Predicas Cristianas

Si has heredado un desierto, pide a Dios una fuente

Josué capítulo 15, versículo 16 al 19. Solamente les digo algo acerca de esta palabra, es una palabra muy sencilla, pero es una palabra que es tan importante que aparece dos veces. Aquí en Josué y también casi palabra por palabra, letra por letra, en Jueces, capítulo 1. Eso es raro. Es pocas las veces en la Escritura que la Escritura se repite palabra por palabra, algo tiene esta palabra que el Señor nos lo da en el libro de Josué y también en el libro de Jueces. Pero yo confieso que ni cuenta me había dado de ella, hasta que unos meses atrás el Señor me habló y me ministró profundamente a través de esta palabra tan sencilla. Y pido que el Señor igual le ministre a alguien aquí en esta noche a través de esta palabra. Declara la palabra así, yo lo estaré leyendo en la nueva versión internacional y pido que usted lo siga en la versión que usted tenga. Y dijo, Caleb:

“… Le daré mi hija Acsa como esposa al hombre que ataque y conquiste la ciudad de Quiriat−sefer. Entonces Otoniel, hijo de Cenaz, y sobrino de Caleb, − la versión Reina Valera dice el hermano de Caleb, pero eran parientes – capturó a Quiriat−sefer y se casó con Acsa. Cuando ella llegó Otoniel la convenció de que le pidiere un terreno a su padre. Al bajar Acsa del asno Caleb le preguntó, “¿Qué te pasa?” “Concédeme un favor,” respondió ella, “ya que me has dado tierras en el Negev, dame también manantiales.” – la Reina Valera dice, puesto que me has dado tierra en Negev, dame también fuentes de agua − Fue así como Caleb le dio a su hija manantiales en la zonas altas y en las bajas. – La Reina Valera declara, él entonces le dio las fuentes de arriba y las de abajo −…”

Señor, esta es una palabra muy sencilla. Pido espíritu de Dios que sople sobre ella y que a través de tu hálito que cobra vida y que de fruto a cada corazón hambriento en esta noche, en el nombre de Jesús.

Mis hermanos, es una historia súper sencilla, tan sencilla y enterrada en dos libros de historia que aparentemente hablan de cosas mucho más importantes y mucho más históricas. Es casi un hincapié en el relato bíblico. Pero aquí yo anoté los pocos hechos que tenemos aquí y ver si usted ve lo mismo que veo yo.

Qué pasó? Acsa era hija de Caleb. Caleb la entregó como premio al que conquistara el último pueblo que quedaba para la tribu de Judá conquistar en esa zona. Otoniel ganó esa herencia, o sea, ganó a Acsa y el terreno de la herencia que le pertenecía a ella. Ahora, la herencia de Acsa quedaba en el Negev. El Negev era un desierto, era un terreno árido, casi incultivable sin agua y sin intervención agrícola.

Otoniel y Acsa se pusieron de acuerdo que Acsa se acercaría a Caleb para pedirle terreno para labrar. O sea, hay algunas versiones que dicen que la idea nació de Acsa, otras que dicen que la idea nació de Otoniel. Es lo mismo, ellos hablaron, “Mira, háblale el viejo y dile si nos da algo mejor que lo que nos ha dado aquí, que nos acaba de dar un desierto, nos vamos a morir de hambre.”

Acsa se acercó a Caleb, su padre, al verla acercarse su padre simplemente le preguntó, Qué quieres? Otras versión dice, Qué se te ofrece? Otra versión dice, Qué te pasa? Nosotros igual podríamos traducir, usted lo puede traducir igual, Qué te trae? Qué onda? Qué haces aquí? Qué hay aquí? Está todo bien?

Acsa sencillamente le responde, Concédeme un favor, ya que me has dado tierras en el Negev, dame también manantiales, dame fuentes. Fue así como Caleb le dio a su hija manantiales en zonas altas y en las bajas.

Ese es el relato completamente. No hay más detalles en el libro de Jueces. Es precisamente el mismo relato. Yo no sé cuántas veces en mi vida he leído el libro de Jueces e ido de ahí al capítulo 16. Esta vez el Espíritu Santo me puso un alto y yo oí al Señor decirme esto, “Samuel, pídeme manantiales. Samuel, pídeme fuentes.”

Mi hermano, yo no sé si acaso usted se ha quejado, sea públicamente o en el secreto de su corazón de la herencia que el Señor te ha dado. Y sabe, yo creo que una de las razones por qué esta palabra resalta tanto, y por qué lo vemos tanto en el libro de Jueces como en el libro de Josué es por lo que no vemos aquí. No vemos a Acsa y Otoniel, ellos ni siquiera aparecerían en las líneas de las Escrituras si se hubiesen quedado con esto.

