“Corremos el peligro de tener una teología del consumo, que evita el dolor”

Desde Brasil a Túnez. Y también a Europa. Y Asia. Marruecos, Uganda, Alemania. El pasaporte de Zaza Lima tiene muchas estampas pero su memoria guarda recuerdos todavía más bonitos de escuchar. Psicóloga clínica, teóloga y directora internacional del ministerio PMI Internacional, que trabaja con musulmanes, esta trotamundos ha pasado 17 años en el norte de África, donde, en parte, se ha encontrado con personas en situaciones vulnerables, distanciadas de sus hogares y con necesidad de refugio. “Túnez manifestó una solidaridad enorme después de su última revolución”, dice en referencia a la Primavera Árabe que vivió el país en 2011. 

Aunque se confiesa asustada por el viraje que han tomado algunos países de Europa respecto a la acogida y la gestión de sus fronteras, considera que todavía quedan oportunidades para invertir la dirección. “Hay que tener una voz profética y esa voz es de resistencia”, asegura. 

Una resistencia que, para ella, pasa también por la teología que se estudia y se practica. “Quizás tengamos mucho que aprender de una teología en la que la iglesia no se victimiza en su sufrimiento pero que lo acoge como parte de su naturaleza”, remarca.

Pregunta: En los últimos años se ha hablado mucho y de diferentes maneras sobre refugiados y movimientos migratorios. ¿Dónde estamos ahora?

Respuesta: A pesar de que todas las culturas se han formado a través de la inmigración, y es algo que no podemos olvidar, hoy hay una polarización muy grande. Hay un rechazo muy grande a los que es diferente, a lo distinto. Eso es bastante doloroso. Hay mucho temor, mucho miedo entre las culturas, y hay una política de rechazo a los inmigrantes y refugiados. Incluso hay muchos prejuicios solamente en el lenguaje. A muchos que salen de sus países los llamamos ‘expatriados’, mientras que a otros ‘refugiados’. El ser refugiado no es una identidad de la persona sino un momento que está viviendo. Es una persona en una situación de necesidad derefugio. Hay que definir a la personaa partir de su identidad de persona, y no otorgarle temporalidad. A partir de su humanidad. Eso es lo que compartimos, humanidad.

La crisis que vivimos hoy no es una crisis allí o aquí, sino que es de la humanidad y debemos enfrentarla a partir de nuestra humanidad compartida. A partir de nuestra dignidad compartida. Y, hablo como discípula de Cristo, a partir de la convicción de que todos llevamos el imago Dei, la imagen de Dios en nuestra identidad. 

Creo que a nivel de Europa, y también de España, podríamos haber avanzado más en nuestra manera de acoger, de recibir a personas que hoy viven un momento histórico muy difícil y muy complejo. Muchos europeos salieron hace más de 500 años a otros lugares para construir civilizaciones, muchas a precio de sangre, y esto debería llevarnos a reflexionar con un poco más de humildad. Hemos tenido algunas actitudes a nivel gubernamental y también comunitario que son de acoger y de participar en lo que está pasando en el mundo, sus guerras y sus genocidios. Pero muchas veces nos silenciamos ante tanto dolor, a pesar de que hay esperanza. Damos pasos para adelantey luego retrocedemos. Teníamos a una Italia que acogía y ponía en marcha proyectos pilotos, y de pronto pasa a una actitud agresiva, cerrando fronteras. Hacen falta humildad y sensibilidad por parte de las fuerzas gubernamentales y políticas, pero también civiles, de Europa, ante la realidad de las naciones que hoy están sufriendo. 

P: Sigo el ejemplo de Italia. ¿Cómo afecta que el gobierno decida denegar el permiso a una ong para desembarcar a cientos de personas que han sido rescatadas?

R: Nosotros nos encontramos con personas sufriendo una realidad dolorosa. Eso nos afecta. No planteamos que no haya que ordenar bien las recepciones, y que se sea ingenuo a la hora de acoger a las personas, pensando que algo así no tiene complejidad, porque es un tema complejo. No queremos convertirlo en algo sencillo. Pero creo que hay formas de acoger a las personas sin cerrar los puertos. Como organización, primero somos afectados en nuestra identidad, porque tenemos una identidad a imagen de Dios compartida con cada persona, que debe ser respetada, protegida y amada. Su dignidad necesita ser reafirmada. Por lo tanto, a partir de nuestra identidad, de nuestros valores, ya somos afectados. De forma más práctica, también somos afectados porque las personas que encontramos en este caminar están sufriendo. Nos cuentan sus historias y también escuchan las nuestras. No hablo de una mirada asistencialista, sino dignificadora. Y nos afecta en el sentido de pensar que se ha avanzado tanto en derechos humanos, en algunas libertades civiles, en algunas leyes, pero constantemente nos confrontamos con realidades de crueldad, de una pretensión humana muy grande. Nos afecta porque son amigos, personas a las que apreciamos. Hay muchos mitos que necesitan ser deconstruídos. Hay que tener una mirada más humana, más digna. 

Para Lima, la situación de rechazo hacia la inmigración viene dada, en parte, por el miedo a lo desconocido. / Jonatán Soriano

P: ¿Ycómo resolvemos todo eso?

R: No tengo respuestas pero sé que la respuesta no es el rechazo. Muchas personas vienen de otros países con oficios aprendidos y hay que saber incluirlas. Crear espacios no sólo para un acogida asistencialista, sino para que desarrollen sus dones y aporten sus contribuciones. También está el hecho de involucrarse en la reconstrucción de los países de origen, por ejemplo Siria. Hay que recordar que muchas personas dejan su casa a la fuerza. 

