POEMASPredicas Cristianas

Si tú estás conmigo, ¿quién contra mí?

¡Oh Dios, no me hagas sentir la fría ausencia de ti!

Sentir que no se siente. Advertir un vacío en el alma, tener un corazón de piedra insensible y vil.

Ellos, alardean de fuerza, levantan sus manos con ira y doblegan al frágil bajo un fingido poder, haciendo del ser en quien infunden temor un alma sedienta de justicia y de amor.

Amenazan, gritan, fustigan, desautorizan .Conciben la maldad como señas de identidad y se deleitan convirtiendo la felicidad en desdicha, acobardando a quienes luchan cada día, gritando para amordazar las voces de los que desean hablar.

Vacíos están sus corazones, maquinadores de mentiras, se atavían de maldad y pasean ostentosos mirando de soslayo a todos los demás.

Prepotencia y hedonismo. Fijan sus ojos en los débiles vertiendo sobre ellos sus palabras de desconsuelo, convirtiendo así el corazón ajeno en un terreno infértil.

El miedo paraliza. Cuando te sientes acobardado dejas escapar oportunidades, cedes paso a las limitaciones y concedes una oportunidad al fracaso.

El miedo te aprisiona en una cárcel oscura donde nunca tendrá cabida la valentía.

Es allí donde puedes oír voces que intimidan, vaticinios de un futuro desalentador.

Cuando en medio de la tormenta aplicas tu oído y oyes a Dios, milagrosamente sientes que las palabras de ánimo comienzan a reconfortar tu alma, la fe se posiciona en un lugar preferente y se origina el cambio.

De pronto te das cuenta que ellos están ahí, pero que Él está contigo.

Los gigantes existirán siempre, su cometido es amedrentar, empequeñecer , aún así, mientras pones una lisa piedra de río en tu honda y te preparas para lanzarla, emite una oración silenciosa, una exclamación de confianza sólo perceptible a tu corazón: Si tú estás conmigo, ¿quién contra mí?

Autores: Yolanda Tamayo

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