Publicado El: Jue, may 27th, 2010

¡Aceptando la voluntad de Dios!

Cada
verdadero seguidor de Jesucristo dice que quiere hacer la voluntad de
Dios. Pero la mayoría de los cristianos piensan que la voluntad de Dios
es algo que se le impone – algo de mal gusto y difícil, lo cual están
obligados a hacer.

Yo
creo que la perfecta voluntad de Dios es un asunto de gran importancia
para todos aquellos que dicen amar al Señor. Y existe una vasta
diferencia entre someterse a la voluntad de Dios y aceptar su voluntad.

 

Someterse significa “sujetarse a” o “rendirse a condiciones impuestas.”
A menudo, uno piensa en someterse en términos de castigo o disciplina.
Por ejemplo, el gobierno de Irak fue obligado a someterse a condiciones
de castigo por las Naciones Unidas. Los iraquíes no aceptaron esta
disciplina impuesta – más bien, se sometieron a ella.

Tristemente, muchos cristianos ven la voluntad de Dios de esta manera.
Se imaginan a Dios como demandando que se rindan a un grupo de reglas y
condiciones: “¡Hazlo a mi manera, o te desamparo!”

¡Cuan equivocados están! Cuan diferente de nuestro hermoso Salvador es
esta manera de pensar. ¡Lo cierto es, cuando un creyente conoce la
gloria de hacer la perfecta voluntad del Señor, él la aceptara con gozo y
esperanza! Aceptar significa, “tomar, como en los brazos” – presionar a
tu pecho como en una expresión de amor y afecto. Sin embargo, el
triste hecho es, muy pocos cristianos aceptan la perfecta voluntad de
Dios.

Quizás estés pensando, “La perfecta voluntad de Dios me ha pasado por
alto. Mi vida es una casualidad – no tiene forma ni orden.” ¡No!
Puedes estar seguro que Dios tiene un plan y voluntad absoluta y
perfecta para cada uno de sus hijos. El no deja ninguna vida a la
casualidad. De hecho, él quiere ordenar cada uno de tus pasos todos los
días de tu vida aquí en la tierra. ¡Y él desea que tú entres en su
plan y voluntad para ti hoy!

La
hermosa voluntad de Dios no es solamente para ministros o santos
profundamente espirituales, sino para todos sus hijos. El Nuevo
Testamento nos exhorta: “para no vivir el tiempo que resta en la carne,
conforme a las pasiones humanas, sino conforme a la voluntad de Dios.”
(1 Pedro 4:2). “os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su
voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él…”
(Hebreos 13:21).

Los
apóstoles tuvieron un solo deseo para todas las iglesias – que cada
miembro supiera la voluntad perfecta de Dios para sus vidas y la
aceptara. Pablo escribió acerca de un hermano llamado Epafras: “el cual
es uno de vosotros, siervo de Cristo. …Él siempre ruega encarecidamente
por vosotros en sus oraciones, para que estéis firmes, perfectos y
completos en todo lo que Dios quiere.” (Colosenses 4:12). Epafras sabía
que Dios tenía una voluntad especial para cada uno en la congregación.
Y él sabia que si ellos entraban en la voluntad del Señor, encontrarían
gozo, éxtasis y cada una de sus necesidades suplidas.

Es
muy fácil para cualquiera decir, “¡Si, yo quiero la perfecta voluntad de
Dios en mi vida!” Pero lo cierto es, que ningún creyente entra a su
voluntad sin una gran lucha. La perfecta voluntad de Dios es aceptada o
abrazada solo en Getsemaní – y Jesús nos dio el ejemplo.


¡Simplemente no puedes aceptar la voluntad
de Dios hasta que mueras a toda voluntad propia!


Fue profetizado de Jesús desde el principio que él vendría a
la tierra por un propósito eterno: a cumplir la voluntad del Padre. “He
aquí, vengo, Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro
está escrito de mí” (Hebreos 10:7).

