Pecado



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Lista de ilustraciones sobre el Pecado:

  1. ¿QUIÉN MATÓ AL SEÑOR JESUCRISTO?

  2. LA DESESPERACIÓN DEL PECADOR

  3. SE DICE DE LA SERPIENTE

  4. ALUSIONES DEMASIADO PERSONALES

  5. CONFESION

  6. EL CAMELLO QUE ENTRO Y NO QUISO SALIR

  7. NO PODEMOS ESCAPAR DE DIOS

  8. LO QUE CUESTA EL PECADO

  9. UNA MONTAÑA DE PECADOS DESTRUIDA

 

¿QUIÉN MATÓ AL SEÑOR JESUCRISTO?

"¿Quién mató al Señor Jesucristo?", Preguntaba la maestra en la clase de señoras en la pequeña Misión Bautista Rosillo, en San Antonio, Texas.

Fueron tan distintas las respuestas como el número de personas presentes: "Barrabás, porque Cristo murió en su lugar", contestó una. "Pilato", contestó otra. "Los soldados romanos." "El Sanedrín", seguían las respuestas.

"¡No!", Respondió la maestra y, señalando a mi madre, que había quedado viuda a consecuencia de las balas de un asesino, le dijo: "¡Tú mataste a Jesús!"

Me madre fue sorprendida por la declaración, "¡Tú mataste a Jesús!" Vino como un relámpago a su memoria la tragedia de la muerte inesperada de mi padre y se colocaba en la posición de un asesino. Echándose a llorar pensaba: "Yo maté a Jesús."

Esto era cierto, pero aún Cristo la amaba. Por ella había muerto. Pero ese día, el 26 de mayo de 1938, Elisa Alemán viuda de Hernández, con ternura de corazón invitó a Jesucristo a entrar en su vida. Esta era la decisión que cambiaría su vida y la llevaría a través de cuarenta años a una vida victoriosa en Cristo; y todo porque una maestra le dijo: "Tú mataste a Jesús."

Realmente, yo también maté a Jesús, y tú y todos matamos a Jesús.

Rudy Hernández

 

LA DESESPERACIÓN DEL PECADOR

El artista Washington Alson gastó más de doce años intentando pintar la escena de la fiesta de Belsasar, y después dejó el trabajo sin terminar.  Se dice que la dificultad principal que el genio del artista no pudo vencer, fue la desesperación del rey condenado. Muy bien pudo ser así, porque la desesperación de un espíritu perdido, que repentinamente estaba cara a cara con el juicio retributivo de Dios escrito por una mano misteriosa de otro mundo.  ¿Cuál artista puede retratar esto en la expresión de un rostro humano?

 

SE DICE DE LA SERPIENTE

Que su mordedura no es tan mala si hace poco que ha bebido, porque antes de beber se vacía de su veneno.

Sería bueno que arrojásemos toda nuestra malicia antes de elevar nuestras oraciones a Dios, para que él pueda contestarlas, que en ocasiones él no puede hacerlo porque el pecado limita su bondad, quizá este pecado sea el enfado contra alguien a quien no hemos todavía perdonado.

 

ALUSIONES DEMASIADO PERSONALES

El editor de un periódico semanario necesitaba material para llenar unas columnas y, como no tenía otro por el momento, mandó que sin comentario alguno insertaran el Decálogo.  Tres días después el editor recibió una carta de uno de los lectores de dicho seminario, y en ella decía: “Favor de cancelar mi subscripción porque su editorial es demasiado personal en contra mía”.

 

CONFESION

Pequé, Señor, y debo revelarte
Con amargura de alma, mi osadía,
Me abruma mi pecado noche y día,
Y pruebas de pesar quisiera darte.

Ninguna excusa puedo presentarte
Pues por demás tu Ley yo conocía,
Y en lo íntimo del alma bien sabía
Que mi pecar habría de enojarte.

Más, ¡oh, Señor! Mi natural humano
A veces, por el mal, ganado advierto:
Y al espíritu vence la materia.

Que siempre, Padre, sobre mí tu mano,
Al conducirme por camino cierto,
Muéstreme del pecado la miseria.

