Sermones – Su Asunto

Toda clase de sermones debe tender a la ilustración de los oyentes, y las doctrinas enseñadas deben ser sólidas, importantes y abundantes. No subimos al púlpito sólo con el objeto de hablar, sino que tenemos que comunicar instrucciones de la mayor importancia, y por lo mismo no podemos emplear el tiempo diciendo cosas fútiles por bonitas que sean. La variedad de nuestros asuntos casi no tiene límite, y por tanto, no podemos tener disculpa si nuestros discursos son insípidos y triviales.

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