Publicado El: Lun, jul 30th, 2007

No Me Averguenzo del Evangelio

Romanos 1:16. "Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego."

Hoy tomaremos el “evangelio de Dios” y nuestras alabanzas a Dios e iremos a las calles. Caminaremos, cantaremos, oraremos y proclamaremos nuestra fe y amor a todos los que escuchen. Lo que hará que muchos se pregunten: ¿Me avergüenzo de hacer esto? Así que el Señor parece haber organizado el orden de nuestra serie de mensajes de Romanos, de manera que el texto de hoy es Romanos 1.16, y en particular las palabras de inicio “no me avergüenzo del evangelio”. Este verso y el siguiente son el corazón mismo del libro de Romanos – una especie de declaración base del libro. Así que estaremos al menos tres semanas en el verso 16.

¿Qué hace que una persona sienta vergüenza?

Hoy nos enfocaremos en las palabras: “Porque no me avergüenzo del evangelio”. Usted ve el vínculo en el versículo 15. La razón por la que está ansioso de predicar es porque no está avergonzado del evangelio. Comencemos con la pregunta general: ¿Qué hace que una persona se sienta avergonzada? Consideremos algunos ejemplos.

1) Suponga que un muchacho se jacta con sus amigos de que puede aventajar al delgado niño que llegó nuevo al barrio. Así que el niño prepara una carrera, digamos a la manzana. Los dos niños revisan y ven donde están todos los obstáculos y donde se debe girar. Entonces se alinean. Los muchachos del barrio están todos mirando. Alguien dice, “¡En sus marcas, listos, fuera!” y el muchacho que se jactaba es dejado comiendo polvo. El delgado muchacho nuevo del barrio termina unos 50 metros por delante del que se jactaba. Entonces lo que sucede muy probablemente es que el jactancioso se siente avergonzado. Siente que ha hecho el ridículo de su persona.

2) O suponga que alguien que a usted no le agrada en la escuela tiene un padre que está en la cárcel. Y suponga que usted se burla de él por esto y le pone sobrenombres, recordándole a las personas que el padre de esa persona es un bandido. Y usted se jacta de que su padre es un exitoso empleado en un banco importante. Entonces un día llegan a su casa las terribles noticias de que su padre ha sido arrestado y acusado de malversar cientos de miles de dólares. Al día siguiente ni siquiera quiere ir a la escuela por que está muy avergonzado, tanto de su padre como de usted mismo.

3) O suponga que pone mucho empeño en como luce su cabello y sus ropas. Usted es invitado a una fiesta y consulta con personas que cree de confianza sobre que ropa usar y como lucir. Pero cuando usted llega allí se da cuenta que está vestido de manera completamente inadecuada. Se siente tan avergonzado que no quiere entrar a la habitación.

4) Finalmente, suponga que tiene que representar un personaje en una obra, quizás un pequeño rol, porque usted es nervioso y no es muy bueno en la actuación. Tal vez tiene que decir solo dos frases en algún punto importante de la obra. Usted memoriza las frases. La obra comienza. Su corazón quiere salirse de su pecho. Hay mucho público. Todos lo están haciendo maravillosamente y mostrando un gran nivel. Su momento se está acercando. Y en el momento exacto, se congela. Trata de decir las dos frases. Todos le están mirando. Pero no las puede decir. Alguien le susurra el guión, sin ningún beneficio. De alguna forma se acercan a usted. Usted corre fuera del escenario, y quiere correr fuera del planeta, se siente avergonzado.

Todos Sabemos lo que es estar Avergonzado.

¿Qué le protegería de sentirse avergonzado en situaciones como esas? Bien, una respuesta pudiera ser que si tuviera piernas más fuertes no hubiera perdido la carrera, ni hubiera sido avergonzado por el más delgado. Un padre más honesto no habría malversado, de manera que usted no se avergonzara de él. Y con mejor consejo de sus amigos usted no se habría vestido erróneamente para la fiesta. Y mejores nervios frente a un grupo, le habrían permitido recordar las frases y expresarlas con excelencia. En otras palabras, pudo haber evitado sentirse avergonzado si usted, su familia y sus amigos pudieran siempre darles lo mejor y nunca permitir que otros sientan cosas negativas acerca de usted.

