Publicado El: Mie, jun 15th, 2011

Rindiendo la reputación para ser un siervo de Cristo y Su iglesia

“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Filipenses 2:5)

“Pues bien, nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Corintios 2:16)

“Renovaos en el espíritu de vuestra mente”(Efesios 4:23).

Estas son todas exhortaciones del apóstol Pablo. Él está diciendo al pueblo de Dios: “El sentir que es en Cristo, el mismo pensamiento de Jesús – sea también vuestro sentir. Su sentir es lo único que tenemos que buscar.”

¿Qué significa tener la mente de Cristo? Dicho simplemente, significa pensar y actuar como Jesús hizo. Significa, tal cual Cristo, hacer las decisiones que determinen como vamos a vivir. Significa ordenar todas las facultades de nuestra mente para conducirlas al punto de poder tener el sentir de Cristo.

Cada vez que miramos en el espejo de la Palabra de Dios, debemos preguntarnos: ¿Lo que veo acerca de mí mismo refleja la naturaleza y el pensamiento de Cristo? ¿Estoy cambiando de imagen a imagen, conforme a la semejanza de Jesús, por cada experiencia que Dios trae a mi vida?”

De acuerdo con Pablo, aquí está el sentir de Cristo: “sino que se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo y se hizo semejante a los hombres”(Filipenses 2:7).

Jesús hizo una decisión mientras todavía estaba en el cielo. Él hizo un pacto con el Padre de dejar su gloria celestial y venir a la tierra como un hombre. Él iba a descender al mundo como un humilde siervo. Y él buscaría ministrar en vez de ser ministrado.

Para Cristo, esto quiso decir: “Padre, voy a hacer tu voluntad.” Verdaderamente, Jesús determinó antes de tiempo. “Padre, dejo a un lado mi voluntad para hacer la tuya. Subyugo mi voluntad de modo que pueda ceñirme de la tuya. Todo lo que diga y haga tiene que venir de parte tuya. Renuncio a todo para ser totalmente dependiente de ti.”

A su vez, el Padre acordó el pacto con el Hijo y se compromete en revelarle su voluntad. En esencia, Dios le dijo: “Mi voluntad nunca estará escondida de ti. Siempre sabrás lo que estoy haciendo y como lo estoy haciendo. Tendrás mi mente.”

Ahora, muchas personas que hoy profesan ser seguidores de Jesús nunca han hecho una decisión para vivir como Jesús vivió. En cambio, viven confortablemente con su carne – sus temperamentos, sus caracteres defectuosos, sus pecados secretos. Nunca han deseado cambiar. Dicen, “Esa es mi naturaleza. Es así como soy.”

Pero cuando Pablo valientemente declara, “Tengo la mente de Cristo,” está declarando: “También he desconsiderado mi reputación. Como Jesús, he tomado el papel de un siervo.” Y Pablo sostiene que lo mismo debe ser verdad para cada creyente: “Nosotros (todos) tenemos la mente de Cristo” (1 Corintios 2:16).

¿Cuándo se vació Pablo de su mundana reputación?

Usted puede preguntarse: ¿cuándo y cómo tomo Pablo la posición de un siervo? Este hombre había sido un perseguidor de creyentes, un asesino de corazón. ¿Cómo pudo un hombre semejante llegar a tener la mente de Cristo?

Pablo podía señalar cuándo esto sucedió exactamente. Hechos 9 describe cómo y dónde tomó lugar esta decisión: en Damasco, en la calle llamada Derecha, en la casa de un hombre llamado Judas.

En esos tres días, la mente de Saulo fue renovada. Pasó todo ese tiempo en intensa oración, “contando” o reconsiderando su vida pasada. Y todo lo que vio de ella, ahora lo empezó a despreciar. Ahí fue cuándo Saulo empezó a ser Pablo.

Este hombre había sido muy altivo y orgulloso. Él estaba lleno de celo descontrolado y procuraba la aprobación de otros hombres altivos y religiosos. Pero entonces, él dijo, “Cristo vino y se reveló asimismo en mí, y yo renuncié a mis antiguos caminos. Nunca más tratando de complacer a los hombres, nunca más siguiendo el rumbo y las tendencias religiosas. Ahora comienzo a ser de Cristo”.

“Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por amor a él lo he perdido todo y lo tengo por basura, para ganar a Cristo.” (Filipenses 3:8).

Pablo fue un hombre que podría decir: “Yo, una vez, fui alguien. Todos mis semejantes, incluyendo mis camaradas fariseos, tenían que levantar la cabeza para mirarme. Fui un Fariseo entre Fariseos, subiendo la escala, llegué a ser considerado un hombre santo, un poderoso profesor de la ley. Tuve una reputación en la tierra y ante los ojos de la gente fui intachable.

“Pero, cuando Cristo me aprendió, todas las cosas cambiaron. La lucha, la competencia – cada cosa que pensé que daba significado a mi vida – fue rendida. Me di cuenta que había pasado por alto al Señor completamente.”

Pablo, una vez, pensó que sus ambiciones religiosas – su celo, su espíritu competitivo, sus obras, sus negocios, sus ocupaciones – eran todos rectos y justos. Había pensado que todo era para la gloria de Dios. Ahora Cristo le reveló que todo había sido en la carne, todo para sí mismo.

Por esta razón, Pablo declaró: “He dejado a un lado todos mis anhelos de éxito y reconocimiento. He determinado ser un siervo.” “Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar al mayor número” (1 Corintios 9:19).

Pablo vio que Jesús tomó sobre sí mismo la vida de un siervo. Aquí estuvo el mismo Hijo de Dios, pero, con un corazón de siervo. De la misma manera, Pablo supo que él también había sido un hijo de Dios por el sacrificio de Cristo en la Cruz. Entonces, como Jesús, también deseó ser un hijo con un corazón de siervo. Así, entonces, determinó ser un esclavo para Cristo y su iglesia.

Amados, yo también sé que soy un hijo de Dios. Aún más, como Pablo, también deseo tener un corazón de siervo de Cristo. “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Filipenses 2:5). Tener el sentir o la mente de Cristo significa ir mas allá de la teología. Significa subyugar nuestra propia voluntad para tomar lo que preocupa o concierne a Jesús.

No sé de que otra manera ser vaciado de sí mismo, de ambición y reputación
mundana – de que otra manera ser un siervo de Cristo y su iglesia
– excepto a través de la oración.

El Espíritu Santo vino a un hombre piadoso que vivía en Damasco, llamado Ananías. El Espíritu instruyó a este hombre para que fuera a la casa de Judas en la calle Derecha, imponer sus manos sobre Saulo y restaurar su vista.

Por supuesto, Ananías conocía la reputación de Saulo. Se dio cuenta que ir allí era peligroso. No obstante, así es como el Espíritu Santo recomendó a Saulo a Ananías: “He aquí, él ora”(Hechos 9:11).

En esencia, el Señor estaba diciendo: “Ananías, tú encontrarás a este hombre sobre sus rodillas. Él sabe que tú estás yendo donde él. Él hasta sabe tú nombre y porque estás siendo enviado a él. Él desea que sus ojos sean abiertos.”

¿Cuándo recibió Saulo este conocimiento interno? ¿Cómo recibió él esta visión, esta palabra pura de Dios? Esta vino a través de oración y súplica ferviente. De hecho, yo creo que las palabras del Espíritu a Ananías revelan que el corazón de Dios se movió respecto de Saulo: “He aquí, él ora.”

Saulo había estado encerrado con Dios por tres días, rechazando todo alimento y agua. Todo lo que deseaba era al Señor. Por eso continuó sobre sus rodillas todo el tiempo, orando y buscando a Dios.

Cuando yo estaba creciendo, mi padre predicador me enseñó: “Dios siempre hace camino para un hombre de oración.” Ha habido períodos en mi vida cuando el Señor ha mostrado evidencias indisputables sobre esto.

Fui llamado a predicar a los ocho años de edad, cuando el Espíritu Santo vino sobre mí. Lloré, postrado, orando y clamando, “Lléname, Señor Jesús.” Más tarde, como un adolescente, oré hasta que el Espíritu vino sobre mí, con intensidad divina.

