Y el abuso sexual se hizo realidad

En la serie de Paolo Sorrentino The Young Pope, un joven y ficticio Pío XIII juzga al viejo cardenal cardenal Kurtwell, acusado de abuso sexual a menores en Estados Unidos, y lo castiga enviándolo a dirigir a una pequeña parroquia en un pueblo de Alaska. El planteamiento de la producción audiovisual es el de una investigación informativa por parte del Vaticano a dicho cardenal que no sobrepasa el nivel de una confrontación de intereses, aunque al final deja entrever la cuestión de la justicia “divina”. Ni un reflexión seria en todo el guión hacia esta realidad que el mismo creador de la serie escoge. 

Lejos de buscar similitudes entre ficción y realidad, este mes de agosto el gran jurado de Pensilvania ha publicado un informe identificando a más de 1.000 menores víctimas de abusos sexuales por parte de 300 sacerdotes durante las últimas siete décadas. El caso ha supuesto un golpe fatal para el papado de Francisco, puesto que apenas habían pasado unos meses después de que se destapase la realidad del abuso sexual en Chile, con más de 140 casos abiertos. “Reconozco que he incurrido en graves equivocaciones de valoración y de percepción de la situación, especialmente por la falta de información veraz y equilibrada”, puede leerse en la carta que Francisco envió a los obispos chilenos en abril, después de defender primero al obispo acusado Juan Barrios Madrid, y de rechazarlo después.

“En las personas que van a ocupar un puesto de responsabilidad a la hora de asesorar o manejar situaciones como esta, es fundamental, primero, la formación”, dice la psicóloga Silvia Villares

EDUCACIÓN Y PREVENCIÓN

“Si en el pasado la omisión pudo convertirse en una forma de respuesta, hoy queremos que la solidaridad, entendida en su sentido más hondo y desafiante, se convierta en nuestro modo de hacer la historia presente y futura, en un ámbito donde los conflictos, las tensiones y especialmente las víctimas de todo tipo de abuso puedan encontrar una mano tendida que las proteja y rescate de su dolor”, declara Francisco en una carta enviada a los más de 1.200 millones de católicos en el mundo después de conocer el informe de Pensilvania. “Pidamos perdón por los pecados propios y ajenos. La conciencia de pecado nos ayuda a reconocer los errores, los delitos y las heridas generadas en el pasado y nos permite abrirnos y comprometernos más con el presente en un camino de renovada conversión. Que el ayuno y la oración despierten nuestros oídos ante el dolor silenciado en niños, jóvenes y minusválidos”, añade unas líneas más abajo. 

Desde una mirada de profesional de la psicología y especializada en eltratamiento de casos de abuso, Villares alerta del riesgo de ‘espiritualizar’ una realidad que también está demandando soluciones prácticas. “Necesitamos asesorar acerca de que aparte de la cobertura espiritual que consideremos, es fundamental el asesoramiento psicológico. Si nuestra visión es que únicamente cabe la parte espiritual, estamos desatendiendo la parte afectiva y la parte emocional a través de un profesional”, explica. 

Francisco, saludando desde su vehículo en un acto. / Mikdev, Pixabay

Para Villares, es clave para afrontar la realidad del abuso a nivel institucional desde el binomio de la educación y la prevención. “Es importante atender a la víctima pero también al agresor con el fin de prevenir futuras agresiones sexuales y también enfocarnos en la prevención temprana de lo que son posibles agresores sexuales. En otros países se tienen programas preventivos en los que cuando una persona siente estos deseos hacia los menores se le da un recurso. No mirar hacia esa dirección implica no estar haciendo lo más adecuado para atajar el abuso sexual infantil”, insiste.

“Nos falta mirar hacia el agresor sexual y, por supuesto hacia la víctima y las familias para ofrecerles todos esos recursos espirituales y psicológicos que necesiten para su restauración y recuperación. Siempre es la cultura preventiva, explicando qué son la pedofilia y la pederastia, reconociendo que hay personas que sienten una atracción hacia los menores y que si esto es así hay que dar recursos para que esas personas puedan hablar de ello y recibir ayuda”, añade. 

¿LA OVEJA NEGRA DE FRANCISCO?

A los recientes destapados casos de Pensilvania y Chile hay que sumarles también el de Australia, que a finales de 2017 veía salir a la luz un estudio de 5 años que determinaba el abuso sexual a menores como “tragedia nacional” con más de 8.000 víctimas abusadas desde la década de 1920, e Irlanda, que ha vuelto emerger en la opinión pública después de la visita de Francisco al país este agosto. 