 

EL CAMELLO QUE ENTRO Y NO QUISO SALIR

Se dice que donde se deja entrar el pecado como suplicante, se queda como tirano.

Una leyenda árabe dice que cierto molinero un día fue sorprendido por un camello que metió la cabeza por la puerta de la tienda en que estaba durmiendo, y que le dijo: “Afuera hace mucho frío, permíteme meter tan sólo las narices”.  El árabe le dio permiso de hacerlo así; pero pronto había metido todo el cuerpo, lo cual no era muy agradable al molinero, quien comenzó a quejarse diciendo que el cuarto era muy chico para los dos.  Entonces el camello respondió “Si tú estás incómodo puedes salirte; yo, por mi parte, voy a quedarme donde estoy”.

Hay pecados, que a manera de ese camello, sólo quieren un lugarcito en el corazón humano, y cuando se les da, se meten y ocupan todo el corazón, después no quieren salir y dicen: “Aquí  nos quedamos, suceda lo que suceda; no saldremos para nada”.

 

NO PODEMOS ESCAPAR DE DIOS

El eminente predicador Enrique Ward Beecher dijo que hay “ciertas dificultades con Dios que nos arrastran; y cesarían si nos pusiéramos en pie y fuéramos a donde Dios quiere que vayamos”. A menudo sucede que un hombre que ha cometido un crimen sube en un tren y  viaja rápidamente para otra parte; pero a pesar de la rapidez con que se aleja del lugar donde cometió el crimen, hay algo que camina más rápidamente, es a saber, el mensaje telegráfico o el de radio, de manera que cuando llega a su destino, es aprehendido instantáneamente por los oficiales que le han estado esperando largo tiempo.  Así Dios con frecuencia sorprende a los pecadores que en vano han tratado de escapar de su conocimiento y retribución.

Hubo cierto hombre que mató brutalmente a un recién casado en la ocasión de su matrimonio, habiendo obtenido admisión hipócritamente a las festividades de las bodas.  El asesino montó a caballo en la obscuridad de la noche y huyó precipitadamente por los bosques y sendas torcidas. Cuando salió el sol al siguiente día, descubrió que estaba saliendo de un matorral que estaba en frente del mismo castillo del cual había huido, y que inconscientemente había dado una vuelta grande por sendas tortuosas. Se horrorizó: fue descubierto y sentenciado a muerte.  Igualmente nos encontraremos cuando pase la noche, siempre en presencia de nuestro pecado y de nuestro Juez, sin valer que hayamos huido muy lejos y muy precipitadamente.

 

LO QUE CUESTA EL PECADO

Dice Henry Ward Beecher: “Había un hombre en el pueblo en que nací, que robaba toda la leña que utilizaba.  En las noches frías, salía de su casa y se llevaba la leña de distintas leñeras de las casas vecinas.  Se hizo un cálculo, y se demostró que el hombre perdía más tiempo y trabajaba más para conseguir de este modo su combustible, que lo que hubiese hecho si hubiera trabajado honestamente. Y este ladrón es una figura de miles de hombres que trabajan mucho más para agradar a Satanás que lo que harían para agradar a Dios.

 

UNA MONTAÑA DE PECADOS DESTRUIDA

El misionero se estaba esforzando en hacer comprender a los míseros nativos de aquella aldea africana, cómo el poder de la sangre de Jesús basta para limpiarnos de todos nuestros pecados, sin adición ninguna de dogmas ni ceremonialismos.

Al fin, una mujer se acercó a él, y con pena le confesó: “Señor; pero mis pecados son tantos como las arenas en la ribera del mar.  ¿Puede Jesús borrarlos todos?”.

El misionero contestó:

“Id pues, a la orilla del agua, y levantad un montón de granitos de arena.  Luego sentaos cerca y esperad.  Veréis lo que sucede”.

La mujer quedó pensando un instante y por fin exclamó:

“¡Ya lo veo! ¡ya lo veo! Como la mar se llevaría todo el montón, así también la sangre de Jesús me lava de todo mi pecado…!”

 

 


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