Tu viejo es un maceta, tu eres su hija. Mira, si aquí no crece ni un árbol aquí. Esto es un desierto, Negev. Y ese es tu papá. O ella quejándose, caramba, una cosa es que me regale al primero que gane esta ciudad, al primero que pase, y a mi tío, y otra cosa es que me dé por herencia un desierto. Caramba no me ama mi papá más que eso? No me ama mi papá más que darme por herencia un desierto?

Y lo triste de esto, mis hermanos, es que allí mismito es donde tantos se quedan. Así de sencillo. Tantos de nosotros nos quedamos mirando nuestra herencia, viendo lo que le falta, contemplando su aridez. Lo difícil que sería sacarle vida de esta herencia, lo difícil que sería cultivarla. Y salimos de ahí convencidos, pero si mi padre me amara, cómo me deja una herencia así? Cómo permite él esto?

Algunas cosas que tenemos que tener en mente. Primeramente, mis hermanos, cada uno de nosotros llegamos a este lugar, a esta hermandad, a este llamado con una herencia. Usted no llegó vacío a la casa del Señor, no hay un ser en blanco, un ser creado. Usted llegó con algo, alguna bendición, tal vez meramente un cerebro que funciona, tal vez un carro que prende, un trabajo que te explota, una familia o pedazos de una familia que te ama, aunque esté separada por continentes. Pero algo trae usted, alguna herencia usted tiene. Uno, y dos, cada uno de nosotros, cien por ciento de nosotros, llegamos con una herencia que es un desierto.

Todos hemos heredado un desierto en una manera u otra. A cada uno nos falta o una cosa o la otra para que la tierra que el Señor nos ha dado como herencia, de fruto y valga la pena. Le tengo buenas noticias, tu Padre Celestial sí te ama. Tu Padre Celestial supo muy bien lo que te dio cuando él te dio esa herencia y tu Padre Celestial sabe precisamente lo que usted necesita para que su herencia brote vida y dé fruto. Él solo espera que usted le pida.

Así de sencillo. Él solo espera que usted se acerque a él. El papel de su hijo y el papel de su hija y le dice, Papá, mi herencia, lo que tu me has dado, es un desierto, dame fuentes, dame manantiales.

Y puede ser un sin número de cosas. Señor, tu me has dado como muchos… yo creo que hubo una ola del Señor que cubramos varios matrimonios en esta noche, tomando ventaja de eso, tomando eso como ejemplo, decirle, Señor, tu me has dado esta esposa como herencia. Tu me has dado este matrimonio como herencia, pero Señor, es un desierto ahorita, es un desierto. Y el Señor te ve acercándote a él, como hicieron estos hermanos valientes en esta noche. Antes de que te bajes del asno, eso era lo que él esperaba, y el Señor dice, al verte, su amor te cubre y él dice, eso era lo que yo estaba esperando. Que me pidieras. Qué onda? Qué quieres?

Señor, tu me has dado esta herencia, tu me has dado esta mujer, tu me has dado este hombre, tu me has dado este matrimonio pero nos falta, y dile, qué fuentes te falta. Dile. Señor, nos falta comprensión o tengo este carácter y lo tengo que vencer, o Señor, tengo una situación en el trabajo que nos va a dividir si algo no pasa. Señor, nos hacen falta fuentes.

O usted dirá, Señor, mi herencia es mi hijo. Tu me has dado un hijo, tu me has dado una hija, lo amo, pero Padre, y qué? Señor, para que brote vida en este joven, Señor, pido que la escama caiga de sus ojos, pido que le toque el corazón. Pido que muevas en él, dame fuentes, Señor. Ya que me diste esta herencia, ya que me confiaste esta herencia, dame fuentes.

O puede ser que su herencia puede ser una bendición que el Señor te acaba de dar. Te ves tomando un curso en la universidad o una clase de inglés, o acabas de abrir un negocio pero ves que el Señor te acaba de escalar a un nivel que ahora, a menos que el Señor intervenga, usted va a fracasar. La bendición vino de parte del Señor, pero ahora usted le dice al Señor, al mismo Dios que te dio esa herencia, tu le dices, Señor, tu me has dado este ministerio, tu me has dado esta oportunidad, Señor, tu me has dado este trabajo, Señor, tu me has abierto esta puerta, dame fuentes. Mi sabiduría no da. Mi intelecto no da. Para que esto brote vida, dame fuentes.

