecuado para aquellos que se
encuentran en esta condición de turbación. Tratando de defender la
práctica, argumenta en esta forma: 'muchos sicólogos dirían que es
sicológicamente acertado. Una de las razones por las que nuestras
películas y dramas de televisión suelen producir un efecto malo es
porque mueven las emociones hasta una intensidad grande pero no
ofrecen ningún escape práctico para las mismas.'(10)
Ford presenta el mismo argumento en forma más completa: 'estoy
convencido de que hacer alguna clase de invitación pública de
venir a Cristo no es solamente teológicamente correcto, sino
también emocionalmente adecuado. Las personas necesitan tener esta
clase de oportunidad para expresarse. La decisión interna de
aceptar a Cristo es como clavar un clavo en una tabla. La
declaración externa de esa decisión es como doblar el clavo por el
otro lado, de forma que no se pueda sacar fácilmente. Impresión
sin expresión puede conducir a depresión. El profesor William
James(11) dijo, "Cuando alguien se ha decidido es bueno que se
comprometa; que se imponga a si mismo la necesidad de hacer algo
más, la necesidad de hacer todo lo posible. Si el caso lo permite,
que se comprometa públicamente. Que envuelva su resolución con
todas las ayudas posibles."(12)
Estas citas resumen el argumento psicológico en favor de '1a
invitación'. Se considera que el consentimiento de la voluntad del
hombre es el objetivo principal que hay que alcanzar; se supone
también que una respuesta que implica alguna acción frente a los
demás comprometerá a la voluntad de las personas con más seguridad
que si se les dejara que cada uno buscara individualmente a Cristo
en privado. Por esto Ford, relacionando el supuesto argumento
bíblico con el psicológico, insiste en la ventaja de la invitación
de pasar al frente 'como medio de obedecer el mandato de Cristo de
confesarlo delante de los hombres, y como paso que ayudará a
llegar a una decisión bien concreta y definida'. Es tal la
debilidad de la voluntad, y se identifican (se supone) tan
íntimamente las operaciones del espíritu con el procedimiento
utilizado en las reuniones, que no ofrecer '1a invitación' en el
momento decisivo es correr el riesgo de interrumpir la 'presión' y
en consecuencia la posible pérdida de almas que pueden volver a
caer en el estado anterior de indecisión o falta de voluntad. La
gran necesidad, pues, es comprometer en forma inmediata y abierta
a la voluntad, y cuanto más pública sea la acción menos probable
es el volver a caer. Parece que por esta razón, incluso cuando el
lugar en el cual se tiene la reunión hace difícil el pasar al
frente, el sistema de invitación está en favor de levantar la mano
o de agitar un pañuelo antes de no hacer nada público en absoluto.
Esta forma de razonar, que por primera vez empleó en evangelismo
Charles G. Finney allá por 1830, pretende ser sicológicamente
acertada. Parece ser más o menos lo que Graham quiere decir cuando
afirma que una respuesta publica resuelve el caso del individuo.
El siguiente incidente quizá sirva para ilustrar el punto. Hace
unos pocos años Graham predicaba en Londres un domingo por la
noche. Al final del sermón a las 8.30 p.m. se comenzó de inmediato
una media hora de himnos de forma que no pudo hacer la invitación
hasta que la transmisión terminara. La respuesta fue desalentadora
y Graham explicó que se debió al hecho de que el llamamiento no
siguió de inmediato al sermón. En otras palabras 'la presión' se
había eliminado después de los treinta minutos pasados entre el
final del sermón, y el efecto de la invitación perdió
consiguientemente fuerza.