Como un joven pastor en Pennsylvania, me embargó una profunda hambre que me llevó a orar diligentemente. Algo en mi corazón me dijo: “Hay más acerca de servir a Jesús que lo que estás haciendo. O, Señor, no puedo vivir tan debajo de lo que leo en tu Palabra. Prefiero morir que vivir tan egoísta como he vivido.”

Así que pasé meses sobre mis rodillas – gimiendo y orando por horas a la vez – cuando finalmente el Señor me llamó para ir a la ciudad de Nueva York para ministrar a las pandillas y adictos a las drogas. Eso fue hace más de 40 años atrás.

También estuve sobre mis rodillas, hace 18 años, buscando a Dios con lágrimas y fuerte clamor, cuando él me llamó de regreso a Nueva York para empezar una iglesia en Times Square. Una vez más el Señor me dijo, “Yo deseo tu voluntad, David. Quiero que tengas mi sentir, mis intereses.”

Si alguna vez escuche departe de Dios – si tengo alguna revelación de Cristo, alguna medida de la mente de Cristo – esto no viene sólo a través del estudio de la Biblia. Esto viene a través de la oración. Viene de buscar a Dios en la cámara secreta. Si hay alguna medida visible de Cristo en mí, se debe a pasar tiempo con él en el lugar secreto.

Pero, también sé lo que sucedió conmigo cuando estuve
espiritualmente flojo y seco, dejando la oración.

Hay horrorosas y terribles consecuencias por desatender la oración. “¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? (Hebreos 2:3). ¿Cómo podría alguno de nosotros que estamos en Cristo, esperar evitar las consecuencias del descuido de la oración?

Yo sé como es tener la pista de alta velocidad de bendiciones en mi vida lentamente convertirse en camino inexplorado. Sé lo que es tener el pozo de agua viva, ahogado en su principio, y secar cada bendición de mi vida. Eso fue lo que me sucedió durante mis períodos de descuido en la oración.

En esas ocasiones, mi vida de oración solamente consistió en meditación y horas quietas. No tuve fervor eficaz en la oración. ¿Por qué? Los cuidados de la vida me robaron mi tiempo con el Señor.

Entonces, ¿qué me sucedió en esas ocasiones? El servicio se volvió en auto-compasión. El ministerio pareció como una carga, no una bendición. Y miseria sobre miseria desbordó en mi alma.

Batallé con la soledad, la fatiga, incredulidad, con un molestoso sentido de haber logrado muy poco en la vida, hasta pensamientos de desistir del ministerio. Y las bendiciones de Dios fueron entorpecidas: Mis relaciones se agriaron, perdí el discernimiento y las revelaciones frescas de Cristo no vinieron más.

Sin embargo, también conocí la gloria de volver a estar con el Señor en oración. Tan pronto como regresé a mi cuarto de oración, las bendiciones empezaron a fluir otra vez. Tuve gozo y paz, las relaciones fueron sanadas y la Palabra de Dios volvió a tener vida.

“(Uzías) Persistió en buscar a Dios en los días de Zacarías… y en estos días en que buscó al Señor, él le prosperó”(2 Crónicas 26:5). “(El Rey Asa)… hemos buscado al Señor… y él nos ha dado paz por todas partes”(14:7). “Todo Judá… de todo su corazón… y con toda su voluntad lo buscaban. Por eso el Señor se dejó hallar de ellos y les dio paz por todas partes”(15:15).

La escritura establece esto con claridad: los siervos que oran encuentran bendiciones y descanso por todos lados.

Cuando su mente está centrada en agradar a Cristo,
nunca necesitará el aplauso y la aprobación de los hombres.

Si busco satisfacer al hombre, simplemente no puedo ser un siervo de Cristo. Si mi corazón está motivado por la aprobación de otros, si esa es la predisposición, que influencia mi manera de vivir – mis lealtades estarán divididas. Siempre me empeñaré en satisfacer a algún otro más que a Jesús.

Unos pocos años después que el apóstol Pablo se convirtió, fue a la iglesia en Jerusalén para tratar de juntarse con los discípulos de allí. “Pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuera discípulo” (Hechos 9:26).

Los apóstoles conocían la reputación de Pablo como perseguidor. “Pero no me conocían personalmente las iglesias de Judea que están en Cristo, pues solo habían oído decir: Aquel que en otro tiempo nos perseguía, ahora predica la fe que en otro tiempo combatía” (Gálatas 1:22-23).

