Publicado El: Mie, feb 9th, 2011

Ejemplos de verdad para la Familia

En las últimas décadas hemos llegado a una conciencia cada vez mayor del impacto que tienen las familias en el desarrollo de la personalidad. Siempre hemos sabido que las familias tienen una influencia tremenda, pero ahora estamos descubriendo que la influencia de nuestra familia de origen es mayor de lo que habíamos imaginado. El autor desarrolla excelentes principios para desarrollar una paternidad de calidad.

En las últimas décadas hemos llegado a una conciencia cada vez mayor del impacto que tienen las familias en el desarrollo de la personalidad. Siempre hemos sabido que las familias tienen una influencia tremenda, pero ahora estamos descubriendo que la influencia de nuestra familia de origen es mayor de lo que habíamos imaginado. Los educadores y psicólogos cristianos están de acuerdo en la influencia incalculable que las experiencias tempranas en las vidas de los niños tienen en su pasaje por la adolescencia y hasta en la vida adulta.


El Dr. David Seamands, autor del libro Gracia sanadora, ha hecho notar que el hogar es la ventana a través de la cual los niños tienen su primer vislumbre de Dios. Es también el lugar donde reciben su primer vislumbre de quiénes son y de lo que valen. Los niños descubren su valor y estima en el espejo de aquellos a su alrededor, por la atención que se les da, o por lo mucho que se les escucha y toca. Su autoestima va tomando forma por lo que sus padres (y miembros de la familia extendida) les dicen y por lo que estos dicen de ellos enfrente de otros, como también por el tiempo que los adultos les dedican.


En Deuteronomio 6.4-9, Moisés recuerda al pueblo de Israel que deben amar al Señor con todo su corazón, y con toda su alma, y con todas sus fuerzas, como también que debían concentrarse en las cosas de Dios. Instruye a los padres: «Y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas».


Moisés dice que solamente hay dos formas básicas para enseñar a los niños: La instrucción puede ser tanto formal como informal. Con la instrucción formal les decimos a los niños la verdad. Con la instrucción informal vivimos o modelamos la verdad ante ellos. Ambos tipos de instrucción son importantes, pero aquí Moisés enfatiza la instrucción informal, o estilo de vida.


He conocido a muchos padres sinceros que interpretan Proverbios 22.6 (Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él) como queriendo significar que la tarea más importante de la paternidad es la de exponer a sus hijos a cuanta enseñanza bíblica sólida les sea posible. Su filosofía es la de que, si pueden atestar suficiente verdad en las cabezas de sus hijos, cuando crezcan serán buenos muchachos con un corazón para el Señor. Lamentablemente, en muchos casos esto no sucede. Y esto se debe, como lo ha señalado Chuck Swindoll, a que la enseñanza bíblica no es como una precipitación radioactiva producida por una explosión nuclear. El estar expuesto a ella no necesariamente lleva a la absorción de la misma. No todos los oidores de la Palabra llegan a ser hacedores.



UN HABLAR Y UN CAMINAR CONGRUENTES



El punto inicial esencial en la paternidad de calidad es darse cuenta que el regalo mayor que podemos dar a nuestros hijos no es solamente lo que hacemos sino también lo que somos. No malentendamos las cosas. Lo que hacemos por y para nuestros hijos es importante. Pero es demasiado fácil volcarnos al desempeño del rol excluyendo nuestra persona.


El hecho es que algunas verdades son mejor captadas que enseñadas. El estilo de vida que nuestros hijos nos ven modelar a diario es de una influencia mucho mayor de lo que se les dice. Ellos quieren –y deben– ver una congruencia entre nuestro hablar y nuestro caminar.


Me recuerda el ejemplo de mis padres. Consistente con la clara enseñanza de Deuteronomio 6, proveyeron para mí, tanto instrucción formal como informal. Sin embargo, cuando pienso acerca de lo que hicieron que fue de más ayuda y significativo para mí, lo que sobresale es su ejemplo.


No me dijeron meramente cuán importante es tener enseñanza bíblica sólida; me llevaron a la iglesia. Escuchaban programas radiales cristianos. En lugar de sermonearme sobre lo malo de la música secular y de lo que yo no debía escuchar, escuchaban tanto música secular como sagrada que era buena.