Todo lo que tenemos, como naciones y países, es fruto del amor y la generosidad de Dios y, por tanto, hay que saber compartir. Creo que la riqueza de una nación es saber compartir, su diversidad, y hay que encontrar caminos para lograr esa belleza de la diversidad y al mismo tiempo trabajar los miedos que hay. 

P: ¿Pero no te queda una sensación de impotencia sabiendo que existen factores externos?

R: Sí, esa sensación existe. Pero hay que tener una voz profética, y esa voz es de resistencia. En la Biblia las voces proféticas suelen surgir de la marginación. Es curioso ver cómo el espíritu de Dios sale del templo y va a los cautivos, a los refugiados. Esa voz profética necesita ser escuchada, incluso cuando es tan débil como en tantas ocasiones pasa. Además hay que poner todo eso sobre la perspectiva de la soberanía de Dios. Un Dios que ama a los refugiados y a los inmigrantes. La trayectoria bíblica nos muestra a un Dios de compasión que siempre está invitándonos a amar al extranjero que está entre nosotros. 

La visión de Lima para aportar soluciones a la situación migratoria también incluye una iglesia activa en cuanto a la acogida. / Jonatán Soriano

Identificados con Jesús, que resistió hasta el fin, somos invitados también a la resistencia. Una resistencia pacífica, pero que no se deja vencer por las circunstancias, y al mismo tiempo una esperanza, porque hay mucha gente que quiere hacer lo mejor. Un remanente que encarna a esa voz profética y que tiene que seguir haciendo ruido, a pesar de todo. 

P: Has trabajado con muchas personas de diferentes países, pero a los humanos nos suele gustar el tópico. ¿Cómo podemos evitar generalizaciones?

R: Recuerdo que Túnez manifestó una solidaridad enorme después de su última revolución, en 2011, acogiendo a mucha gente que llegaba de Libia,que estaba en guerra.Yo estaba en el sur del país y cada día llegaba una fila de 15.000 personas. Se preparaba comida y té y se compartían. Allí no había ‘ellos’ y ‘nosotros’, sino nuestra humanidad. Cada uno con sus historias y dilemas. Y se compartía todo, entendiendo que la gente estaba saliendo por una circunstancia y que eran, por encima de refugiados, personas con una dignidad y un valor. Por eso, creo que hay que cambiar esta mirada y caminar hacia el encuentro. Hay que hacer ese encuentro para no poner a todas las personas en una caja pequeña y darles la oportunidad de salir de ahí y mostrar una belleza, una humanidad tan grande. La pregunta que más surge es quiénes son ellos, pero quizás debería ser quiénes somos nosotros. O qué hacemos. Qué respuestas buscamos, qué valores expresamos. Esto es lo que hablará sobre nosotros y nuestra disposición de identificarnos con Jesús en muerte y resurrección.

He aprendido mucho de personas en situación de refugio. He visto una gran capacidad de perdonar por parte de personas que han perdido a sus familias y sus pertenencias, hablando de construir una realidad diferente. Por eso creo que hay que abrir las fronteras y descubrir formas más dignas de acoger a las personas para cambiar esta realidad. 

Nuestra teología, dice Lima, debe tener en cuenta el sufrimiento y no rechazarlo. / Jonatán Soriano

P: ¿Por qué piensas que no toda la iglesia lo ve de la misma manera?

R: Por nuestra teología, en parte. Tenemos una teología proteccionsita, de mantenimiento, en la que creo que hace más falta leer el evangelio e identificarnos con Jesús. La iglesia de Cristo no es hacia dentro, sino hacia fuera. La visión que se ha creado de ser iglesia hacia dentro nos ha traído la perspectiva de cerrarnos, de cuidarnos, de protegernos, cuando en realidad Jesús nos llama para salir, mirar las estrellas, bendecir naciones. Es el llamado a Abraham. Es el llamado a mirar las estrellas, y aquí no se ven mejor que en los campos de refugiados. Es más, el cielo es más claro allí. 

Jesús siempre nos ha invitado a correr riesgos pero nostros hoy pensamos en protegernos y guardar las fronteras. Nuestras comunidades deben ser transformadoras, que se involucran, que abrazan, que acogen. Iglesias que son comunidades terapéuticas, de sanidad y celebración. En este sentido, nuestra teología no nos ha hecho bien en muchas ocasiones. Debemos mirar a Cristo y no conformarnos con una teología que nos pone en un lugar, protegidos, como una institución vacía de vida y de amor. Es un llamado a revisitar el evangelio y mirarlo desde la perspectiva de Jesús. 

Nuestra forma de leer la Biblia necesita ser desafiada, retada, con humildad en nuestros espacios de encuentro. El evangelio siempre nos invita a dar un paso más hacia la cruz y no hacia nuestra zona de confort. Tenemos que revisar esa perspectiva. 

P: Nunca antes me habían hablado de una dimensión teológica en la crisis migratoria. 

R: Corremos el peligro de tener una teología del consumo, que evita el dolor. Quizás tengamos mucho que aprender de una teología en la que la iglesia no se victimiza en su sufrimiento pero que lo acoge como parte de su naturaleza. El sufrimiento es parte del camino hacia la cruz. Jesús nos ha llamado a ser parte de su sufrimiento. Hay que empezar con esa voz profética, aquí y allí, una reflexión más profunda. Tenemos la pretensión de querer proteger a Dios, cuando no lo necesita porque él mismo se expuso hasta la muerte.