El Evangelio Produce Vergüenza y da liberación de Ella.

Ahora cuando Pablo dice en Romanos 1.16 que él “no se avergüenza del evangelio”, ¿Es esto lo que le protege de sentirse avergonzado? ¿Escapa él de la vergüenza porque se da lo mejor a sí mismo? No. Todo lo contrario. Creer y predicar el evangelio constantemente pone a Pablo en una mala posición. Este constantemente seduce a otras personas para que avergüencen a Pablo. Él nos da una lista de maneras en que fue avergonzado en el ministerio del evangelio. (En 2da a los Corintios 11.23-26): “..¿Son servidores de Cristo? (Hablo como si hubiera perdido el juicio.) Yo más. En muchos más trabajos, en muchas más cárceles, en azotes un sinnúmero de veces, a menudo en peligros de muerte. Cinco veces he recibido de los judíos treinta y nueve azotes . Tres veces he sido golpeado con varas, una vez fui apedreado, tres veces naufragué, y he pasado una noche y un día en lo profundo. Con frecuencia en viajes, en peligros de ríos, peligros de salteadores, peligros de mis compatriotas, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos” (LBLA).

En otras palabras, la manera de Pablo de evitar avergonzarse del evangelio no era mantenerse en la mejor posición o tener suficiente sabiduría para gustarle siempre a la gente y que ellos aprobaran lo que el hacía. Mira atrás en Romanos 1.14, “A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor”. Cuando Pablo vio el inmenso mundo de incredulidad de su tiempo se sintió deudor a todos. El no miró con menosprecio a los paganos de su tiempo ¡Cuidado con hacer esto! Nuestro estilo de vida conservador ha sido tan politizado en los Estados Unidos que nos deslizamos fácilmente hacia sentimientos de menosprecio en lugar de deuda hacia el pueblo incrédulo. No es así con Pablo, aunque odiaba el pecado. Más bien él se sentía tan abrumado con la gracia inmerecida que se sabía a sí mismo deudor de todos. Griegos y no griegos, sabios y no sabios.

Pero ¿Querían ellos que él les pagara su deuda? ¿Quieren los vecinos incrédulos y colegas alrededor suyo lo que usted tiene para dar? No muchos. En 1ra a los Corintios 1.22-23 dice, “Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; 23pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura”. Pablo tenía una deuda que pagar a los judíos, griegos y bárbaros, pero la mayoría de ellos –como hoy- no querían su mensaje de amor, gracia y esperanza. Era locura y piedra de tropiezo.

Entonces, antes que podamos ver en Romanos 1.16 que el evangelio es el fundamento de la liberación de la vergüenza en Pablo, vemos que este fue primero el fundamento de su vergüenza.

El evangelio hace dos cosas: produce una actitud vergonzosa en aquellos que no creerán. Y libera de la vergüenza a aquellos que sí creen en él.

Pablo sabía ambas cosas. Él era como Jesús. Jesús fue abandonado por sus amigos, falsamente acusado de blasfemia, golpeado con varas, ridiculizado y vituperado, despojado de sus vestiduras, azotado con un látigo, torturado en público y hecho lucir como un loco mientras las personas le gritaban en la cruz: “Tú que salvaste a otros, sálvate a ti mismo”.

¿Qué Hicieron Jesús y Pablo con la Vergüenza Vertida Sobre Ellos?

¿Qué hizo Jesús con toda esa vergüenza (esta conducta vergonzosa)? ¿Qué haría usted con ella? Hebreos 12.2 nos dice lo que hizo con ella: “Por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.” Jesús menospreció la vergüenza. ¿Qué significa eso? Significa que cuando la vergüenza amenazó su corazón tentándole para que abandonara su posición de obediente testigo de Dios y del evangelio, le dijo a la vergüenza: “Vergüenza, te menosprecio. No me rendiré a ti. No te daré ninguna satisfacción. Podrás hacer conmigo lo que quieras –por un corto tiempo- pero no te obedeceré, ni te seguiré, ni cederé ante ti. Te desprecio, vergüenza, y no te dejaré gobernarme.”

