Publicado El: Lun, oct 23rd, 2006

La familia cristiana como centro de salud mental

Por Esteban Borguetti. Hace 35 años, mi mamá publicó un artículo titulado "La familia cristiana, un desafío a la sociedad actual" que creo sigue teniendo increíble vigencia. En él escribía: “Al estudiar la familia no podemos separarla del contexto social que la rodea. Ella esta inmersa en la sociedad, de la que recibe fuerte influencia con cambios que operan a un ritmo tan veloz, que demandan una permanente reestructuración.



Los problemas que aquejan a la sociedad, los sufren las familias. Es innegable que nuestra sociedad esta en crisis en lo educacional, moral y religioso, expresada en el enfrentamiento de los valores "tradicionales" que sustentaron la conducta humana, y los "nuevos" valores que sostiene nuestra cultura. Este conflicto que llega a la familia presiona sobre la misma; se hace expreso en las dificultades de relación entre sus miembros, ensancha la brecha comunicacional entre padres e hijos, socava las bases de la estructura familiar y debilita la autoridad de los padres sobre los hijos. No podemos negar que la tarea de educar a nuestros hijos, no resulta fácil de ejercer. Es por eso que hoy mas que nunca, la familia por su proyección requiere mantenerse como el principal lugar de equilibrio psicosocial continuo y trascendente. Hoy más que nunca, la familia cristiana enfrenta un desafío ante la sociedad, el de mostrar los valores que constituyen su fundamento. DEBE Y PUEDE MANTENERSE COMO UN CENTRO DE SALUD EMOCIONAL entre sus miembros. Esta tarea puede desarrollarla sobre todo, porque cuenta con la protección de Dios para hacerlo, El cual le dará también las fuerzas para cumplirla".

Hasta aquí la trascripción de un pensamiento expresado hace casi 4 décadas pero su vigencia es explicita.
En estos últimos años se ha agravado la situación social imperante que desconoce los principios morales absolutos, los cuales resisten el paso del tiempo y deben permanecer inamovibles frente a los cambios que los desestiman. En países cambiantes como los Latinoamericanos es notable lo fácil que se asimilan los nuevos parámetros morales.
Es evidente que en la actualidad la familia esta desprotegida como institución, en especial por aquellos que tienen el deber de hacerlo.
En la Declaración de los Derechos Humanos (artc.16-I) y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (arti. 23-I ) se define a la familia como el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la Sociedad y del Estado.
Lejos de eso, hoy se ve expuesta a fuerzas culturales que representan un claro ataque a la institución familiar. Hay evidentes indicadores de fuerzas destinadas al debilitamiento de su estructura, ataques implícitos y explícitos contra su integridad.

Veamos algunas de estas fuerzas culturales:

1) La tendencia cada vez mayor de un numero de mujeres, en general destacadas socialmente, que se proponen ser madres pero no formar un hogar, ni convivir con el padre del niño (quien solo es considerado en este caso como el dador necesario de la célula fecundante.)

2) El numero creciente de jóvenes que deciden vivir juntos sin legalizar la unión, previniéndose de una probable separación, ya que la unión se justifica “mientras dure el amor”.

3) El intento de legalizar el aborto ya aceptado en varios países y movilizado sobre todo por el Movimiento Feminista, en su febril necesidad reivindicatoria del rol de la mujer, con el argumento que con el cuerpo uno puede hacer lo que quiera, olvidando que en su interior es portadora de una vida individual que merece ser respetada. Esta posición pro aborto es exponente de la cultura de la muerte que se enfrenta con la Cultura de la vida.

4) Los “nuevos tipos de familia”, la aceptación de las uniones homosexuales que pretenden igualarse con las heterosexuales. El activismo Gay, que avanza a nivel mundial a un ritmo impensado, llegando a influenciar decisiones gubernamentales, cambiando patrones culturales, y principios Escritúrales.
Desde hace un poco más de 2 décadas el avance de los grupos pro gay es alarmante. Ellos lograron suprimir del Manual de los desordenes mentales (DSMIV) la homosexualidad, considerada un perturbación de la sexualidad en la mayoría de los tratados de sexología. No se detienen en su búsqueda de logros a nivel de reconocimientos y “derechos”, buscando que a través de la legalización justificar lo injustificarle. Se llega a pretenden la adopción de hijos por parte de uniones homosexuales, no teniendo en cuenta que quien adopta un niño debe hacerlo para el bien de este y no para bien propio. Este tipo de adopción le representa al niño un seria perturbación en el desarrollo de su identidad, al no proporcionarle las figuras de papa y mama con las que debe identificarse. En apoyo de este propósito de presentar como valido un nuevos tipos de uniones, se da una novedosa resignificación de términos. Se reemplaza padres por “progenitores”, esposos por “cónyuges”, familia por “parentalidad” .Esta redefinición de términos es un invento creado para la justificación de conductas antinaturales.

