Nuestro Asombroso Dios

INTRODUCCIÓN: Los teólogos han tratado de definir a Dios como: Soberano, Todopoderoso, Omnipotente, Omnisciente, Omnipresente, Eterno Infinito, e Inmortal, por mencionar algunos atributos. Pero, ¿podrá haber una lista concluyente de sus atributos que lo defina? Porque Él es Dios, no hay palabras o pensamientos de los hombres y mujeres que puedan explicar su infinitud. Él es mucho más grande de lo que imaginamos, pues su presencia llena el universo. Él es más poderoso de lo que sabemos, más sabio que la sabiduría de todos los hombres puestos juntos. Su amor está más allá de la comprensión humana, su gracia no tiene límites, su santidad es inigualable y sus caminos son inescrutables.

Después de todo, Él es el único Dios verdadero. Él no tiene principio ni fin. Él creó todas las cosas y todas las cosas existen por su divino poder. Él no tiene compañeros que le den consejos. Nadie puede entenderlo completamente. Él es perfecto en todas sus perfecciones. El teólogo Anselmo dijo que Dios es “aquello de lo cual nada más grande es concebible”. Mientras que Strong dijo: “Dios es el Espíritu infinito y perfecto en quien todas las cosas tienen su origen, su sustento y su fin”.

Con esto en mente nos acercamos a uno de los pasajes de la Biblia que compacta en apenas cuatro versos el contenido más grande que se conozca acerca de Dios. Se trata de Romanos 11:33-36, pasaje al que se le ha llamado la “doxología de la teología” o una «explosión de alabanza”. Son palabras escritas en esperanza y con mucho aliento.

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Ningún expositor bíblico puede sentirse suficiente para enfrentar la belleza de este texto. Sus verdades son tan profundas que nadie puede aspirar a explorarlas a fondo o tratar de entender cada una de sus frases. Entremos, pues, con humildad ante lo trascendente de este pasaje en el tema que nos asiste hoy. Descubramos lo asombroso de Dios en el texto.

I. EL TEXTO NOS INVITA A VER TRES HECHOS ASOMBROSOS ACERCA DE NUESTRO DIOS

1. Solo Dios sabe lo que tiene que saber v. 33. De eso se trata el tesoro de su sabiduría. Nadie conocía tan bien los misterios del reino de Dios como Pablo. Pero frente a lo que describe se reconoce impotente. En la imaginación uno puede verlo desesperado por llegar al fondo, humillado allí en el borde para terminar adorando lo asombroso de Dios. Y ¿qué tan profundo es Dios? Considere este ejemplo. Imagínese a un hombre en el océano caminando sobre el agua mientras está seguro que siente la arena bajo sus pies. Pero véalo ahora metiéndose más a lo profundo donde ya no toca la arena.

De repente una ola lo lleva mar adentro y luego una corriente lo arrastra y se da cuenta que está en la profundidad, que va al abismo. Es allí donde tendrá que exclamar: “¡Oh profundidad, me ahogo, perezco!”. Esto fue lo que sintió Pablo después de haber abordado varios temas como la soberanía de Dios, el pecado del hombre y el plan eterno de Dios. Llegó a un momento donde todo era tan profundo que prefirió no seguir sino alabar toda esa “riqueza de su sabiduría y de la ciencia de Dios”. Y es que el plan de la redención, más que argumentarlo lo que tenemos que hacer e s alabarlo y también decir “¡oh, profundidad de su justicia, gracia y perdón de Dios!”. Todo lo que Dios es y hace está lleno de esa riqueza. Cuando piense en esa profundidad vea hacia arriba y hacia abajo.

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2. Solo Dios hace planes que no podemos entender (v.33b). Sus juicios se describen como insondables. Otras versiones lo traducen como “impenetrables” e “indescifrables”. La palabra juicios acá se refiere a sus planes y también a sus designios. En la alabanza paulina esta exclamación pareciera tocar aquello donde solo Dios, consigo mismo, trabaja, planifica y determina; pero por ser impenetrables nadie puede conocerlos.

El único que nos reveló parte de ese juicio fue nuestro Señor Jesucristo, porque si bien es cierto que a Dios “nadie le vio jamás”, él le dio a conocer y nos mostró algo de sus incomprensibles juicios. Los planes que Dios hace no se pueden conocer, y aunque quisiéramos saber de ellos, no los podíamos entender. Nuestra mente es muy pequeña. Pero lo que si debemos saber es que los “juicios del Señor son todos justos”. Sobre este particular Juan Wesley lo ejemplificó de esta manera: «Muéstrame un gusano que comprenda plenamente a un hombre, y yo te mostraré a un hombre que puede comprender a Dios”. Nadie puede entenderlo.

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3. Solo Dios conoce todo lo que sucede (33c). Sus caminos, es decir, la manera que él utiliza para lograr sus propósitos se describen como “inescrutables”; esto significa que hay algo que no puede saberse ni averiguarse. En el caso de Dios se puede detectar su huella, pero es imposible seguirla hasta el fin. La manera de proceder de Dios no puede ser comprendida por el hombre. Es solamente por medio de someterse a sus juicios y caminos que el hombre puede comprobar que son correctos.

Así que como él es “inescrutable” solo nos ha dejado las cosas sencillas para conocerlas como si fuera una autopista abierta donde todos los hombres puedan viajar. Sin embargo, hay un camino cerrado para aquello donde solo él puede transitar. Así que las preguntas de por qué ocurren enfermedades, accidentes, crímenes, conflictos en la familia, huracanes, terremotos y un largo etcétera, se deben a lo que Pablo dijo acerca de los caminos de Dios.