Publicado El: Jue, ene 3rd, 2008

ESFUÉRZATE Y SÉ VALIENTE

Rev. Julio Ruiz. Un nuevo año ha comenzado y con él los desafíos que significa seguir adelante con las  metas y planes trazados. Desconocemos lo que viene en el paquete de este nuevo lustro, pero conocemos muy bien las promesas de parte de Dios que nos aseguran un futuro promisor. Y para atravesar el “Jordán” de este nuevo año nuevo, ningún libro será mejor que el de Josué, porque  nos presenta la victoria  de la gran conquista.

Josué es el libro que conecta la historia bíblica, entre un pasado glorioso donde Moisés fue uno de sus grandes protagonistas, y el futuro del pueblo de Israel establecido en la tierra prometida, la misma que se le  había dado siglos atrás  al gran patriarca Abraham. Josué es un libro extraordinario. La figura emblemática de Josué, el  “siervo de Moisés”, ocupa todo un protagonismo en sus capítulos. A este hombre se le otorgó la tarea de pisar la “tierra que fluye leche y miel”. Fue tal el ejemplo de fidelidad, obediencia, lealtad, devoción, humildad y firmeza de aquel joven, que ha llegado a ser un prototipo de Jesús del  antiguo testamento. Su carácter no da mucho que hablar como otros grandes hombres de la Biblia.  Es el hombre, quien después que hubo repartido la tierra por heredad, que conminó  al  rebelde y desleal Israel, con esta proclama: “Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quien sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15) Necesitamos hombres con esta resolución para el bien de la familia, de la iglesia y de la sociedad. Hombres como Josué son los que Dios escoge para la conquista. Con la muerte de Moisés, él pudo quedarse pensando en el pasado, y a lo mejor retroceder ante tamaña tarea de conducir a ese pueblo al lugar de la promesa. Pero no lo hizo sino que con valentía y arrojo acepta la tarea. De allí que Dios lo llama y le asegura las mismas promesas hechas a Moisés, sin embargo lo confronta para que haga su parte en esta enorme tarea. Sobre esto queremos meditar. La frase “esfuérzate y sé valiente”, será la que tomaremos para el mensaje de la ocasión. ¿Qué nos revela esta oración?

 

I. HABLAMOS DE UN ESFUERZO Y VALENTÍA PARA LA TAREA v. 6

 

Hay trabajos y responsabilidades que son asignados por  Dios a título personal, las cuales deben ser atendidas sin objeciones ni buscar que otros la hagan. Cuando uno compara el llamado de Moisés y el de Josué, pronto nota una diferencia en la respuesta de cada uno. En  Éxodo 3 tenemos a un hombre que le presentó todas las evasivas a Dios para no aceptar el llamado extendido. Y fue tal la renuencia de Moisés que Dios tuvo que ponerle un interlocutor para que hablare por él, siendo esta la manera cómo aceptó el llamado. Sin embargo, en el caso de Josué  notamos que él no habla ni rebate nada. No hay objeciones; sólo hay obediencia. No hay quejas por falta de capacidad o preparación para  la tarea. No hay desánimo o desinterés frente al llamado. Dios le dice “esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás la tierra…”. En estas palabras no solo hay una petición sino una precisión. Josué fue comisionado para la tarea que le hubiese gustado hacer a Moisés. Hay en esto una verdad que debe ser enfatizada. Cada creyente ha sido escogido para una tarea especial. En algunos casos esa tarea podrá ser muy grande, en otros con menos demanda; pero a cada uno Dios escoge para que haga el trabajo de “repartición”. Es un asunto maravilloso saber que Dios se acerca a cada uno y le diga “tú” harás el trabajo. Hay en esto un privilegio, pero sobre todo una gran responsabilidad. Hay trabajos para los que Dios está contando con nosotros. Es por eso que demanda esfuerzo y valentía. La carencia de esto es lo que hace que muchos creyentes no hagan el trabajo del Señor. No es una casualidad que en este pasaje esta oración se repita tres veces con diferentes énfasis y enfoques. “Pasar el Jordán”, y entrar en su conquista, requiere de esfuerzo y valentía. En el caso de Josué, el trabajo de repartir la tierra, que incluía librar tantas batallas con tan feroces enemigos, requería del coraje personal que se traducía en esfuerzo y valentía. El esfuerzo es lo contrario a la apatía, al conformismo, a la mediocridad, a la pereza. Dios no podrá usarnos si no ponemos la parte que nos corresponde. Hay creyentes que viven la  vida cristiana sin el más mínimo esfuerzo. No se esfuerzan para ser constantes en la oración, en la palabra, en apoyar las actividades de su iglesia, en capacitarse para dar lo mejor de sí mismos. Pero además de esforzarse hay que ser valientes. El ser valiente no  se refiere a ser machos, busca pleitos, peleadores, camorristas. Ser valiente, es enfrentar los temores que vienen del enemigo hasta vencerlos y de esa manera servir al Señor. La tarea de este año exige de todos nosotros esfuerzo y valentía. Esto nos habla de un creyente en plena acción para el Señor.

