EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO

Versículo de la Biblia: Salmo 23:4
Nos guste o no, como está escrito en Job 5:7 “Pero como las chispas se levantan para volar por el aire, así el hombre nace para la aflicción”, todas las cosas de esta vida son inciertas e inseguras. En tales circunstancia, estamos siempre rodeadas de grandes y pequeñas aflicciones. Pues, ¿Dónde hallaremos paz? Hoy el Señor en Salmos 23 nos señala que en su palabra podremos hallar consuelo y paz. Primero, meditemos sobre esta palabra que dice “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo”.

Dice la Escritura que hay valle de sombra de muerte. Estuve una vez en el valle de sombra de muerte, mientras visitaba a Judea. El valle es tan profundo y quebrado que me producía vértigo mirar hacia abajo aún parado detrás de la barandilla. Me producía una sensación que me iba a caer.

Estoy seguro que todos ustedes se acuerdan del camino montañoso a Jin-bu-ryung que nos lleva a Kang-leung. La primera vez que estuve en ese camino, sentí mucho temor de que si regresaría vivo o no. Era tan pronunciado el valle que parecía estar en valle de sombra de muerte. Pero dice la Escritura que hay momento en nuestra vida que estaremos en valle de sombra de muerte.

Miremos el valle del pecado. Estar perdido en el valle del pecado es una experiencia temible. Mire el valle de codicia de un padre de familia deseando cobrar el seguro, mata a su hijo de nueva años y lo quema. Cuando una persona se queda ciega por la codicia hace cosa que sobrepasa a nuestra imaginación. Mire el valle de enfermedades y dolencias. Personas que padecen de enfermedades indescriptiblemente dolorosa durante las 24 horas, me hacen temblar. O mire el valle de desesperación, de fracaso y de desamparo. Ahora mire el valle de muerte, realmente nos asusta. No sabe de dónde viene, a dónde va; no hay nadie que haya regresado de la muerte, de manera que nos asusta terriblemente. Mientras estamos en el mundo estaremos atravesando continuamente el valle de sombra de muerte. Al pasar por la entrada de este valle sentiremos escalofríos.

Cuando estemos atravesando el valle de sombra de muerte, siempre nos causará daño y temor. Porque al hacer cosas malas, nuestra conciencia sufrirá las consecuencias. Al pasar por el valle, perderemos todo lo que hemos alcanzado con tanto esfuerzos, y la gente nos mirará con ojos de acusación. Como si esto fuera poco, padeceremos de daño físico; algunos sufrirán emocionalmente tanto que padecerán de desequilibrio mental. Esta oscuridad no nos ofrece ni un rayito de esperanza. Algunos quedarán abandonados por todo el que le rodea, y caminará solo; o tal vez experimente la perdida total de sí mismo. Experimentará el desvanecimiento total de su existencia. De modo que esta experiencia del valle de sombra de muerte no es nada agradable. Es una experiencia dolorosa, temerosa y escalofriante. Aún así, todos nosotros pasaremos por esta valle de sombra de muerte.

La pregunta es ¿cómo podremos salir de esta valle ileso?. Segundo, prestemos atención al versículo que dice “no temeré mal alguno”. El que tiene a Jesús como su pastor no temerá mal alguno. Porque él le librará del mal. Hay una persona que estará con usted, cuando todo el mundo le haya abandonado, él es Jesús. Dice la Escritura que él estará contigo. Esto es también para nosotros la salvación. Cuando esté atravesando el valle de sombra de muerte, todo el mundo le abandonará, aún los padres y amigos; lo peor es que aún uno mismo se deja al abandono. En este momento de desesperación, él estará contigo, no le dejará abandonado, le acompañará en todo momento. Y él es Jesús, nuestro Señor Salvador. Dice la Palabra “No te dejaré ni te desampararé”; asimismo “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Jesús atravesó este valle antes que nosotros y lo selló. Cristo nos trajo victoria, al vencer la muerte con su resurrección. Él transformó el valle de pecado en sendero. Atravesando el valle de pecado de muerte, lo llenó de perdón y de justicia. En Titos 3:6-7 dice “El cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna”. Cristo llenó el valle de pecado con perdón y justicia. Para que el que cree en el Señor, aún estando en valle de sombra de muerte, pueda caminar por sendero de justicia y de perdón. Asimismo transformó el valle de codicia en sendero. En Salmos 23:1 dice “Jehová es mi pastor; nada me faltará”. Supliendo en toda nuestra necesidad, Cristo nos liberó de codicia, y lo transformó en valle de satisfacción. En Mateo 6:33 dice “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” Dios nos preparó este camino, para que así nosotros no cayéramos a la codicia y curiosidad. Cristo pasando primeramente el valle de enfermedades y de dolores lo transformó en sendero. ¿Cómo? Llenándolo de sanidad y de paz.