“Francisco ha estado tratando de lidiar con el problema usando primero la analogía de la ‘oveja negra’. Pero la magnitud y la extensión del problema indicanque no se trata de algo regional ni relacionado con casos individuales, sino que se encuentra dentro dela cultura y las estructuras de la Iglesia Católica. De ahí su reciente carta a sus feligreses pidiendo arrepentimiento. Creo que está abrumado por todo lo que se está descubriendo”, defiende el autor de la plataforma Vatican Files, de análisis del catolicismo desde una perspectiva teológica evangélica, Leonardo de Chirico

La realidad del abuso sexual ha recrudecido la dimensión política del Vaticano, después de que el arzobispo y ex-embajador del Estado católico en Estados Unidos, Carlo Maria Viganò, pidiese la renuncia de Francisco que había reconocido estar al corriente de los abusos del cardenal Theodore McCarrick desde 2013, el año que accedió al cargo. La carta donde Viganò pedía la dimisión del pontífice fue publicada el 26 de agosto, coincidiendo con la visita a Irlanda de Francisco, que ha descartado hablar sobre la publicación. Un movimiento que, sin embargo, ha puesto de manifiesto a amplios sectores de la Iglesia Católica que buscan la caída del pontífice. 

El Papa rodeado de personas durante una ceremonia. / Kai Pilger, Unsplash

“Hay varios aspectos a tener en cuenta. Cuando la mitad de los sacerdotes son sexualmente activos, y esto es una realidad reportada en muchos libros, existe un problema estructural. ¿Cambiará la Iglesia Romana su convicción sobre el celibato con respecto al sacerdocio? ¿Cómo lidiará con sus sacerdotes homosexuales? ¿Utilizarán su estructura jerárquica para defender a la verdad y a las víctimas, o para autodefenderse? ¿Roma cambiará sus estructuras jerárquicas de arriba hacia abajo que crean esa dependencia y generan una cultura de control?”, pregunta de Chirico.

Otros analistas expertos en el Vaticano apuntan a un choque de trenes entre Francisco, como representante del ala reformista, y sectores ultraconservadores. La cuestión es qué reformas ha realizado el pontífice que hayan alimentado la oposición hacia su administración. “Francisco habla del abuso tal y como lo hacía Benedicto XVI, con la diferencia que el actual papa todavía tiene que demostrar lo que dice sobre esta cuestión. Su papado comenzó hablando de ‘reformas’, pero no se ha llevado ninguna a cabo en todos los niveles. Quiere que la iglesia mire hacia afuera en la misión, pero el escándalo del abuso sexual que ha estallado en todas partes muestra que la Iglesia Romana necesita serias reformas internas. Por encima de todo, es el evangelio lo que está en juego. Este escándalo contribuirá a una pérdida de credibilidad de las instituciones cristianas. Sería una gran pérdida si la gente confunde lasinstituciones eclesiales con el evangelio”, lamenta de Chirico. 

EL ABUSO, UNA REALIDAD QUE NECESITA SER TRATADA

La evolución del abuso de hecho percibido como caso aislado a problema endémico obliga a tomar una conciencia práctica. Francisco ha llamado al arrepentimiento, pero la perspectiva psicológica de la situación apunta a la visibilización de esta realidad. “Muchas veces, en los contextos cristianos, en la iglesia, se tiende a tapar. Hay miedo, hay vergüenza, hay inseguridad. Y, sobre todo, por falta de conocimiento en este sentido y la carencia de saber gestionar”, explica Villares. “Es un terreno desconocido. Si no se tiene experiencia en cómo abordar todo esto casi que la tendencia es a silenciarlo. Y esto generará un sentimiento de indefensión hacia la víctima y la familia. Como iglesia tenemos una responsabilidad social. Y si no manejamos bien esta situación, esto podría dar lugar a un impacto muy negativo donde saltaran todas las alarmas y esto generase un alarmismo y opiniones negativas”, remarca.

“En Chile, Francisco defendió al obispo Juan Barrios Madrid y después admitió su error respecto a él. En Australia ha permitido al cardenal Pell regresar al país sin defenderlo ni tomar acciones contra él. En Estados Unidos ha eliminado a McCarrick del cardinalato. En Irlanda, ha ido a Dublin para una conferencia internacional sobre la familia. Francisco está intentando reconstruir la credibilidad de su iglesia pero el problema es mucho mayor”, dice de Chirico.