Publicado El: Sab, ene 26th, 2008

¿Cuando prospera la obra de una Iglesia?

Introduccion: Esdras 5:8. Ni Esdras ni Nehemías figuran entre lo héroes que pusieron en fuga a ejércitos poderosos ni entre los que, como Moisés y Elías, hicieron milagros espectaculares ni entre los que, como David y Salomón, ciñeron corona de reyes. Pero su obra, en muchos aspectos, fue superior a la de Salomón.

De Salomón se nos dice que edificó un Templo, en Jerusalén, que fue el asombro y la admiración de las naciones. El hijo de David engrandeció a Jerusalén y le engalanó con palacios y mansiones suntuosas. Pero Salomón dispuso para sus empresas de tesoros fabulosos y de todo un ejército de arquitectos y obreros, mientras que Esdras y Nehemías apenas pudieron hacer uso de muy escasos medios y realizaron su obra en medio de las más adversas circunstancias.

La Jerusalén que Nehemías y Esdras tuvieron que reconstruir había perdido todo el esplendor del tiempo de Salomón. Las invasiones y los sitios la habían demolido. Apenas ruinas y escombros había en ella cuando regresaron del exilio de Babilonia. Y mientras que en otro tiempo los reyes de la tierra se disputaban la amistad del monarca de Jerusalén, en días de Esdras y Nehemías ocurría lo contrario: Todos eran enemigos que se oponían a la restauración de la ciudad.

PROPOSICION: ¿En qué consistió el secreto del triunfo? ¿Cómo pudo prosperar la obra? Si leemos los dos libros que de este tiempo nos hablan (Esdras y Nehemías) veremos que:

1.- LA OBRA DE UNA IGLESIA PROSPERA CUANDO DESPIERTAN LOS DORMIDOS

Esdras 1:5 dice: Se levantaron todos aquellos cuyo espíritu Dios despertó. No dice: Se levantaron los más capacitados. No dice: Se levantaron todos los líderes. A la convocatoria respondieron todos aquellos cuyo espíritu despertó Dios. Mientras estaban dormidos, no hubo iniciativas ni movimiento.

El que duerme quizá sueña que está empeñado en una gran empresa y que está haciendo maravillas. En sueños, se cree al frente de todos, avanzando. Pero el que duerme no da un paso. Un héroe como Sansón, mientras duerme, quizá sueña que se encuentra cosechando triunfos y cubriéndose de gloria. ¡Y no ve que todo lo va a perder por dormir! (Jueces 16:15-21) Un caudillo como Saúl, mientras duerme, quizá se deleita viendo en sueños a sus enemigos bajo sus pies. ¡No se da cuenta que, por dormir, le están cortando un pedazo a su capa! (1 Samuel 24:3,4 Mateo 26:40,41) Basta que un ejército de gigantes duerma para que un puñado de enanos se levante con la victoria.

Dios tuvo que despertar a Su pueblo. El mal no era que fuesen pocos ni de escasos recursos. El mal era que estaban con flojera en el alma. ¡El sueño del conformismo los había anulado a todos! ¡Habían llegado a acostumbrarse a la idea de ser un pueblo sometido, a vivir en ruinas! Dios tuvo que despertarles. ¡Y entonces sí que hubo deseos de trabajar, de hacer algo hermoso, de emprender iniciativas!

¡Cómo nos amonesta Dios contra el sueño de la despreocupación! (Proverbios 6:9-11 10:5 Juan 4:35) De Jonás, el profeta, llega a decirnos la Biblia que, cuando los que con él navegaban se sentían perecer y clamaban desesperados, él, el profeta de Dios, dormía en un rincón del barco. ¡Despierta, dormilón -le dicen-, clama a tu Dios! (Jonás 1:5,6) ¡Qué amonestación! ¡Qué triste es que cuando más necesita el mundo de nuestro celo y de nuestro testimonio, estamos durmiendo, perdiendo nuestras mejores oportunidades de testimonio!