En I Pedro 2:24 “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; Y por cuya herida fuisteis sanados”. El Señor selló el valle de enfermedades y dolencias con sanidad y paz. Por consiguiente, podemos atravesar el valle de sombra de muerte con victoria; porque el Señor transformó el valle de tristeza y desesperación en sendero. Llenó al valle de tristeza y de desesperación con gozo y alegría. En Juan 16:24 dice “Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea *****plido”.

Asimismo en Salmos 16:11 dice “Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre”. Caminando con el Señor la tristeza se transforma en gozo. El Señor transformó el valle de muerte en sendero. Lo llenó de resurrección y de vida. En Apocalipsis 21:3-4 “Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron”. Si miramos solamente al valle de sombra de muerte quedaremos paralizado del temor, pero si miramos a Jesús quien atravesó también esta valle antes que nosotros, quien también transformó al valle en sendero de resurrección y de vida, no temeremos mal alguno, porque él estará con nosotros.

No así el que no tiene a Jesús como su salvador personal. Porque ellos padecerán de todo dolor, de desesperación y herida. Por tanto el valle de sombra de muerte es mera ilusión, Cristo es la realidad. Si camina con Jesús, aunque pareciera que estuviera caminando el valle de sombra de muerte, después se dará cuenta que en todo momento Cristo lo transformó en sendero, por tanto no padecemos de mal. El valle de pecado lo caminaremos como sendero de paz y de justicia; el valle de codicia lo caminaremos como sendero de satisfacción. El valle de enfermedades y de dolencias lo caminaremos de sanidad y de paz; el valle de tristeza y de desesperación lo caminaremos con gozo y alegría; el valle de fracaso, de necedad lo caminaremos de prosperidad y de bendición. El valle de muerte lo haremos como sendero de resurrección y de vida eterna. Esto es posible gracias al Señor que transformó el valle de sombra de muerte en sendero; por tanto no mire solamente al valle de sombra de muerte, sino a Jesús que está con usted, tome su mano y camine con él el sendero que él tiene preparado. Tercero, la razón por la cual Cristo está con nosotros es que él es nuestro castillo y nuestro refugio. En Salmos 18:2-3 dice “Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio. Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, Y seré salvo de mis enemigos”. Castillo y refugio sirven para protegernos de los ataques de los enemigos. Durante la guerra de Im-jin, el castillo Hang-ju permaneció inmóvil, y realza la victoria del general Kwon-yul. Hacia el norte está ubicado el castillo Hang-ju. Este castillo sirvió de protección contra los japoneses en la guerra de Im-Jin. Los japoneses atacaron al castillo Hang-ju incesantemente. El general Kwon-yul comandó al ejército durante 7 años, y junto al almirante Lee Soon-shin, quien peleó en los mares contra el ejército japonés. En 1593 para proteger a Seúl con menos de 3000 soldados resistió el ataque en el castillo Hang-ju. Pero el enemigo Ukota Hideo, con más de 30,000 soldados atacó al castillo Hang-Ju. Los enemigos les rodearon, pero la ciudad entera estaba unidos, aún las mujeres lanzaron rocas traídas en su delantal.

En coreano, la palabra delantal significa Hang-ju. Los soldados derramaron hasta agua caliente contra los enemigos.Así pereció 24000 soldados del enemigo y alcanzaron la victoria. Castillo sirve para protegerse del enemigo. Y dice la Palabra que Jesús es nuestro castillo. Él es nuestro refugio y nuestro castillo. Aunque estemos en valles de sombra de muerte, aunque nuestros enemigos nos ataquen, podemos refugiarnos en el Señor, porque él es nuestro castillo. Por tanto, entréguese enteramente al Señor y refúgiese a él, y él será su refugio y su castillo. En Salmos 91:9-11 dice “Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, Al Altísimo por tu habitación, No te sobrevendrá mal, Ni plaga tocará tu morada. Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, Que te guarden en todos tus caminos”. Por consiguiente, si está atravesando el valle de sombra de muerte, descubra a Jesús y refúgiese a él, porque él será su refugio y su castillo. No hay fuerza ni enemigo que pueda vencer el refugio y el castillo de Jesús. Como si esto fuera poco dice el Señor que nos guardará con su vara y cayado. La vara es usada para guiar a las ovejas. La vara significa la sabiduría, inteligencia, habilidad y conocimiento de Dios. ¿Quién podrá hacer frente a la sabiduría, inteligencia, habilidad y conocimiento de Dios?. Por mucho que el enemigo use su astucia, el Señor le vencerá, conociendo su artimaña de ante mano. Asimismo el cayado significa el poder de Dios. El pastor usa el cayado contra el ataque de los animales salvajes. También el Señor con este cayado nos guarda.

En I Juan 5:18 dice “Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca”. Porque Jesús es nuestro castillo, si nosotros nos refugiamos a él, él nos guardará de cualquier ataque del enemigo.

