VALOREMOS LA DISCIPLINA DE DIOS (Devocional No. 085)

VALOREMOS LA DISCIPLINA DE DIOS (Devocional No. 085)

VALOREMOS LA DISCIPLINA DE DIOS
(Pastores
Gonzalo y Andrea Sanabria)
Valoremos lo que
Dios nos entrega por su gracia. No debemos negociar el galardón o aquello que
Dios tiene planeado para nosotros. La Biblia expresa: “no
sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida
vendió su primogenitura”, Heb. 12:16. Esaú cambió o negoció el derecho a
la primogenitura por un plato de lentejas (es interesante que Esaú estaba
cansado, pues cuando estamos cansados o fatigados somos vulnerables a la
tentación o ataque del enemigo). Aun en los momentos más críticos, Dios nos
quiere ayudar para que nuestro pie no resbale, pero a veces la soberbia nos
impide recibir su gracia…

VALOREMOS LA DISCIPLINA DE DIOS (Devocional No. 085)
“y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os
dirige, diciendo:
Hijo mío, no menosprecies la
disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; Porque el
Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo”,
Heb. 12:5-6.
La palabra disciplina aquí, viene del gr. Paideia, que significa:
formación dada a un niño, instrucción, entrenamiento, corrección. Respecto a
ésta nos dice la Escritura “No la menosprecies, ni desmayes ante ella”, debemos
entonces darle el valor que corresponde, pues (según Heb. 12:10-11), ella
produce o genera:
1.  
Santidad
(también significa: pureza moral),

2.  
Fruto
apacible (utilidad o provecho libre de preocupación, pacífico),

3.  
Justicia
(rectitud, integridad),

4. Una
formación o entrenamiento único, (“A los que en ella han sido ejercitados” ¿Qué
significa ejercitados? Del griego
gumnazo, significa primeramente “ejercitarse ligero de ropas”, término para
práctica de la gimnasia griega. Esto indica: sin cosas que nos estorben o
detrás de las cuales nos podamos esconder; así pues la disciplina del Señor nos
conduce a la pureza y transparencia).

5.  
El término
disciplina da origen al término discípulo; entonces la disciplina es una faceta
del discipulado en Cristo (recordemos que su objetivo es formar, no destruir,
por eso la Biblia nos dice que “la autoridad no es para destrucción, sino para
edificación”). Tengamos presente que “Dios es el alfarero, y nosotros barro en sus manos”.
                
Dios
nos llama a ser esforzados e íntegros. El texto bíblico nos dice: “Por lo cual,
levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas”, Heb. 12:12. La figura de
“las manos caídas” nos habla de lentitud, estancamiento, debilitamiento, y las
“rodillas paralizadas” nos hacen pensar en un caminar que apenas se puede
mover, es interesante que las manos no se pueden levantar para adorar, y las
rodillas no se pueden doblar para orar (es figura del decaimiento de la vida
espiritual).

El
autor también nos dice: “seguid la paz, y la santidad, sin la cual nadie verá
al Señor”, nos habla de paz y santidad. Los buenos atletas no sólo llegan a la
meta, sino que lo hacen de la manera correcta, y en los momentos más difíciles
de la carrera, no renuncian sino que se esfuerzan y continúan hasta llegar.
Recuerda Dios es nuestra fuerza, y Jesucristo nuestra inspiración. Cuidemos
nuestra “seguridad emocional (corazón) en el Señor”
         
Esaú
menospreció la herencia principal y el ejercicio sacerdotal de la familia. Ten
presente que nada de lo que el mundo te ofrece, es comparable con la gloria
venidera. Nada de lo que el mundo te ofrece, es comparable con aquello que
Cristo ha diseñado para ti.

Reflexión final: No desmayes en el entrenamiento divino, no renuncies en el camino,
Jesús te espera en la meta con los brazos abiertos (por eso dice “puestos los
ojos en Jesús”) y miles y miles de testigos del A.T. te miran correr (por eso
dice: “teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos), y todos por
estar allí, con su presencia, nos dicen: adelante, tu puedes, no te desanimes,
Dios nos ayudó y aquí estamos, tú también puedes conquistar lo que Dios planeó
para ti
Te invitamos a leer:
1.  
LA ARMADURA DE DIOS 
2.  
CRUCIFIXIÓN Y MUERTE DE JESÚS  
3.   LA TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS        
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