Mukwege, el Nobel que sirve a Dios ayudando a víctimas de violación

El premio Nobel de la Paz para Denis Mukwege ha sido celebrado como el reconocimiento a un hombre volcado en la construcción de un mundo mejor a través del ejercicio de su profesión en un contexto de extrema necesidad, como es el Congo.

Sin embargo, no muchos han narrado la importancia de la fe cristiana para este médico que se ha especializado en la atención a víctimas de violación y se ha convertido en un destacado activista en contra del “uso de la violencia sexual como arma de guerra en conflictos armados”, tal como expresó la academia noruega que concede el galardón.

El Hospital de Panzi, fundado por Mukwege en Congo donde se da atención a cientos de víctimas de violación, es administrado por la Communauté des Eglises de Pentecôte en Afrique Centrale (CEPAC), la Iglesia Pentecostal nacional.

“En una región desgarrada por la guerra y por años de violencia sexual horrible, este hombre cuida a miles de mujeres, muchas de las cuales han sido víctimas de violaciones brutales de pandillas”, afirma en un artículo Daniel Bourdanné, secretario general de IFES (Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos, GBU en España). “Su experiencia médica está salvando vidas y él es un audaz defensor de la igualdad de género en el país”, añade.

SIRVIENDO AL PRÓJIMO EN SU NECESIDAD

Mukwege se crió, de hecho, en el seno de una familia cristiana pentecostal. Él mismo contó qué le lleva a actuar de esta forma en una conferencia que dictó en la 12ª Asamblea de la Federación Luterana Mundial (FLM) llevada a cabo en 2017, celebrándose los 500 años de la Reforma Protestante.

El luterano Patrick Bornhardt Daube resumen algunos de los puntos compartidos por Mukwege, comenzando por su historia personal. “La historia de mi compromiso con las personas sin voz tiene su origen en mi historia familiar; hijo de pastor, acompañaba a mi padre en sus visitas a personas enfermas y un día, le pregunté: “Papá, tu oras por los enfermos, ¿pero por qué no das medicamentos?” Mi padre me respondió: “Yo no soy médico.” Aquel día nació mi vocación”.

Mukwege estudió en varios países, entre ellos en Burundi, donde formó parte de los grupos de estudio bíblico de IFES (GBU). Su formación en medicina se desarrolló principalmente en Francia. Poco después de regresar al Congo, cuenta, “en 1996 estalló la guerra. Esa primera guerra generó una nueva patología en la República democrática del Congo: la violación con una violencia extrema”.

EL IMPACTO DE UNA GUERRA SALVAJE

El médico cuenta el impacto que le produjo atender a la primera víctima. “Tenía sus genitales totalmente destrozada porque le habían disparado a quemarropa a la altura del aparato genital. Ese hecho que en un principio se había considerado el acto de un loco aislado, algunos meses después se revelaría como violaciones planificadas y sistemáticas: mujeres de pueblos enteros son violadas en una sola noche, jefes tribales y eclesiásticos son violados en público, personas mayores y bebés son violados”.

Para Mukwege esta estrategia de “violaciones planificadas y sistemáticas” son un arma de guerra que tiene como objetivo “humillar al adversario, destruir el tejido social, ocupar territorios abandonados y librarse a la explotación de materias primas, en particular, el coltán”.

LLAMADO A SERVIR A LOS MÁS DÉBILES

A pesar de que sobre su vida hay amenazas de muerte, Mukwege ha seguido adelante con su labor y denuncia. “La iglesia de hoy y de mañana tiene ante sí numerosos desafíos, ya sea el climático o los relativos al terrorismo, las personas migrantes, refugiadas, heridas de guerra y víctimas de la violencia sexual y los poderes corruptos que, sobre todo en África, crean y destruyen constituciones a su antojo para preservar sus intereses en detrimento de la población. Si somos de Cristo, no tenemos más alternativa que ponernos del lado de las personas débiles, heridas y refugiadas, así como de las mujeres discriminadas”, afirmó el médico.

Las convicciones de Mukwege son firmes: “si somos de Cristo, debemos hablar, debemos denunciar el mal. Dios otorgó a la iglesia el don de la palabra para que sea la voz de las personas sin voz a fin de liberar a los cautivos y esperar siempre el advenimiento del Reino de Dios”.

El médico sabe que este camino puede llevar a encontrar “adversidad, oposiciones y persecuciones”, sin embargo la respuesta es perseverar. “No retrocedamos, continuemos nuestro combate por la libertad de los cautivos teniendo presente las promesas del Reino y haciendo nuestras estas palabras del himno de Lutero: Nos pueden despojar / De bienes, nombre, hogar, / El cuerpo destruir, / Mas siempre ha de existir / De Dios el Reino eterno.”

OTROS CRISTIANOS PREMIADOS

Además del Premio Nobel de la Paz, Denis Mukwege ha sido anteriormente galardonado con el premio Sajárov que concede el Parlamento Europeo, en 2014. “Es un modelo para mí de participación cristiana en la sociedad. De forma desinteresada trae el carácter de Dios a estas personas quebrantadas”, expresa Daniel Bourdanné.

Denis Mukwege se une ahora a la insigne lista de premiados con el Nobel de la Paz, que ha recaído en muchas ocasiones en personas de fe cristiana: Jean Henri Dunant (1901), fundador de Cruz Roja, el misionero luterano Albert Schweitzer (1952), el líder por los derechos civiles Martin Luther King (1964) el arzobispo anglicano Desmond Tutu (1984) o el pastor bautista Jimmy Carter (2002) han recibido este reconocimiento.

Para conocer más sobre la labor de Mukwege, recomendamos la lectura de este amplio artículo en la Revista 5W.