Cristo le
dijo a sus discípulos: “… porque no busco mi voluntad, sino la voluntad
del Padre, que me envió.” (Juan 5:30). “Mi comida es que haga la
voluntad del que me envió y que acabe su obra.” (4:34). “He descendido
del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me
envió.” (6:38).

No hubo un
momento en la vida de Jesús cuando el no estaba consciente que su
propósito en la tierra era hacer la voluntad del Padre. Esto debe ser
cierto de nosotros también – que en cada hora del día busquemos hacer su
voluntad. El hecho es, que ya no nos pertenecemos; fuimos comprados
con un precio. ¡Y como Jesús, fuimos creados para hacer la perfecta
voluntad del Padre!

Pero, no
importa cuan espiritual seas o cuanto tiempo hayas caminado con Jesús,
llegara un tiempo cuando tengas que decidir una vez por todas cual
voluntad prevalecerá en tu vida: la tuya – o la del Padre. Jesús tuvo
que enfrentar esa hora. Él sabía que tenía un llamado eterno y divino.
Pero el también era humano – ¡y fue probado grandemente!

Cuando
llego esa hora para Cristo, él vio ante sí el doloroso precio de aceptar
la perfecta voluntad del Padre. Significaba caminar directamente a las
mandíbulas de la muerte – a un dolor indescriptible y desconocido – y
el se puso “Mi alma está muy triste, hasta la muerte;” (Mateo 26:38).
“Lleno de angustia… y era su sudor como grandes gotas de sangre que
caían hasta la tierra.” (Lucas 22:44). ¡La misma carne de Jesús comenzó
a temblar!

Pero cuando
el se levanto de esa lucha, su alma fue inundada de éxtasis. Había
algo en el de gloria eterna – porque algo fue arreglado: ¡Su propia
voluntad quedó muerta para siempre!

Nuestro
Señor fue a la Cruz con pleno gozo – porque el ya estaba muerto. Él
murió a todo lo que era su humanidad. Y él pudo decir, “Padre, no vino
aquí a vivir una vida fácil. Vine a entregarme para ti. Ahora enfrento
el precio – ¡y lo acepto!”

Jesús se
aferró a la voluntad del Padre con un afecto que lo levanto por encima
de todos los sufrimientos que le esperaban. Ningún hombre o demonio lo
podía tocar. ¡Y ahora el anticipaba ansiosamente la gloria que seria de
su Padre!


Si nosotros hemos de ser como Cristo,
también tendremos nuestro Getsemaní
cuando seamos enfrentados a movernos
a la perfecta voluntad de Dios.


Puedes haber testificado por años: “Estoy aquí en
la tierra solamente para hacer la voluntad de Dios. ¡Obedeceré!” Pero
entonces un día llegas cara a cara con una crisis de vida o muerte mas
allá de cualquier cosa que hayas conocido. Es un lugar donde escoger la
voluntad de Dios puede ser la decisión más dolorosa y difícil que hayas
enfrentado.

Al final
tienes tres opciones:

  1. Puedes correr.
  2. Puedes hacer nada, y seguir el camino de la voluntad propia.
  3. O puedes hacerlo a la manera de Dios, la manera difícil – el camino
    de la muerte.

La manera
del Señor casi siempre parece dolorosa y sin esperanza. Y aceptarla
puede significar morir a todo lo que esperabas en la carne. Permíteme
darte dos ilustraciones de la vida real:

Una vivaz
joven inglesa fue llamada a ser misionera. Ella le había entregado el
corazón totalmente al Señor – ¡y ella estaba llena de ambición por
Jesús! Ella dirigía un pequeño grupo de oración y trabajaba con los
desamparados. Y como la mayoría de las muchachas de su edad, ella
esperaba encontrar un joven espiritual para casarse – alguien quien
compartiría con ella su carga por los perdidos. Ella testificaba a
amistades y a Cristo que estaba preparada para “hacer la perfecta
voluntad de Dios, ¡sin importar el precio!

