Depender en Dios, lo más poderoso que puede haber

Depender en Dios, lo más poderoso que puede haber

No sé usted pero de vez en cuando, Dios tiene que tratar conmigo para llevarme a un nuevo nivel de dependencia en él.

Sabe, podemos hacer grandes cosas en la vida, pero una persona verdaderamente humilde no se despierta en la mañana sin pensar: Dios, te necesito. Sin tu ayuda, no puedo hacer nada hoy. Necesitamos su liderazgo para tener éxito. No podemos crecer en humildad hasta que confrontemos nuestro orgullo.

¿Ahora bien, a qué se asemeja el orgullo? A menudo, parece surgir en las cosas pequeñas, de la manera que tratamos a las personas:
Como interrumpir a otros cuando están hablando…dar nuestra opinión cuando nadie la está pidiendo…guardar rencor en lugar de decir: “lo siento” …criticar a las personas quienes no pueden hacer las cosas tan rápido o tan bien como nosotros…no adaptarnos a los demás a nuestro alrededor…

Una persona orgullosa no es un buen ejemplo del amor de Dios, pero hay esperanza para todos nosotros para llegar a ser más humildes.

No tenemos que quedarnos en donde comenzamos

Cuando comencé a dirigir un estudio bíblico, todavía tenía mucho que aprender. Usaba los pantalones cortos demasiado cortos y fumaba mientras enseñaba la Palabra. A veces muy apenas se podía ver a las personas ¡por todo el humo! Más allá de eso, tenía un problema con el orgullo. De hecho escuchaba sermones de otros predicadores y pensaba: ¡Yo lo puedo hacer mejor.

Quizás se está preguntando cómo alguien en su sano juicio podía haber asistido a ese estudio. Creo que la única razón por la que la gente asistió fue porque era parte del plan de Dios. Él me dio un don de comunicación, pero eso no era suficiente. Si quería tener un ministerio mundial, tenía que desarrollar la clase de carácter piadoso que me mantendría en una posición de liderazgo.

Obviamente, no sigo predicando en pantalones cortos ni exhalando humo a las personas cuando enseño, pero tuve que comenzar en algún lado. Todos lo tenemos que hacer.

A su debido tiempo, Dios nos exaltará

Primera de Pedro 5:6 dice: “Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él los exalte a su debido tiempo” (NVI).

En otras palabras, hay un proceso por el que tiene que pasar para llegar a donde va.

Cuando Dios me llamó, no creo que había más de tres personas que en realidad creyeron que estaba escuchando de Dios. La gente se burló de mí y me rechazaron porque estaba en tan mal estado. Pero amaba a Dios y estaba dispuesta a tomar el paso e intentar lo que fuera.

La Biblia dice que Dios usa lo débil del mundo para avergonzar a los sabios. Pues bien, esa era yo. Una ama de casa de una pequeña ciudad en Missouri, quien quería predicar la Palabra de Dios por todo el mundo. Estaba haciendo todo lo que sabía hacer para lograrlo. En esos días, pasé mucho tiempo frustrada con Dios ya que no entendía porque mi ministerio no crecía tan rápido como yo creía que debía crecer.

Entonces me di cuenta que Dios me estaba haciendo un favor al no promoverme a una posición más pública porque necesitaba tiempo para crecer espiritualmente.
Usualmente cuando no estamos listos para algo, creemos que lo estamos y cuando estamos listos, creemos que no lo estamos.

Las personas que esperan en el Señor son personas sabias.

La dependencia en Dios nos mantiene avanzando

Juan 15:5 dice que si permanecemos en Dios, daremos mucho fruto, pero separados de él no podemos hacer nada.

Todo lo que podemos hacer, es porque Dios nos ha dado la habilidad para hacerlo. No podemos ser un buen padre, conyugue, empleado, amigo o lo que necesitemos ser sin que él nos cambie de adentro hacia afuera. No tenemos que pretender que tenemos todo bajo control, porque si de verdad somos sinceros no es así.

¿En dónde quiere estar en cinco o diez años o al final de su vida? Le animo a que permita que Dios haga la obra en usted que le llevará al lugar de satisfacción.

No se preocupe por el mañana. No se preocupe acerca de cómo llegará allí. Cada mañana, solamente arrodíllese y diga: “Dios, te necesito. No puedo comenzar mi día sin ti. Ayúdame y guíame hoy”.

Por Joyce Meyer.

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