Publicado El: Mar, abr 3rd, 2007

Decisiones de Largo Alcance

Rev. Julio Ruiz. Génesis 13:14-18. Alguien dijo: “Siembra un pensamiento y cosecharás un acto. Siembra un acto y cosecharás un hábito. Siembra un hábito y cosecharás un carácter. Siembra un carácter y cosecharás un destino".  En estas máximas se aplica la ley natural, que dice: “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”.

Así tenemos que nosotros somos el producto de una gran siembra hecha durante toda la vida. Sobre esto, la Biblia que: “El que siembra para su  carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (Gá. 6:8). Bien podemos decir que muchas decisiones temporales, al mejor estilo de la que tomó Lot, son decisiones de la carne, pero la que tomó Abraham, fue una decisión del Espíritu. La de Lot fue de muy corto plazo. La decisión de Abraham fue de muy largo alcance. La de Lot se esfumó con el tiempo. La de Abraham permanece hasta el día de hoy. Le hace un gran bien a la vida cuando tomamos decisiones de largo alcance. Consideremos a Abraham como un gran ejemplo para las decisiones que más convienen. Veamos por qué.

I. SON LAS QUE SE HACEN BAJO UNA VISIÓN DE LARGO ALCANCE v. 14

1. Esa visión viene después de una separación. Hemos dicho que Lot representa las decisiones temporales; aquellas que son tomadas de acuerdo al alcance de la vista. Llegó un momento cuando Lot y Abraham no podían seguir viviendo juntos. Los conflictos de convivencia se estaban acrecentando. La separación era inminente. Algunas separaciones parecieran ser necesarias, sobre todo aquellas que pudieran estar obstaculizando la intervención divina. Hay aspectos en la vida que mientras no nos separemos de ellos no estaremos dando lugar a la intervención de Dios. ¿Cuál es el “Lot” del cual tendremos que separarnos para  que la visión sea más clara? Hay que separarse de aquello que se interpone para que Dios pueda venir a dar sus órdenes. Muchas bendiciones están represadas, necesitan que nosotros nos desprendamos de ciertas cosas.

2. Es la visión que despierta el Señor. Contrario a lo que Lot escogió, se nos dice  de Abraham que Dios mismo le dio esta orden: “Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás…”. Esto es lo que se conoce como mirar a través de los ojos divinos. Este tipo de mirada es amplia; no es estática, ni de una sola dirección. La mirada que solo nos permite ver una sola cosa, antes de tomar una decisión, no es un buen indicador. Muchas de nuestras decisiones han sido tomadas sin haber visto más allá de la apariencia, de lo que está adelante. Dios le dijo a Abraham que miraba hacia sus cuatro direcciones: Norte, sur, oriente y occidente. No había para su tiempo una forma que le permitiera a Abraham describir la tierra. Pero Dios es quien le está diciendo hacia dónde mirar porque él conocía que aquel era un lugar de “leche y miel”. Una cosa queda demostrada con las decisiones, si Dios es quien invita a que levantemos la vista, él verá mejor que nosotros. Él ya vio el futuro que para nosotros es incierto. Y aunque desconocemos lo que anhelamos, debemos hacer la oración del salmista: “En tus manos están mis tiempos”.

II. SON LAS QUE CONTEMPLAN UNA PROMESA DE LARGO ALCANCE v. 15

1. Yo te daré toda la tierra que ves. Para el tiempo cuando vivió Abraham no existían ni los telescopios ni los satélites, por lo tanto la mirada de Abraham era en verdad “una mirada de fe”. Sin embargo, lo más importante no era la mirada de Abraham, sino la confianza que suministraba el Señor en aquella conversación. El dador de la promesa era el Dios creador y guía del hombre que luego fue llamado “amigo de Dios”. La promesa no estaba en mano de hombre. La expresión “toda la tierra que ves”, habla del largo alcance de una promesa. Y las promesas divinas son las que sostienen nuestra fe.

2. Una tierra para él y su descendencia. Dios tiene la mejor parte cuando lo ponemos a que decida por nosotros. Porque hay una gran diferencia cuando yo decido escoger lo que deseo o me plazca, o permitir al Señor que él se encargue de asignar lo que en su sola potestad ha determinado para nuestro bien. Cuando uno lee a los héroes de la fe de Hebreos 11, entre los que se incluye Abraham, se encuentra con algo bien interesante: “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque espera la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (He. 11:8-10). Abraham creyó en la promesa y por ello se convirtió en el padre de la fe; tanto así que llegó a ser el padre de la nación judía. Las promesas de Dios no cambian. Toma tu decisión basado en las promesas, no en tu propia ambición.

