La Zarza Ardiente de Moises que no se Consumia

El Antiguo Testamento es un libro lleno de historias extraordinarias, milagros que para algunos resultan inverosímiles, hechos que han desafiado las mentes más críticas y acontecimientos que han puesto a investigar a la ciencia para ver si la Biblia tiene razón. Y entre esas cosas curiosas, ¿había pensado que un arbusto podría estar ardiendo en llama pero nunca consumirse? Lo que sabemos de los voraces incendios es que el fuego consume todo rápidamente, quedando solo un montón de cenizas.

Es probable que Moisés estaba acostumbrado a ver como el fuego consumía los arbustos en el desierto, pero para su sorpresa observa un zarza en llamas, y mientras espera que sus ramas se desgarren, el árbol sigue allí de pie. El tiempo pasa y sigue observando que el árbol no se consume. Entonces, y frente a lo que considera un fenómeno extraño, decide ir a ver “porque causa la zarza no se quema”. Esa acontecimiento lo usará Dios para llamar a su siervo.

De allí Dios lo ordenará para que fuera el hombre que conduciría a su pueblo a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Fue allí donde Dios se le manifestó de esta manera como el Hijo de Dios en la persona del Ángel de Jehová. Es allí donde él escuchó decir que se quitara el calzado de su pie porque el lugar donde estaba era tierra santa.

Pero, ¿qué había detrás de este fenómeno? ¿Qué figura estaba escondida detrás de aquel arbusto que ardía sin consumirse? Bueno de eso se trata nuestro mensaje hoy. El árbol sin consumirse es el tipo, ¿cuál es el antitipo?

I. LA ZARZA SIN CONSUMIRSE TIPIFICA A LA IGLESIA CON EL SEÑOR EN MEDIO DE ELLA

1. La iglesia en el “monte de Dios” v. 1. La figura de este texto es muy hermosísima. Moisés ahora es un hombre casado y empleado de su suegro Jetro. Aquel que pudo ser príncipe del gran imperio egipcio ahora aparece como el humilde pastor de las ovejas en las regiones del Sinaí. Esta palabra confirma lo que el escritor a los Hebreos 11:25, 26 dijo del él, que Moisés prefirió escoger los vitorios de Cristo en lugar de gozar de los deleites temporales del pecado. Y lo significativo de este pasaje es que Moisés está en el “monte de Dios”.

Ese monte es Horeb que también es el monte del Sinaí. ¿Y qué iba a pasar allí? Pues ese sería el lugar donde más adelante Dios le daría al mismo Moisés las tablas de la ley y donde Dios manifestaría su aterradora gloria en medio del fuego. El hecho de mencionar a Horeb como el monte de Dios es porque él está allí en medio de él. Esto no es una casualidad. Un día la gloria de Dios se manifestaría en el tabernáculo, después en el templo y por último en la iglesia del Señor. Un día Jesús vino en carne y desde entonces esa gloria se ha visto en la iglesia. Se espera que Jesús esté en la iglesia.

2. El Señor en medio del fuego v. 2. Ahora vea esto. Moisés se acerca al arbusto que también está cubierto en fuego, y no se consume. Pero para su mayor sorpresa dentro del árbol encendido surge una voz que tuvo que dejarlo más aterrado. Moisés ni había visto ni había escuchado antes la voz de Dios como sus antepasados.

Ahora Moisés oye una voz apacible de en medio de la zarza. Las voces que surgen del fuego son de terror. ¿Pero quién es el que habla allí? Se dio cuenta que es el Ángel de Jehová. Y por todos es sabido que el Ángel de Jehová es la presencia del Cristo preencarnado. Es lo que se conoce como la teofanía. La presencia del Señor en medio del árbol que no se quema es tipo de la presencia de Cristo en medio de su iglesia.

Esta figura es extraordinaria pues nos hace ver no solo la gloria de Dios manifestada en el fuego, pero también al Señor en medio de ella con lo que manifiesta su promesa de estar con la iglesia hasta su venida. Juan capturó mejor esta figura cuando vio al Hijo del Hombre en medio de siete candeleros, símbolos de la iglesia, caminando entre ellos (Apc. 1:20). Jesús está en medio de su iglesia.