El pozo y los camellos

Leonel_195619:43

En las ciudades de los hombres hay fuentes que largan su chorro día y noche. Su misión no es la de abrevar a los hombres de la ciudad. Más bien Llevaban a la guillotina a un predicador, a un borracho y a un ingeniero.


Le preguntaron al
predicador si quería estar boca arriba o boca abajo cuando le llegara la
hora final. El predicador
contestó que quería estar boca arriba, para estar mirando al cielo al
morir. Levantaron la hoja de la
guillotina y la dejaron caer. La hoja cayó velozmente y de repente se
detuvo, a unos cuantos
centímetros de su cuello. Las autoridades consideraron esto como una
intervención Divina y
liberaron al predicador.

Luego, llegó el turno del borracho, quien también decidió morir mirando al
cielo, esperando tener la
misma suerte del predicador. La cuchilla fue levantada nuevamente, y
soltada. Cayó velozmente y
de pronto se detuvo apenas a centímetros del cuello del borracho, por lo
que también fue puesto en
libertad. Seguía el ingeniero, quien también optó por morir boca arriba.
Levantaron lentamente la
hoja de la guillotina, cuando de repente el ingeniero, viendo un desperfecto en el mecanismo de la guillotina, dijo: “Hey, ya sé
porqué no cae la hoja de la
guillotina…”
Los verdugos, arreglaron el mecanismo, y el ingeniero fue puesto nuevamente en la guillotina, y esta vez, funcionó perfectamente.

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Aun cuando podamos estar ansiosos de compartir con otros lo mucho que
sabemos, ¡a veces es
mejor no decirlo! A veces nos metemos en problemas por decir algo que
debimos callar.