Remedios para la pérdida de apetito en los niños


El rechazo de los alimentos que muchos niños de países industrializados parecen tener, está muchas veces inducido por la actitud de los padres, que les tuerzan a comer o les ofrecen gran variedad de alimentos para que escojan.

Sin embargo, un verdadero rechazo del alimento por parte de un niño debe ser observado con cuidado para poder determinar su origen.

Los problemas de alimentación son frecuentes en los lactantes: rechazo del pezón o la tetina, llanto incluso después de haber comido, constante intranquilidad, etc.

Es importante saber que los lactantes no demuestran siempre el mismo apetito: hay días que comen más y días que comen menos, en una toma pueden mamar más y en otra menos. Los lactantes no son como pequeñas máquinas que deben comportarse siempre con exacta uniformidad. Entender esto es importante para evitar ansiedades innecesarias. Pero si la pérdida de apetito se mantiene y persiste hay que determinar la causa sin tardanza.

Hay niños que lloran nada más se les pone al pecho materno. Esto puede ser debido a diversos tactores: al comenzar a tragar, el intestino se pone en movimiento y ello provoca un cólico o espasmo intestinal; esto es totalmente normal y la actitud es la de mantenerse con serenidad y tratar de calmar al niño.

Puede ser debido a que la leche materia tarde un poco en salir y el niño se impaciente, o por el contrario que salga con demasiada fuerza y el niño parezca atragantarse. En cualquier caso el remedio es fácil: mantener la calma y tranquilizar al niño.

En el caso de los niños de más edad, es esencial notar si el rechazo del alimento es debido a un cambio en su conducta habitual: si normalmente comen bien y súbitamente dejan de comer, ello es motivo de preocupación. Si al niño siempre le cuesta comer o come habitualmente poco, es muy posible que el problema de ese niño sea más una cuestión de educación que un problema médico, de enfermedad.

Es necesario saber que casi todas las enfermedades reducen el apetito de forma temporal. Las más conocidas por su capacidad para quitar el hambre son la hepatitis y la mononucleosis aunque muchas otras también eliminan el deseo por la comida.

Si el niño tiene ictericia, es decir, una coloración amarillenta de la piel y de las conjuntivas de los ojos, es muy posible que tenga una hepatitis.

Si el niño tiene fiebre, una erupción en la piel y ganglios inflamados, así como las amígdalas y el bazo inflamados, es muy probable que tenga una mononucleosis infecciosa, enfermedad por lo general benigna que prácticamente todas las personas han pasado en algún momento de su vida.

Exiten algunos remedio naturales que ayudan a abrir el apetito de un niño que está pasando por un período de recuperación de una enfermedad o que se encuentra sano, pero tiene problemas con la educación alimentaria o de conducta.

Remedios populares

Remedio para la pérdida de apetito en los niños #1: Tomar una cucharada de estragón fresco y cortar en pedacitos. Verter éste en purés, carnes y pescados.

Remedio para la pérdida de apetito en los niños #2 Hacer jugo de lechuga si la pérdida de apetito es en un niño muy pequeño o prepararlo en ensalada (sola o con el primer plato) si el niño es mayor de 3 años.

Remedio para la pérdida de apetito en los niños #3: Untar 1 cucharadita de mermelada de endrinas en el pan.

Remedio para la pérdida de apetito en los niños #4: Toma 2 cucharadas de endrinas y verter en una taza de agua que esté hirviendo Tapar y dejar refrescar. Colar y suministrar al niño (mayores de 4 años).

Remedio para la pérdida de apetito en los niños #5: Verter 1 cucharadita de hojas deborraja en 1 taza de agua que esté hirviendo. Tapar y dejar refrescar. Suministrar al niño una cucharadita antes de cada comida.

Remedio para la pérdida de apetito en los niños #6: Realizar una infusión de manzanilla con una cucharadita de esta planta en una taza de agua. Dar al niño (mayor de 4 años) 1/2 tacita antes de cada comida.

Recomendacioness

Evitar el destete prematuro

Mantener un horario fijo de comidas

Procurar siempre alimentar al bebé y a los niños en un entorno de cariño y alegría, impidiendo que la alimentación se convierta en una obligación que hay que cumplir

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Comida variada y diversa con la mejor presentación posible.

Procurar que participe en alguna actividad al cocinar.

Instar a que consuma lo que menos le llama la atención de primero.

Evitar que ingiera mucho líquido justo antes o durante la comida.

Evitar que el plato dado al niño se encuentre rebozante de comida. Es mejor presentar un plato con menos cantidad y que ellos puedan repetir.

Felicitarlos por su conducta positiva.

Evtar ciertos alimentos Se sabe que los alimentos con más contenido de grasas quitan el hambre con más facilidad que las frutas, verduras y alimentos sin grasa. Es muy posible que un niño que tome mucha leche se sienta muy saciado y por ello coma menos de la comida que le ha preparado su madre.

Los pasteles, las pastas y los «snacks», galletas o aperitivos que son tan habituales hoy día, están muchos de ellos hechos con gran cantidad de grasas y no es de extrañar que sacien con facilidad el apetito y quiten la sensación de hambre.

Evitar que el niño adquiera la costumbre de ir comiendo o bebiendo cosas entre horas, ya que nunca tendrán la sensación de hambre y no es de extrañar que rechacen la comida que se les pone en el plato cuando llega la hora de comer.

Acudir al médico en el caso de un lactante tenga falta de apetito asociado con vómitos u otro signo de enfermedad. Más de tres o cuatro tomas sin comer bien es también motivo para empezara preocuparse y consultar el caso con el médico. Ya se ha dicho que no todos los niños comen lo mismo en todas las tomas, por lo que es conveniente asegurarse que efectivamente sigue sin querer comer en más de una toma, antes de alarmarse.

Si el lactante rechaza el alimento y nunca antes lo ha hecho, esto sí es ciertamente un motivo de preocupación y consulta con el pediatra.

Si a pesar de los problemas de alimentación que parece tener el lactante (llanto, etc.), su peso aumenta de forma normal, no hay motivo urgente de preocupación. Pero si el peso no aumenta, es conveniente consultar con el pediatra.

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