Publicado El: Mie, abr 25th, 2007

Orad sin cesar

Por Hope Mac Donald. Esta mujer siempre quiso que la oración fuera una parte consistente y significativa de su caminar con Dios. ¿Qué hacer para que esa sensación de que estaba en la presencia del Señor durara todo el día? La autora nos cuenta cómo descubrió y aprendió lo que significa «orad sin cesar».

Cómo la esposa de un pastor aprendió un nuevo enfoque de oración.

La sala estaba llena de familiares y amigos, sin embargo yo me encontré orando y diciendo: "Gracias, Señor, por esta pequeña vida. Que pueda llegar a ser todo aquello para lo cual Tú lo creaste". Mientras envolvía a mi nietito de una semana en su manta azul, me di cuenta nuevamente de cuán lejos había llegado en mi vida de oración. El hablar con Dios se ha convertido en algo tan natural y espontáneo como hablar con mi esposo o con un amigo. Pero no siempre había sido así.

Toda mi vida me había cuestionado acerca de la oración.

Realmente, quería que fuera una parte consistente y significativa de mi caminar con Dios. Mi biblioteca estaba llena de libros sobre la oración. Durante los 33 años en que con mi marido habíamos servido en el ministerio, había llegado a aprender sobre la importancia de pasar cada día un tiempo a solas con Dios en oración y estudio de la Biblia. Dios tenía un lugar asignado en mi vida, pero Su cercanía parecía terminarse cuando cerraba la Biblia.

Un día, al terminar mi rato a solas con Dios, verbalicé el sentimiento de frustración que me causaba ese sector separado de mi vida que yo le daba a Dios cada día. "¿Por qué no puede durar esta sensación de presencia todo el día?". Luego, como si Dios hubiera hablado directamente a mi frustración, las palabras "orad sin cesar" vinieron a mi mente. ¡Cuán simples!, pero sin embargo, cuán profundas. Repentinamente todo tuvo sentido. Dios no tenía la intención de que yo me encerrara en un monasterio para poder orar 24 horas por día. Ni tampoco pretendía que mi oración estuviera contenida en un segmento de 30 minutos de mi día. El deseaba que yo llevara mis oraciones conmigo a través del día. Si El me pidió que yo orara sin cesar, es porque es posible. He aprendido a través de los años que Dios nunca me pide que haga nada para El sin que El me equipe para hacerlo.

Me propuse aprender lo que significaba "orar sin cesar". En mi proceso de aprendizaje descubrí dos tipos de oraciones. Una es la oración de alabanza e intercesión: parte del tiempo que yo aparto cada día para estar con Dios. Esta clase de oración había sido parte de mi caminar con Dios por años. Pero el segundo tipo de oración era nuevo para mí. Al hacer un esfuerzo consciente con mi mente, podía realmente verbalizar mis pensamientos a Dios durante todo el día. A oraciones de este tipo las he llamado mis oraciones "flechas". Son las oraciones que le disparo a Dios durante todo el día. Pero tal oración no me sale naturalmente. He tenido que aprender a orar en la misma forma en que aprendí a tocar el piano, a través de la práctica constante. Cuando era una niña pequeña y mamá me hacía estudiar piano, lo hacía, no porque quisiera, sino por obediencia. Así es, el aprender a orar requiere obediencia, disciplina, compromiso y práctica. Orar es algo que puede ser aprendido.

El aprender a "orar sin cesar" ha sido, para mí, una cuestión de entrenar a mi mente subconsciente a estar en una actitud de oración durante todo el día. Significa que yo me levanto con un espíritu de expectativa y aventura. "Querido Dios, ¿qué voy a aprender hoy?". Mientras me deleito en la tibieza de la ducha, me acuerdo de los brasileños con los que trabajamos durante muchos años, que no saben ni siquiera lo que es sentir una ducha fresca. Oro por ellos y le agradezco a Dios por el agua corriente y tibia que puedo disfrutar. Voy al almacén cantando un himno de alabanza; no hay ningún teléfono que interrumpa mi tiempo de alabanza y acción de gracias. Visito a una señora de nuestra iglesia que se está muriendo y me siento junto a su cama buscando las palabras a tientas. "Querido Señor, si Tú estuvieras sentado junto a esta cama ahora mismo, ¿qué dirías?".

Estoy preparando la cena. Suena el teléfono. Una mujer de la iglesia se está enfrentando con un serio problema. Yo escucho, y mientras escucho, oro: "Dios, dame sabiduría para saber cómo ayudar". Me meto en la cama a la noche, pongo mi cabeza sobre la almohada y todo lo que tengo que decir es: "En el nombre de Jesús, ¡Amén!". Mi día ha sido una conversación continua con Dios. Detalles de mi vida han sido interrumpidos con pensamientos dirigidos hacia Dios.

El desarrollar una continua actitud de oración ha hecho una diferencia. Estoy más agradecida, aún por las cosas pequeñas y aparentemente insignificantes de la vida. La acción de gracias no está programada sólo para mi tiempo devocional; es una forma de vida. Mientras "oro sin cesar" siento que una paz y un relax me invaden todo el día. Aún en el medio de una habitación llena de gente o en una calle ruidosa puedo apartarme a un lugar privado con Dios. Mientras corro puedo visualizar a Dios conduciéndome a "las tranquilas aguas". A veces me veo caminando junto a El a través del bosque, deteniéndonos junto a una cascada o sentándonos sobre una gran roca. En oportunidades creo escenas de Suiza, y Dios está también allí conmigo mientras miro al sol pintando con su resplandor alpino los picos nevados. Ciertas veces estoy con El, arrodillada en el lugar Santo o parada en un barco pesquero en el Mar de Galilea. Siento Su cercanía dondequiera que yo esté .

Aun cuando trato con mis personas más cercanas, mi esposo, mis hijos, amigos, las personas de nuestra iglesia, he hallado una nueva sensibilidad. El caminar con Dios en una actitud de oración que dura todo el día me ha dado la seguridad de que Dios me puede hacer conocer Su voluntad en el medio de cada situación, en el medio de cada conversación y, sí, aun en el medio de cada conflicto. Porque El está siempre presente, hay un nuevo cuidado de mi vida, una diferencia en la forma en que trato a la gente. Siento la abundancia de vida que Jesús prometió, una abundancia que proviene de caminar conscientemente junto a El.

El orar sin cesar me ha introducido en una nueva dimensión de mi vida cristiana. El orar no tiene que ser un complicado laberinto teológico a través del cual yo avanzo con dificultad. Puede ser una dinámica simple pero que cambia la vida; un diálogo momento a momento con Dios. No he pulsado todos los secretos de una vida de oración efectiva. Pero la oración flecha ha sido para mí un importante paso en el camino del descubrimiento.

Publicado en Partnership, Sept.-Oct. 1984

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