 

II. HABLAMOS DE ESFUERZO Y VALENTÍA PARA VIVIR LA PALABRA v.7

 

Llama mucho la atención en este pasaje la manera cómo Dios maneja sus términos para la conquista. Por un lado, él ha llenado el corazón del joven Josué con las más completas promesas, de manera que dependiera de cada una de ellas cuando tuviera que tocar la tierra que ya él se las había dado v. 3. La promesa del  versículo 5 tuvo que ser para Josué la más absoluta seguridad para  todo lo que Dios le está pidiendo, y sobre la que basaría sus estrategias al momento de la conquista.  Con esta promesa le ha dicho que no hay enemigo que pudiera ser tan grande para detenerles en el camino. Que todos los que se levantaren con ellos serían derrotados. Y esto evidencia que no ha habido ni habrá enemigos que puedan acabar con el pueblo de Dios en todo los tiempos y las circunstancias que vivan. Esta promesa nos ayuda, entonces, a confirmar que el enemigo no tiene “ni arte ni parte” en nuestras familias, en nuestras iglesias, en nuestros trabajos, en nuestros estudios, en nuestros planes.  El enemigo no tiene potestad alguna de habitar en nuestras mentes o en nuestras conciencias, a menos que se la concedamos. El enemigo no tiene potestad alguna sobre el pueblo de Dios.  El texto nos dice que todo  enemigo que se levante será vencido. Nosotros conformamos el único ejército que se le ha asegurado que “nadie nos podrá hacer frente todos los días de nuestra vida”. ¡Qué buena promesa para un año que comienza! Y una vez confirmada la promesa a Josué, le repite la parte que él le corresponde hacer. Esta vez le dice: “Solamente esfuérzate y sé valiente…”. Es como decirle, ‘Josué, todo lo relacionado a conquista es un hecho. Lo único que te pido es que le pongas un extra de tu parte. Que no te quedes ni abandones el compromiso. Que te esfuerces y seas valiente para que hagas de la palabra de Dios el asunto más importante para tu vida y para el pueblo’. Y en efecto, Dios no le da a Josué ni arma para el combate, ni una estrategia para la conquista. En todo caso le reta a tomar la “espada del espíritu”, que es la palabra de Dios, para lo que viene adelante. Aquí radica el corazón de todo este asunto. Las batallas del Señor no se conquistan con armas humanas. “No es con espada ni con ejército”, como dice el coro, sino con su Santo Espíritu”. Jesús le ganó al diablo la primera batalla en el monte de la tentación usando el arma de la palabra. Para cada propuesta del enemigo, hubo una dosis de la palabra divina. Este mismo libro es un ejemplo de la forma cómo Dios le gana las batallas a los enemigos, usando los métodos más ilógicos en cualquier combate. Véase el caso de la toma de Jericó, por ejemplo. Sobre el hacer uso del recurso de la palabra de Dios, le dice lo siguiente. Primero que cuide de hacer de ella como Moisés había hecho y aplicado. Pero sobre todo, que no se aparte de ella ni aun lado ni al otro, pues en la medida que haga tales cosas será prosperado en todo lo que emprenda. Aquí encontramos el gran secreto de toda conquista. La vida espiritual es una lucha y una conquista cotidiana. Las veces que perdemos las batallas es porque la palabra de Dios no ocupa el lugar que debiera tener en nuestras vidas. El Señor estaba consciente que uno de los asuntos que más rápido se abandona, o al que no se le da tanta importancia, es  su palabra, de allí que le dice a su siervo Josué “solamente esfuérzate y sé valiente…”. Y en efecto, se requiere ser muy valiente para dedicar tiempo al estudio serio y cuidadoso de la Palabra de Dios. Vivimos con tanta prisa, con tanta preocupación por el trabajo, la escuela, la familia…  que no tenemos ni buscamos suficiente tiempo para formarnos con el estudio la Biblia. La palabra de Dios no podrá producir creyentes sólidos cuando agarramos la Biblia solamente los domingos para oír el mensaje o participar de un estudio bíblico. La recomendación del versículo 8 debe ser  tomada muy en seria por la iglesia del Señor.