Algunos interesados en sicología, y que por otra parte no
pretenden ser evangélicos, no han dejado, sin embargo, de observar
que el hecho mismo de que un sistema de invitación armonice con
ciertos rasgos de nuestra forma de ser sicológica lo hace
vulnerable a objeciones serias. Estos críticos arguyen que la
forma en que las conversiones se producen bajo este sistema, por
medio de presión sobre la voluntad, difiere muy poco de la forma
en que ocurren 'conversiones' que no tienen nada de cristianas. La
'manipulación' de una gran masa de personas en un ambiente
controlado, con métodos de sugestión persuasiva que conducen a la
necesidad de una respuesta pública -descarga emocional- es
sicológicamente infalible, dicen, en cuanto a conseguir resultados
prescindiendo de si la multitud se ha reunido en nombre de
religión, distracción o política. Siquiatras modernos como William
Sargant han analizado algunos de los procesos fisiológicos que lo
demuestran, y oponentes a las cruzadas como George Target, basados
en esto, han sometido, al sistema de invitación a un escrutinio
incómodo: 'se les dice a todos los presentes que oren, se les
instruye que cierren los ojos e inclinen la cabeza, y las palabras
toman la forma auto -sugestiva de que centenares de personas ya
están pasando al frente, encontrando felicidad, paz, amor, a
Dios... Los consejeros dispersos por todo el auditorio son los que
empiezan a pasar al frente, crean el sentido de que lo que se está
diciendo es verdad incluso cuando muy a menudo no lo es... quizá
todo sea verdad, quizás esas personas han conseguido una paz
indefinible... la tensión aumenta hasta un punto insostenible y va
todavía más allá... Lo sorprendente es que de hecho tan pocos
obedezcan.'(13)
La Organización Billy Graham ha negado repetidas veces en años
recientes la utilización en las reuniones de elementos emotivos
que pudieran influir en la voluntad para que obre cuando se da el
llamamiento, y a menudo se señala que el himno, 'Tal como soy...
heme aquí,' que se solía cantar mientras se daba la invitación, ya
no se usa. Pero esto prescinde del hecho de que la presión
principal sobre la gente para que pase al frente era, y es, la
idea que el predicador constantemente transmite de que el pasar al
frente es de gran importancia espiritual. Unido a esto está la
implicación clara de que el no responder en la forma que se les
pide es una negativa consciente a obedecer a Dios. Este simple
hecho es suficiente para explicar la tensión. Dijo Mitchell, amigo
de Graham, respecto a la invitación: 'su invitación quizá se
exprese con palabras suaves pero va envuelta de repente de un
apremio eléctrico.' El himno quizá ya no se cante pero la
enseñanza de que aquellos que se levantan vienen de hecho a Jesús,
todavía está claramente implícita en la invitación.
No citamos a Target porque creamos que su sicología sea acertada
cuando se trata de entender los caminos sobrenaturales que Dios
emplea para dar vida a los pecadores muertos, pero sí creemos que
como el pensamiento de Graham es defectuoso en este punto
concreto, su práctica queda abierta a acusaciones que no se
podrían hacer si su evangelismo fuera más bíblico. Con todo Graham
no solamente no resuelve esas acusaciones en forma satisfactoria,
sino que parece inconsciente del peligro que se corre cuando se
trata de justificar la invitación, o la misma conversión,
recurriendo a la sicología. En un sermón acerca de la conversión
en su obra Los Que Pasan Al Frente, el evangelista recurre al
testimonio de sicólogos para demostrar la necesidad que el hombre
tiene de conversión: 'Un psicólogo de Chicago dijo en cierta
ocasión, esta generación necesita la conversión más que cualquier
otra generación en la historia". 'Un famoso psicólogo británico
dijo recientemente, "nuestra constitución sicológica es tal que
necesitamos conversión, y si la iglesia no acierta a convertir a
la gente, nosotros los sicólogos tendremos que hacerlo." Así que
incluso la sicología reconoce la necesidad de que el hombre se
convierta.
'La Biblia enseña que uno debe convertirse para entrar al cielo.
El siquiatra enseña que uno debe convertirse a fin de poder vivir
la vida en forma plena.'(14)
Se podrían pasar por alto estas afirmaciones considerándolas como
simplemente incautas, pero ¿qué diremos de la explicación
siguiente del llamamiento a pasar al frente al final del sermón?
