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Moody era un hombre que no sólo cometía errores gramaticales, sino de pronunciación. Alguien, que estaba celoso de su éxito, preguntó a Spurgeon qué pensaba de un hombre que era capaz de pronunciar la palabra "Jerusalén" en dos sílabas. El "príncipe de los predicadores" comprendió a quién se refería y rápidamente repuso: "Que me alegra saber que hay gente con tanta premura para predicar el evangelio que no tenga tiempo de pronunciar todas las sílabas". |