5) El nuevo concepto de “genero” que aparece en los programas de educación sexual , intentando dejar de lado la determinación biológica de masculino y femenino , queriendo establecer nuevos géneros desde la perspectiva socio cultural (5 géneros en lugar de 2)

6) El intento de clonación con seres humanos, que reemplaza la unión de las células reproductivas por la “copia” de otro ser en la creación de nuevas vidas.

Frente a tantas presiones ideológicas la familia como institución, navega en aguas peligrosas, y es necesario arbitrar todos los medios para salvarla del naufragio promoviendo proyectos que orienten a los padres para el ejercicio de las funciones que le corresponden.
Que bueno seria también que las políticas de Estado tuvieran en cuenta la importancia de cuidar la integración familiar, proporcionando orientación a los padres sobre el rol que tienen que desempeñar en sus hogares. Que positivo sería que se preocupara en una educación basada en valores y no en la promoción del mero ejercicio de la genitalidad.
Pero lejos estamos de brindar este tipo de orientación, así que a nosotros (familias cristianas) nos toca, como parte integrante de la sociedad, expresar y mostrar un concepto sano de familia, aun en medio de la crisis que nos toca a todos.
Toda familia transita por diferentes etapas de su desarrollo y cada una de ellas requiere un aprendizaje específico. Solo a modo de introducción (ya que este tema lo desarrollaremos con mayor profundidad mas adelante) quisiera utilizar este gráfico que fue elaborado por INDEPA, basándose en un estudio elaborado en la década de los 90, para exponer con claridad las distintas crisis que una familia podría vivir a lo largo de su vida.
Lo primero que debemos notar es que existe momentos simultáneos de crisis, mientras papa y mama viven su propia crisis, los abuelos y los hijos también viven las suyas. Por ejemplo, si comenzamos a entender este diagrama por el punto “I. Matrimonio”, vemos que coincide con la vivencia de “nido vacío” en los padres de la pareja. En este tiempo, los padres del reciente matrimonio, enfrentan el hecho de volver a estar solos, cosa muy ansiedad por algunos matrimonios y muy temida por muchos mas.
Entendida esta realidad de simultaneidad, podemos ver que al nacimiento de los primeros hijos, el matrimonio debe aprender simultáneamente a ser padres y a relacionarse con sus padres como abuelos; y los abuelos aprender a su nuevo rol.
Principalmente quisiera destacar de estas vivencias, la crisis que se desarrolla cuando los niños, ya crecidos, llegan a la adolescencia y los padres deben transitar el aprendizaje de convivir con adolescentes y, simultáneamente, enfrentar la crisis propia de su edad adulta. Tanto esta primera crisis, como la segunda crisis de la edad adulta, donde los padres se replantean la efectividad de sus propios roles laborales, matrimoniales, ministeriales y parentales, necesitan del ejercicio de una buena comunicación, el establecimiento de roles y limites claros.
Para que el paso por estas etapas “criticas” transcurra con total naturalidad, sin evitarlas y sin “perder la vida” en alguna de ellas, es necesario que la familia replantee las funciones básicas del sistema familiar. Entre ellas podemos nombrar:
EDUCAR, formar, orientar. La familia es la primera educadora para el niño, primera en el tiempo, primera en el espacio, primera en significación. EDUCAR no es DOMESTICAR , es mirar las potencialidades particulares de cada hijo y procurar que se desarrollen. No se educa a todos los hijos por igual, cada hijo tiene sus propias características personales que deben tenerse en cuenta en el momento de su formación.
AMOR, que no excluye la presencia de límites. El real amor al hijo tiene en cuenta la disciplina .El estimulo amoroso entre sus miembros permite un sano desarrollo emocional de los mismos.
SEGURIDAD, los vínculos familiares deben ser fuente de seguridad y contención frente al medio. Desarrollar una sana autoestima en sus miembros, que faciliten el desarrollo adecuado de cada uno.

La familia cristiana debe estar alerta para que las funciones que le son propias puedan cumplirse y sea, en medio de la sociedad que nos toca vivir, un claro exponente del poder de DIOS en sus vidas y representar un franco CENTRO DE SALUD MENTAL.

 

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