Cuarto, podemos caminar confiadamente porque contamos con la promesa de Dios que dice “Aunque ante en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;

Tu vara y tu cayado me infundirán aliento”. Si el Señor está con nosotros sea cual sea el valle de sombra de muerte, podemos caminar confiadamente, porque él nos infunde paz y nos protege con su vara y cayado. Sólo el que vive confiado al Señor, gozará del verdadero paz. Nada de lo que el mundo ofrece es seguro. Todo está expuesto al cambio. Por tanto, nuestra identidad sufre de inestabilidad y buscamos un lugar para consolarnos. Algunos tratan de hallarlo en el poder, en el dinero, en los padres, parientes o en amigos. Pero dice en Salmos 146:3-4 “No confiéis en los príncipes, Ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación. Pues sale su aliento, y vuelve a la tierra; En ese mismo día perecen sus pensamientos”. No hay nada en este mundo en que el hombre pueda confiar. Pero si confía en el Señor, él vendrá a usted con su vara y cayado e infundirá aliento a su vida. ¿Por qué podemos estar seguros de su palabra? Porque aunque pase el cielo y la tierra, su palabra no pasará. Y porque él tiene poder en los cielos y en la tierra y sobre todo lo que hay en el mundo, y él es nuestro castillo y refugio. Allí hay sabiduría, conocimiento, habilidad y inteligencia; con su poder nos guardará. En Romanos 8:35-39 dice “ ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”. El cual entregó a su cuerpo por nosotros, con amor eterno nos abraza, él está con nosotros como nuestro castillo, roca y refugio, cuando estemos atravesando el valle de sombra de muerte; si confía en él, él les guardará con su vara y cayado. Conociendo a Jesús y esperando sólo en él podrá gozar del consuelo y paz. ¡Cuán gran bendición contar a Jesús como nuestro pastor! Porque los impíos vagan por el mundo como ovejas sin pastor, sufren del ataque de los animales salvajes, sufren accidentes y padecen de heridas, pero nadie los cuida y perecen así. Mas no así nosotros, porque no estamos abandonados. Aunque todos les deje abandonado, en situaciones muy difíciles como cuando está atravesando el valle de sombra de muerte, o cuando está jadeando por decepción y desesperación, o está sumergido a la tristeza y dolor, y no hay nadie que le ayude, ni siquiera amigos; sepa que Jesús no le dejará desamparado, él estará firme a su lado como castillo, como refugio y como roca. Hermanos, cuando esté atravesando el valle de sombra de muerte, no miren solamente al valle con temor, no sufra por si padecerá de mal; porque cuando llega el valle también Jesús estará con usted. Por muy difícil que sea la situación, por muy solitario que se sienta, el Señor estará contigo. Nadie podrá detener al Señor de estar a su lado. Él extenderá su mano y le dirá “Yo soy tu castillo, tu roca y tu refugio; Refúgiate bajo mi sombra, agárrate de mí”. Él tiene un poder omnipotente, sabiduría, inteligencia, conocimiento y habilidad para pelear contra el enemigo, para que así nadie sufra del mal.

Cuando miramos a Jesús, no hay razón para temer. Nuestro pastor nos guiará a los pastos verdes y junto a aguas para avivar nuestro espíritu y guiarnos a caminos rectos; así podemos habitar en la casa del Padre eternamente. Él es nuestro buen pastor. Nuestro pastor entregó su vida por nosotros, resucitó por nosotros, para conquistar el valle de sombra de muerte. Usted debe meditar en Jesús día y noche y adorarle, regresar a Jesús, confiar en él y tomarle como refugio. Porque así usted no padecerá de mal alguno, podrá tener paz, aún en este mundo de desorden. Repita después de mí “Aunque ante en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento”. No tema ni se alarme, porque el Señor está siempre con usted. Mientras atraviese este valle de sombra de muerte, Cristo estará con usted para que lo pueda vencer.

Oremos
Oh, Dios santo y lleno de amor, nosotros atravesamos muchos valles de sombra de muerte durante nuestra vida. Si miramos al valle, la profundidad del valle nos podrá dejarnos paralizado. Cuando estamos en valle de sombra de muerte, tememos por el mal que nos podrá causar, pero al descubrir que Jesús está con nosotros podemos descansar en paz. Porque tú pasaste por esta valle antes que nosotros, y lo transformaste en sendero. Oh Padre Celestial, sabemos que Jesús transformó el valle de pecado en sendero de paz y justicia; El valle de tristeza en gozo, el valle de enfermedad en sanidad, el valle de maldición en bendición, el valle de muerte en resurrección y vida eterna. Jesús, tú eres nuestro refugio, castillo y roca. Nadie te puede hacerte frente; porque tu vara es la sabiduría, conocimiento, habilidad e inteligencia; y tu cayado es un arma tan potente que ningún armamento del mundo te puede vencer. Oh, Señor que todos te conozcan, para que no tiemblen en el valle de sombra de muerte; oramos que todos estén gozando de la protección de Dios.

Oramos en el nombre de Jesús. Amén

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