Bernabé ayudó a los apóstoles a superar el miedo respecto de Pablo y le ofrecieron su fraternidad. Pero Pablo decidió volverse a los gentiles. A la verdad, Pablo es cuidadoso en describir su llamado muy claramente. Señala que este llamado no vino a él “por disposición de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios Padre que lo resucitó de los muertos”(Gálatas 1:1)

Él, entonces, agrega con énfasis: “Pero os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí no es invención humana, pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo… no me apresuré a consultar con carne y sangre”(Gálatas 1:11-12, 16).

Lo que aquí está diciendo Pablo, es aplicable a todos los que desean tener la mente de Cristo: “No tuve que leer libros o seguir métodos de hombre para lograr lo que tengo. Recibí mi ministerio, mi mensaje y mi unción sobre mis rodillas.”

“Yo les digo, estas cosas vinieron mientras estaba encerrado con el Señor, intercediendo y ayunando. Si yo tengo alguna revelación de Cristo, esta viene del Espíritu Santo, quien habita en mí y guía mi vida. No puedo permitirme a mí mismo seguir rumbos, y tendencias de otros”.

De hecho, Pablo señaló que antes que consideró regresar a Jerusalén, “Fui a Arabia”(Gálatas 1:17). En otras palabras está diciendo: “No obtuve mi revelación de Cristo de parte de los santos en Jerusalén. En cambio, fui a Arabia, al desierto, para que Cristo se revelara a mí. Pasé un precioso tiempo allí, siendo vaciado del yo, oyendo y siendo enseñado por el Espíritu Santo.”

Por favor comprenda: Pablo no fue algún orgulloso, arrogante, predicador ‘llanero solitario.’ Ya sabemos que tuvo un corazón de siervo. Se había vaciado de toda ambición personal y había encontrado total satisfacción en Cristo.

Pablo no necesitaría una sola persona para enseñarle como predicar a Cristo, o como ganar pecadores para el evangelio. Ahora, el Espíritu Santo fue su profesor.

Pablo creyó que la mente de Cristo cambia las
inclinaciones de una persona para siempre.

Cuando Cristo se convirtió en su total satisfacción, Pablo situó sus inclinaciones e intereses sobre las cosas celestiales:

“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra, porque habéis muerto y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios”(Colosenses 3:1-3).

Lamentablemente, esta no es la práctica de muchos cristianos hoy. Una vez, un líder de una iglesia me confesó: “Mi padre fue toda su vida, un misionero muy pobre. Cuando se retiró, todavía era pobre. Apenas tuvo suficiente para sobrevivir.

“Yo también fui llamado al ministerio, pero, me dispuse a no ser como mi padre. Yo debería ser un ministro que vivió bien. Prometí hacer dinero e invertirlo, y con constancia construir lo que tendría.”

Este hombre hizo dinero. Pero su motivación estaba equivocada. Confió en su propia habilidad para construir su futuro y cuidar por su familia. Al final, todas sus inversiones fueron equivocadas, y se enredó en una controversia respecto de sus finanzas.

Gracias a Dios, eventualmente regresó a Cristo. Y se arrepintió de haber puesto su mente en las cosas del mundo. Ahora, esta dispuesto a tener la mente de Cristo y las cosas para él están cambiando.

Cuando Pablo escribió este mensaje sobre la mente de Cristo,
primeramente lo envió a la iglesia de Filipo.

Fue a los cristianos Filipenses que Pablo primero presentó la verdad, “Tengan la mente de Cristo en ustedes.” Pablo les escribió este mensaje mientras estaba prisionero en Roma.

Fue de detrás de las rejas que Pablo declaró que tenía la mente de Cristo, poniendo a un lado su reputación para convertirse en siervo de Jesús y su iglesia. Ahora, escribió, “Espero en el Señor Jesús enviaros pronto a Timoteo, para que yo también esté de buen ánimo al tener noticias vuestras”(Filipenses 2:19).