 

 

III. HABLAMOS DE ESFUERZO Y VALENTÍA PARA NO CLAUDICAR v. 9

Dios le habló a Josué en tres formas usando las mismas palabras, pero con diferentes énfasis. En esta última parte le da una orden. “Mira que te mando”, tiene la fuerza de una comisión que debe ser cumplida. Si en las primeras oraciones él tenía la posibilidad de alguna alternativa, con esta otra lo que tiene que hacer es cumplirla. Dios sabía que vendrían momentos difíciles para la vida de su siervo. Los enemigos a vencer y la tierra a conquistar no eran fáciles. Dios sabía que Josué había visto, junto con los demás espías, la tierra prometida antes de la conquista. Josué vio allí ciudades amuralladas y gigantes que vencer; y aunque él, junto con Caleb, fueron los que dieron un informe positivo y animaron al pueblo a ir y conquistar esas tierras cuando fueron a inspeccionarlas, vendrían días donde el temor, por la misma naturaleza humana, se apoderaría de él. Fue así como Dios lo exhorta con esta orden porque conocía muy bien las batallas que le esperaban; que se acercaban momentos cuando era necesario tomar fuertes decisiones.  Dios sabía que su siervo podía desmayar. Este es el lado humano que tenemos en nuestro peregrinaje. En la vida espiritual hay una tendencia continua a temer y desmayar. Si algo tenemos que llegar  a ser como  Cristiano es  ser fuertes y valientes para enfrentar aquellos estados de desánimo y de retroceso.  La vida cristiana tiene el estigma de una continua lucha. Nos enfrentamos a diferentes batallas en nuestro andar cotidiano, y no podemos huir de ellas. No podemos darnos el lujo de evadirlas o  escondernos cuando ellas se presentan. Es por eso que tenemos que esforzarnos y ser valientes.  Hay situaciones personales, familiares o del trabajo que tienen el propósito de crear en nosotros un estado de culpa, de tristeza, de soledad o de angustia. Nadie escapa a tales circunstancias. Hay momentos cuando ya no resistimos más; cuando  estamos a punto de claudicar. Es allí cuando el Señor se acerca y nos dice: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque yo Jehová tu Dios estaré contigo dondequiera que vayas”. La gran noticia de este texto es que jamás estaremos solos cuando pasamos por esos momentos donde sentimos el deseo de no seguir o desmayar. Necesitamos descubrir que junto con la presencia del Espíritu Santo, nos ha sido conferido el más grande y completo recurso; eso fue lo que le recordó Pablo a su discípulo Timoteo: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7) De manera que debemos llenar nuestras  mentes con la certeza que somos valientes y no cobardes. Que es cierto que pudiéramos estar “atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos” (2 Corintios. 4:8, 9) No hay razón para desmayar si contamos con esta promesa.

 

 

CONCLUSIÓN: En la conquista de Canaán Dios pudo haber sacado a todos los habitantes quienes se resistirían entregar sus tierras, antes que el Israel entrara. Dios pudo hacerlo con un solo movimiento de su poder, así como había abierto el mar rojo o provisto el maná por cuarenta años. Pero en lugar de eso le dijo a Josué en tres ocasiones y con diferentes énfasis que se esforzara y que fuera valiente. Hay en todo esto una verdad permanente. Dios ya ha entregado para nosotros una “tierra prometida” que puede representar planes, metas y objetivos, vistos en el plano personal, familiar y como iglesia. Sin embargo, tenemos nosotros que conquistarlos. Los resultados no vendrán solo. La parte que Dios demanda de nosotros es: “Esfuérzate y sé valiente”. Si no hacemos esto, la tierra se quedará sin conquistar. Bien podemos pasar toda una vida cristiana sin hacer esta parte y jamás descubrir lo que ha ya Dios nos ha entregado para nuestro goce y felicidad. Requerimos, pues, esfuerzo y valentía para la tarea, para poner por obra la palabra revelada  y sobre todo, para enfrentar las batallas cotidianas que tienen el propósito de desalentarnos mientras pasamos por ellas. El Señor te dice hoy “levántate y pasa este Jordán”. ¿Cuál será tu respuesta frente a este llamado? ¿Te quedarás de este lado del Jordán o lo cruzarás para conquistar la tierra?

