Dios nos Levanta de los Fracasos, pero no de las Excusas

Las excusas son terribles, ya que nos llevan a negar y justificar nuestra conducta negligente. ¿Cuántas excusas tenemos para compartir la Palabra, para servir al Señor, para terminar lo que un día iniciaste? A veces, incluso disfrazamos nuestras excusas como razones espirituales, pero si Dios te ha enviado a hacer algo, no habrá razón válida, solo el deseo de obedecerle. Para eso no habrá tropiezo.

La primera excusa que debemos hacer a un lado es quiénes somos y de dónde venimos. Excusarse no es de alguien que ha crecido espiritualmente. Gedeón es un claro ejemplo de alguien que buscó excusas en su condición de pobreza y en su posición como menor de la familia.

Claro que estaba en una situación de desventaja, pero Dios le dio confianza, porque si lo estaba escogiendo era porque sabía que era capaz y lo respaldaría, por sobre sus circunstancias.