No se me obligaba a levantarme temprano para leer mi Biblia y orar. Sin embargo, cuando me levantaba temprano, encontraba a mi padre en su bata de baño leyendo la Biblia u orando. Esa figura ha quedado grabada en mi mente.



AMOR Y ACEPTACIÓN



Cuando estaba equivocado, mis padres me corregían. Cuando era desobediente, me disciplinaban. Cuando cometía un error, me perdonaban. Cuando pecaba, me recordaban la necesidad del arrepentimiento y la gracia de Dios. Cuando el desánimo me vencía, me escuchaban y animaban. Cuando me avergonzaba y me sentía como un fracaso total, no me sermoneaban o condenaban. Me amaban y aceptaban y me recordaban las promesas de Dios.


No, mis padres no eran perfectos. Cometían errores. Pero me permitían ver tanto sus debilidades como sus fortalezas. No trataron de representar una falsa perfección. Estaban dispuestos a admitir sus errores y a disculparse. Reconocían sus limitaciones. Y me permitían ver en sus vidas el proceso de santificación y el ministerio del Espíritu Santo.


¿Qué es lo que sus hijos ven cuando lo observan? ¿Ven a un padre que tiene un amor visible de Dios, por su Palabra y su Pueblo? ¿Ven 1 Corintios 13 en acción?


¿Saben que su amor por ellos no está basado en su desempeño como padres? ¿Tienen ejemplos saludables de su capacidad para la resolución de problemas y conflictos? ¿Están captando una idea clara de lo que significa ser un hombre o una mujer a la imagen de Dios?


¿Aprecia usted y promueve su singularidad? ¿Da el ejemplo, estimulando a una experiencia y expresión sanas de sus emociones?


Seamos más específicos aún. ¿Cuáles son algunos de los valores y características que usted quisiera ver en sus hijos cuando sean adultos? ¿A qué grado es usted ejemplo de esas mismas características y valores en el presente? ¿De qué maneras específicas su estilo de vida refleja aquello que usted dice es más importante en la vida? Tenga en mente que no estoy hablando de cosas muy profundas. Simplemente estoy hablando de cosas sencillas, prácticas.


Por ejemplo, no requiere mucho tiempo ni dinero el que uno diga «Te amo», o escuchar con atención a lo que los niños dicen, mirarlos a los ojos cuando les habla, disculparse, pedir perdón, tocarlos, llamarlos por teléfono, orar por ellos o pedirles que oren por usted, enviarles una tarjeta para felicitarlos, animarlos, alimentarlos y edificarlos. Estas cosas deben ser hechas regularmente, no obstante la edad de sus hijos.



UN EJEMPLO PARA USTED



A medida que enseña a sus hijos a conocer, amar y servir a Dios –los mandamientos que Moisés imprimió en su pueblo– recuerde que la Biblia también provee un ejemplo para usted. Luego de haber estudiado en detalle la enseñanza bíblica sobre la familia, estoy de acuerdo con la siguiente observación hecha por el Dr. Gene Getz en su libro «La medida de una familia»: «Lo que fue escrito para la Iglesia también fue escrito para las familias individuales». La mayor parte del Nuevo Testamento, entonces, puede ser aplicado directamente a los núcleos familiares individuales. Nosotros sí tenemos un manual para el núcleo familiar.



LOS NIÑOS APRENDEN LO QUE VIVEN


Si un niño vive con la crítica, aprende a condenar.
Si un niño vive con la hostilidad, aprende a pelear.
Si un niño vive con la vergüenza, aprende a sentirse culpable.
Si un niño vive con la tolerancia, aprende a ser paciente.
Si un niño vive con el ridículo, aprende a ser tímido.
Si un niño vive con el estímulo, aprende confianza.
Si un niño vive con la rectitud, aprende justicia.
Si un niño vive con la seguridad, aprende a tener fe.
Si un niño vive con la aprobación, aprende a gustar de sí mismo.
Si un niño vive con la aceptación y la amistad, aprende a encontrar amor en el mundo.

Autor desconocido

Tomado con permiso de Back To The Bible Today, May/June 1993.

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