La da el autor del libro mencionado antes, a quien el mismo Graham
describe en el Prefacio como alguien que ha estado en una posición
única para observar su obra: 'Donde quiera que esté, si uno pasa
al frente, ya sea de hecho o en espíritu, el resultado es un
cambio.'(15)
'¿Qué ocurre?' Sicólogos, siquiatras, teólogos y evangelistas,
todos ellos han tratado de explicarlo.
'Gordon Allport, famoso psicólogo, dice: "La religión para el
hombre es la propuesta audaz que hace de vincularse a sí mismo a
la creación y al Creador. Es su esfuerzo final de ampliar y
completar su personalidad hallando el contexto supremo al cual con
todo derecho pertenece."
'Entonces quizá la conversión es el paso espiritual definitivo
hacia ese fin.'(16)
Creemos que ya se ha dicho lo suficiente para demostrar que el
defender 'la invitación' en nombre de la sicología es un
procedimiento peligroso que puede en último término conducir a
desacreditar por completo la experiencia evangélica genuina.
Cuando se trata de las cosas de Dios la sicología moderna es una
caña quebrada, pero si, en lugar de aceptarla como tal, la
tratamos como autoridad, al evangelismo le espera su juicio. Las
prácticas bíblicas no necesitan el sello de la sicología moderna.
Y si bien necesitamos defender la verdad ante un mundo incrédulo,
no es parte de nuestra responsabilidad justificar prácticas que no
son bíblicas con el método precario de recurrir a la opinión de
sicólogos.
La verdad es que en toda predicación, y sobre todo cuando
intervienen grandes multitudes, habrá resultados que se pueden
explicar en una forma puramente natural. David Hume, el filósofo
del siglo 18 que ridiculizó el evangelio, cita un ejemplo vistoso
de esto ocurrido estando él presente en una inmensa reunión al
aire libre en la que George Whitefield predicaba. La multitud era
tan grande que los que se hallaban en las últimas filas no podían
ni oír al predicador. Sin embargo Hume dice que caminando por el
perímetro de la congregación se sorprendió ante las pruebas de
emoción con las que se encontraba a cada paso. 'Se detuvo por
bastante tiempo al lado de una mujer que lloraba piadosamente, y
preguntó:
-"Buena mujer, ¿por qué está llorando?".
-"¡oh señor! por el sermón del predicador."
-"A Pero puede oír lo que el predicador dice?".
-"No, señor." - "¿Ha oído algo de lo que ha dicho?'
-"No, señor.
-"Por favor, pues, ¿por qué llora?".
-"¡oh señor! ¿no ve ese balanceo santo de su cabeza?"(17)
La burla de Hume contiene parte de razón. A algunas personas les
afecta la multitud. No cabe duda de que si los predicadores
evangélicos del siglo 18 hubieran hecho un 'llamamiento,' habrían
conseguido que muchas personas como esa mujer pasaran al frente.
Al preferir no atribuirse ni a sí mismos ni a su ministerio el
mérito de vidas cambiadas, quitaron de raíz el fundamento a toda
crítica que un llamamiento público le hubiera dado a Hume
(antecesor de muchos sicólogos modernos), si hubiera observado a
personas como esta mujer pasar al frente. Y también se ahorraron
la necesidad poco edificante de tener que demostrar cuántos de los
que públicamente 'aceptaron a Cristo' que perseveraban.
Se podría muy bien afirmar que 'el argumento psicológico,' lejos
de refrendar la validez del sistema de invitación, incita más bien
a dudar del mismo. La sabiduría del mundo, ya sea en la forma de
filosofía o sicología, nunca resultará ser en último término
aliado del evangelio.
LA INVITACION COMO DEMOS TRACION VISUAL
El tercer argumento en favor del sistema de invitación, expuesto
en la biografía autorizada de Graham escrita por Pollock, se
podría pasar por alto, porque no es una razón formal que dé el
evangelista mismo del por qué los oyentes deben pasar al frente.