Este es el pensamiento del “sentir de Cristo”. Piense sobre esto: aquí estaba un pastor, sentado en la prisión. Sin embargo, no estaba pensando en su propia comodidad, su propia situación difícil. Estaba preocupado de las condiciones espirituales y físicas de su pueblo. Dijo a sus ovejas, “Mi consuelo vendrá solamente cuando sepa que ustedes están bien, en el espíritu y en el cuerpo. Por lo tanto, envío a Timoteo para que vea esto en mi nombre.”

Entonces, Pablo hace esta alarmante declaración: “porque no tengo a ningún otro que comparta mis sentimientos y que tan sinceramente se interese por vosotros” (Filipenses 2:20). ¡Qué triste declaración! Mientras Pablo escribió esto, la iglesia a su alrededor en Roma estaba creciendo y siendo bendecida. Indudablemente, en esa iglesia había líderes piadosos. No obstante, Pablo dice, “No tengo un hombre que comparta conmigo la mente de Cristo.” ¿Por qué esto era así?

“Pues todos buscan sus propios intereses y no los de Cristo Jesús”(2:21). Evidentemente, no había líderes en Roma con un corazón de siervo – ninguno que pusiera a un lado su reputación y empezara una vida de sacrificio. En cambio, cada cual perseguía sus propios intereses. Ninguno tuvo el sentir de Cristo. Pablo no pudo confiar en ninguno para que fuera a Filipo y fuera un verdadero siervo a ese cuerpo de creyentes.

Las palabras de Pablo aquí no pueden ser suavizadas: “Cada cual se interesa por si mismo. Estos ministros buscan solamente beneficiarse a sí mismos. Esa es la razón por la cual no hay nadie aquí en quien pueda confiar para que naturalmente cuide por vuestras necesidades y dolores, excepto en Timoteo.”

De la misma manera miramos hoy alrededor de la iglesia, vemos que la misma cosa está sucediendo en muchas congregaciones. Ministros y feligreses por igual, van detrás de las cosas del mundo: dinero, reputación, materialismo, éxito. Ellos son llamados para servir a la iglesia de Jesucristo, pero, no conocen la mente o el sentir de Cristo. Y la mente de Jesús es una de sacrificio, amor y preocupación por los demás. En las palabras de Pablo: “Cada cual busca sus propias prioridades.”

Miro un mundo que ya esta girando al caos.

Vivimos en un tiempo cuando hay una amenaza mundial de ataque nuclear o explosión química. Los corazones de millones de personas están fallándoles a causa del miedo. Y la iglesia de Jesucristo es desafiada como nunca antes en la historia.

Mientras inspecciono todo esto, pregunto: “¿Dónde está la voz de autoridad en Cristo? ¿Dónde están los pastores, las congregaciones, los laicos que están pensando como Jesús? ¿Dónde están aquellos que no persiguen sus agendas personales, sino que están buscando la mente de Cristo en estos tiempos?”

Aquellos que están centralizados en mejorarse a sí mismos, se están alejando de la intima comunión con Cristo. Pueden predicar a Cristo, pero, le conocen menos y menos. Y se están abriendo a grandes tentaciones.

Le pregunto: ¿Está su iglesia prosperando, y, sin embargo, nadie parece identificarse con Pablo, poniendo sus afectos en las preocupaciones de Cristo? ¿Y qué de usted? ¿Cuándo ve a alguien que está desempleado, ora por ellos? ¿Busca la manera cómo ayudar y servir?

¿Dónde está el joven Timoteo de hoy? ¿Dónde están los hombres y mujeres jóvenes de Dios que rechazan la sirena que llama al éxito y el reconocimiento – y, en cambio, ponen sus corazones en ferviente oración, trayendo todas las cosas en sus vidas bajo sujeción, para convertirse en verdaderos servidores de Cristo y su iglesia?

Nuestra oración debería ser: “Señor, no deseo estar centralizado solamente en mí mismo en un mundo que está girando fuera de control. No deseo estar preocupado por mi propio futuro. Sé que tú tienes mis pasos en tus manos. Por favor, Señor, dame tu mente, tu sentir, tus preocupaciones. Deseo tener tu corazón de siervo.” Amen.

Por David Wilkerson.
Usado con permiso por World Challenge, P. O. Box 260, Lindale, TX 75771, USA.

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