¿Cómo pudo hacer eso? ¿Cómo puede usted hacerlo? Hebreos 12.2 dice que Él lo hizo: “Por el gozo puesto delante de él”. La vergüenza estaba quitándole cada sostén terrenal que Jesús tenía: sus amigos cedieron en un vergonzoso abandono; su reputación cedió en una vergonzosa calumnia; su decencia cedió en vergonzosa desnudez; su comodidad cedió en vergonzosa tortura. Así que si sus sustentos fueron todos quitados en vergonzosa persecución, ¿cómo él mismo no capituló ante tal vergüenza? Hebreos 12.2 dice, él no puso su corazón en su apoyo presente, sino en el gozo del futuro, donde muy pronto se sentaría “a la diestra del trono de Dios”.

Aunque estaba siendo avergonzado, Jesús no se avergonzó de Su Dios y Padre. ¿Por qué? Porque Dios tenía poder para salvarle de la muerte y darle gloria a Su diestra para siempre.

Ahora bien, Pablo experimentó la misma actitud que Jesus. ¿Qué dijo en Romanos 1.16? “No me avergüenzo” –a pesar de todos los civilizados griegos quienes se burlaban de mí como si hablara locura y todos los judíos incrédulos quienes me ridiculizaban como si predicara un falso Cristo –No me avergüenzo de este evangelio– ¿Por qué? “Porque es poder de Dios para salvación”. En otras palabras, este mensaje de Cristo crucificado por amor de los pecadores, del Cristo resucitado de la muerte como el Hijo de Dios en Poder (1.4), de gracia dada libremente a aquellos que confiaran en Jesús –este mensaje traerá a todos los que confíen en él a la salvación eterna–.

Avergonzado, Pero Sin Sentir Vergüenza

Entonces ¿cómo vence usted los sentimientos de vergüenza cuando siente vergüenza por creer y compartir el evangelio? Respuesta: Piense en el poder del evangelio para traer a pecadores perdonados a un gozo eterno. Nada en el mundo puede hacer esto sino el evangelio de Jesucristo. El Judaísmo (que se detiene cerca de Jesús), el Budismo, el Hinduismo, el Islamismo –no tienen un salvador que pueda resolver el problema de la separación a causa del pecado del Dios santo y ofrezca esperanza a los pecadores por la gracia a través de la fe y no de las obras-. Solo un mensaje salva a los pecadores y les trae con toda seguridad a la presencia de Dios: el evangelio de Jesucristo, ese es el poder de Dios para salvación.

Por tanto, Pablo podría decir –Jesús mismo diría- sufre, sí. Sea malentendido, sí. Sea avergonzado, sí. Pero no sienta vergüenza. Ustedes serán avergonzados, pero necesitan apartar la vergüenza porque el mensaje de la obra salvadora de Dios en Cristo es el único mensaje que triunfará al final del mundo. El dolor a corto plazo, la ganancia a largo plazo por el gozo (¡de la salvación!) delante de usted. Tome su cruz, siga a Jesús, sea avergonzado y menosprecie la vergüenza.

Para concluir, permítame poner un punto en esto por lo que queda de los ‘90s. ¿Cómo le hace avergonzarse por creer y compartir el evangelio? No es de la misma manera en que lo hicieron en los ‘60s. Yo oí a Alistair Begg decir recientemente que sus amigos incrédulos le criticaron en los ‘60s porque no creían que el evangelio fuera cierto. En los ‘90s le critican por clamar que existe la verdad. En otras palabras, hoy la vergüenza no es decir que esta equivocado, sino decir que es arrogante si cree que otros están equivocados. No que usted tenga un mal pensamiento, sino que tiene una mala actitud. No que su visión del mundo es defectuosa sino que es intolerante. La mayor arma para avergonzar a alguien hoy en el mundo de los reclamos religiosos es la acusación de que usted es intolerante y por tanto mal enfocado y egoísta.

A eso debemos determinantemente responder: La mayor actitud de amor del mundo es decir la verdad acerca de la salvación. Si Jesús ha dicho: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (Juan 14.6), entonces por causa del amor debemos pagar nuestra deuda al mundo y menospreciar la vergüenza de la ‘tolerante’ década de los ‘90s y decirles: “en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” (Hechos 4.12). Solo el evangelio de Cristo es poder de Dios para salvación.

Por John Piper. © Desiring God. Website: www.desiringGod.org. Email: mail@desiringGod.org. Toll Free: 1.888.346.4700.

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