El argumento de centenares o millares de personas que pasen al
frente es una demostración visual para el resto de los indecisos,
demostración que viene a confirmar la verdad de lo que ha sido
predicado. Si bien Graham quizá no haya dicho que desea que 'la
invitación' produzca este efecto, tanto el enfoque de la
cruzada(18) como sus propias palabras van dirigidos a este fin.
'¡hay muchas personas que vienen a Cristo en este auditorio esta
noche, que se acercan por todos los pasillos,' afirmaba durante La
Gran Cruzada de Londres de 1966 a aquellos que escuchaban el
servicio que les era transmitido en otros centros. La información
tenía la intención bien clara de ayudar a las personas que
formaban parte de los auditorios invisibles en otras partes del
país a hacer su 'decisión,' y se les decía que pasaran al frente
como lo estaban haciendo las multitudes en el auditorio donde
predicaba el evangelista. En forma parecida, cuando esa misma
cruzada estaba llegando a su fin, Graham al dar 'la invitación,'
urgió a otros a que respondieran y lo hizo usando palabras como
'decenas de millares habrán venido a conocer a Cristo' - parece
ser alusión a los miles que habían pasado al frente en las semanas
anteriores. Las estadísticas de los que responden parece, pues,
que se usan para reforzar el argumento visual. El llamamiento
público tiene como fin producir un cierto efecto en los indecisos
que están u observando u oyendo a aquellos que pasan al frente.
Es difícil entender el pensamiento de Graham a este respecto. Si
bien la respuesta externa se presenta como 'decidir por Cristo,'
Graham sabe que el pasar al frente por sí mismo no salva a nadie.
También' sabe -como indicó en cierta ocasión en una entrevista de
televisión con Kenneth Harris- que ‘conseguir que un grupo pequeño
de personas verdaderamente crean’ es más bíblico que esperar la
conversión simultánea de grandes multitudes. Pero si las
multitudes de hecho no se convierten noche tras noche, tal como se
les hace creer a los que están viendo, ¿por qué persistir en este
método de invitación después de todo? Los que se hallan bajo la
acción salvadora del Espíritu de Dios no sufrirían por la ausencia
de este método, y podrían ponerse en contacto con otros cristianos
sin que se les pidiera públicamente que pasaran al frente antes de
que finalizara el servicio La única conclusión a la que se llega,
como Pollock ha afirmado, es que se considera que el método de
invitación posee un valor evangelístico tal que debe retenerse. En
otras palabras, la acción es importante, no tanto para la persona
que pasa al frente (quien quizá más adelante demuestre ser
espurio,) sino para producir la impresión total que la acción
común de un grupo grande causa en el resto de la asamblea -
impresión que Graham considera altamente deseable.
IMPLICACIONES DOCTRINALES
Como vemos, esto nos conduce al punto básico de la presente
exposición. La convergencia de muchas personas ante el púlpito del
'predicador puede ser muy impresionante, pero ¿puede realmente
desempeñar algún papel en la conversión de los que están
observando? Nuestra respuesta a esa pregunta depende de la
doctrina que profesemos acerca de la naturaleza humana y del nuevo
nacimiento. El problema, pues, viene a parar en ciertos
interrogantes acerca no simplemente de métodos evangelísticos sino
más bien de creencias teológicas. ¿Qué es la conversión y cómo
ocurre? ¿Cuál es la acción del espíritu en la regeneración? ¿En
qué forma la acción general del Espíritu, por medio de la cual
habla a las conciencias de los todavía no regenerados por la
Palabra, difiere de su acción especial y salvadora? ¿Hizo Dios o
no más por Mateo que por otros publicanos que oyeron a Cristo
predicar y no se convirtieron? ¿Hizo o no más por Saulo de Tarso
que por otros fariseos que conocieron la verdad y no respondieron?
¿Por qué algunos creen ante la predicación del Evangelio y otros
no?
Un examen de estas preguntas demostrará que la diferencia entre
los que usan y no usan la invitación' es mucho más honda que una
simple cuestión de metodología. Harold J. Ockenga, quien como se
dijo antes, consider | | |