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El pozo y los camellos
Ilustraciones para Predicaciones
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En las ciudades de los hombres hay fuentes que largan su chorro
día y noche. Su misión no es la de abrevar a los hombres de la
ciudad. Más bien cumplen con la función de alegrar la vista con su
juego de agua en movimiento, y los oídos con su despreocupado
murmullo en medio del bullicio. Fuentes que son visitadas por los
turistas, hombres que llegan hasta ellas sin sed y con una máquina
de fotografiar en bandolera.
Abundancia de aguas inútiles, derrochadas frente a hombres sin sed.
Armonía de movimientos y colores para entretener a hombres que
necesitan gastar su tiempo, porque se han detenido en la vida al
quedarse sin metas. Fuentes conocidas por todo el mundo.
En la Plaza de San Pedro, compré una vez por noventa liras, diez
tarjetas postales con diez fuentes distintas que había visitado en
una sola mañana en que no sabía qué hacer. En ninguna de ellas
sentía necesidad de beber.
Pero en el país de los nómades, las cosas son diferentes. En la
tierra de hombres en movimiento, con metas difíciles y lejanas, no
hay fuentes, sino solamente pozos. Pozos del desierto, distantes y
ocultos bajo la monotonía de los arenales. Abrevadas en un pozo,
hay caravanas que a veces tienen que caminar con urgencia largo
tiempo antes de encontrar el más próximo. Y a veces su presencia
es tan irreconocible que no les queda más remedio que fiarse del
instinto afiebrado de sus camellos sedientos, que buscan rumbos
olfateando el viento.
Pero los camelleros saben también que cuando la sed se agranda,
comienzan los espejismos. En los cerebros recalentados despiertan
entonces las tarjetas postales de fuentes exuberantes y tentadoras
que llevan a las dunas donde sólo está la muerte. ¡Pobre el
turista que se adentre en el desierto con su cerebro equipado con
postales de fuentes! Probablemente morirá de sed autoengañado, a
poco trecho del pozo que podría haberle devuelto a la vida pero
que le permaneció oculto, simplemente porque su presencia no se
manifestaba con los mismos signos que las fuentes para turistas
con las que había equipado su imaginación.
En ese momento los conductores de camellos deben aferrarse a dos
convicciones: que los camellos con más sed son los mejor equipados
para encontrar el pozo, y que la misión de los conductores es
hacer lo imposible por mantener unida la caravana sin permitir la
desbandada de los camellos sedientos, ni el rezagarse de los
camellos satisfechos. De lo contrario los camellos sedientos a lo
mejor encontrarán el pozo, pero una vez abrevados se habrán
quedado sin caravana, y por ello sin meta, encadenados a morir
junto a ese pozo agotado bien pronto. Y los otros, la caravana sin
sedientos, habrán perdido con ellos la única posibilidad de dar
con el pozo que les habría permitido continuar su marcha hacia la
meta.
La eliminación de los inquietos es el suicidio de las comunidades.
publicado en La sal de la tierra, Editorial Patria Grande |
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