Llego el día
cuando ese deseo fue probado. Ella solo era una jovencita – ¡y el
Espíritu Santo le dijo que tomara un barco y se fuera al Oriente!

Cayo de
rodillas: “¿Señor, y que acerca del esposo – una cobertura espiritual
para mi ministerio? ¿Y que me dices de todos los impíos en Inglaterra
que te necesitan? ¿Y todas mis amistades y nuestras maravillosas
reuniones de oración? ¿Estoy supuesta a tomar la maleta e irme – sin
conocer a nadie, ni siquiera el idioma?”

Ella estaba
enfrentando la voluntad de Dios – lo desconocido. Pero ella sabia que
el Espíritu había hablado, y su voluntad fue claramente revelada: “Ve –
¡y yo iré contigo!”

¡Ella tuvo
su experiencia Getsemaní! Y antes de levantarse de la oración ella
murió – a toda su ambición, su iglesia y amistades, a toda comodidad y
voluntad propia. ¡Gozo lleno su corazón!

Subió al
barco y les dio un beso de despedida a sus amistades. Ella cruzó la
raya: ¡La voluntad de Dios a cualquier precio! Cuando el barco llegó a
Hong Kong, Dios le dijo que se bajara – y ella lo hizo, sin conocer a un
alma.

Eso sucedió
hace quince años, hoy Jackie Pullinger es la madre espiritual de
literalmente cientos de drogadictos y personas atribuladas en los
barrios pobres de Hong Kong. Ella esta casada con Jesús y es una
verdadera hija de Sión. Ella conoce el éxtasis de estar en la perfecta
voluntad del Padre – ¡un éxtasis que nunca la dejo desde que se monto en
el barco!

Una mujer
llamada Amanda Smith vivió hace mas de siglo – una mujer cuyo corazón
estaba puesto en Dios. Ella era una humilde sirvienta negra y una
guerrera de oración. La gente sentía la presencia de Jesús alrededor de
ella.

Dios le
mando un maravilloso y amante esposo a esta joven mujer quien ministro
con ella. Amanda era misionera de corazón – le encantaba viajar, y
ganaba gente para el Señor dondequiera que iba. Pero entonces comenzó
al Guerra Civil, y el esposo de Amanda lo mataron.

Amanda
lloro. Pero siguió entregándose completamente a la oración y el
servicio a los demás. Con el tiempo, ella comenzó a sentirse sola.
Ella comenzó a orar, “Señor, mándame un esposo piadoso – uno que
comparta mi carga de viajar y ministrar.

Un día ella
conoció a un hombre que aparentaba ser todas esas cosas. Él era un
pastor laico Metodista quien dijo que iba a ser ordenado como corredor
de circuito. Amanda oro, O, Señor, gracias – ¡este es el hombre!”

¡Pero Amanda
no llevo el asunto a Getsemani! Ella no buscó al Señor por su perfecta
voluntad. Muy adentro, ella temía que Dios dijera que no – y ella
quería casarse con él. Amanda nunca murió a su propia voluntad – y ella
tomó las riendas. Ellos se casaron – y dentro de tres semanas Amanda
se dio cuenta que había perdido la voluntad de Dios. Su esposo no era
un hombre de oración – él había estado actuando para ganar su corazón.
Luego, el confeso que no iba a ser ordenado. ¡Él dijo que sabia que
ella no se hubiera casado con él, sí le decía la verdad!

Con el
tiempo, el dejo a Amanda y se deslizo. Ella pasó el resto de su vida
sola. Pero todo lo que hizo desde ese momento, lo llevo a Dios,
muriendo a su propia voluntad – ¡y fue grandemente bendecida! El Señor
la dirigió perfectamente todos sus días. Ella fue usada poderosamente
como una predicadora de santidad. ¡Amanda Smith había hallado el
éxtasis en la perfecta voluntad de Dios!