Jesús nos cuenta de un hombre que había sembrado su campo, y mientras dormía, vino el enemigo y sembró cizaña. (Mateo 13:25) De haber estado despierto, posiblemente el enemigo no habría podido sembrar cizaña. ¿Nos lamentamos por la cizaña de error que en el mundo hay? ¿Habría sembrado Satanás cizaña si nosotros hubiésemos sabido mantenernos vigilantes y no dormir? La obra de Dios en el mundo, el testimonio del evangelio, sólo prospera cuando despierten los dormidos.

2.- LA OBRA DE UNA IGLESIA PROSPERA CUANDO CADA UNO OCUPA SU LUGAR DE ACCION

Nehemías nos informa que a pesar del despertamiento que Dios produjo en Su pueblo, algunos no quisieron sumarse a los que se ofrecieron para hacer la obra de restaurar a la ciudad en ruinas: Jerusalén. ¡Y fueron precisamente los que más recursos tenían los que nada hicieron! Nehemías 3:5 dice: Pero sus grandes no se prestaron a ayudar a la obra de su Señor. Dice sus grandes y no los débiles, no los pobres. Precisamente de quienes más se podía esperar, menos se recibió.

Ha sido así muchas veces. Nos ha pasado que los que más podían hacer menos han hecho, por no decir que más obstáculos han puesto. Pero esta falta de entrega no amilanó a los demás. El sumo sacerdote Eliasib y sus hermanos, restauraron (Nehemías 3:1) ¡Anima tanto ver a los que han de ser un ejemplo ocupando su lugar y haciendo su parte! Y haciéndola con fervor (Nehemías 3:20) Esto sirvió para que se juntase todo el pueblo como un solo hombre (Esdras 3:1) Y por si fuera poco leamos Nehemías 3:12. Al parecer, este hombre sólo tenía hijas: ni un sólo varón había en su casa, excepto él. Pero ¡cada una de sus hijas valía por 30 hombres!

Admira ver a esta gente trabajando en la restauración de su pueblo. Son pocos, con muy escasos recursos, con muchos enemigos, pero ¡no dejan de trabajar! (Nehemías 4:15) Por eso prosperó la obra: Porque cada uno ocupó su lugar. Cuando en la obra de Dios, cada creyente ocupa su lugar y hace su parte, el testimonio prosperará.

3.- LA OBRA DE UNA IGLESIA PROSPERA CUANDO NO NOS DEJAMOS DEBILITAR POR LAS CRITICAS

Nehemías, Esdras y los que trabajaron con ellos fueron criticados (Nehemías 4:1-3) ¡La crítica es cruel! Todo el que haga algo será criticado. Y cuanto más hermoso e importante sea lo que haga, más baja y ruin será la crítica. ¿Qué hizo Nehemías con las críticas? Algo que debemos imitar (Nehemías 4:4 2:19,20) ¿Qué has hecho con las críticas de los que te censuran cuando intentabas servir a tu Señor? ¿Te has desmoralizado y lo has dejado todo? ¡Eso precisamente es lo que Satanás pretende: acobardarnos! Pero, ¿cederemos nosotros que hemos recibido una gran comisión y en nuestros hombros se ha depositado una gran obra? Si nosotros, resentidos porque nos critican, no hacemos la obra ¿quién la hará?

CONCLUSION: Hemos visto que para que prospere la obra de una iglesia:

- Deben despertar los dormidos.
- Cada uno debe ocupar su lugar de trabajo.
- No debemos hacer caso a las críticas.

Sólo así prosperará la obra que Dios nos ha confiado. Dios te está despertando hoy ¿ocuparás el lugar que te corresponde? ¿Harás caso a las críticas? Si no hacemos la obra que Dios nos ha encomendado, vendrán otros y sembrarán el error.

Por: Alberto Valderrama

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