Publicado El: Jue, sep 21st, 2006

ESFUÉRZATE Y SÉ VALIENTE

Rev. Julio Ruiz. Un nuevo año ha comenzado y con él los desafíos que significa seguir adelante con las  metas y planes trazados. Desconocemos lo que viene en el paquete de este nuevo lustro, pero conocemos muy bien las promesas de parte de Dios que nos aseguran un futuro promisor. Y para atravesar el “Jordán” de este nuevo año nuevo, ningún libro será mejor que el de Josué, porque  nos presenta la victoria  de la gran conquista.

Josué es el libro que conecta la historia bíblica, entre un pasado glorioso donde Moisés fue uno de sus grandes protagonistas, y el futuro del pueblo de Israel establecido en la tierra prometida, la misma que se le  había dado siglos atrás  al gran patriarca Abraham. Josué es un libro extraordinario. La figura emblemática de Josué, el  “siervo de Moisés”, ocupa todo un protagonismo en sus capítulos. A este hombre se le otorgó la tarea de pisar la “tierra que fluye leche y miel”. Fue tal el ejemplo de fidelidad, obediencia, lealtad, devoción, humildad y firmeza de aquel joven, que ha llegado a ser un prototipo de Jesús del  antiguo testamento. Su carácter no da mucho que hablar como otros grandes hombres de la Biblia.  Es el hombre, quien después que hubo repartido la tierra por heredad, que conminó  al  rebelde y desleal Israel, con esta proclama: “Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quien sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15) Necesitamos hombres con esta resolución para el bien de la familia, de la iglesia y de la sociedad. Hombres como Josué son los que Dios escoge para la conquista. Con la muerte de Moisés, él pudo quedarse pensando en el pasado, y a lo mejor retroceder ante tamaña tarea de conducir a ese pueblo al lugar de la promesa. Pero no lo hizo sino que con valentía y arrojo acepta la tarea. De allí que Dios lo llama y le asegura las mismas promesas hechas a Moisés, sin embargo lo confronta para que haga su parte en esta enorme tarea. Sobre esto queremos meditar. La frase “esfuérzate y sé valiente”, será la que tomaremos para el mensaje de la ocasión. ¿Qué nos revela esta oración?

 

I. HABLAMOS DE UN ESFUERZO Y VALENTÍA PARA LA TAREA v. 6

 

Hay trabajos y responsabilidades que son asignados por  Dios a título personal, las cuales deben ser atendidas sin objeciones ni buscar que otros la hagan. Cuando uno compara el llamado de Moisés y el de Josué, pronto nota una diferencia en la respuesta de cada uno. En  Éxodo 3 tenemos a un hombre que le presentó todas las evasivas a Dios para no aceptar el llamado extendido. Y fue tal la renuencia de Moisés que Dios tuvo que ponerle un interlocutor para que hablare por él, siendo esta la manera cómo aceptó el llamado. Sin embargo, en el caso de Josué  notamos que él no habla ni rebate nada. No hay objeciones; sólo hay obediencia. No hay quejas por falta de capacidad o preparación para  la tarea. No hay desánimo o desinterés frente al llamado. Dios le dice “esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás la tierra…”. En estas palabras no solo hay una petición sino una precisión. Josué fue comisionado para la tarea que le hubiese gustado hacer a Moisés. Hay en esto una verdad que debe ser enfatizada. Cada creyente ha sido escogido para una tarea especial. En algunos casos esa tarea podrá ser muy grande, en otros con menos demanda; pero a cada uno Dios escoge para que haga el trabajo de “repartición”. Es un asunto maravilloso saber que Dios se acerca a cada uno y le diga “tú” harás el trabajo. Hay en esto un privilegio, pero sobre todo una gran responsabilidad. Hay trabajos para los que Dios está contando con nosotros. Es por eso que demanda esfuerzo y valentía. La carencia de esto es lo que hace que muchos creyentes no hagan el trabajo del Señor. No es una casualidad que en este pasaje esta oración se repita tres veces con diferentes énfasis y enfoques. “Pasar el Jordán”, y entrar en su conquista, requiere de esfuerzo y valentía. En el caso de Josué, el trabajo de repartir la tierra, que incluía librar tantas batallas con tan feroces enemigos, requería del coraje personal que se traducía en esfuerzo y valentía. El esfuerzo es lo contrario a la apatía, al conformismo, a la mediocridad, a la pereza. Dios no podrá usarnos si no ponemos la parte que nos corresponde. Hay creyentes que viven la  vida cristiana sin el más mínimo esfuerzo. No se esfuerzan para ser constantes en la oración, en la palabra, en apoyar las actividades de su iglesia, en capacitarse para dar lo mejor de sí mismos. Pero además de esforzarse hay que ser valientes. El ser valiente no  se refiere a ser machos, busca pleitos, peleadores, camorristas. Ser valiente, es enfrentar los temores que vienen del enemigo hasta vencerlos y de esa manera servir al Señor. La tarea de este año exige de todos nosotros esfuerzo y valentía. Esto nos habla de un creyente en plena acción para el Señor.