Si la voluntad de Dios no es aceptada
gozosa y obedientemente, ¡algo
horroroso sucede!


Entra el endurecimiento – la vida pierde su sabor,
y todo muere. A esto se refería Jesús cuando dijo: “Acordaos de la
mujer de Lot.” (Lucas 17:32).

Ahora, era
la perfecta voluntad de Dios castigar y destruir Sodoma y Gomorra. Y
fue su misericordiosa voluntad llevar a Lot y su familia a lugar seguro.
¡Si los ángeles no los hubieran tomado de la mano y arrastrarlo de
allí, se hubieran perdido! Pero la esposa de Lot no se convirtió en un
pilar de sal simplemente porque miro atrás. Estoy seguro que Lot y sus
hijas no pudieron evitar mirar atrás sobre tal holocausto.

No – lo que
Jesús estaba diciendo acerca de la esposa de Lot va mas profundo. Ves,
¡ella estaba enojada con Dios! En su corazón, ella estaba casada con su
casa, su familia, su círculo de amistades – y Dios se estaba llevando
todo. ¡Ella deseaba la perfecta voluntad de Dios si significaba perder
todas esas cosas!

La escucho
llorando: “¡Dios no es justo! Todo estaba yendo tan bien. Mi bella
cocina, mis bellos platos – nada de eso era pecaminoso. Yo era una
buena madre. Nuestras cenas los domingos eran tan maravillosas. ¿Por
qué me estas quitando todo?”

En ese
momento, en su ira, su corazón se hizo de piedra. La amargura la
consumió. Y Jesús estaba diciendo de ella, “Cuando estas casado con
cosas y no sales de Sodoma, una dureza entra a tu vida. Serás como una
estatua sin vida, muerto por dentro – ¡porque las cosas se han apegado a
tu corazón!

La mujer de
Lot tan solo perdió la voluntad de Dios – incluyendo un nuevo comienzo,
con paz y propósito – ¡sino que también perdió todos sus sueños y ansias
terrenales! ¡Todo se hizo humo!


¡Hacer la voluntad de Dios puede requerir
caminar directamente en la cara del horno ardiente!


Considera los tres jóvenes
hebreos Sadrac, Mesac y Abed-nego. Eran hombres jóvenes en la flor de
su vida: lideres de provincias, teniendo autoridad, expertos en
lingüísticas.

Su meta era
llevar las leyes hebreas de moralidad a su sociedad impía. ¡No se puede
contar que sueños ellos compartían por la gloria de Dios!

Pero fueron
mandados por decreto a adorar un ídolo con el resto del pueblo. Ellos
fueron advertidos: “Ustedes tienen veinticuatro horas. ¡Si no se
postran al sonido de la trompeta, serán echados en el horno que ha sido
calentado siete veces mas!”

La voluntad
de Dios estaba muy clara para ellos: ¡no era posible que se postraran!
Pero allí estaban, tres jóvenes brillantes – enfrentando la muerte de
todo lo que conocían.

Por supuesto
que tenían opciones. Ellos pudieron decir: ¡Postraremos solo nuestros
cuerpos – pero no nuestros corazones!”

O pudieron
escapar. Ellos tenían guardas armadas a sus órdenes, los mejores
caballos árabes a su disposición. Ellos tenían todo el dinero que
necesitaban en sus manos, en la tesorería nacional. Y había lugares
seguros en países cercanos.

Pero Sadrac,
Mesac y Abed-nego no hicieron ningunas de estas cosas. Al contrario,
¡creo que vigilaron en oración! No hubo una sola de compromiso esa
noche – porque todos hicieron lo que Jesús hizo: ¡Tuvieron su Getsemani!

