Creer o No Creer

Jn. 10:22 -11:45
Autor: Carlos Jacobs
Un hombre va conduciendo su automóvil por un camino de montaña muy peligroso. Es un camino de cornisa. En una de las curvas se distrae y se cae al precipicio. Cuando va cayendo, salta del auto y logra agarrarse de una rama que sale del borde del precipicio. Primero suspira aliviado, pero de inmediato se da cuenta de que se encuentra en una situación muy peligrosa, ya que en cuanto se le acabe la fuerza de sus brazos, caerá y morirá.

En ese momento se pone a gritar: “¿Hay alguien ahí arriba que me pueda ayudar?”. Nadie responde. Vuelve a gritar varias veces y nadie responde. Ya está totalmente desesperado, cuando vuelve a gritar: “¿Hay alguien ahí arriba que me pueda ayudar?”. En ese momento escucha la voz de Dios que dice: ”Aquí estoy hijo mío, soy Dios y vengo a salvarte”. El hombre es ateo, pero en esa situación no le importa nada, solo quería que alguien lo salve. El hombre dice: “La verdad es que yo no creo en Dios, pero bueno … Dígame lo que tengo que hacer.”
Entonces Dios le responde: “Hijo mío lo único que tienes que hacer es soltarte de dónde estás agarrado. Vas a empezar a caer, pero no temas, pues he dispuesto que una legión de ángeles te tomen en sus brazos y te traigan aquí arriba sano y salvo.”.
Al escuchar esto, el hombre grita: “¿Hay alguien más ahí arriba?”.

Este cuentito puede resultarnos gracioso. También puede parecer que no tiene nada que ver con la realidad. Sin embargo, nos muestra una realidad. Es la realidad del que no cree. Creer o no creer puede ser una cuestión de vida o muerte como en este cuentito. En el relato de la resurrección de Lázaro, el creer o no creer en Jesús hacía una gran diferencia. Vamos a analizar cuáles son las características del que no cree, y qué se espera de los que creemos.


1. Algunas características de los que no creen

1.1. Intentan eliminar a Jesús

Desde algún tiempo antes de la resurrección de Lázaro, la relación de los fariseos con Jesús venía de mal en peor. Ya habían intentado matarlo, aunque no lo habían logrado (Juan 10:31-33). Jesús les resultaba tan molesto que se lo querían sacar de encima. ¿Hasta cuando nos turbarás el alma?, le reclamaban los fariseos (Juan 10:24).
Hoy mismo Jesús sigue turbando, causando inquietud, tanto a los que creen como a los que no creen. Jesús ya no está físicamente entre nosotros. Ya no es posible “matarlo” como querían hacer los fariseos. Pero sigue siendo posible “eliminar” a Jesús de nuestra vida. Una de las formas en que los que no creen intentan eliminar a Jesús, es la de negar la identidad de Jesús.

1.2. Niegan la identidad de Jesús

Ya nadie puede negar con fundamento la existencia histórica de Jesús. Aún los que se consideran ateos, reconocen que existió en Palestina un hombre llamado Jesús, hijo de un carpintero. Inclusive, algunas religiones no cristianas veneran de un modo u otro a Jesús.
Sin embargo, las diferencias surgen cuando nos preguntamos: ¿quién fue verdaderamente este Jesús?. De acuerdo al mensaje de la Biblia, Jesús es el Hijo de Dios, el Salvador del mundo, el Mesías. Es Dios mismo hecho hombre. Los que no creen, no pueden aceptar todo esto. No reconocen quién es Jesús, y dan sus propias explicaciones:

· Fue un charlatán: es lo que piensan algunos judíos actualmente
· Fue un gran hombre: es lo que piensan los humanistas
· Fue un profeta: es lo que piensan los mahometanos
· Fue un gran revolucionario: es lo que piensan algunos movimientos de izquierda,

Todas estas explicaciones tienen algo en común. Desconocen que Jesús sea el Hijo de Dios. Además ubican a Jesús en el pasado. Jesús fue, pero ya no es. De este modo, intentan eliminar a Jesús de su vida. Pretenden que Jesús tiene poco o nada que ver con ellos hoy.
Sin embargo, Jesús sigue turbándoles el alma, sigue causando inquietud en ellos. Les molesta. Como los fariseos, intentan eliminar a Jesús, pero no pueden. Es una situación verdaderamente incómoda. Les pasa como al señor del cuentito. Están agarrados de una ramita, a punto de caer al precipicio. Pero prefieren sujetarse a la débil ramita, en vez de dar el gran salto. El salto de la fe.
Pensá en las personas que amás y aún no creen en Jesús. ¿Te das cuenta que están agarrados de una débil ramita? ¿Te das cuenta que solamente soltando esa ramita y aferrándose firmemente a la fe en Jesucristo se pueden salvar? Esto puede ser muy duro para nosotros. Sin embargo, es la realidad que nos muestra la Palabra de Dios. La única salvación posible es por la fe en Jesucristo.

2. ¿Qué se espera de los que creemos?

El ver a las personas que amamos y no creen en Jesucristo, como el señor agarrado de la ramita del cuento del principio, puede angustiarnos. Pero también puede motivarnos a:

2.1 Dar testimonio acerca de quién es el Cristo
Juan el bautista, nos da un muy buen ejemplo. Juan anunció la llegada de Jesús como el que venía a salvar al mundo. Por el testimonio de Juan muchos creyeron en Jesús (Juan 10:41-42). Que Dios bendiga tu testimonio para que muchos crean en Jesús al escucharlo.

2.2 Hacer las obras del Padre
El mismo Jesús reclamó a los fariseos que le crean aunque sea por las obras que hacía en nombre del Padre. (Juan 10:37-38). Luego de haber resucitado a Lázaro, muchos creyeron en Jesús por lo que El había hecho. (Juan 11:45). No somos Jesús, sin embargo, somos llamados a imitarlo, haciendo las obras que el Padre nos indique. No olvidemos que las obras son del Padre. Si bien las hacemos nosotros, no son nuestras sino de Dios. Las obras son como los hijos. Nosotros somos responsables de darles vida, hacer que crezcan y sean de bendición. Pero los hijos no son nuestros, sino de Dios. Que Dios bendiga las obras que te encomiende para que muchos crean al verlas.

Conclusión

¿Por qué es tan importante la cuestión de creer o no creer en Jesucristo?
Porque como en el cuentito del principio, el creer o no, es una cuestión de vida o muerte. Jesús lo dijo claramente: “El que cree en mí, aunque esté muerto vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente” (Juan 11:25-26). Es realmente notable que la única condición que pone Jesús es: “el que cree en mí”. Nada más. Nada menos.
!Qué gran regalo para los que creemos! Ni la muerte tiene poder sobre nosotros. Podemos morir, pero no eternamente. El mismo que resucitó a Lázaro nos ofrece la vida, porque El es la resurrección y la vida (Juan 11:25)
Y si no crees que Jesucristo es el Hijo de Dios, el Salvador, aún estás a tiempo. Dios te invita a que sueltes la ramita y des el salto de la fe. El único que puede tomar la decisión de abrir la mano sos vos. ¿Te da miedo soltar la ramita y creer? Tarde o temprano la ramita se corta y te caés. Soltate ahora que Dios te invita y te asegura que te sostendrá en su mano.
El que cree en Jesucristo, aunque esté muerto vivirá. Y todo aquel que vive y cree en Jesucristo, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Autores: Carlos Jacobs

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