 

II. HABLAMOS DE ESFUERZO Y VALENTÍA PARA VIVIR LA PALABRA v.7

 

Llama mucho la atención en este pasaje la manera cómo Dios maneja sus términos para la conquista. Por un lado, él ha llenado el corazón del joven Josué con las más completas promesas, de manera que dependiera de cada una de ellas cuando tuviera que tocar la tierra que ya él se las había dado v. 3. La promesa del  versículo 5 tuvo que ser para Josué la más absoluta seguridad para  todo lo que Dios le está pidiendo, y sobre la que basaría sus estrategias al momento de la conquista.  Con esta promesa le ha dicho que no hay enemigo que pudiera ser tan grande para detenerles en el camino. Que todos los que se levantaren con ellos serían derrotados. Y esto evidencia que no ha habido ni habrá enemigos que puedan acabar con el pueblo de Dios en todo los tiempos y las circunstancias que vivan. Esta promesa nos ayuda, entonces, a confirmar que el enemigo no tiene “ni arte ni parte” en nuestras familias, en nuestras iglesias, en nuestros trabajos, en nuestros estudios, en nuestros planes.  El enemigo no tiene potestad alguna de habitar en nuestras mentes o en nuestras conciencias, a menos que se la concedamos. El enemigo no tiene potestad alguna sobre el pueblo de Dios.  El texto nos dice que todo  enemigo que se levante será vencido. Nosotros conformamos el único ejército que se le ha asegurado que “nadie nos podrá hacer frente todos los días de nuestra vida”. ¡Qué buena promesa para un año que comienza! Y una vez confirmada la promesa a Josué, le repite la parte que él le corresponde hacer. Esta vez le dice: “Solamente esfuérzate y sé valiente…”. Es como decirle, ‘Josué, todo lo relacionado a conquista es un hecho. Lo único que te pido es que le pongas un extra de tu parte. Que no te quedes ni abandones el compromiso. Que te esfuerces y seas valiente para que hagas de la palabra de Dios el asunto más importante para tu vida y para el pueblo’. Y en efecto, Dios no le da a Josué ni arma para el combate, ni una estrategia para la conquista. En todo caso le reta a tomar la “espada del espíritu”, que es la palabra de Dios, para lo que viene adelante. Aquí radica el corazón de todo este asunto. Las batallas del Señor no se conquistan con armas humanas. “No es con espada ni con ejército”, como dice el coro, sino con su Santo Espíritu”. Jesús le ganó al diablo la primera batalla en el monte de la tentación usando el arma de la palabra. Para cada propuesta del enemigo, hubo una dosis de la palabra divina. Este mismo libro es un ejemplo de la forma cómo Dios le gana las batallas a los enemigos, usando los métodos más ilógicos en cualquier combate. Véase el caso de la toma de Jericó, por ejemplo. Sobre el hacer uso del recurso de la palabra de Dios, le dice lo siguiente. Primero que cuide de hacer de ella como Moisés había hecho y aplicado. Pero sobre todo, que no se aparte de ella ni aun lado ni al otro, pues en la medida que haga tales cosas será prosperado en todo lo que emprenda. Aquí encontramos el gran secreto de toda conquista. La vida espiritual es una lucha y una conquista cotidiana. Las veces que perdemos las batallas es porque la palabra de Dios no ocupa el lugar que debiera tener en nuestras vidas. El Señor estaba consciente que uno de los asuntos que más rápido se abandona, o al que no se le da tanta importancia, es  su palabra, de allí que le dice a su siervo Josué “solamente esfuérzate y sé valiente…”. Y en efecto, se requiere ser muy valiente para dedicar tiempo al estudio serio y cuidadoso de la Palabra de Dios. Vivimos con tanta prisa, con tanta preocupación por el trabajo, la escuela, la familia…  que no tenemos ni buscamos suficiente tiempo para formarnos con el estudio la Biblia. La palabra de Dios no podrá producir creyentes sólidos cuando agarramos la Biblia solamente los domingos para oír el mensaje o participar de un estudio bíblico. La recomendación del versículo 8 debe ser  tomada muy en seria por la iglesia del Señor.