Murieron a
su propia voluntad – a todas sus habilidades, a su futuro en el
gobierno, a todos sus planes piadosos. ¡Y en el momento en que murieron
esa noche, sus corazones fueron llenos de éxtasis! Abrazaron la
voluntad de Dios, amándola – nunca la soltarían. Ellos dijeron, “¡O,
Dios, enfrentaremos lo que sea! Tú eres capaz de librarnos de esto –
pero aunque no lo hagas, ¡con gusto pasaremos por ello!”

Ellos no
resistieron cuando los soldados vinieron a la mañana siguiente y los
ataron de manos y pies. Mas bien, yo creo que mientras esos jóvenes
eran llevados al horno, cantaron alabanzas a Dios – ¡porque habían
entrado al éxtasis de su perfecta voluntad!

Amado,
detente y mira las llamas ardientes y blancas de ese horno calentado
siete veces: ¡Así es exactamente como se ve cuando miras atentamente a
la perfecta voluntad de Dios! Es miedoso, espantoso y doloroso para la
carne, sin ninguna promesa de aplazo. Solo hay una invitación:
“¡Entra!”

Sin embargo,
cuando esos tres hombres hebreos fueron echados en el horno, ¡ya ellos
estaban muertos! Muertos a la ambición, muertos al gozo de escuchar los
mensajes proféticos que Daniel había compartido, muertos a cualquier
pensamiento de esposas e hijos, muertos a toda esperanza y sueños. Solo
una cosa les importaba: ¡obedecer la perfecta voluntad de Dios!

Cuando
abrazas gustosamente la voluntad de Dios – cuando realmente has muerto
al yo – algo es librado en tu corazón que nadie puede explicar o darte.
Te pone más allá del alcance de los hombres y los demonios. ¡Pero no es
soltado hasta que entres al horno!


¡Una gloria maravillosa espera al alma
que abraza la voluntad de Dios!


La puerta del horno
representa cruzar al otro lado a la perfecta voluntad de Dios. En este
lado de la puerta hay un ejército de enemigos que se mofan, visiones de
dolor y sufrimiento. Los demonios te gritan: ¡Dios no espera esto de
ti! El te ama. ¿No dijo el que te daría los deseos de tu corazón? ¡Te
has convertido en un fanático!”

Pero una vez
que cruzas la línea y abrazas la voluntad de Dios, sucede algo
increíble: ¡Jesús se manifiesta en tu vida!

Cuando los
jóvenes hebreos estaban dentro del horno, Jesús estaba esperando allí.
El no se revelo inmediatamente – porque primero ellos tenían que decidir
abrazar su voluntad. Pero cuando ellos la abrazaron y murieron a su
propia voluntad, Jesús se les manifestó. Y lo que ellos pensaron que
eran carbones dolorosos se volvieron en pastos verdes y brisas suaves –
¡porque Jesús había ido antes que ellos!

En el mismo
momento que entras al horno – cuando cruzas al otro lado y abrazas la
voluntad de Dios – darás la vuelta y veras a Jesús. Él estará allí en
una manifestación que podrás tener de ninguna otra manera. Y él hará
tres cosas para ti:

1. Primero,
el se convertirá en todo en tu vida. Él será tu gozo, tu expectación.
Él tocara ese lugar en tu corazón que ninguna persona en la tierra puede
tocar.

Yo amo a mi
esposa e hijos. El amor, compasión y amistad que recibo de ellos es un
gozo para mí. Pero solo hay un éxtasis en mi vida – solo una Persona
que puede suplir las necesidades mas profundas en mí – y ese es mi
Señor. ¡Y yo también lo he conocido en el horno!

2. La otra
cosa que Jesús hará será despojarte de todas tus ataduras.

Cuando
Sadrac, Mesac y Abed-nego entraron al horno, entraron en una liberación:
cada atadura fue rota, cada herida fue sanada, cada temor desvaneció –
¡porque Jesús entro rápidamente!

“Estos tres
hombres, Sadrac, Mesac y Abed-nego, cayeron atados dentro del horno de
fuego ardiente. Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, se levantó
apresuradamente y dijo… yo veo cuatro hombres sueltos, que se pasean en
medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es
semejante a un hijo de los dioses.” (Daniel 3:23-25).