3. Caminando sobre la promesa v. 17. El Señor le dijo a Abraham que no solo mirara la tierra sino que caminara sobre ella. Una cosa es mirar y otra muy distinta es caminar para tocar lo que ha quedado en la imaginación. Después de la orden divina, Abraham tuvo que hacer muchas caminatas. Al principio haría excursiones cortas, después las haría más largas. Alguna vez iría al norte otra vez iría al sur. En otra ocasión iría al occidente y después al oriente. Ese caminar lo hizo durante 100 años, pues salió de Ur de los caldeos a los 75 años y el total de su vida fueron de 175 años, de acuerdo a (Gn. 25:7, 8). Abraham caminó por todo lo largo y ancho de aquella tierra, siendo un peregrino, pues lo único que compró para sí fue la cueva de Macpela, donde enterró a su esposa y posteriormente a él. ¿Qué nos revela todo esto? Algunas de las promesas del Señor no las veremos hechas realidad durante mucho tiempo. A lo mejor lo único que haremos es caminar sobre ellas. Dios conoce el tiempo que en ellas deben ser cumplidas. No se impaciente en tomar una decisión antes de tiempo. Camine sobre la promesa y espere. No eche a perder el plan que ya Dios le ha trazado. Disfrute la espera. La promesa es segura.

III. SON LAS QUE PRODUCEN UNA BENDICIÓN DE LARGO ALCANCE v. 16

1. Una decisión que bendice. La decisión que tomó Lot maldijo a su propia familia. Su decisión apresurada tuvo como alto precio, la perdida de su familia. Sus dos hijas, únicas sobrevivientes de aquella tragedia, dieron a luz la perversidad y la ignominia. En cambio, la decisión de Abraham, la que  hizo sobre largo alcance, bendijo su propia familia y la familia que vendría después. Las decisiones que tomamos deben orientarnos hacia la bendición de los que amamos. Un hombre borracho que toma la decisión de conocer a Cristo, con el que cambia también su vida, le está dando una bendición a aquellos a quienes tanto hizo sufrir con su empedernido vicio.  Un hombre fracasado, cuyo carácter lo ha llevado a la propia ruina, que toma la decisión de dejarse gobernar por el carácter del Espíritu Santo, está permitiendo que en su decisión sean otros bendecidos también.

2. Una decisión que trasciende. Dios le dijo a Abraham que haría a su descendencia como la arena del mar en multitud. ¿Pero cómo se haría esto pues Abraham y Sara no podían tener hijos? La esperanza de tener una descendencia que viniera de él era muy remota, por no decir que era imposible. Sin embargo, Dios visitó a Abraham y a Sara y tuvieron a Isaac, de cuya simiente vendría la promesa. De Isaac vino Jacob. De Jacob llegaron a Egipto un total de 66 personas. Allí duraron más de cuatrocientos años, llegando Israel a ser una poderosa nación de la tierra. Note usted el poder de una decisión que se toma sobre la dirección divina y no sobre una complacencia humana. Dios le había dicho a Abraham que en él serían benditas todas las naciones de la tierra. Y esto es lo que hace una decisión que se toma para un largo alcance. Una bendición para todo lo que viene detrás de nosotros. Hagamos decisiones que tengan un efecto con el tiempo.

3. Una decisión para salvación. La promesa que el Señor le hizo a Abraham iba más allá de convertir una gran nación y que las demás se bendijeran a través de ella, pues esto todavía no se ha cumplido. Entonces, ¿en qué sentido Israel se convirtió en salvación de la humanidad? En lo que dijo el mismo Cristo, quien hablando con la mujer samaritana, le dijo: “Nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos” (Jn. 4:22). Israel trajo, en el sentido físico, al Mesías, a Jesucristo. Las profecías antiguas se cumplieron en él. Así tenemos que la “simiente” que vendría de Israel se cumple en Cristo. Pablo lo entendió así: "Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es CRISTO" (Gálatas 3:16). ¿Puede imaginarse que la decisión de Abraham ha dado como resultado que Dios amara tanto al mundo que envió a Cristo a los suyos, aunque al final los “suyos no le recibieron”? Una decisión dirigida por Dios tiene como finalidad la preservación. Muchos dependen de la decisión que tomo hoy.

CONCLUSIÓN: Cuando Israel eligió su primer rey, tomó una decisión apresurada. El tamaño, la hermosura y el carisma de Saúl impresionaron al pueblo. Por cuanto fue una  decisión motiva por caprichos, pues Israel quería tener un rey como las demás naciones, poniendo a un lado con esto el gobierno de Dios en sus vidas, esa elección no fue del agrado de Dios y aquel rey pasó a la historia como un hombre obstinado y desobediente, siendo al final desechado por Dios. Sin embargo, en el caso de David la situación fue otra. Si la primera fue una decisión apresurada, esta requería de sumo cuidado. Sería, en efecto, una decisión de largo alcance. Fue así que cuando Samuel fue a la casa de Isaí para buscar al que sería rey, les fue presentado un total de siete hermanos, pero curiosamente a ninguno de ellos había escogido Dios. En aquella ocasión Dios le dijo a Samuel: “No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Sa. 16:7). Al final David fue escogido como rey. Aquella fue una decisión de largo alcance, pues el Señor afirmó su trono hasta hoy, de cuya raíz vendría nuestro salvador Jesucristo.  

IGLESIA BAUTISTA HISPANA DE COLUMBIA

 

Falls Church,
31/03/2007

Rev.

Julio Ruiz , pastor

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