 

 

III. HABLAMOS DE ESFUERZO Y VALENTÍA PARA NO CLAUDICAR v. 9

Dios le habló a Josué en tres formas usando las mismas palabras, pero con diferentes énfasis. En esta última parte le da una orden. “Mira que te mando”, tiene la fuerza de una comisión que debe ser cumplida. Si en las primeras oraciones él tenía la posibilidad de alguna alternativa, con esta otra lo que tiene que hacer es cumplirla. Dios sabía que vendrían momentos difíciles para la vida de su siervo. Los enemigos a vencer y la tierra a conquistar no eran fáciles. Dios sabía que Josué había visto, junto con los demás espías, la tierra prometida antes de la conquista. Josué vio allí ciudades amuralladas y gigantes que vencer; y aunque él, junto con Caleb, fueron los que dieron un informe positivo y animaron al pueblo a ir y conquistar esas tierras cuando fueron a inspeccionarlas, vendrían días donde el temor, por la misma naturaleza humana, se apoderaría de él. Fue así como Dios lo exhorta con esta orden porque conocía muy bien las batallas que le esperaban; que se acercaban momentos cuando era necesario tomar fuertes decisiones.  Dios sabía que su siervo podía desmayar. Este es el lado humano que tenemos en nuestro peregrinaje. En la vida espiritual hay una tendencia continua a temer y desmayar. Si algo tenemos que llegar  a ser como  Cristiano es  ser fuertes y valientes para enfrentar aquellos estados de desánimo y de retroceso.  La vida cristiana tiene el estigma de una continua lucha. Nos enfrentamos a diferentes batallas en nuestro andar cotidiano, y no podemos huir de ellas. No podemos darnos el lujo de evadirlas o  escondernos cuando ellas se presentan. Es por eso que tenemos que esforzarnos y ser valientes.  Hay situaciones personales, familiares o del trabajo que tienen el propósito de crear en nosotros un estado de culpa, de tristeza, de soledad o de angustia. Nadie escapa a tales circunstancias. Hay momentos cuando ya no resistimos más; cuando  estamos a punto de claudicar. Es allí cuando el Señor se acerca y nos dice: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque yo Jehová tu Dios estaré contigo dondequiera que vayas”. La gran noticia de este texto es que jamás estaremos solos cuando pasamos por esos momentos donde sentimos el deseo de no seguir o desmayar. Necesitamos descubrir que junto con la presencia del Espíritu Santo, nos ha sido conferido el más grande y completo recurso; eso fue lo que le recordó Pablo a su discípulo Timoteo: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7) De manera que debemos llenar nuestras  mentes con la certeza que somos valientes y no cobardes. Que es cierto que pudiéramos estar “atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos” (2 Corintios. 4:8, 9) No hay razón para desmayar si contamos con esta promesa.

 

 

CONCLUSIÓN: En la conquista de Canaán Dios pudo haber sacado a todos los habitantes quienes se resistirían entregar sus tierras, antes que el Israel entrara. Dios pudo hacerlo con un solo movimiento de su poder, así como había abierto el mar rojo o provisto el maná por cuarenta años. Pero en lugar de eso le dijo a Josué en tres ocasiones y con diferentes énfasis que se esforzara y que fuera valiente. Hay en todo esto una verdad permanente. Dios ya ha entregado para nosotros una “tierra prometida” que puede representar planes, metas y objetivos, vistos en el plano personal, familiar y como iglesia. Sin embargo, tenemos nosotros que conquistarlos. Los resultados no vendrán solo. La parte que Dios demanda de nosotros es: “Esfuérzate y sé valiente”. Si no hacemos esto, la tierra se quedará sin conquistar. Bien podemos pasar toda una vida cristiana sin hacer esta parte y jamás descubrir lo que ha ya Dios nos ha entregado para nuestro goce y felicidad. Requerimos, pues, esfuerzo y valentía para la tarea, para poner por obra la palabra revelada  y sobre todo, para enfrentar las batallas cotidianas que tienen el propósito de desalentarnos mientras pasamos por ellas. El Señor te dice hoy “levántate y pasa este Jordán”. ¿Cuál será tu respuesta frente a este llamado? ¿Te quedarás de este lado del Jordán o lo cruzarás para conquistar la tierra?

 

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