El rey vio a
cuatro hombres – caminando, hablando y abrazándose. Los tres hombres
jóvenes eran abrazados – ¡por Jesús!

¿Sientes
dolor? ¿Sabes como sanarte? No sucederá simplemente porque Dios manda a
alguien que te entienda – porque nadie te entiende como Jesús. ¡No, el
Único que puede satisfacerte completamente es Jesús mismo! Ya sea que
sientas vacío, soledad o cualquier otra cosa – ¡cuando entras al horno
de su voluntad, todas tus ataduras caerán!

3.
Finalmente, recibirás un llamado a predicar a Cristo a las naciones.
Cuando los tres jóvenes hebreos entraron al horno, les llego un llamado
que no pudo llegar de ninguna otra forma:

“Entonces
Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de fuego ardiente, y dijo:
… siervos del Dios altísimo, salid y venid. Y Nabucodonosor dijo:
«Bendito sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, que envió su ángel y
libró a sus siervos que confiaron en él, los cuales no cumplieron el
edicto del rey y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a otro
dios que su Dios.

“Por lo
tanto, decreto que todo pueblo, nación o lengua que diga blasfemia
contra (su) Dios… sea descuartizado, y su casa convertida en
estercolero; por cuanto no hay dios que pueda librar como este». (Daniel
3:26-30).

¡Y hablar de
un llamado ‘macedonio’! ¡Mira cuan rápido Dios cambio la atmósfera, en
tan corto tiempo – de mofa, a maravilla, a un llamado a que el
evangelio sea escuchado!

Amado, ¡esto
es lo que va suceder en los últimos días! La gente no se volverá a
predicadores de renombre. ¡En vez de eso, miraran hacia los santos
sencillos y humildes quienes se han sometido por entero a la perfecta
voluntad de Dios! Estos son los que han conocido el corazón de Jesús.
Ellos han salido del horno después de haber estado con Cristo – y la
gente se reunirá a su alrededor, diciendo: “Por favor, háblame. ¡Veo
que estas entregando tu cuerpo y alma a Jesús – y quiero saber mas de
eso!”


Finalmente, hacer la perfecta voluntad de Dios a veces
requiere volver a una situación familiar
de la cual estuvimos corriendo.


Puede que
estés en una situación familiar que parezca sin esperanzas. Has
clamado, “Señor, no puedo mas – ¡Yo se que no esperas esto de mi!”
Piensas que no puedes soportar más tiempo – y si todavía no has echado a
correr, probablemente sientes deseos de hacerlo. ¡Pero correr, nunca
es el plan de Dios!

Jacob tenía
una terrible situación familiar. Era mas de lo que él podía soportar –
de hecho, amenazaba su vida. Él le había robado la primogenitura a Esaú
y lo había airado hasta el punto de asesinato.

¿Cómo fue
que Jacob manejo este problema? ¡Él huyó de todo! El no tuvo un
Getsemani – el no murió al yo ni le pregunto a Dios que debía hacer. En
vez de eso, Jacob escuchó la voz de su carne – esto es, a su madre,
Rebeca, quien dijo: “…hijo mío, obedece a mi voz: levántate y huye…”
(Génesis 27:43).

Jacob corrió
por veinte años – y fueron veinte años de dolor y problemas.
Finalmente, Dios le dijo que era tiempo de enfrentar todo: “… Levántate
ahora y sal de esta tierra; vuélvete a la tierra donde naciste" (31:13).
Dios estaba diciendo: “Jacob, nunca vas a conocer mi plenitud hasta
que vuelvas y enfrentes este problema. ¡Ve – entra al horno!”

Jacob viajó
con su familia para arreglar las cosas – ¿y que crees que fue lo primero
que vio? A Esaú, saliendo a encontrarse con él en el desierto – ¡con
cuatrocientos soldados airados, listos para la venganza!

