Esta
nota está dirigida a ti (sí, a ti) que te gusta cantar desde
chiquito, que cantas habitualmente acompañando los discos de tus
cantantes favoritos. Y te dedico esta nota para ponerte sobre
aviso de todos los problemas que tu pasatiempo le puede traer a
tus cuerdas vocales.
Primeramente, dejame explicarte la diferencia entre registro
vocal y extensión. Todos nosotros tenemos una conformación física
que abarca la estatura, peso, tamaño de los huesos (fundamentalmente
de la cara), etc.; esos factores determinan una "tesitura vocal",
o un rango de notas musicales en el cual la voz se puede mover sin
ningún esfuerzo especial (una vez completados los estudios con una
buena técnica). Esa tesitura no puede alterarse por ninguna razón,
y es el único rango de notas que una persona puede cantar con
asiduidad sin provocar problemas en las cuerdas. Por otro lado, la
voz humana tiene la posibilidad de generar sonidos muy graves o
muy agudos, fuera de esa tesitura natural. Esos sonidos pueden ser
utilizados esporádicamente, y hasta pueden ser entrenados para
mejorar su color o timbre (caso de los sobreagudos en los varones
o notas muy graves en las mujeres), pero nunca pueden reemplazar a
las notas propias de un cantante en el trabajo habitual.
Claro, ésos que nunca faltan que se toman todo al pie de la
letra van a empezar a averiguar la altura y el peso de los
cantantes para ver si pueden cantar junto con ellos. La solución
es mucho más fácil: no se debe cantar acompañando discos. Si te
gusta un tema, aprende la línea melódica y cantalo solo, o pídele
a un amigo guitarrista o pianista que te grabe el acompañamiento
para sentirte "menos solo". De paso, tu amigo músico te puede
ayudar a definir en qué tonalidad el tema queda mejor (más cómodo)
en tu voz. No es fácil cantar sin sentir el respaldo del cantante
original en el disco, pero hacerlo te permitirá poder encarar la
expresión desde tu propia personalidad y no tanto desde la copia,
que impide (del vamos) una expresividad auténtica.
El objetivo de una buena técnica vocal, justamente, es hacer
sonar todas las notas que da un cantante en el lugar donde se
realiza el menor esfuerzo. Se debe tener en cuenta que las cuerdas
vocales no son más que dos pequeños cartílagos que vibran con la
presión de aire, y son tan sensibles que pueden generar toda la
gama de sonidos de la voz humana. Esa sensibilidad las vuelve
extremadamente delicadas, y un esfuerzo excesivo puede dañarlas, a
veces en forma irreversible (pregunta en las buenas casas de
música si tienen repuestos para tus cuerdas vocales). Justamente,
el trabajo vocal junto a un buen maestro, mientras va colocando
cada nota en el lugar correcto, es ir definiendo un registro donde
la sensación de cantar se va volviendo cada vez más placentera,
más cómoda. Los gestos exagerados, las tensiones en la cara o en
el cuello (las clásicas gargantas hinchadas y caras enrojecidas de
los cantantes de rock) revelan un trabajo vocal erróneo o que el
cantante está superando sus límites naturales: si el abuso es
continuado, la carrera de ese cantante no será muy extensa.
Y no creas que me estoy refiriendo solamente a los
profesionales, ni que la única forma de abusar de las cuerdas es
cantando mal. El hablar muy grave en las mujeres (la voz sensual),
o a muy alto volumen (ej. profesores de educación física o
deportistas), o con el cuello muy tenso (personas extremadamente
ner-ner-ner-vio-sas) genera problemas muchas veces insolubles que
se extienden hasta la voz hablada (y que pueden dar origen a
enfermedades realmente serias). En la técnica se concentran las
tensiones en la zona diafragmática, y eso permite aflojar
completamente los músculos del pecho para arriba; esta forma de
emitir no sólo es la que permite un sonido más potente y más lindo,
sino que es la más saludable. De paso, esto nos da una buena forma
de evaluar si una técnica que no conocemos es realmente buena o
no: observemos al maestro cuando canta para ver si trabaja con
alguna tensión y huyamos en caso afirmativo.
Para aquellos que cantan desde chiquitos, quiero agregar una
ley que lamentablemente se cumple en la mayoría de los casos. Si
tu voz suena bien, sin haber estudiado, y te parece que puedes
enfrentarte a un trabajo profesional, cuidado: una cosa es
soportar la rutina de dos o tres ensayos por semana más alguna
presentación en vivo cada tanto, y otra muy distinta es el trabajo
intenso de una banda que presenta su disco, que hará tres o cuatro
shows completos por fin de semana y ensayará otras tantas veces el
resto de los días. La ley dice que el cantante aguantará el
trabajo sólo hasta que la banda sea exitosa; a partir de allí,
cuanto mejor le vayan las cosas a la banda, peor será para la voz
(observar cuántas bandas aquí o en el exterior cambian su cantante
después del primer disco).
Ahora quiero presentarles a otros enemigos públicos nº1 de la
voz: el cansancio (si no se puede dormir lo suficiente es mejor no
cantar, ya que un esfuerzo realizado bajo cansancio potencia sus
efectos negativos), el humo (obvio), y el alcohol (el que se toma).
No hablar a los gritos (los demás, agradecidos) y menos en la
calle o con frío. Es importante mantener una buena actividad
corporal y una buena dieta: como el resto del organismo, las
cuerdas se benefician de un buen tono muscular. Por último, cuidar
la estabilidad emocional, o por lo menos separar las crisis
fuertes del canto, para no perder en una nota mal colocada el
trabajo a veces de mucho tiempo; tengan en cuenta que el sistema
nervioso pega donde más duele, y a medida que trabajamos nuestra
forma de cantar el mecanismo de emisión de la voz se va volviendo
más y más sensible y, por lo tanto, más delicado. Otra
característica importante para tener en cuenta es que la voz no
duele, ni levanta fiebre ni presenta síntoma físico alguno que
permita prevenir un problema serio; las pérdidas de la voz o las
disfonías se presentan de manera repentina sin avisar. Y,
lamentablemente, recién cuando perdimos la voz empezamos a
valorarla, como cuando nos falta el agua o la luz en casa.