Sabe, cada uno de ustedes el Señor le ha otorgado algo precioso. Nadie aquí ha entrado con las manos vacías. El Señor aquí ve jardines, familias sólidas, hombres y mujeres viviendo vidas prósperas y el Señor se aseguró que te iba a faltar una pieza u otra de esa bendición y él sabe perfectamente lo que necesita tu desierto para dar vida, lo que él espera es que se lo pidan. Porque lo más que le importa a él es esto, para él no es tan importante el terreno ni los manantiales, como que usted tenga la confianza de acercarse. Lo más que le importa a él es a ti.

El hecho que él es tu Papi. Yo no sé que conversación tuvo Acsa con su papá después de este arreglo, qué más hablaron ellos, pero yo creo que para Acsa eso era mucho más importante que el terreno y los manantiales. Y eso es la relación que quiere crear el Señor con cada uno de ustedes.

Pero vamos a hacer algo en esta noche, incline su rostro por un momento. Yo sé que hay varios que están aquí por primera vez, eso no importa. Yo sé que hay varios que han llegado aquí semana tras semana, por meses, algunos por años, tampoco eso importa. El Señor lo que quiere ahora, sea usted nuevo, nueva aquí, sea usted un veterano, una veterana, el Señor ahora lo que le importa es que antes de que usted salga de aquí, usted aprenda que su Padre Celestial te ama, te quiere bendecir y lo único que espera es que usted le pida fuentes, manantiales.

Tu Padre Celestial te pregunta en este momento qué te hace falta. What are you missing? What do you need? Qué hace falta a tu alma? Cuáles son las Fuentes que necesita tu desierto en este momento para que sean fructíferas? Y tome un momento ahora, mi hermano, pídale al espíritu del Señor.

Imagínese, el Señor te ve llegando de una distancia, te recibe, no como el padre del hijo pródigo, como su hijo, como su hija, y te pregunta, qué haré yo por ti en esta noche? Qué necesitas de tu Padre Celestial? Señor, tu me has dado el Negev, ahora pídele fuentes.

Señor, este carácter que me ha dado, tu me has hecho un hombre fuerte, tu me has dado tantos dones, ahora pido, Señor, fuentes sobre esto. Señor, tu me has dado, como estábamos orando ahorita, un matrimonio, una herencia, pero al menos que no broten fuentes lo voy a perder.

Señor, tu me has dado esta oportunidad, ahora dame, Señor, sabiduría y gracia. Señor, ahora yo pido en el nombre de Jesús que tu oigas la oración de tu pueblo. Señor, si es necesario que aún de la peña brote fuentes y que inunde los desiertos de aquellos que están aquí.

Sabe también, yo invito a aquellos en esta noche en particular, esta es una invitación muy atrevida porque yo sé que yo he hablado ya íntimamente con alguno de ustedes, mucho ha acontecido en esta noche, muchos milagros, mucha intercesión. Si hay alguno que ve en esta noche su oportunidad de decir, Señor, yo no quiero salir de aquí sin asegurarme de que tu eres mi salvador y que esta linda relación que yo siento en esta noche perdure, que pueda contar con eso y que yo me considere tu hijo.

O sea, eso es un paso que llamamos recibir a Jesús, precisamente como tu Señor. Y si alguien que quisiera hacer ese paso y asegurarse, básicamente decir, Señor, jamás quiero vivir sin ti. Y si no te acuerdas de decirle eso al Señor antes, y lo deseas decir en esta noche, te invito a recibir a el Señor, y te invito a levantar la mano, solamente para afirmar, yo quiero asegurarme de salir de aquí recibiendo a Jesús como mi Señor. Amén.

Padre, te damos gracias por esta noche en tu presencia y te damos gracias, Señor, por bendecirnos mucho más allá de lo que nosotros podemos esperar. Gracias por todo, la adoración, la alabanza, Señor, por los testimonio y por la sanidades y los milagros que se han llevado a cabo, meramente porque estuvimos en tu casa en esta noche. Gracias por la esperanza de la primavera, Señor.

Gracias, Padre, por derretir el hielo y por mostrarte, Señor, como el que siempre nos da la aseguranza, Padre, de un verano y una cosecha y te damos gracias Señor, por todo lo precioso que eres y has seguido haciendo.

Ahora bendícenos, Señor, y acompáñanos a cada uno de nosotros a nuestros hogares. Y pido, Señor, que sigas trabajando en nuestros corazones y te sigas mostrando, Señor, como el Padre dadivoso que eres, atento, Señor, al clamor de tus hijos, en el nombre de Jesús.

Señor, bendiga a mis hermanos. El Señor los cubra de su gracia y le llene de su bendición.

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