Jacob gritó:
“¡Señor, necesito un milagro! Tienes que cambiar el corazón de mi
hermano. ¡Quítale el odio hacia mí!” Jacob tenía temor e ira en su
corazón hacia Dios – ¡porque solo se había sometido a la voluntad de
Dios! Él estaba diciendo: “Señor, he dispuesto mi corazón a obedecerte –
¡pero las cosas no están saliendo bien!”

Quizás las
cosas no están bien en tu familia. ¿Tienes un esposo alcohólico, una
esposa que no te entiende, problemas financieros? Amado, esas son las
mismas cosas que Esaú y su ejército representan – cada dolor, cada
argumento de la carne, cada razón que tu mente puede darte porque no
puedes enfrentar esta situación sin esperanzas. El diablo te dice: “Has
obedecido a Dios, has hecho bien – ¡pero nada ha cambiado! El corazón
de tu ser querido sigue endurecido – de hecho, esta peor. Si no corres
ahora, ¡pasaras el resto de tu vida en un infierno!”

Lo cierto es
que no puedes continuar – si tan solo te vas a someter. Pero puedes
seguir si haces como Jacob: él tuvo un Getsemani – ¡una noche de muerte!
Yo sé lo que Jacob oró esa noche – porque yo he hecho esa oración:

“O Dios,
esta situación es demasiado para mí. He manipulado y tratado de hacer
que sucedan cosas. ¡Pero estoy cansado de hacer las cosas a mi manera!
No puedo seguir corriendo, Señor – quiero que mi vida este bien
contigo. Esaú puede matarme a mí y a mi familia – puede quitarme todo
lo que tengo. ¡Pero prefiero estar contigo en la gloria que pasar otro
día viviendo de esta manera!”

Esa noche,
Jacob murió. Dios lo hirió para que no huyera más. El solo podía
cojear al futuro, totalmente dependiendo del Señor. Pero paso otra cosa
también: éxtasis lleno su alma. Y yo creo que cuando Jacob cruzo el
riachuelo para encontrarse con Esaú temprano en la mañana, ¡el estaba
absolutamente libre de temor!

Tú también
puedes estar enfrentando un Esaú. Tu piensas: ¿Quiere decir que mi
esposo nunca cambiara – que nada en mi vida va a mejorar?”

No – ¡Dios
cambió a Esaú! Él le sacó el corazón de piedra. Cuando Esaú se
encontró con Jacob, el cayo sobre su hermano, besándolo y abrazándolo.
¡Había completa paz!

Querido
santo, no temas entrar al horno. Mientras tengas la paz de Jesús y la
perfecta voluntad de Dios, puedes soportar cualquier cosa, en cualquier
lugar, en cualquier momento. Puede que tus circunstancias no cambien –
¡pero tú cambiaras! Jesús llenara tu alma de gozo y sanara todas tus
heridas y dolor. Tu vida será llena, bendecida – ¡porque él será todo
para ti!

No tienes
que correr. Solo necesitas mirarlo a él – y abrazar su perfecta
voluntad para ti. Y el te dará su gozo abundante y grandioso en medio
de tu presente prueba ardiente. ¡Aleluya!

Por
David Wilkerson


Usado con permiso por World Challenge,
P. O. Box 260, Lindale, TX 75771, USA.

 

Publicado El: Dom, abr 9th, 2006

Aceptando la voluntad de Dios!

Por David Wilkerson. Cada verdadero seguidor de Jesucristo dice que quiere hacer la voluntad de Dios. Pero la mayoria de los cristianos piensan que la voluntad de Dios es algo que se le impone algo de mal gusto y dificil, lo cual estan obligados a hacer.  Yo creo que la perfecta voluntad de Dios es un asunto de gran importancia para todos aquellos que dicen amar al Senor. Y existe una vasta diferencia entre someterse a la voluntad de Dios y aceptar su voluntad.

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